¿Qué es un párrafo?
NOÉ AGUDO
Una definición básica nos indica que el
párrafo es un conjunto de enunciados que se articulan en torno a una idea
central. Sin embargo, a veces esta idea central la compone el texto o capítulo
completos donde se hallan numerosos párrafos. Un artículo periodístico, un
texto expositivo o argumentativo (ensayo) pueden desarrollar una idea central,
y para ello requerirán de varios párrafos.
Por eso, conviene atender
aquella definición práctica que lo identifica como una porción de texto, de
extensión variable, que se halla entre dos puntos y aparte. Esta definición, si
bien no nos explica su estructura interna, nos permite identificarlo de forma
simple. En la medida en que conozcamos sus elementos constitutivos podremos
reconocer si se trata o no de un párrafo bien escrito.
En su libro Cómo
redactar un tema (Paidós, 1995), Maria Teresa Serafini, siguiendo los
estudios de Stephen Toulmin, afirma que un párrafo se compone de tres elementos
básicos: la afirmación, la información y la garantía. La afirmación es
la idea principal con la que inicia un párrafo; la información es
la serie de datos que se escriben para apoyar la información, y la garantía es
el vínculo entre la afirmación y la información como base de la
afirmación.
Esta definición
permite conocer el párrafo de una manera más precisa, al analizar sus
componentes, y si los consideramos a la hora de redactarlo tendremos una idea
más completa de que hemos elaborado un buen párrafo. Sin embargo, es necesario
aclarar que no todas las modalidades textuales emplean este tipo de párrafo.
Describamos las principales:
· Textos narrativos:
en esta modalidad textual los párrafos se componen principalmente de
afirmaciones e informaciones que no exigen garantía. Ejemplos de este tipo de
párrafos los hallamos en las notas periodísticas, los relatos o cuentos que
sólo narran hechos.
· Textos descriptivos: los párrafos de esta modalidad textual
emplean también solo afirmaciones e informaciones, la garantía no es necesaria.
· Textos expositivo-argumentativos: los párrafos empleados en esta modalidad textual
presentan una afirmación, punto de vista o tesis, y requieren de pruebas y
datos para convencer al lector de su validez. Por tanto, en esta modalidad sí
se requiere de los tres elementos que constituyen el párrafo: afirmación,
información y garantía. (Proporcionar ejemplos y practicarlos en clase.)
Una vez comprendida la
estructura del párrafo, y las modalidades textuales en los que son empleados,
pasemos ahora a analizar la manera como se desarrollan, es decir, la forma como
puede iniciar su redacción.
Desarrollo del párrafo
Recordemos que cada párrafo tiene una
idea principal, enunciada en una oración temática (o tópica), y varias ideas
secundarias presentadas como informaciones y garantía. Los párrafos pueden
tener los siguientes tipos de desarrollo:
· La definición:
es el arranque más común de toda redacción. Ejemplo: “Alexia es sin duda la
chica que más me gusta del grupo. Me cae bien por su carácter, siempre
sonriente y alegre, y dispuesta a ayudar en todas las actividades y tareas”.
· La ejemplificación: “Cuarenta millones de pobres, un alto desempleo,
inseguridad permanente y acumulación de riqueza para unos cuantos, es el saldo
de este gobierno que terminará sus funciones en diciembre de este año”.
· La comparación (analogía
o contraste): “Así como las flores exhalan una tenue esencia cuando uno camina
por la tarde en el campo, así me gusta el aroma natural que despide una mujer
aseada, con ropa limpia y que no necesita de ningún perfume caro para oler bien
y ser agradable”.
· La enumeración:
“Montañas, rica vegetación, un sol intenso, millares de sonidos, un horizonte
azul y la tierra siempre roja son los rasgos principales que recuerdo de la
tierra de mi amigo”.
· Sucesión de anécdotas: “El hombre venía montado en un caballo sudoroso,
se detuvo a la entrada del patio, buscó con la mirada dónde atarlo, bajó del
caballo y se dirigió sin miramientos hacia donde estábamos para decir…”.
Funciones de los párrafos. Se distinguen:
· Párrafos de inicio: presenta de manera sintetizada el propósito y
contenido del texto, es decir, lo que el escrito abordará, y tratará de
destacar aquellos datos que capten el interés del lector.
· Párrafos de desarrollo: en ellos se incluye la información principal
que respalda o proporciona contenido a lo expresado en el párrafo inicial. Al
tratarse de varios datos o informaciones, conviene desarrollarlos en orden
lógico (antecedentes-origen-modalidades-consecuencia-conclusión) o seguir
simplemente un orden jerarquizado, es decir, de los más a los menos
importantes.
· Párrafos de conclusión: recogen o concluyen los contenidos, tratando de
establecer una relación entre los párrafos de desarrollo y el inicial. Como se
observará, la estructura interna del párrafo es muy similar a la estructura del
texto en general.
ALGUNOS EJEMPLOS DE PÁRRAFOS (casi todos son de F.
Dostoyevski. Los he elegido porque, aun cuando se trata de una traducción,
conservan ese vigoroso ritmo narrativo que tanto admiro del escritor).
1. Velocidad de la narración
Nicolás
Sergueich era hijo de una buena familia casi arruinada. A la muerte de sus
padres heredó una bella propiedad y ciento cincuenta siervos. A los veinte años
ingresó en el cuerpo de húsares y llevaba seis de servicio cuando una tarde
aciaga perdió en el juego todo cuanto poseía. Aquella noche no pudo dormir. Al
día siguiente volvió a jugar y apostó lo único que le quedaba: su caballo.
Ganó, y la suerte le siguió una y otra vez; al cabo de media hora había
recuperado la hacienda de Ikmenievskoe, cuyo último censo arrojaba cincuenta
siervos.
Y
no volvió a jugar jamás. Pidió el retiro, lo consiguió dos meses después, con
el grado de teniente, y se fue a vivir a la rescatada propiedad. Jamás contó a
nadie este episodio de su vida, y pese a su reconocida bondad se habría peleado
con quien se lo hubiese traído a la memoria. Estudió economía rural, y a los
treinta y cinco años se casó con Ana Andreievna Schumilda, señorita
perteneciente a la nobleza que, por ser pobre, no aportó ninguna dote, pero que
se había educado en un colegio distinguido bajo la dirección de una emigrada
francesa, la señora Mont-Revèche. Esta educación sirvió para llenar de orgullo
a la señorita, por más que nadie supiera nunca en qué consistía tal educación.
2. Descripción de Aliocha
Era
delgado y alto, muy proporcionado; el óvalo de su rostro era siempre pálido; el
pelo, rubio; los ojos, azules y enormes, dulces y soñadores, lanzaban destellos
de la más ingenua alegría. Tenía los labios rojos y gruesos, muy bien formados,
plegándose casi siempre con una expresión de seriedad, y la sonrisa que
aparecía en ellos fácilmente era de tal modo candorosa e ingenua, que por mal
humor que se tuviese se sentía la imperiosa necesidad de corresponder con otra
sonrisa igual. Era elegante por naturaleza y había señorío en todos sus
ademanes. Claro que había en él ciertas maneras desagradables, ciertas malas
costumbres reñidas con el buen tono: atolondramiento, vanidad y una
impertinencia llena de cortesía.
3. Descripción de Valkovski
Tenía
unos cuarenta y cinco años. Sus hermosas y regulares facciones cambiaban de
expresión según las circunstancias y del modo más brusco, pasando completamente
de la sonrisa al ceño con la precisión de algo automático. Su rostro era
ovalado, la tez morena, y sus dientes, blancos e iguales. Sus labios eran
finos, la nariz recta y alargada; la frente despejada, sin arrugas, y los ojos
grandes, grises, armonizaban y hacían de él un hombre guapo, aunque pese a todo
causaba siempre una impresión desagradable. Su misma cara repelía, ya que daba
la impresión de algo fingido, estudiado, que privaría siempre de conocer la
verdad de sus sentimientos. Tras mirarle detenidamente se llegaba a la
conclusión de que tras aquella máscara se escondía un hombre malo, ladino y
egoísta. Sobre todo se destacaban de él sus ojos grises y enormes, muy
abiertos, muy bonitos, que pretendían ser acariciadores y dulces, si bien en
los reflejos de su mirada se entremezclaban una aparente afabilidad y aparente
dulzura con los reflejos de la mayor crueldad, desconfianza y maligna
inquisición. Alto, elegante, proporcionado, aparentaba menos años. Su pelo,
sedoso y castaño, tenía algunas canas. Sus orejas, sus manos y sus pies eran
delicadamente finos, de belleza aristocrática. Vestía con elegancia, con muchos
detalles juveniles que le favorecían más aún, pudiéndosele tomar por el hermano
mayor de su hijo.
4. Retrato de Nelly
La
primera vez no había tenido tiempo de mirarla detenidamente, y por ello me
asombró todavía más a la luz del día. Creo que hubiera sido muy difícil
encontrar una chiquilla más rara, más original, al menos exteriormente.
Pequeña, de ojos negros y brillantes, nada en ella expresaba que fuese de
origen ruso; su pelo era negro y espeso, e iba despeinada. Su mirada era
inexpresiva, obstinada y escrutadora, por lo que hubiera llamado la atención de
cualquiera que la hubiese encontrado en la calle. Lo más sorprendente era la
expresión de sus ojos: brillaban inteligentes y desconfiados a un mismo tiempo,
como en un reto. A plena luz parecía más viejo su vestido y más sucio. Me
pareció enferma, pero de una enfermedad que iba minando su frágil organismo. La
palidez de su cara enjuta tenía el color de ictericia, color insano. Y sin
embargo, pese a toda su miseria, pese a su evidente enfermedad, no era fea.
Sobre todo tenía una frente ancha y hermosa, un poco hundida; labios dibujados
impecablemente, con un pliegue que expresaba audacia y orgullo,
aunque con una palidez casi descolorida.
Fedor
Dostoyevski, Humillados y ofendidos. Traducción de Rafael Cansinos
Assens.
5. Ejemplo de párrafo con múltiples enunciados
(puntuación)
—Echo
y echo las cartas, Schátuschka, pero nada me sale —dijo repentinamente María
Timoféyevna, que había oído las últimas palabras, y sin mirar alargó la mano
izquierda y tomó el pan (seguramente también por haber oído hablar de él). Lo
tomó, pero luego, como distraída por la conversación, que había vuelto a
animarse, lo volvió a dejar sobre la mesa sin advertirlo y sin haber comido
nada—. Siempre me resulta lo mismo: un camino, un hombre malo, una villanía de
no sé quién, un lecho de muerte, una carta de no sé dónde, noticias
inesperadas… Todo eso me parecen tonterías. Schátuschka, ¿qué crees tú? Si la
gente miente, también pueden mentir las cartas —de pronto se puso a barajarlas—.
Eso mismo le dije yo a la madre Praskovia, una honrada mujer que venía a mi
celda para que le viera la suerte, a escondidas de la madre superiora. No era
la única que iba. Se quejaban, movían la cabeza, se sentaban en fila, y yo
riéndome le decía: “Pero vamos. ¿De dónde, madre Praskovia, quiere que le
llegue una carta, cuando en doce años no ha recibido ninguna?” Se le había
casado una hija hacía doce años en Turquía, y desde entonces no había vuelto a
saber de ella. Al otro día estaba yo sentada tomando el té, por la noche, con
la madre superiora (que era de casta de princesas), cuando veo que también se
encuentran presentes una señora desconocida, una gran soñadora, y un monje del
monte Athos bastante ridículo. ¿Y qué crees, Schátuschka? Pues ese monje, esa
misma mañana, le había traído a la madre Praskovia una carta de Turquía de su
hija. ¡Ahí tienes la noticia inesperada!
Fedor
Dostoyevski, Los endemoniados. Traducción de F. Gómez Lucena
Como
se pueden dar cuenta, son varios los ángulos desde los cuales podemos continuar
practicando los párrafos (estructura, tipos de desarrollo, funciones y
modalidades textuales a las que pertenecen, etc.). Para los segundos semestres,
recuerden que la unidad siguiente se calificará con la elaboración de un texto donde
el centro de atención será el párrafo.
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