lunes, 11 de diciembre de 2017

LOS FUERZAN A IR AL BAILE

Los fuerzan a ir al baile

El nulo aprendizaje para actuar en democracia hace repetir a esa falsa izquierda los mismos tics del régimen autoritario del que proviene y donde se formó, trátese de ganar una gubernatura, una presidencia municipal o simplemente la dirección general de una institución educativa. Véanse los malabares que destacados morenistas hacen para quedarse con la rectoría de la UAM Xochimilco, o lo que sus retrasados émulos repiten en la dirección general del CCH. Así como Delfina Gómez aplicó el descuento de nómina a los empleados de la presidencia municipal de Texcoco, para reunir fondos para su campaña como gobernadora, así el director general del CCH aplica similar receta a quienes considera sus empleados en la dirección general y en los cinco planteles del CCH. Aunque aquí más bien se trata de un repulsivo “Año de Hidalgo”.
            Inicio esta entrega con tal comentario, pues es significativo de los quehaceres, poderes y quereres de un director general, y del disgusto de varios profesores que ocupan algún cargo y me han compartido la información y su molestia. ¡Ay, qué tiempos, señor don Jesús!
               No habría por qué criticar a un director general que se reúne con su equipo para celebrar un fin de año de trabajo y entregar buenos resultados; ni siquiera se vería con suspicacia que su esposa le ayudara a organizar la celebración; vive tan entregado a la institución que incluso involucra a la familia, pensaríamos. Pero el caso es que no. En primer lugar, la cena-baile se realiza en un lugar inalcanzable al bolsillo de la gran mayoría de profesores (Salón Ambrosía, 990 pesos el boleto), y el costo resulta ofensivo ante la quiebra técnica y restricciones presupuestarias de varias universidades, la UNAM incluida, por no compararlo con los sueldos de la mayoría de los profesores. En segundo los “invitados” no van por su gusto, sino voluntariamente obligados. En tercero, y el más importante, el CCH vive un desplome absoluto como institución educativa. No habría nada que celebrar si se tuviera una pizca de decencia.
                En el Colegio no hay coordinación, cada uno hace lo que quiere. No existe conducción académica ni liderazgo de ningún tipo. El doctor Jesús Salinas destrozó la Junta de Directores y fue incapaz de hacerla funcionar;  no le vendría nada mal leer los artículos 38 y 39 del Reglamento del CCH, y todos los que tienen que ver con el funcionamiento de los órganos colegiados; tiene abandonados a los planteles, que sólo son noticia de nota roja, o cuando se producen hechos como los narrados en mi anterior entrega: agresión por parte de los elementos que supuestamente vigilan las puertas a un profesor, imposición y despido de trabajadores por parte del Stunam (como en cualquier territorio sin ley, ahora habrá que pedir permiso al sindicato para laborar, ¿se dará cuenta el director del precedente que acaba de sentar con esta omisión?) y detención de adolescentes por vender droga. El cuerpo directivo (si existe) lo componen individuos cuyo denominador común es la abyección (los Rojas, los Vargas, los Rubio y los Ruiz bailarán con gusto la zarabanda porque  velan por sus propios intereses) y el mayor logro de esta administración, si acaso, es haber creado un ambiente donde el fracaso, la inseguridad, la desconfianza, el espionaje, los chismes y delaciones son el pan cotidiano, en tanto que la educación de vanguardia y la calidad educativa solo suenan en sus labios como la más vulgar demagogia. (Dejamos los casos de acoso y despido de profesores para otra entrega.) ¡Triste destino para el proyecto visionario de educación de un verdadero universitario como lo es don Pablo González Casanova!
            El corrido nos advierte sobre lo que sucede si queremos forzar a alguien a bailar, pero los Hipólitos, graduados de doctores hoy día, no se han dado cuenta que las modernas Rositas Alvírez no sólo están informadas, sino que también pueden informar.

PARA COLMO DE MALES
Y, sin salir del tema, nada extraña la persistente labor de zapa que los obedientes alfiles del secretario general realizan en el plantel Vallejo para desplazar a Alfredo Gallegos y su equipo de la Aapaunam. Son voraces, glotones, insaciables, torpes. Desde que llegaron dijeron abiertamente que venían también por el control de la Aapaunam. No porque les preocupe mejorar la situación de los profesores afiliados, sino porque son los más preclaros exponentes de esa especie que sólo sabe rumiar: “Quítate tú, para ponerme yo”. Incluso algunos de los que andan agitando las aguas ya estuvieron al frente de la sección y existen testimonios de cómo la condujeron y se beneficiaron de ella. Así que no buscan mejorarla, sino tenerla para su servicio.
            ¿O acaso un Javier Pereyra se ha preocupado alguna vez por los profesores? ¿El compañero de Gestas ha tenido los tamaños para criticar, encabezar o defender un proyecto? Nunca, jamás. Pero ahora, azuzados por el personero mayor para obtener el voto de la química Guadalupe Rodríguez en la reelección de su jefe, y sintiéndose protegidos por la raída sombrilla del secretario general, hacen su perniciosa labor pese a que ya nadie confía en ellos. Harían bien los dos profesores que los siguen apartarse de ellos.
            Así son y así seguirán siendo mientras el CCH, y la UNAM en general, no establezca controles para un desempeño profesional y digno por parte de quienes participan, representan o presiden los organismos. Porque donde no se rinde cuentas, donde todo se puede hacer en la más absoluta discrecionalidad e impunidad, no existe responsabilidad ni mucho menos preocupación por actuar honesta, digna y profesionalmente.
                Bajo estas condiciones cualquiera quiere y cree que puede ser y hacer. “Si semejante bruto está como director, ¿por qué yo no?”, se dicen. Véase la lista de aspirantes a la dirección del plantel Azcapotzalco, que se decide esta semana; daría para un listín telefónico, como decía Umberto Eco.
            Es necesario que el rector y la Junta de Gobierno reaccionen ante el hundimiento del CCH, ¿o debemos creer que no les interesa? Por lo pronto, bien harían en impedir cualquier injerencia del director general en la designación del nuevo director o directora del plantel Azcapotzalco. Porque esta situación es como las pestes medievales, y todo contagio lleva a la muerte.
            Dejo aquí el link para que puedan observar cómo los representantes del Stunam impiden ingresar a su zona de trabajo a un buen empleado, a quien lograron echar finalmente, ante la inexistencia e indiferencia del director del plantel Vallejo y su cuerpo directivo. (Si el link no los lleva al video, búsquenlo en YouTube como ABUSO DE AUTORIDAD CCH VALLEJO, y lo podrán ver completo.) Ellos viven muy ocupados en acicalar su bella imagen de inútiles y en hacerse del control de la sección sindical de la Aapaunam. Para quienes no leyeron la anterior entrega, Manuel Cruz Miranda (el trabajador) es el del suéter; los valientes defensores de las “violaciones” a su contrato son obvios, y el individuo que se la pasa hablando por teléfono y que aparece de tanto en tanto, informándole tal vez, es el cuñado del director general. Quien filmó el video lo hizo con un celular, por eso se ve estrecho, y no esperó el momento climático, que es cuando empujan a Manuel y lo arrastran hacia el exterior del plantel.
Mientras Manuel Cruz Miranda (impecable trabajador) no recibió pavo para su cena navideña este fin de año, y la pasará en el desempleo, el señor director ordenará que le descorchen la siguiente botella de vino, “porque los momentos importantes de tu vida merecen una gran celebración”. (Así reza la publicidad del Salón Ambrosía.)



¿VASIR O NO VASIR?
Doña Pusilánime y don Timorato se encuentran en su burbuja de amor de la avenida Montevideo (lo de burbuja es por lo transparente, todos los ven):
DOÑA PUSI: ¿Vasir?
TIMORATO: ¿A dónde?
DOÑA PUSI: ¡Cómo que a dónde, pus a la cena-baile!
TIMORATO: Pus sí, no hay de otra. Pero, ¿no se te hace caro?
DOÑA PUSI: Ay, tontito, tú puedes justificar tu boleto, y el mío, los que quieras.
TIMORATO: Sí, pero me da hueva ir el sábado. Además, yo vivo por acá, por el norte, e ir hasta el sur, puff.
DOÑA PUSI: Ni digas nada, gracias a él tenemos este sueldo, ¡qué aguinaldo! Y además nuestro bono.
TIMORATO: Pus sí, y como que me está preparando para ser el próximo director general. Soy su director de plantel consentido. ¿Te has dado cuenta?
DOÑA PUSI: No, pus eso sí, se nota. Hasta pareces su hijo.
TIMORATO: Te estás burlando, ¿eh?
DOÑA PUSI: ¡No, cómo crees! Te digo la verdad. Anda, ya vámonos. Luego por qué dicen que no se te encuentra en el plantel.
TIMORATO: Que digan lo que quieran. Yo estoy blindado, ya lo sabes. Nomás mi jefe me regaña o hace algo que no me convenga, suelto la sopa.
DOÑA PUSI: Eres bien inteligente, mi amor. Celebro el día que te dije sí.

            Hasta aquí el diálogo. Que dramaturgos como Arturo o David Rodríguez lo concluyan; daría para un excelente sketch que sería un éxito en todos los planteles del CCH. Yo me voy a disfrutar la lectura de La historia de los animales, de Claudio Eliano, y a seguir las peripecias del Frente, que sobrevivió a todo y a todos. ¡Y va! Por primera vez tendremos candidatos competitivos a la presidencia de la República en 2018. Buen signo para México. Nos leemos en enero.


jueves, 23 de noviembre de 2017

POEMA

Escribí este poemita en plena canícula de agosto de este año. Lo envié a una querida amiga. Dice que su respuesta pronta se la tragó la computadora y ayer regresó curiosamente su texto y me lo reenvió. Con su respuesta, como sucede con el correo electrónico, venía el poemita que ya ni siquiera lo recordaba.

A veces...
Crujen la tierra, las paredes, los muebles
Cruje el mar de los sueños y el fracaso
Duele el temprano otoño y sus colores
Duele la sombra herida de la vida.

Las paredes palpitan doloridas
Un viento ardiente sopla y el mundo se trastorna
Uno a uno caen demolidos los pilares de arena
La casa se derrumba pero antes gira como un perro
Y en la última vuelta nos echamos.

El sol hiela las venas, los recuerdos son polvo
Perla mi frente el frenesí del miedo
Doma el potro su freno y su congoja
Contiene la madrugada sus colores
Antes me preguntaba: ¿cuánto tiempo?
Hoy sólo espero la hora, el puntual desenlace.

Un devenir de azoros es la vida
Un súbito despertar la despedida
Corazón egoísta, dolorido
Es difícil dejarte 
Pero fuiste mi guía, mi camino
Mi destino también, mi viaje incierto.

Escucho el rumor de las palabras
Oprimen la tristeza entre sus letras
Urden batallas, resistencias
Aún puedes vencer gritan desde el papel.

Yo danzo con mi coro de fracasos
Bailo sobre la tierra estéril y mi agonía
Envuelvo mi memoria en esta brisa
Y partimos sin prisa, sin tristeza.






lunes, 20 de noviembre de 2017

EL DERRUMBE TOTAL

El derrumbe total
NOÉ AGUDO

Durante las últimas semanas he hablado con más de una decena de profesores del CCH y la conclusión es unánime: como alternativa innovadora y vanguardista de educación media superior el CCH es un fracaso, se ha vuelto un bachillerato más del montón. Si continúa siendo una opción demandada por los jóvenes de esta metrópoli, se debe al hoy injusto privilegio que la UNAM concede a sus egresados: pasar a la licenciatura sin cubrir más que el número de créditos y en un periodo más o menos reglamentado de tiempo. Pero su rendimiento, eficiencia terminal y conocimientos con que los estudiantes egresan son los mismos que los de otras instituciones de educación media superior como Cecyts, Colegio de Bachilleres e incluso bachilleratos técnicos como el Conalep y Cetis, con la ventaja de que estos últimos forman alumnos capaces de incorporarse de inmediato a un empleo.
            Lo que alguna vez fue un modelo de enseñanza, una alternativa innovadora y pertinente para los nuevos tiempos: formar ciudadanos críticos, informados, solidarios con su entorno social, capaces de aprender por sí mismos y actualizarse permanentemente, e interpretar la realidad a partir de los marcos aportados por la ciencia, hoy es un enclave donde priman el desplome en los conocimientos, los prejuicios y esquemas simplistas para juzgar la realidad, la crítica entendida como hablar mal del gobierno y un individualismo feroz que antepone salvar el pellejo antes que cualquier preocupación solidaria.
En un intento por descalificar la reforma educativa, Carlitos Imaz dice “con orgullo” que él es egresado de esta institución, la cual se propuso enseñar a sus alumnos a “aprender a aprender” desde sus inicios. Lo que no dice es que el CCH nunca pudo lograr este propósito, ya que originalmente su planta docente la conformaron jóvenes improvisados para la enseñanza, si bien con un impulso generoso debido al cercano movimiento estudiantil de 1968. Después, en la medida en que los recursos fueron aumentando y las asignaciones presupuestales se hicieron apetitosas, el Colegio se transformó en un botín que se disputan pandillas burocráticas las cuales lo que menos preocupa es la enseñanza. ¿Cómo van a ocuparse de aplicar y hacer realidad el modelo educativo, si lo que pretenden realmente es beneficiar a sus familiares, otorgar plazas a los amigos y mantener los privilegios para unos cuantos?
Carlos Imaz no dice que el CCH ha propiciado un activismo cuyo mejor representante son el tristemente famoso Mosh y sus seguidores, posesionados de espacios universitarios como el Auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras. Dichas personas se caracterizan por su intolerancia, fanatismo, carencia de visión y propósitos, que se consumen en una estridencia y rechazo a todo y a todos. Además de destructivos y vandálicos, esos falsos activistas se han apropiado de los espacios universitarios y han hecho de ellos su modus vivendi, usándolos para actividades nada dignificantes como vender chucherías, comida chatarra y aun productos ilegales como alcohol y drogas. Se dicen anarquistas pero ni siquiera saben el significado del término, pues se prestan dócilmente a servir a ciertas personas y grupos.
Tal vez este comentario moleste a algunos profesores, pero recordemos que fueron también profesores quienes contribuyeron a esta pérdida. La indiferencia, silencio y cobardía ante las bribonadas por todos conocidas, ha sido directamente proporcional a la incapacidad y pereza para pensar e imaginar cómo recuperar las propuestas innovadoras del Colegio; para proponer formas de contención del desplome educativo; para hacer eficaces a los órganos colegiados, que podrían haber acotado la actuación discrecional y arbitraria de las autoridades. Aún existen algunos profesores fundadores, pero todos guardan hoy un discreto silencio, pues de lo que se trata es de lograr un mejor retiro y más vale tener contentos a los zafios burócratas. Por no hablar de los que gustosamente contribuyeron al desastre.   
¿Qué sigue para el Colegio?, nos preguntamos todos los profesores. Lo más seguro es que, llegado el momento, las autoridades educativas apliquen sin mayor problema ni oposición una medida ya anunciada: la separación del bachillerato de la UNAM, dejando a ésta sólo con licenciaturas y posgrados. Un desprendimiento necesario ante los males que hoy padece la Máxima Casa de Estudios, al igual que el país todo: macrocefalia y obesidad. Porque si bien antes existían razones para oponerse a esta medida, hoy ya no queda ningún argumento válido. ¿Cómo justificar un presupuesto tan generoso para resultados tan nimios? ¿Cómo explicar que otras instituciones con menores recursos, infraestructura y aun personal docente, entreguen los mismos resultados y algunas quizá mejores? ¿Cómo demostrar el carácter especial de un bachillerato que naufraga en el desconcierto, la improvisación y el desastre?
Las últimas administraciones, unas más, otras menos, han pavimentado este camino, pero en especial la actual: un individuo como el doctor Jesús Salinas Herrera, que llegó a la dirección general del CCH con la promesa de no practicar el nepotismo, lo primero que hizo fue poner al cuñado, ya jubilado, al frente del almacén del plantel Vallejo; envió al hijo, reprobado en su examen de admisión como docente del CCH (no faltó quien se prestara a “la revisión” del examen y lo aprobara), a estudiar su doctorado (no sé si becado o con sueldo incluido, es igual); quitó al director de ese plantel y puso a otro director y su equipo a su antojo, algunos impresentables o con negros antecedentes en otros planteles, e hizo lo mismo en la dirección general (en menos de un año corrió al secretario general y a la secretaria académica, dos piezas clave en la buena marcha de la institución). Pero en el aspecto propiamente educativo, su gran logro ha sido retomar la “revisión” de un plan de estudios realizado por su antecesora, empeorarlo, aprobarlo e imponerlo con el consecuente rechazo de los profesores, quienes no dudan en juzgarlo como un verdadero galimatías.
Las consecuencias de este desgobierno están a la vista: una comunidad donde cada uno hace lo que quiere; sin planeación ni dirección; despido de los mejores trabajadores y agresión a profesores; elevado consumo de alcohol y drogas sin que los directivos hagan nada; jóvenes que nunca entran a clase o se convulsionan en los jardines por el “pasón” (el pasado 8 de noviembre una menor fue detenida y remitida al ministerio público especializado por vender brownies repletos de marihuana; ¡vaya!, el director del plantel Vallejo, a quien nunca se encuentra en las instalaciones escolares, solicitó por fin la intervención de las autoridades correspondientes, sin parar mientes en que la alumna es menor de edad, pues tiene apenas 16 años) y se dice que los propios integrantes de su equipo están en  connivencia con los vendedores. En síntesis, un desastre desolador que, se pensaba, sólo se ve y se vive en los reclusorios, pero nunca en una escuela. Y menos en una que se proponía como modelo de enseñanza y educación.
Estos son los resultados de la administración encabezada por el doctor Jesús Salinas, a quien el rector y la Junta de Gobierno no deben permitir su reelección como director general del CCH, e impedirle desde ahora cualquier acción para influir en la designación de ningún director ni funcionario de ningún plantel.    
     
TIEMPOS DE JESÚS SALINAS:
Un profesor llega en su auto a la puerta del estacionamiento. Burlona, la vigilante que supuestamente la atiende le dice: “Los porros no pueden entrar a este plantel”. Ríe con descaro en la cara del profesor. Por fin levanta de mala gana la pluma y lo deja pasar. El hecho se repite otro día. Ahora quien realiza la befa es un individuo que también actúa como “vigilante”. Vuelve a decir lo mismo al profesor que, casualmente, fue director del plantel y despedido sin ninguna explicación por parte del director general, doctor Jesús Salinas Herrera. Ahora éste lo considera su enemigo. El profesor encuentra casualmente al director del plantel Vallejo y le expone la situación: “¡Qué barbaridad, esto no puede suceder, qué falta de respeto! Le sugiero que levante un acta en el Departamento Jurídico”, dice con socarronería el funcionario. Pacientemente, el profesor consigue los nombres de los empleados que lo han agredido, va, levanta el acta y aun escribe una carta al rector de la UNAM para exponer el problema. ¿Resultado? Ninguno. Es el CCH, parecen decir los hechos: una tierra de nadie. Sí, corrijo: la de los bribones y cínicos. Los empleaditos que realizaron la burla fueron aleccionados, el profesor ni siquiera los conocía. Son los mismos que harán lo mismo al director general y sus acólitos cuando dejen el poder. ¿Alguien aún apela al espíritu universitario?
Conocí al señor Manuel Cruz Miranda desde que llegué al plantel Vallejo y lo traté como jefe del Departamento de Publicaciones que él era. Acostumbrado a lidiar con jefes de imprenta, talleres, encuadernadoras y urgencias que siempre se presentan en el proceso de imprimir una revista o un libro, me di cuenta de inmediato que se trataba de un trabajador ejemplar, como pocos en el ámbito universitario: puntual, responsable, amable, los trabajos bien hechos hasta donde lo permitían los recursos y sobre todo alguien para quien los “no se puede”, “ya es tarde”, o “me faltan piezas para la máquina” no existen. Pues bien, impulsada por antiguos rencores derivados de elecciones sindicales en las que Manuel Cruz se impuso sobre ella cuando ambos eran trabajadores sindicalizados, una mujer asignada al Departamento de Impresiones sentenció a Manuel: “Yo me encargo de que dejes de ser jefe de este departamento, te lo juro”. La mujer presume tener relaciones con el secretario de conflictos del Stunam.

Intrigante, instigadora, calumniadora, conflictiva, la mujer acusó a Manuel de cuanta tontería se le ocurrió. Nada pudo comprobar, nada probó, nada demostró, nadie le creyó. Sin embargo, valida de sus relaciones trajo a cuatro o cinco golpeadores que amenazaron a Manuel. Ingresaron hasta el área de trabajo, impidieron el paso al trabajador y casi lo sacan a rastras a la calle y lo golpean, de no ser por la intervención de varios profesores que detuvieron la agresión (existe un video del hecho, que subiré en cuanto me lo hagan llegar). Lo indignante es que ningún elemento del llamado “cuerpo directivo” hizo nada para respaldar a su empleado (Manuel era trabajador de confianza). El colmo del cinismo vino cuando la mujer que funge como policía del director le dijo: “Estás afectando la imagen del director, mejor renuncia y ya jubílate”. Lo mismo le dijo el director: “Me estás causando un conflicto”. ¡La imagen del director! Un timorato e inepto que sólo obedece las órdenes de quien allí lo impuso, es decir, de Jesús Salinas Herrera, el director general del CCH. Dudo mucho que el trabajo que realizaba Manuel (a todos mis colegas profesores les consta) pueda ni siquiera ser igualado por quien quedó en su lugar. Así naufraga y se desmorona el CCH, esa institución que don Pablo González Casanova imaginó como modelo de educación para un México diferente. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

EL CUAPINOLE

EL CUAPINOLE

De verdad le preocupaba dónde enterrarían su cuerpo. Sus raíces indias le recordaban constantemente que aceptar la incineración, llegar por descuido a la fosa común, donar sus órganos para trasplantes o que sus restos desaparecieran en alguna conflagración sería una blasfemia para la naturaleza que lo había albergado, sustentado y fortalecido en su infancia. Recordaba el cementerio de ese puerto en el Pacífico: una alta península que se introducía algunos cientos de metros en el mar, lo suficientemente amplia para albergar nichos, tumbas pobres con apenas una cruz de identidad  y capillas que semejaban palacetes con vista al mar. Envidiaba a los muertos que reposaban rodeados del arrullo y estruendo del océano, pero cuando preguntó si le podían dar hospedaje allí el fiscal se negó, dijo que era solo para los lugareños. Recordó aquella catedral en Haarlem, que se volvió un cementerio después de las guerras religiosas y en su órgano gigante habían tocado músicos que dialogaron con el Creador a través de sus composiciones, pero nunca se le ocurrió ir a descansar alejado de sus montañas. Cuando estuvo con los gitanos en Donostia lo llevaron a una alta colina desde donde se divisaba el Mar del Norte, y pensó que ese era un buen sitio para quedarse. Pero era muy joven aún y pensó que solo la fortuna podría llevarlo de regreso si estaba decidido que allí reposara, al igual que aquella inmensa estepa del Gobi, donde en las noches escuchó un crujido extraño que primero atribuyó a la arena contrayéndose por el frío, pero después se dio cuenta que era la alta atmósfera la que hacía el ruido. Pensó que la soledad y el silencio del desierto permitían escuchar el sonido de los astros en esa inmensidad de cielo y arena. No le importó quedarse allí, pues la muerte lo uniría con sus antiguos hermanos tártaros, pero el destino dispuso otra cosa. Por eso ahora recordó el cementerio de Sierra Sur: un sendero se apartaba discretamente del camino principal y subía la suave pendiente. Allí algunas piedras cubiertas de musgo verde indicaban las tumbas. Era un cementerio hasta cierto punto reciente pues las señales más antiguas databan de 1760 y 1780. Parecía que antes nadie había muerto. El caminito avanzaba sinuoso por entre nichos, lozas, piedras  que distinguían alguna tumba y rústicas capillas. De pronto las ramas de un frondoso cuapinole se extendían amorosas sobre el abigarrado cementerio. Fue un buen signo. Recordó que sus ancestros indios habían elegido la juntura de tres arroyos para erigir el corral, y este árbol milagroso que abundaba en la región lo alimentó con sus frutos durante las interminables sequías. Produce unas vainas parecidas al fruto del cacao, pero de concha dura y gruesa, capaz de resistir años a la intemperie o viajar kilómetros entre las corrientes de agua y mantener incólume su producto: un aromático y dulce polvo semejante al pinole, y unas almendras parecidas a las castañas. Cuando el árbol de cuapinole se cae, de viejo, el agua de los arroyos le va arrimando maleza y limo hasta cubrirlo totalmente y enterrarlo. Años después resurge transformado en el ámbar más puro y fino que los artesanos transforman en preciosas joyas; como él, que sólo se dispuso a entregar lo mejor de sí en su vejez. Después de avanzar algunos pasos y cruzar una capilla sin paredes, llegó al borde de esa especie de colina y después el abismo y el verdor del monte se extendieron bajo sus pies. A lo lejos, el azulado perfil de las montañas. Captó su atención un extraño viento que parecía ascender por la montaña, mostrando el envés de la fronda silvestre y supo que era el signo definitivo. Aquí es, se dijo, aquí reposaré. (Fragmento.)     

domingo, 22 de octubre de 2017

LA PUTLEQUITA

LA PUTLEQUITA

Si hay alguna pieza popular que, para mi gusto, se eleva a música sagrada esa es “La Putlequita”, interpretada por la Banda Mixe de don Joel Wilfrido Flores. Es una chilena y no sé quién sea su autor, pero es indudable que la compuso no alguien de la costa sino un habitante de la montaña, alguien que conocía el poder mágico de la música para conjurar la soledad, el silencio y el aislamiento de siglos, y convocar por unas horas  a la alegría  a esas almas marchitas de la sierra. Lo digo así porque recuerdo el luminoso círculo de luz que producían las lámparas de gasolina, el olor del mezcal y los cigarros “Alas” bajo la enramada. Los danzantes ꟷdelicados y frágiles en sus calzones, blusas y faldas de algodón, el sollate a la cintura las mujeres y el ceñidor los varones y un sombrero de fieltro negro que se decía era pelo comprimido de burroꟷ graves y elegantes cuando aún la bebida no hacía su efecto. Después el grito, el rasgar del silencio, una algarabía que se opacaba pasos adelante, donde las tinieblas los devolvían a su orfandad y pequeñez. El dulce sonido de las flautas y clarinetes parecía suspenderlos en el aire, pero pronto eran depositados nuevamente sobre la tierra, cuando irrumpía el fragor de timbales y tambora, y se movían entonces incesantes, fantasmales, elegantes cual demonios que realizaran un ritual bajo la noche. Y era como si un río crecido avanzara corriente abajo, o una montaña se derrumbara con sus piedras, tierra y peñas. Daría la vida por revivir la visión de uno de esos bailes, pero las veces que he tratado de presenciarlo no son ni por asomo lo mismo. Nadie viste así, esa música ya no se pone y ni siquiera en los cerros más alejados es posible disfrutar el silencio nocturno. Mi chamana me anima a usar el “Cinconegrito”, poderoso alucinógeno capaz de recrear imágenes muy viejas que uno guarda en la parte reptílica del cerebro. ¿Estarán allí? Dejo aquí “La Putlequita” para los paisanos de Sierra Sur que se hallan en Los Ángeles, Nueva York, las Carolinas o cualquier parte de los EUA, y preguntar si se atreverían a viajar con el “Cinconegrito”.   https://www.youtube.com/watch?v=EpMQC3H3bhA

¿QUIÉN CONVIENE A MÉXICO COMO PRESIDENTE?



QUIÉN CONVIENE A MÉXICO COMO PRESIDENTE

No soy hombre de partido. Este encabezado hace a un lado también mis simpatías y diferencias por alguien, para así poder evaluar de la manera más equilibrada posible quién conviene al país como próximo presidente de la República.
            A menos que Enrique Peña Nieto guarde una sorpresa mayúscula, el candidato del PRI será José Antonio Meade. Es el que mayores méritos tiene sobre los demás aspirantes, tanto dentro como fuera de ese partido: un eficiente funcionario que ha servido en cinco secretarías distintas para dos gobiernos de diferente signo ideológico, sin mácula, bien visto por la comunidad financiera internacional, por el sector empresarial mexicano y extranjero, el único capaz de atraer el voto de panistas y priistas, y no pocos de Morena y el PRD, pero sobre todo el voto de la gran mayoría de indecisos que son los que definen la elección.
Su único déficit es el partido que lo propone (PRI), pero harán valer su no militancia, aunque últimamente ha debido reconocer su simpatía por ese partido y su legado, así como su voto por Enrique Peña Nieto en 2012. Un poco para convencer a los duros dentro del PRI, que no lo aceptan del todo, y otro poco debido a la exposición a que los precandidatos se someten durante esta etapa. Pero nada que ver con un Gamboa Patrón, un Eruviel Ávila o un Manlio Fabio Beltrones, que representan los más rancios vicios de ese instituto.
  Mérito adicional de José Antonio Meade es que pocos como él comprende los alcances de las reformas estructurales, y sin duda bajo su gobierno no sólo permanecerán, sino que se profundizarán, lo cual permitirá mantener la estabilidad macroeconómica, avanzar en cuestiones clave hoy disfuncionales como la impartición de justicia, la seguridad, la recuperación de la confianza ciudadana y en general el avance hacia un auténtico Estado de derecho.
Por parte del Frente Ciudadano por México aún no hay candidato. Tal vez esperan la decisión del PRI pero, quienquiera que sea, su irrupción ha elevado las exigencias para los demás candidatos. Precisamente por eso el PRI debe jugar la carta de José Antonio Meade, de otra forma sería Aurelio Nuño u Osorio Chong, candidatos para circunstancias menos competitivas. Sé que los del Frente realizan discretísimas reuniones para convencer a la persona que podría enfrentar los atributos de Meade, pero no pueden tardar más. Si no logran convencerla, quien entrará al quite es Ricardo Anaya. Por eso priistas, López Obrador y los mismos panistas inconformes deturpan a Ricardo Anaya; tratan de nulificar al Frente a través de su persona, sin importarles actuar ocasionalmente como aliados de Margarita Zavala, los “senadores rebeldes” y el mismo Calderón. Saben que ni Margarita ni Rafael Moreno Valle ni ningún otro panista tiene posibilidades reales de competir, pero los “inflan” con tal de hacer fracasar el Frente.
¿Por qué les preocupa, incluso más que López Obrador, a quien suelen usar como “punching-bag”? Lo realmente preocupante del Frente son sus propuestas, su agenda de gobierno, que propone medidas para sanear la vida política del país, y es lo que hará sumamente atractivo a su candidato, quienquiera que sea, y lo hace una opción incómoda para la clase política. Saben, además, que las fuerzas que libera un cambio de esta naturaleza son impredecibles. Así como Salinas de Gortari, en su momento, no previó las consecuencias que traería abrir el país a la competencia e inscribirlo como miembro de organismos económicos internacionales (OMC, TLC, OCDE, etc.), su afán modernizador en la economía trajo consecuencias políticas no previstas: reclamo de los derechos humanos, presencia de medios informativos independientes del gobierno, lucha inter-partidaria, pugnas por establecer una auténtica separación de poderes, disminución del poder presidencial y una exposición permanente al escrutinio de la opinión pública nacional e internacional. Así, las propuestas del Frente pueden traer consecuencias indeseables y todo lo imprevisto causa temor.
Los arquitectos del Frente saben que ésta es su mejor carta y no la dejarán de aprovechar. Es su mayor atractivo ante una ciudadanía que acudirá a las urnas marcada por el hartazgo y ante alguien tan competitivo como Meade. Aprovecharán la identificación que la sociedad ha hecho del PRI como sinónimo de corrupción e impunidad y extenderán esta identificación a su candidato. Por si fuera poco, y en caso de que Ricardo Anaya deba entrar al ruedo y logre deshacerse de los señalamientos de corrupción (reales o inventados), sus atributos no son menores: trayectoria política meteórica, juventud, agilidad verbal para el debate (Meade la tendrá difícil en este aspecto y no se diga López Obrador, con su lentitud verbal y a veces tartamudeo) y un carisma traducido siempre como inteligencia.
El único candidato seguro, Andrés Manuel López Obrador, tiene una  base dura que cree ciegamente en sus propuestas y lo identifica como la única opción real de cambio. De alrededor de 14 millones de seguidores que tenía en el 2012, este número se ha reducido en apenas seis o siete y no ha podido renovar sus propuestas ni su lenguaje para recuperar o atraer nuevos simpatizantes. Parece que al fin ha comprendido la existencia de una política económica globalizada, pero cuando acudió a tratar de convencer a los representantes financieros internacionales los dejó con más dudas. Por otra parte, insiste en propuestas absurdas como cancelar las reformas estructurales y se empeña en prometer acciones como terminar con la corrupción y elevar el nivel de vida de la población mediante políticas asistenciales, volviendo a un gobierno estatizador y rodeándose de individuos señaladamente corruptos.
López Obrador y sus asesores no perciben que la sociedad ha cambiado, está más informada y se comunica más fácilmente. AMLO y sus asesores identifican y aprovechan el hartazgo ciudadano, pero el remedio que recetan es un “producto milagro” y puede ser tóxico: nunca volver al pasado ha sido una solución y esto la ciudadanía lo sabe. De ahí que hablar de una mafia, de acuerdos secretos, de complots y soluciones milagrosas suene cada vez más demagógico. Esto es lo que aún no alcanzan a percibir.
De los supuestos “independientes”, ¿qué se puede decir? Son una lamentable exhibición de egos. Saben que ninguno tiene posibilidades reales y carecen de programas e ideas, pero se empeñan en confundir, pulverizar el voto en caso de salvar los requisitos y lograr ser candidatos y finalmente en hacer el ridículo. En este sentido es creíble la percepción de que son azuzados desde el poder para desprestigiar esta opción para futuras elecciones, y echan a perder así una opción abierta por Jorge Castañeda para hacer más competitivas las elecciones.
Pienso que el próximo año contaremos realmente con opciones diferentes para elegir y una auténtica competencia partidaria, en la que importarán más los programas que las personas. Si hablamos de las consecuencias socioeconómicas para la población, es José Antonio Meade quien mejor convendría para presidente. Garantizaría estabilidad, crecimiento e inversiones y con ello mayor generación de empleos; la única forma viable de elevar el nivel de vida de la población. Si pensamos en reducir la corrupción y la impunidad, y establecer un verdadero Estado de derecho, con el candidato del Frente esto se logrará más rápido.  A menos que como dicen los comentaristas, alguien sea capaz de hacer aparecer un Emmanuel Macron a la brevedad. El tiempo corre.


    

domingo, 24 de septiembre de 2017

GUMESINDO

Gumesindo

Eran las once de la noche y me disponía dormir. Mi día había iniciado a las tres de la madrugada y con el sismo ya no pude hacer la siesta después del almuerzo, como acostumbro, aunque fuera por cinco o diez minutos. Eso me repone para continuar la jornada. Los martes estoy hasta las nueve de la noche frente a grupo y cualquiera puede imaginar cómo queda uno a esa hora; llegar a casa, beber una cerveza y comer algo. A veces ni siquiera el noticiero de las diez treinta alcanzo a ver. Cuando sonó el teléfono contesté arrastrando la voz, quería colgar, no sabía quién llamaba.

“Gume”, me llegó una voz suave, comedida, distante; me incorporé impulsado por la sorpresa y el gusto. ¿Gume, Gumesindo?, grité. Era mi cuñado, un costeño arrasado por el alcohol, aunque dejó de beber hace algunos años. De joven tenía la estampa del tirador infalible con la retrocarga o el máuser, o con una simple pistola. En la costa es un error no serlo. De hombros anchos y los brazos un poco simiescos, abiertos y largos, le dan la apariencia de poder cortar hilos invisibles con el machete. Es un indio serrano adaptado al calor y fragor del litoral. Como todos los hombres sometidos al trabajo duro, con el avance de los años su cuerpo se ha ido empequeñeciendo. A eso se deben sumar los estragos causados por temporadas de dos o tres meses sumergido en el alcohol. ¿Cómo ha sobrevivido?

Es padre de una pareja. El varón se parece a él y la niña a su esposa; pronto repitieron el ciclo: crecieron, se casaron, tuvieron hijos, y hoy desearía traer a estudiar al nieto de Gume: un niño con evidentes habilidades musicales llamado Fabio. Yo le digo Marco Fabio y a él le gusta; es un niño silencioso, observador, atento, con un talante tan apacible que linda en la dulzura. Y le gusta la música. Por allí escapó del demonio del alcohol que mantuvo atrapado al abuelo y hoy al padre.


Pues me llamaba Gume, para saber cómo estaba. Hacía tantos años que no hablábamos, que de todas las llamadas que ese día recibí, fue la que más gusto me causó. Dile a mi hermana que estoy bien, le pedí. Me preguntó cuándo iría a Sierra Sur, le dije que en diciembre. “Bueno, para cazar unos garrobos y los puedas comer en amarillito” prometió. Sé bien que es muy improbable que vaya, sé bien que ya tampoco iré a una fiesta de la costa, como sé que tampoco correremos una parranda que nos habíamos prometido. Esa región la guardaré en la memoria y entre las notas del “Alingo, lingo” (¿por qué se llama así esta chilena?) que habla de tiradores, retrocargas y los pueblitos que eternamente pelean por hacer respetar sus límites de tierras.   

jueves, 21 de septiembre de 2017

RESCATISTA

RESCATISTA

Existen palabras vacías, huecas, sonoras pero sinsentido, con que se simula decir algo cuando en verdad sólo se hace un acto de prestidigitación para estar y no estar, decir y no decir, aparentar cumplir y después reírse al demostrar que no hubo ningún compromiso. Existen palabras de moda, términos con que se cubren fenómenos y objetos inesperados para entenderlos y hacerlos nuestros, al menos en el lenguaje. Existen palabras prohibidas, irritantes, peligrosas, subversivas, con las que uno disiente y desafía al poder, pero también a la imbecilidad y estolidez de las buenas conciencias. Existen palabras alegres, divertidas, casi cantos para celebrar la belleza, la esperanza y la vida. Existen palabras cómplices, dichas en los rincones íntimos o en las horas más profundas de la noche, para seducir a la amada, para alentar el amor y sumergirnos en un tobogán de experiencias como pocas podemos vivir en nuestra corta existencia. Existen palabras asesinas, traidoras, bífidas como las lenguas de la mítica serpiente del mal, cuyas puntas atacan una el cerebro y la otra va directo al corazón. Existen palabras solidarias, firmes en su frágil orfandad, que duermen en las esquinas, en las escaleras, en los quicios, en los parques, a las salidas del Metro, en los caminos solitarios del campo, pero adquieren tibieza, fortaleza y poder, y uno las ve saltar en esos pechos morenos, delgados, débiles tal vez, cuando abraza los cuerpos para agradecer todo lo que hacen por los demás, por nosotros, por sí mismos. Son como sólidos polines que detienen el edificio a punto de caer y no cae; son las que brotan como blancas flores de entre el hedor, las ruinas y la sangre. Un de ellas es RESCATISTA

miércoles, 13 de septiembre de 2017

¿QUÉ ES UNA RESEÑA?

¿Qué es una reseña?
NOÉ AGUDO


La reseña es un género periodístico, mezcla de información y opinión, que tiene como propósito dar una visión general y a la vez crítica de alguna obra, pues su finalidad es orientar al espectador o lector en cuanto a su calidad. Es un escrito breve, de extensión no menor a una cuartilla y no mayor de dos, escrito por una persona experta en el tema, que trata de evaluar la calidad de los trabajos para así orientar el gusto y atención del público.
En el ámbito académico este género se enseña porque permite al estudiante ensayar la exposición −del modo más objetivo posible− de un asunto, ya sea artístico, científico, deportivo o de cualquier otra tema. A menos que se esté reseñando un hecho en vivo (un encuentro deportivo, por ejemplo, donde se opina a la vez que se narra, y por eso al género periodístico que lo reseña se denomina crónica), no se permite la opinión del autor sino sólo después de haber descrito los elementos sustanciales de la obra. A diferencia del comentario personal, que normalmente inicia con una opinión o juicio, en la reseña se describe primero cómo es, de qué trata y cómo está hecha la obra, y sólo entonces se puede hacer una valoración. Y, si es posible, plantear de antemano de qué tratará la reseña. Es decir, se opina, se critica y se argumenta pero con base en datos, detalles y características de la obra. Por eso es necesario describir el hecho artístico del modo más cabal posible.
Esto exige comprenderla muy bien. No sólo entender la historia o asunto del que trata, sino ir un poco más allá: comprender cómo está hecha, cuáles son sus partes principales, cómo están integradas y cómo funcionan esos elementos para lograr su propósito. Además, el alumno debe ser capaz de resumir lo esencial del contenido de la obra, para no perderse en detalles que lo lleven a una descripción interminable o exhaustiva de la misma.
Naturalmente, un especialista en la materia –digamos un crítico literario, cinematográfico, teatral o musical− muchas veces puede pasar por alto la reseña completa, ya que hace referencia a otras versiones, da por supuesto que el público conoce el asunto que comenta, por lo cual su trabajo se orienta más a guiar al lector, explicando la calidad del trabajo. Ésta es la labor del crítico.
Sin embargo, el principiante describirá del modo más sucinto posible el asunto de que trate la obra y sólo después de dar este paso hará la crítica, y siempre relacionada con los puntos que ha descrito. Además, debe ser consciente de que su opinión será siempre un punto de vista personal y que su valor y acierto dependerán de lo bien manejados y armados que estén sus argumentos.
Finalmente, al ser un escrito breve, la reseña exige una estructura básica que consiste de cuatro partes indispensables: inicio (donde se plantea el asunto del que se hablará), desarrollo (reseña o descripción de la obra), opinión o crítica (la valoración que se haga de ese asunto) y la conclusión o cierre (en donde la recomendará o advertirá que su degustación queda a criterio del público).  
   

domingo, 10 de septiembre de 2017

¿QUIÉN ES INSTITUCIONAL?

¿Quién es institucional?
NOÉ AGUDO

La política y los políticos son quienes con más eficacia logran pervertir las palabras. Al ser una actividad donde el fingimiento, la simulación y la ausencia de compromiso son consideradas virtudes, los políticos vacían de contenido las palabras. Su pretensión es hacer del lenguaje algo hueco, que no comprometa, que no diga nada firme. De allí la recurrencia a los lugares comunes, las frases hechas, las combinaciones sonoras que nada dicen, pero suenan bien: “Se actuará hasta las últimas consecuencias”, “Un proyecto eficaz y eficiente”, “Se tomarán acciones determinantes”, “Caiga quien caiga”, “Me ocupa y me preocupa”, “Se aplicará todo el peso de la ley”, etc.
El estilo perifrástico estaría bien si lo que se buscara fuera la sutileza, la ironía fina, el toque suave y letal. Pero no. Encubre la ausencia de valor civil, la falta de ciudadanía, la carencia de una vida y hábitos democráticos.
            Tristemente, otro ámbito donde este lenguaje vacío prospera es en el académico. Al decir algo sin decirlo, para tener una coartada y salir del aprieto por si hubiera problemas, muchos académicos tienen cuidado de no decir nada de manera clara y explícita, sino sólo “sugerirlo”, “darlo a entender”, hacer como si no se refirieran a esa persona o tema y así llevar sin culpa su cara “todo-sonrisas”. Más aún, con gusto se imponen la autocensura. “No digas nada del caso Ayotzinapa”, me pedía un profesor, conocedor de que este tema es caro a la izquierda universitaria, al igual que mitos como el estatismo, el gobierno bolivariano de Venezuela, la CNTE como defensora de la educación popular, etc.
                        Si eso pueden hacer con el lenguaje común, accesible a cualquier hablante, podemos imaginar y comprobar lo que sucede con los términos especializados y conceptos que implican cierto nivel de abstracción. Si a las palabras comunes se las puede vaciar de contenido, a los segundos se les pervierte o tergiversa. Es lo que han hecho con algunos términos que hoy no significan nada, pero dan lugar a estereotipos o nociones generalizadoras que sirven para condenar, descalificar o invalidar políticamente a alguien: ser de derecha o de izquierda, neoliberal, represión, reacción, etc. Luego están los conceptos otrora sagrados como “clase social”, “revolución”, “lucha de clases”, “pueblo”, “el Estado”, etc., que funcionan como un velo para distorsionar o interpretar a modo la realidad. Como es sabido, estos se vuelven usuales al calor de una teoría predominante o de moda, es decir, tienen una validez relativa y provisional, pues no son en realidad conceptos teóricos sino fragmentos de una ideología.
            Por eso las ciencias sociales tienen la obligación de definir con mucha precisión los conceptos que emplean, pues de otra forma devienen en ideologías que sirven a propósitos propagandísticos, mas no sirven para estudiar o interpretar la realidad. Vuelvo ahora a la cuestión política.
            Un concepto que la clase política pervirtió y después retomó la burocracia universitaria es el de institucionalidad. Institucionalidad proviene de institución: “conjunto de reglas con que se hace algo”, una institución parafraseo a Duverger se crea con un fin humano: una escuela, un colegio, universidad o instituto de educación se crea con el fin de dar conocimientos para desarrollar habilidades en el mundo exterior; así que ser institucional es trabajar para lograr esos propósitos, esforzarse porque se cumplan con eficacia y apegarse a los procedimientos y sus normas. De entre la vasta bibliografía al respecto, nunca olvido recomendar este libro: Instituciones políticas y derecho constitucional (Ariel, 1970) de Maurice Duverger, pues, aunque viejito, me parece el mejor para comprender lo que es una institución, la institucionalidad y el hecho de ser institucional.
            Bien, pues la clase política confunde la institucionalidad con la lealtad. Si el militante de un partido se atreve a criticar lo que considera fallas en la consecución de los objetivos por parte del instituto partidario, ese militante no es “institucional”, no es leal. Más todavía, los guardianes del dogma pervierten el concepto al grado de homologarlo con la complicidad. Cuando las actitudes más serviles y las mentes estrechas prevalecen en una institución, reducen esa institución a la persona, al líder partidario o al director; criticar los actos de corrupción o ineficiencia vuelve traidor a quien lo hace; es anti-institucional, peor aún, es un traidor, aunque los serviles no alcancen a comprender que, en los hechos y siguiendo este razonamiento, ellos resultan cómplices si existiera una rendición de cuentas. El uso tramposo de la sinécdoque los convierte en encubridores o cómplices del delito.
            De las muchas cosas que uno acaba por enterarse, recuerdo el caso de una triste profesora que advertía acerca de mí: “Tenga cuidado con él, mucho cuidado, es un traidor”. Nunca fue mi amiga, ni socia ni mucho menos mi amante (¡Dios me libre!), para que en algún momento pudiera traicionarla. Así que me llamaba traidor por la crítica que yo hacía a su jefe, un inútil “doctorcito” que para mala suerte fue director del plantel Vallejo y puso a esta profesora como secretaria académica. La maestrita creía que, por el hecho de yo haber sido jefe de información en la anterior administración, estaba obligado a guardar silencio ante las arbitrariedades y sandeces de su jefe. Ha sido el único director que mandó requisar y destruir las revistas de un proyecto Infocab que yo coordinaba, y esta maestrita, siendo integrante del proyecto, citó a profesoras y profesores que colaboraron en ese número para amenazarlos y pedirles que firmaran un escrito donde se deslindaran de las críticas publicadas por la revista.
            Naturalmente, denuncié el hecho y la acción de la profesora, pues si alguien traicionó fue ella, que no supo ser congruente con el ideario ni los principios de la institución ni de la revista. Esto me hizo un traidor según su pobre razonamiento. Por otra parte, actué con discreción cuando alumnas suyas me informaron que vendía las revistas a sus grupos, esto sí un verdadero acto anti-institucional, pues los proyectos Infocab son financiados por la DGAPA. Era algo tan vergonzoso que simplemente daba pena hablar de algo tan vulgar. Pero así son.
            Vuelvo a lo principal: ¿quién es realmente institucional entonces? ¿Aquél que impide el cumplimiento de los fines para los cuales fue creada una institución, o quienes exigen cumplirlos? ¿Aquél que infringe y pervierte las reglas y propósitos de la institución, o quienes denuncian su alteración y trastorno?
            La crítica, si es atendida por oídos receptivos y con una actitud tolerante, de auténtico universitario, debiera servir para mejor conducir la institución. Este es el sentido de la disidencia y lo consagran libertades como la de expresión y el derecho de acceso a la información pública. Cuando se tiene una visión estrecha y una concepción patrimonial de lo que es una institución, se la considera propiedad personal o del grupito que la dizque administra, y  entonces toda crítica ofende y molesta y quien la realiza es un traidor (como creía aquella profesora) o un enemigo, como me considera el actual director. Ser leal, según su razonamiento, es quedarse callado antes sus trapacerías e ineficiencias. Y es que no es lo mismo vivir para la educación que vivir de la educación. En esa preposición está el quid del asunto.
El desastre que actualmente vive el plantel Vallejo, y el CCH en general, como se puede apreciar en el incremento del consumo y venta de drogas en el primero, el desplome educativo y la imposición de un plan de estudios sin pies ni cabeza en toda la institución (¡cómo podría ser de otra manera, si lo único que Salinas Herrera hizo fue darle una manoseada al trabajo de su antecesora!), es porque ha habido una ruptura institucional. Y ésta fue causada por la ambición, ineptitud y perversión de los fines del CCH por parte del director general y su equipo, tal como lo he denunciado constantemente. Así que, ¿quién  es institucional?

ACERCA DE LA INEPTITUD
Recibí varios comentarios relacionados con mi anterior entrega (“De la Escuela al Apando”), que gustó no tanto por señalar la simulación que hace el presidente de la Comisión de Seguridad ante el Consejo Universitario, con su retórica repleta de lugares comunes, sino porque la comunidad del CCH conoce su incapacidad para cumplir con las obligaciones de la propia institución que dirige, y ahora trata de llevar la misma ineptitud a todo el campus universitario. Además, también causó indignación conocer que pretende colocar rejas en cuanto lugar se le ocurra. Como Donald Trump, su cerebro no da para nada más que pensar en muros.
            Por principio, nadie sabía que Jesús Salinas es presidente de la Comisión de Seguridad del Consejo Universitario, si no es por las notas que publicaron los diarios. Su designación, y seguramente muchas otras decisiones, quedan como asunto de unos pocos iniciados, ajenos a la información y rendición de cuentas que deben practicar los que dirigen una institución universitaria.
            Relacionado con lo anterior está el hecho de que no ha dado a conocer, como es su obligación, un plan de seguridad para cada entidad académica. Hasta el momento no se conoce el plan de seguridad del CCH, por ejemplo.
            Y cómo lo va a tener, si no se sabe que haya realizado reuniones con las comisiones de seguridad de cada escuela; éstas deben efectuarse por lo menos una vez cada dos meses. La Gaceta CCH no informa de este asunto y menos se ha discutido en el Consejo Técnico, según varios consejeros. Consecuentemente, no se conocen los diagnósticos de seguridad ni las medidas que acuerda cada comisión.
             No está de más reiterar que esto sólo es un reflejo de su ineptitud. En marzo de 2018 concluye su período como director general del CCH y hasta la fecha no ha presentado más que un informe, el cual no aborda en ninguna línea la cuestión de la seguridad. Por tanto, ocupar esa responsabilidad dentro del Consejo Universitario no debe entenderse más que como una fina ironía de parte de los consejeros y el rector.
            Deslumbró el doctor Jesús Salinas en esa sesión del Consejo Universitario con su sarta de lugares comunes, sin informar de los problemas y soluciones del CCH, institución que dirige (es un decir). Hasta la fecha no ha solicitado a los directores de los planteles sus planes de seguridad y sus procesos de seguimiento. En el plantel Vallejo es evidente el consumo y venta de drogas a cualquier hora del día. Y es que ni al director general ni a su títere en el plantel les importa lo que ocurre en su casa. Como he dicho, no es lo mismo vivir de la educación que para la educación.


¿POR QUÉ ESTOY A FAVOR DE UN FRENTE?
Mi aspiración, iluso de mí, era que la ciudadanía se atreviera a construir un amplio frente al cual se sumaran integrantes de la clase política, mas no algo propuesto y encabezado por ésta. El gobierno de un frente ciudadano tendría mayor libertad para acotar, restringir y anular muchos de los privilegios ofensivos de la clase política, al gozar de una relativa autonomía y no estar atado por compromisos y complicidades como lo está ella. Con esa relativa autonomía podría realizar una reforma política a fondo, de tercera generación, que sirviera para crear, fortalecer y dar autonomía a las instituciones que hacen posible la vida democrática plena de una sociedad: auténtica separación y equilibrio de poderes, órganos autónomos de procuración de vigilancia y justicia, desaparición de partidos políticos parásitos que no representan más que a los que viven de los jugosos financiamientos, reducción de representantes y comisiones en el Congreso, racionalización de sueldos, reorientación del presupuesto hacia actividades sociales como la salud y la educación, restricción de subsidios a partidos y órganos electorales, desaparición de institutos, secretarías y comisiones inservibles, cancelación de privilegios (fuero, gastos médicos mayores, gastos de representación, boletos de avión, personal de seguridad, secretarias, asesores, etc.) y lograr con esto el adecentamiento de esa clase política que hoy vive en una orgía de derroche, ineficiencia, corrupción e impunidad. Con ello se exigirían resultados positivos a representantes y gobernantes, pues su permanencia dependería de su buen desempeño, y no de los pactos y complicidades con los que se protegen hoy día. Tener una democracia de las más caras e ineficaces del mundo se debe a esta falta de mecanismos de rendición de cuentas y control, y no a que seamos un pueblo corrupto por naturaleza o a que no ha llegado un salvador a la presidencia de la República. Desafortunadamente la sociedad no está aún madura para esta idea. No existen líderes, instituciones ni ciudadanía suficientemente preparados que hacer factible este frente. Por lo cual tendremos que marchar durante un tiempo más con los sectores menos corruptos, más lúcidos y realmente preocupados por desarrollar México de esa clase política.
            Algunos representantes de ésta también proponen la creación de un frente, pero lo hacen con propósitos mezquinos: sobrevivir y otorgarse mejores condiciones de gobierno y manipulación; ése es el sentido del gobierno de coalición que propone Manlio Fabio Beltrones, al plantear satisfacer la necesidad de un gobierno “funcional y operable”. Es decir, que le permita a esa clase seguir actuando en la impunidad, crear condiciones para acrecentar sus privilegios y negarse a la rendición de cuentas. Otros partidos, destacadamente el PRD y el PAN, lo hacen con el fin de sobrevivir y conquistar el poder, en especial la presidencia de la República, y hacen algunas tímidas concesiones al hartazgo ciudadano. A este frente conviene apoyar, sobre todo si es capaz de elaborar una agenda que se proponga corregir las deficiencias que mantienen secuestrada a la sociedad en este socavón de corrupción e impunidad. La necesidad misma de hacer funcional este frente así lo exige: deben proponer un candidato capaz de lograr consenso en las bases de los partidos, ofrecer una propuesta que privilegie la resolución de los graves y urgentes problemas sociales y atraer el entusiasmo de la ciudadanía, que hoy ve a todos con hartazgo, con una propuesta realmente innovadora. Nada mejor para lograrlo que la elaboración de una agenda ciudadana y un programa capaz de establecer el Estado de derecho al que todos aspiramos; éste puede ser el denominador común del frente, y seguramente las fuerzas y sinergia que logre desatar permitirá hacer realidad ese programa transformador.
            No hay partidos buenos o malos, mucho menos organizaciones revolucionarias o de izquierda; son las ideas y propuestas para hacer realidad su proyecto transformador lo que los debería hacer una opción atractiva. Entiendo a los pobres diablos fanáticos que se entregan a un individuo o partido; es lo mismo que hacen los hinchas pamboleros o los seguidores de una secta religiosa. No tienen consistencia ni fortaleza intelectual para pensar por sí mismos. Son los que dicen que el frente no se puede dar porque eso es mezclar “el agua con el aceite”. Bien, pues ante el fracaso y pérdida de credibilidad de las organizaciones políticas tradicionales, y el hartazgo de la población, el frente es una opción necesaria. ¡El Frente va!   

domingo, 3 de septiembre de 2017

DE LA ESCUELA AL APANDO

De la escuela al apando
o EL CCH COMO CÁRCEL
NOÉ AGUDO

Presos sus conocimientos tras sólidos barrotes de ignorancia, simulación y cinismo; atrapada su dignidad dentro de una mezquina red de beneficios e intereses; ahogada su conciencia en el turbio pantano de ambiciones y conveniencias; limitado su desempeño por sólidos muros de ignorancia e ineptitud; cercada su visión por una miopía que confunde la administración de una institución educativa con el camino más fácil para beneficiarse personalmente, a los funcionarios del CCH no les queda otra solución que las rejas.
            Porque presos son ellos, presa la educación, presa la comunidad, presos los espacios de libertad que los fundadores de esa institución educativa imaginaron… Preso el conocimiento. En la dirección general y en el CCH Vallejo su espejo las rejas han confinado todo: oficinas, aulas, laboratorios, pasillos, jardines…
            Nunca como hoy este bachillerato ha descendido a niveles tan vergonzosos, tanto en sus resultados educativos como en la incapacidad de los funcionarios para conducirlo. Y esto cualquiera lo puede constatar. En el plantel Vallejo nunca se encuentra al director del plantel, quienes dizque lo administran son individuos protervos, buenos tal vez como vigilantes de una cárcel, mas no de una escuela; los patios son como los de los reclusorios que los medios de información mostraron: paraísos para el consumo y venta de drogas, basureros y cloacas por donde corren las ratas, el abandono y la incuria. Para simular que existe atención y vigilancia, lo único que se les ha ocurrido es encerrarlos. Rejas entre rejas, el apando.
No comparto la idea de que un egresado proveniente de otra institución no deba conducirlo, pero ante el desastre que el actual director general lo ha sumido, queda la percepción de que individuos provenientes del IPN como es el caso resultan incapaces pues al menos éste, egresado de ese instituto, ha sido el más inepto en su conducción. Y esta ineptitud la pretende llevar al campus universitario en general. Como lo publicaron los medios de información durante la semana, para evitar el narcomenudeo a Jesús Salinas no se le ocurrió otra idea que instalar rejas, es decir, lo que ha ordenado hacer a su marioneta en el plantel Vallejo. Por suerte, integrantes del Consejo Universitario se opusieron a tan torpe cuanto inútil medida y la pudieron echar abajo (La Jornada, jueves 31 de agosto, pág. 5).
Es necesario reiterar que medidas como la sustitución de luminarias y mejora de las condiciones de movilidad deben ser acciones permanentes en todas las instalaciones universitarias. Instalar cámaras de vigilancia y colocar rejas son medidas que irritan a la comunidad y de poco sirven realmente a la seguridad, porque son más bien para diversión y mal uso del personal que las opera, pues no son profesionales y sí individuos proclives a espiar con morbosidad a sus congéneres. El plantel Vallejo está repleto de cámaras y el consumo y venta de drogas se hace a la vista de todo el mundo en ambos turnos. Así que las medidas propuestas por Jesús Salinas Herrera, flamante presidente de la Comisión Especial de Seguridad del Consejo Universitario, son más bien írritas y por eso más de una veintena de consejeros universitarios las echó abajo.
Cuando Salinas apela a las condiciones de inseguridad y violencia que se viven en el país, y quiere hacer ver los últimos sucesos en Ciudad Universitaria como una consecuencia de éstas, descubre el agua tibia y omite un hecho que él conoce bien y desea pasar por alto: en casi todos los reportajes desde el caso más reciente, la agresión al reportero Humberto Padgett, hasta los primeros que se divulgaron sobre la distribución y venta de drogas en el campus siempre han estado presentes vigilantes y patrullas de Seguridad UNAM y no han hecho nada, sino más bien han funcionado como cómplices de los narco menudistas. Han existido voces que los señalan como “halcones” de los narco traficantes, ¿y qué se hace al respecto?
Imparto clase en tres universidades particulares y en un colegio público y no observo venta o consumo de drogas, al menos en su interior. No sé afuera. Pero en el interior bastan puertas bien vigiladas y una verdadera preocupación por la educación para que no se generen los ambientes propicios al consumo y venta de drogas.
El mal está dentro, doctor Graue. Cuando las escuelas recuperen su verdadera misión y visión los delitos, si bien no desaparecerán, adquirirán su justa dimensión. Hoy es el propio personal corrupto, que ve la educación como un medio para beneficiarse, el que se confabula con los delincuentes y acrecienta delitos como el narcomenudeo y el mismo asesinato (recuérdese la muerte por asalto del profesor Jorge Sánchez Flores, en Prepa 2, apenas la semana pasada y la pelea campal de estudiantes del CCH Vallejo en la estación Pantitlán del Metro esta semana).
Preocupa que sean los directivos que han propiciado esta situación, como Jesús Salinas Herrera, quienes estén al cargo de comisiones como la Especial de Seguridad del Consejo Universitario. En el plantel Vallejo él infringió la normatividad universitaria, ha colocado personal inepto y corrupto en los puestos clave y tiene muchos pendientes que al menos debe aclarar.


NOTA: Debo a la hermosa novela corta El apando, de José Revueltas, la inspiración para escribir este artículo. Su tesis es que no solo están presos los delincuentes a quienes los guardias vigilan, sino también ellos, el personal, los funcionarios y directores del centro penitenciario. Monos, los llama Revueltas. A un espacio designado como un lugar donde los estudiantes podían celebrar sus fiestas y reuniones, con el fin de que no esparcieran basura por todas partes del plantel Vallejo, sugerí que se denominara El Jardín de Epicuro, y así se quedó. Hoy, ante la indolencia, incompetencia y desdén que las autoridades muestran por el espacio y el plantel en general, lo han llenado de rejas. No tienen mejores ideas. Monos, presos de su propia incompetencia.

sábado, 2 de septiembre de 2017

ACCESO A UN PASADO REMOTO

Acceso a un pasado remoto

Hay puertas al pasado que son puertas a otro universo, por lo regular fantasmales, misteriosos, perdidos,  y que de tan lejanos los recuerdos sólo pueden verse en blanco y negro, como en una antigua fotografía. Yo puedo leer a Tucídides y su Guerra del Peloponeso, y no obstante que me habla de hechos ocurridos hace más de dos mil 400 años los percibo como parte de mi mundo, sé que son un fragmento de ese universo que mi cerebro registra como Antigüedad, y que las hazañas de Pericles, Alcibíades y Mitilene las puedo comparar con hechos de mi tiempo.  En cambio sucesos de apenas el siglo pasado, digamos la década de los sesenta, los siento como parte de otro mundo, un mundo suspendido en un tiempo remoto que se diluye, se aleja, se vuelve irrecuperable. Veo a mi padre organizando a un grupo de campesinos para construir letrinas junto a sus casas, después de explicarles los riesgos de realizar sus deposiciones al aire libre y en cualquier lugar del monte; los cerdos, las gallinas, pavos y perros que andan libres son los primeros en ensuciarse, además de que picotean y comen los desechos sin ninguna repugnancia. Para la escuela donde él ha llegado a enseñar organizó a los estudiantes mayores desde el primer día y ahora todos tenemos un lugar donde ir a hacer nuestras necesidades, y las mujeres el suyo. En la temporada de lluvias aparecerán unos sapos gigantescos junto a las letrinas. Nos divertimos con ellos, pero los más pequeños lo hacemos con temor, pues los lugareños dicen que si los sapos se enojan arrojan un líquido a los ojos que nos puede volver ciegos. Años después me enteraré que el presidente de México por esos años era Adolfo López Mateos; su esposa, doña Eva Sámano, era una mujer que de verdad se preocupaba por los niños. A través del INPI (Instituto Nacional de Protección a la Infancia) se propuso otorgar desayunos a la niñez en pobreza, y sobre todo a los niños campesinos, que en su vida podían comer un pan, un vaso de leche y un plato de frijoles antes de ir a la escuela. Le toca al maestro ir por los sacos de harina, conseguir al panadero que hiciera los bolillos y traer también los costales con frijol y la leche en polvo. Un grupo de mujeres se responsabilizará cada semana para preparar los frijoles. Los niños más grandes sacarán las mesas de la escuela al patio y todos los días, antes de la clase de gimnasia (nunca mi padre la dejó de impartir), desayunaban en ese espacio al aire libre rodeado por frondosos árboles, donde por las noches llegaban las lechuzas y el ganado a rumiar. Daría mi vida por entrar nuevamente a ese salón de paredes cercadas con palos, techo de tejas y piso de tierra, al que los campesinos habían amueblado con burdas sillas y mesas, sin olvidar los troncos donde colgaron un verde pizarrón. Gracias a doña Eva Sámano y al esfuerzo extraordinario de mi padre yo disfruté de las mejores pláticas que un niño de cinco o seis años puede escuchar a esa edad. Mi padre llevaba la harina con Liborio, el único panadero que había en el pueblo y que era su compadre, para que hiciera el pan. Mientras los bolillos se horneaban yo disfrutaba de la plática, y de allí salíamos a las nueve o diez de la noche para llegar en la madrugada con los panes a esa escuela rural que veo borrosa en mi recuerdo.      

            Cierto día, muchos años después, estaba en una fiesta y la mujer que animaba el convivio me pidió que bailara con una venerable matrona que la acompañaba, a lo cual no me negué. Al concluir la pieza mi sobrino, que también es mi compadre y vive en Sierra Sur, me dijo muy discretamente: “Acaba de bailar con Cirenia, que estuvo con usted en aquella escuela de El Peñasco”. Un torrente de lágrimas vino a mis ojos al recordar a aquella chiquilla de ojos vivaces, callada y seria que fue mi compañera de estudios en esa escuela que percibo borrosa en un tiempo muy lejano.   

martes, 29 de agosto de 2017

CONCIERTO EN PANTITLÁN

Concierto en la estación Pantitlán


Sábado 13 de mayo, 8:20 de la mañana, camino a La Paz estado de México. He bajado del subterráneo en la estación Pantitlán y me dispongo a abordar el tren ligero que va hacia La Paz. No sé con precisión en cuál estación me bajaré, pero un vecino que tiene una amante en Ixtapalacra, me ha dicho que las estaciones Tepalcates o Canal de San Juan quedan cerca del lugar donde voy, un Cetis donde deberé aplicar mi examen de ingreso al Servicio Profesional Docente. Cuando transbordo un dolor punzante me horada el estómago. Los pasillos son interminables. Multitudes van y vienen. La gente camina presurosa. Son miles, como cualquier día hábil de la semana. Olvido que del estado de México no vienen sólo empleados, profesionistas y estudiantes que trabajan de lunes a viernes, sino un ejército de obreros, comerciantes, trabajadores y cientos de miles de personas que se ganan la vida en los más disímiles servicios y empleos los siete días de la semana. El dolor me hace sudar frío, me doy cuenta que no llegaré sano y limpio si antes no paso a un baño. Por suerte el gobierno de la Ciudad de México los ha concesionado en casi todas las estaciones. Uno deposita sus cinco pesos y ya está. Cuenta con papel, sanitarios más o menos limpios, agua y una persona que se gana la vida limpiando incansablemente el piso y organizando a la gente para que pase en orden. Se cuentan por cientos los que sobrecargaron su vejiga o traen una infección estomacal o simplemente les llegó el turno y esperan ansiosos un lugar. La señora que atiende los baños es enérgica pero servicial, ayuda a quien se queda trabado en los torniquetes o a quien la máquina cobradora no le quiso regresar su cambio y luego vuelve a su eterno trajinar. “¡Apúrense!”, grita cuando ve que la gente forma ya una larga fila y mira la cara de desesperación y esfuerzo que hacen algunos por controlar sus esfínteres. “¡Pujen!, grita, y ya no beban tanta cerveza, ¡eso les hace daño!” Algunos ríen, otros hacen eco a sus palabras y se empiezan a escuchar los más pedestres sonidos: pujidos, explosiones, cascadas violentas de gases, polifonías anales y gemidos de satisfacción. “¡Ya no beban tanta cerveza!”, vuelve a decir. “A mí me hicieron daño unos pinches tacos”, exclama uno. “A mí la tinga que me ofreció anoche mi comadre, y mi compadre no me dejó ir hasta que vaciamos medio cartón”, confiesa otro. “A mí me chingó un pinche huarache”, grita otro. ¡Ja ja ja ja!, ríen todos. Les causa gracia lo del “pinche huarache”. “¡Pujen, pujen, pujen!”, apresura la señora. “Aquí hay uno que ya se está haciendo”, “apúrense, no sean cabrones”. “Dele agua para que se lave”, le recomienda alguien que había estado callado, al fondo. Para apresurarlos la señora mete el trapeador por debajo de las puertas, así que los que están sentados deben levantar los pies. Unos salen disgustados, otros sonrientes y aliviados, como yo. Me apresuro, pues la escala técnica ha consumido diez minutos y el aviso dice claramente que, “después de las 9:00 no se permitirá el paso a nadie”. Corro hacia el tren ligero y cuando estoy ya en el andén otra vez el dolor. Maldita sea, pienso, ayer por hacerme de la boca chiquita solo bebí café en el Sanborns y cuando caminé por la calle cómo se me antojaron esos tacos de bistec, y luego los molcajetes llenos de salsa picante y roja. Pedí cuatro, y aquí están las consecuencias. Seguramente una salmonelosis aguda. Corro hacia los baños y el gentío sigue. Cuánta gente enferma del estómago, qué sería sin estos baños y la señora que limpia y sigue apresurando a los pacientes. Salgo sin nada en el estómago. Me doy cuenta porque me siento débil, vacío, y sólo deseo beber agua. Salgo corriendo y equivoco el lado. Un taxista dice: “Hubiera salido del otro lado, allí está derecho el Cetis. Pero ahorita cruzamos la avenida”. Tengo que estar antes de las nueve, le digo, ¿llegaremos? “El chiste es cruzar”, responde, “de allí yo me encargo, vivo por esa zona”. Pasamos una calle por donde cuelgan puercos, borregos y vacas desollados. En el piso hay cajas con vísceras y cabezas y patas de puerco. Los vehículos se mueven con lentitud. Un olor a sangre y lodo entra por la ventanilla. La cierro. Ya avanzan los vehículos. En cuanto cruzamos el taxista se abre paso y sale a una avenida casi vacía. Allí está, dice después de unas cuadras. Preguntamos cuál es la entrada, nos indican dar vuelta a la manzana. Apenas lo escucha y el conductor hunde el acelerador, comprende mi prisa. Llegamos justo un minuto antes de las nueve. Le pago al taxista y el guardia que cuida la puerta me pregunta: “¿Viene al examen?”. Sí, respondo. “Allí se registra”, indica, señalándome una mesa donde dos mujeres buscan los nombres de quienes vamos llegando. Firmo mi asistencia, atiendo las indicaciones para llegar al salón y ahí voy: apresurado, vacío, la boca reseca, pero animoso y sonriente, como si fuera a presentar el examen para la etapa más importante de mi vida.  

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