domingo, 23 de junio de 2013

Estampa: Séneca, el estoico

Séneca, el estoico

NOÉ AGUDO

Lucio Anneo Séneca es un ejemplo muy transparente de lo que un intelectual ligado al poder puede vivir. Más que un ejemplo es una experiencia. Séneca creyó no sólo que podía convivir con el poder, sino que sería capaz de orientarlo y contenerlo, y terminó siendo sacrificado por él. Por eso resulta tan contradictoria su vida, en la que pudo escribir una magnífica obra que ha sobrevivido a través de los siglos como un modelo de sabiduría y sano juicio, y los hechos que realizó y en los que se involucró como el más obsecuente de los servidores del césar, que lo llevarían finalmente a la muerte. Él, junto con Marco Aurelio, Epicteto, Cicerón y su guía e inspirador, Epicuro, cultivaron una de las escuelas filosóficas que mejor ha servido a quienes desean aprender a vivir con independencia, pues considera el estudio como el camino para conocerse a sí mismo, para lograr el equilibrio y con ello la seguridad personal que hace al hombre invencible: la filosofía estoica.
    No se sabe con precisión cuándo nació, pero la tradición establece los años 1 o 4 d. C., y sitúa en Córdoba, de la entonces Hispania, su lugar de nacimiento. Fue hijo del orador Marco Anneo Séneca, perteneciente a la más alta sociedad de su época. Vivió sus primeros años en Roma, en donde Plinio el Viejo lo saludó por su vivaz inteligencia. En sus años juveniles simpatizó con el misticismo pitagórico, pero posteriormente se inclinó hacia el estoicismo, que siguió hasta el final.
    En el año 31 fue nombrado cuestor (magistrado romano) y pronto destacó por su brillante estilo oratorio y literario. Con el éxito público vino una de sus principales contradicciones: amasó una inmensa fortuna. Siendo el principal orador del senado, se atrajo la aversión del emperador Claudio, quien lo condenó a muerte, pero conmutó la pena por un destierro en Córcega que duró ocho años. Allí escribió un texto de consolación a su madre Helvia, que sufría por la muerte de su padre Marco, y otro a Polibio, hermano de un colaborador de Claudio, del que se avergonzará y mandará destruir más adelante, pues en él hace la apología del emperador (otra contradicción) para lograr su pronto retorno a Roma. El texto que pretendió ocultar se conservó gracias a sus enemigos.
    La cuarta esposa de Claudio, Agripina la Menor, consiguió en el año 49 el perdón imperial para Séneca que así pudo regresar a Roma y ser nombrado pretor de la ciudad. A petición de la misma Agripina, en el año 51 se le nombró tutor del joven Lucio Domicio Ahenobardo (Nerón), hijastro de Claudio, quien subió al poder tres años después, por lo que Séneca fue nombrado consejero político y ministro.
    Junto con Sexto Afranio Burro, el otro consejero del joven emperador, Séneca gobernó de facto durante ocho años el imperio y, según el emperador Trajano, este periodo “fue uno de los de mejor y más justo gobierno de toda la época imperial”. Mientras el joven emperador seguía las instrucciones de su tutor para dedicarse a un ocio moralmente “aceptable”, Séneca y Burro aplicaron reformas legales y financieras y realizaron una exitosa guerra en Armenia para salvaguardar la frontera oriental del imperio.
    Pero conforme Nerón crecía iba haciendo a un lado la influencia de su consejero, quien por su riqueza y manejo del poder contradecía su formación estoica y despertaba fuertes envidias. En el año 58, un tal Publio Sulio Rufo acusó a Séneca de acostarse con Agripina ─madre de Nerón─ y con esto se inició una campaña de desprestigio que lo acusaba de usura, hipocresía, de adulador en sus escritos y, sobre todo, de excesiva riqueza.
    En el año 59 su protectora Agripina muere asesinada y esto marcó el inicio de su fin. En el 62 piensa retirarse de la vida política, se lo propone a Nerón pero éste no lo acepta. Era el pilar moral más importante del imperio y servía para cubrir las locuras y atrocidades del césar. A partir de este año Séneca sale poco de sus fincas. Es el estoico que ha alcanzado el control sobre sí mismo, vive seguro de sus ideas, entiende la inevitabilidad de las enfermedades, la muerte y los cambios de la fortuna, y aun está dispuesto a ceder toda su fortuna al emperador con el fin de lograr su libertad. Es cuando escribe sus Epístolas y es también su época de madurez plena.
    En el 65 se descubre una conjura para asesinar a Nerón. En los interrogatorios, un participante menciona que Séneca envió un saludo a Pisón, líder de los conjurados, por lo que se supone está enterado de los planes e incluso puede ser uno de los autores. Nerón envía una escolta para corroborar esta afirmación, a la cual Séneca dice que “nada hay que quitar ni agregar a ese saludo”. El emperador le concede la gracia de elegir la forma de morir, y el estoico decide cortarse las venas de brazos y piernas. Su mujer le implora el permiso para morir con él y Séneca se lo concede. Debido a su debilidad y artritis tarda en desangrarse, y pide entonces a un criado que le prepare la cicuta, para beberla, pero tampoco muere. Mientras tanto, Nerón se entera que la mujer quiere acompañarlo y le niega el deseo. La lenta agonía y los desgarradores lamentos de su esposa hacen más dramático su fin; por último, pide que lo sumerjan en un baño con agua caliente y allí termina de desangrarse.
    Para un hombre que había adquirido la sabiduría, que había escrito y leído, vivido retiros, destierros, luchas políticas y conocido riquezas, poder, mujeres que lo amaron y admiraron, sin duda resultan apropiadas estas palabras que él mismo escribió: “Alcanzó la sabiduría quien muere tan seguro como nace. ¿Qué más vergonzoso que estar inquietos en el mismo umbral de la seguridad? La causa de esto es que, como estamos vacíos de todo bien, lamentamos la pérdida de la vida.”
    Séneca sabía bien que lo único seguro es la muerte. Estaba satisfecho con la vida que había vivido, y el poder lo consideraba sólo un desvarío que seduce a todos cuanto más vacíos están.  

Aquí les comparto algunas de sus máximas:

  •     Pienso que el primer indicio de una mente serena es que puede   permanecer en un lugar y habitar consigo misma.
  • No puede llevar una vida tranquila quien se preocupa excesivamente de alargarla.
  • Hazte agradable a la vida dejando de preocuparte por ella.
  • A quien lo suyo no le parece amplísimo, aunque sea dueño de todo el mundo es un desgraciado.
  • El sabio atiende en todas las cosas a la razón y no al éxito. 
  • Hagas lo que hagas, vuelve pronto del cuerpo al espíritu. Ejercita éste de noche y de día; se ejercita con poco trabajo. Este ejercicio no lo impide ni el frío, ni el calor, ni siquiera la vejez.
  •  Si vives conforme a la naturaleza, nunca serás pobre; si vives según las opiniones, nunca serás rico.
  • Nadie se preocupa de vivir bien, sino de vivir mucho, cuando a todos puede acontecer que vivan bien y a ninguno que viva mucho.
  • No es arte lo que por casualidad consigue su efecto. La sabiduría es un arte.
  • Nada hay que no venza un trabajo tenaz e intenso y un cuidado diligente; enderezarás los robles aunque estén torcidos.  
Debo a las Cartas a Lucilio, de Séneca, editado por el Consejo Nacional de Fomento Educativo (México, 1985, Dirección General de Publicaciones y Medios de la SEP), y sobre todo al magnífico estudio introductorio de Carlos Montemayor, la información para elaborar este texto, así como a los Tratados morales de Cicerón y Séneca (México, 1977, Editorial Cumbre) de la colección Clásicos Grolier, con un estudio preliminar de Francisco Nóvoa.


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