Los fuerzan
a ir al baile
El nulo aprendizaje para actuar en democracia hace repetir a
esa falsa izquierda los mismos tics del régimen autoritario del que proviene y donde
se formó, trátese de ganar una gubernatura, una presidencia municipal o
simplemente la dirección general de una institución educativa. Véanse los
malabares que destacados morenistas hacen para quedarse con la rectoría de la
UAM Xochimilco, o lo que sus retrasados émulos repiten en la dirección general
del CCH. Así como Delfina Gómez aplicó el descuento de nómina a los empleados
de la presidencia municipal de Texcoco, para reunir fondos para su campaña como
gobernadora, así el director general del CCH aplica similar receta a quienes
considera sus empleados en la dirección general y en los cinco planteles del
CCH. Aunque aquí más bien se trata de un repulsivo “Año de Hidalgo”.
Inicio esta
entrega con tal comentario, pues es significativo de los quehaceres, poderes y
quereres de un director general, y del disgusto de varios profesores que ocupan
algún cargo y me han compartido la información y su molestia. ¡Ay, qué tiempos,
señor don Jesús!
No
habría por qué criticar a un director general que se reúne con su equipo para
celebrar un fin de año de trabajo y entregar buenos resultados; ni siquiera se
vería con suspicacia que su esposa le ayudara a organizar la celebración; vive
tan entregado a la institución que incluso involucra a la familia, pensaríamos.
Pero el caso es que no. En primer lugar, la cena-baile se realiza en un lugar
inalcanzable al bolsillo de la gran mayoría de profesores (Salón Ambrosía, 990
pesos el boleto), y el costo resulta ofensivo ante la quiebra técnica y
restricciones presupuestarias de varias universidades, la UNAM incluida, por no
compararlo con los sueldos de la mayoría de los profesores. En segundo los
“invitados” no van por su gusto, sino voluntariamente obligados. En tercero, y
el más importante, el CCH vive un desplome absoluto como institución educativa.
No habría nada que celebrar si se tuviera una pizca de decencia.
En el Colegio no hay coordinación,
cada uno hace lo que quiere. No existe conducción académica ni liderazgo de
ningún tipo. El doctor Jesús Salinas destrozó la Junta de Directores y fue
incapaz de hacerla funcionar; no le
vendría nada mal leer los artículos 38 y 39 del Reglamento del CCH, y todos los
que tienen que ver con el funcionamiento de los órganos colegiados; tiene
abandonados a los planteles, que sólo son noticia de nota roja, o cuando se
producen hechos como los narrados en mi anterior entrega: agresión por parte de
los elementos que supuestamente vigilan las puertas a un profesor, imposición y
despido de trabajadores por parte del Stunam (como en cualquier territorio sin
ley, ahora habrá que pedir permiso al sindicato para laborar, ¿se dará cuenta el
director del precedente que acaba de sentar con esta omisión?) y detención de adolescentes
por vender droga. El cuerpo directivo (si existe) lo componen individuos cuyo
denominador común es la abyección (los Rojas, los Vargas, los Rubio y los Ruiz bailarán
con gusto la zarabanda porque velan por
sus propios intereses) y el mayor logro de esta administración, si acaso, es
haber creado un ambiente donde el fracaso, la inseguridad, la desconfianza, el
espionaje, los chismes y delaciones son el pan cotidiano, en tanto que la
educación de vanguardia y la calidad educativa solo suenan en sus labios como
la más vulgar demagogia. (Dejamos los casos de acoso y despido de profesores
para otra entrega.) ¡Triste destino para el proyecto visionario de educación de
un verdadero universitario como lo es don Pablo González Casanova!
El corrido
nos advierte sobre lo que sucede si queremos forzar a alguien a bailar, pero
los Hipólitos, graduados de doctores hoy día, no se han dado cuenta que las
modernas Rositas Alvírez no sólo están informadas, sino que también pueden
informar.
PARA COLMO DE MALES
Y,
sin salir del tema, nada extraña la persistente labor de zapa que los
obedientes alfiles del secretario general realizan en el plantel Vallejo para
desplazar a Alfredo Gallegos y su equipo de la Aapaunam. Son voraces, glotones,
insaciables, torpes. Desde que llegaron dijeron abiertamente que venían también
por el control de la Aapaunam. No porque les preocupe mejorar la situación de
los profesores afiliados, sino porque son los más preclaros exponentes de esa
especie que sólo sabe rumiar: “Quítate tú, para ponerme yo”. Incluso algunos de
los que andan agitando las aguas ya estuvieron al frente de la sección y
existen testimonios de cómo la condujeron y se beneficiaron de ella. Así que no
buscan mejorarla, sino tenerla para su servicio.
¿O acaso un Javier Pereyra se ha
preocupado alguna vez por los profesores? ¿El compañero de Gestas ha tenido los
tamaños para criticar, encabezar o defender un proyecto? Nunca, jamás. Pero
ahora, azuzados por el personero mayor para obtener el voto de la química Guadalupe
Rodríguez en la reelección de su jefe, y sintiéndose protegidos por la raída
sombrilla del secretario general, hacen su perniciosa labor pese a que ya nadie
confía en ellos. Harían bien los dos profesores que los siguen apartarse de
ellos.
Así son y así seguirán siendo
mientras el CCH, y la UNAM en general, no establezca controles para un
desempeño profesional y digno por parte de quienes participan, representan o
presiden los organismos. Porque donde no se rinde cuentas, donde todo se puede
hacer en la más absoluta discrecionalidad e impunidad, no existe responsabilidad
ni mucho menos preocupación por actuar honesta, digna y profesionalmente.
Bajo estas condiciones
cualquiera quiere y cree que puede ser y hacer. “Si semejante bruto está como
director, ¿por qué yo no?”, se dicen. Véase la lista de aspirantes a la
dirección del plantel Azcapotzalco, que se decide esta semana; daría para un
listín telefónico, como decía Umberto Eco.
Es necesario que el rector y la
Junta de Gobierno reaccionen ante el hundimiento del CCH, ¿o debemos creer que no
les interesa? Por lo pronto, bien harían en impedir cualquier injerencia del
director general en la designación del nuevo director o directora del plantel
Azcapotzalco. Porque esta situación es como las pestes medievales, y todo
contagio lleva a la muerte.
Dejo aquí el link para que puedan
observar cómo los representantes del Stunam impiden ingresar a su zona de
trabajo a un buen empleado, a quien lograron echar finalmente, ante la
inexistencia e indiferencia del director del plantel Vallejo y su cuerpo
directivo. (Si el link no los lleva al video, búsquenlo en YouTube como ABUSO
DE AUTORIDAD CCH VALLEJO, y lo podrán ver completo.) Ellos viven muy ocupados
en acicalar su bella imagen de inútiles y en hacerse del control de la sección
sindical de la Aapaunam. Para quienes no leyeron la anterior entrega, Manuel
Cruz Miranda (el trabajador) es el del suéter; los valientes defensores de las “violaciones”
a su contrato son obvios, y el individuo que se la pasa hablando por teléfono y
que aparece de tanto en tanto, informándole tal vez, es el cuñado del director
general. Quien filmó el video lo hizo con un celular, por eso se ve estrecho, y
no esperó el momento climático, que es cuando empujan a Manuel y lo arrastran
hacia el exterior del plantel.
Mientras Manuel Cruz Miranda (impecable trabajador) no
recibió pavo para su cena navideña este fin de año, y la pasará en el
desempleo, el señor director ordenará que le descorchen la siguiente botella de
vino, “porque los momentos importantes de tu vida merecen una gran
celebración”. (Así reza la publicidad del Salón Ambrosía.)
¿VASIR O NO VASIR?
Doña
Pusilánime y don Timorato se encuentran en su burbuja de amor de la avenida
Montevideo (lo de burbuja es por lo transparente, todos los ven):
DOÑA PUSI: ¿Vasir?
TIMORATO: ¿A dónde?
DOÑA PUSI: ¡Cómo que a dónde, pus a la cena-baile!
TIMORATO: Pus sí, no hay de otra. Pero, ¿no se te hace caro?
DOÑA PUSI: Ay, tontito, tú puedes justificar tu boleto, y el
mío, los que quieras.
TIMORATO: Sí, pero me da hueva ir el sábado. Además, yo vivo
por acá, por el norte, e ir hasta el sur, puff.
DOÑA PUSI: Ni digas nada, gracias a él tenemos este sueldo,
¡qué aguinaldo! Y además nuestro bono.
TIMORATO: Pus sí, y como que me está preparando para ser el
próximo director general. Soy su director de plantel consentido. ¿Te has dado
cuenta?
DOÑA PUSI: No, pus eso sí, se nota. Hasta pareces su hijo.
TIMORATO: Te estás burlando, ¿eh?
DOÑA PUSI: ¡No, cómo crees! Te digo la verdad. Anda, ya
vámonos. Luego por qué dicen que no se te encuentra en el plantel.
TIMORATO: Que digan lo que quieran. Yo estoy blindado, ya lo
sabes. Nomás mi jefe me regaña o hace algo que no me convenga, suelto la sopa.
DOÑA PUSI: Eres bien inteligente, mi amor. Celebro el día que
te dije sí.
Hasta aquí el diálogo. Que dramaturgos
como Arturo o David Rodríguez lo concluyan; daría para un excelente sketch que
sería un éxito en todos los planteles del CCH. Yo me voy a disfrutar la lectura
de La historia de los animales, de
Claudio Eliano, y a seguir las peripecias del Frente, que sobrevivió a todo y a
todos. ¡Y va! Por primera vez tendremos candidatos competitivos a la
presidencia de la República en 2018. Buen signo para México. Nos leemos en
enero.