domingo, 24 de septiembre de 2017

GUMESINDO

Gumesindo

Eran las once de la noche y me disponía dormir. Mi día había iniciado a las tres de la madrugada y con el sismo ya no pude hacer la siesta después del almuerzo, como acostumbro, aunque fuera por cinco o diez minutos. Eso me repone para continuar la jornada. Los martes estoy hasta las nueve de la noche frente a grupo y cualquiera puede imaginar cómo queda uno a esa hora; llegar a casa, beber una cerveza y comer algo. A veces ni siquiera el noticiero de las diez treinta alcanzo a ver. Cuando sonó el teléfono contesté arrastrando la voz, quería colgar, no sabía quién llamaba.

“Gume”, me llegó una voz suave, comedida, distante; me incorporé impulsado por la sorpresa y el gusto. ¿Gume, Gumesindo?, grité. Era mi cuñado, un costeño arrasado por el alcohol, aunque dejó de beber hace algunos años. De joven tenía la estampa del tirador infalible con la retrocarga o el máuser, o con una simple pistola. En la costa es un error no serlo. De hombros anchos y los brazos un poco simiescos, abiertos y largos, le dan la apariencia de poder cortar hilos invisibles con el machete. Es un indio serrano adaptado al calor y fragor del litoral. Como todos los hombres sometidos al trabajo duro, con el avance de los años su cuerpo se ha ido empequeñeciendo. A eso se deben sumar los estragos causados por temporadas de dos o tres meses sumergido en el alcohol. ¿Cómo ha sobrevivido?

Es padre de una pareja. El varón se parece a él y la niña a su esposa; pronto repitieron el ciclo: crecieron, se casaron, tuvieron hijos, y hoy desearía traer a estudiar al nieto de Gume: un niño con evidentes habilidades musicales llamado Fabio. Yo le digo Marco Fabio y a él le gusta; es un niño silencioso, observador, atento, con un talante tan apacible que linda en la dulzura. Y le gusta la música. Por allí escapó del demonio del alcohol que mantuvo atrapado al abuelo y hoy al padre.


Pues me llamaba Gume, para saber cómo estaba. Hacía tantos años que no hablábamos, que de todas las llamadas que ese día recibí, fue la que más gusto me causó. Dile a mi hermana que estoy bien, le pedí. Me preguntó cuándo iría a Sierra Sur, le dije que en diciembre. “Bueno, para cazar unos garrobos y los puedas comer en amarillito” prometió. Sé bien que es muy improbable que vaya, sé bien que ya tampoco iré a una fiesta de la costa, como sé que tampoco correremos una parranda que nos habíamos prometido. Esa región la guardaré en la memoria y entre las notas del “Alingo, lingo” (¿por qué se llama así esta chilena?) que habla de tiradores, retrocargas y los pueblitos que eternamente pelean por hacer respetar sus límites de tierras.   

jueves, 21 de septiembre de 2017

RESCATISTA

RESCATISTA

Existen palabras vacías, huecas, sonoras pero sinsentido, con que se simula decir algo cuando en verdad sólo se hace un acto de prestidigitación para estar y no estar, decir y no decir, aparentar cumplir y después reírse al demostrar que no hubo ningún compromiso. Existen palabras de moda, términos con que se cubren fenómenos y objetos inesperados para entenderlos y hacerlos nuestros, al menos en el lenguaje. Existen palabras prohibidas, irritantes, peligrosas, subversivas, con las que uno disiente y desafía al poder, pero también a la imbecilidad y estolidez de las buenas conciencias. Existen palabras alegres, divertidas, casi cantos para celebrar la belleza, la esperanza y la vida. Existen palabras cómplices, dichas en los rincones íntimos o en las horas más profundas de la noche, para seducir a la amada, para alentar el amor y sumergirnos en un tobogán de experiencias como pocas podemos vivir en nuestra corta existencia. Existen palabras asesinas, traidoras, bífidas como las lenguas de la mítica serpiente del mal, cuyas puntas atacan una el cerebro y la otra va directo al corazón. Existen palabras solidarias, firmes en su frágil orfandad, que duermen en las esquinas, en las escaleras, en los quicios, en los parques, a las salidas del Metro, en los caminos solitarios del campo, pero adquieren tibieza, fortaleza y poder, y uno las ve saltar en esos pechos morenos, delgados, débiles tal vez, cuando abraza los cuerpos para agradecer todo lo que hacen por los demás, por nosotros, por sí mismos. Son como sólidos polines que detienen el edificio a punto de caer y no cae; son las que brotan como blancas flores de entre el hedor, las ruinas y la sangre. Un de ellas es RESCATISTA

miércoles, 13 de septiembre de 2017

¿QUÉ ES UNA RESEÑA?

¿Qué es una reseña?
NOÉ AGUDO


La reseña es un género periodístico, mezcla de información y opinión, que tiene como propósito dar una visión general y a la vez crítica de alguna obra, pues su finalidad es orientar al espectador o lector en cuanto a su calidad. Es un escrito breve, de extensión no menor a una cuartilla y no mayor de dos, escrito por una persona experta en el tema, que trata de evaluar la calidad de los trabajos para así orientar el gusto y atención del público.
En el ámbito académico este género se enseña porque permite al estudiante ensayar la exposición −del modo más objetivo posible− de un asunto, ya sea artístico, científico, deportivo o de cualquier otra tema. A menos que se esté reseñando un hecho en vivo (un encuentro deportivo, por ejemplo, donde se opina a la vez que se narra, y por eso al género periodístico que lo reseña se denomina crónica), no se permite la opinión del autor sino sólo después de haber descrito los elementos sustanciales de la obra. A diferencia del comentario personal, que normalmente inicia con una opinión o juicio, en la reseña se describe primero cómo es, de qué trata y cómo está hecha la obra, y sólo entonces se puede hacer una valoración. Y, si es posible, plantear de antemano de qué tratará la reseña. Es decir, se opina, se critica y se argumenta pero con base en datos, detalles y características de la obra. Por eso es necesario describir el hecho artístico del modo más cabal posible.
Esto exige comprenderla muy bien. No sólo entender la historia o asunto del que trata, sino ir un poco más allá: comprender cómo está hecha, cuáles son sus partes principales, cómo están integradas y cómo funcionan esos elementos para lograr su propósito. Además, el alumno debe ser capaz de resumir lo esencial del contenido de la obra, para no perderse en detalles que lo lleven a una descripción interminable o exhaustiva de la misma.
Naturalmente, un especialista en la materia –digamos un crítico literario, cinematográfico, teatral o musical− muchas veces puede pasar por alto la reseña completa, ya que hace referencia a otras versiones, da por supuesto que el público conoce el asunto que comenta, por lo cual su trabajo se orienta más a guiar al lector, explicando la calidad del trabajo. Ésta es la labor del crítico.
Sin embargo, el principiante describirá del modo más sucinto posible el asunto de que trate la obra y sólo después de dar este paso hará la crítica, y siempre relacionada con los puntos que ha descrito. Además, debe ser consciente de que su opinión será siempre un punto de vista personal y que su valor y acierto dependerán de lo bien manejados y armados que estén sus argumentos.
Finalmente, al ser un escrito breve, la reseña exige una estructura básica que consiste de cuatro partes indispensables: inicio (donde se plantea el asunto del que se hablará), desarrollo (reseña o descripción de la obra), opinión o crítica (la valoración que se haga de ese asunto) y la conclusión o cierre (en donde la recomendará o advertirá que su degustación queda a criterio del público).  
   

domingo, 10 de septiembre de 2017

¿QUIÉN ES INSTITUCIONAL?

¿Quién es institucional?
NOÉ AGUDO

La política y los políticos son quienes con más eficacia logran pervertir las palabras. Al ser una actividad donde el fingimiento, la simulación y la ausencia de compromiso son consideradas virtudes, los políticos vacían de contenido las palabras. Su pretensión es hacer del lenguaje algo hueco, que no comprometa, que no diga nada firme. De allí la recurrencia a los lugares comunes, las frases hechas, las combinaciones sonoras que nada dicen, pero suenan bien: “Se actuará hasta las últimas consecuencias”, “Un proyecto eficaz y eficiente”, “Se tomarán acciones determinantes”, “Caiga quien caiga”, “Me ocupa y me preocupa”, “Se aplicará todo el peso de la ley”, etc.
El estilo perifrástico estaría bien si lo que se buscara fuera la sutileza, la ironía fina, el toque suave y letal. Pero no. Encubre la ausencia de valor civil, la falta de ciudadanía, la carencia de una vida y hábitos democráticos.
            Tristemente, otro ámbito donde este lenguaje vacío prospera es en el académico. Al decir algo sin decirlo, para tener una coartada y salir del aprieto por si hubiera problemas, muchos académicos tienen cuidado de no decir nada de manera clara y explícita, sino sólo “sugerirlo”, “darlo a entender”, hacer como si no se refirieran a esa persona o tema y así llevar sin culpa su cara “todo-sonrisas”. Más aún, con gusto se imponen la autocensura. “No digas nada del caso Ayotzinapa”, me pedía un profesor, conocedor de que este tema es caro a la izquierda universitaria, al igual que mitos como el estatismo, el gobierno bolivariano de Venezuela, la CNTE como defensora de la educación popular, etc.
                        Si eso pueden hacer con el lenguaje común, accesible a cualquier hablante, podemos imaginar y comprobar lo que sucede con los términos especializados y conceptos que implican cierto nivel de abstracción. Si a las palabras comunes se las puede vaciar de contenido, a los segundos se les pervierte o tergiversa. Es lo que han hecho con algunos términos que hoy no significan nada, pero dan lugar a estereotipos o nociones generalizadoras que sirven para condenar, descalificar o invalidar políticamente a alguien: ser de derecha o de izquierda, neoliberal, represión, reacción, etc. Luego están los conceptos otrora sagrados como “clase social”, “revolución”, “lucha de clases”, “pueblo”, “el Estado”, etc., que funcionan como un velo para distorsionar o interpretar a modo la realidad. Como es sabido, estos se vuelven usuales al calor de una teoría predominante o de moda, es decir, tienen una validez relativa y provisional, pues no son en realidad conceptos teóricos sino fragmentos de una ideología.
            Por eso las ciencias sociales tienen la obligación de definir con mucha precisión los conceptos que emplean, pues de otra forma devienen en ideologías que sirven a propósitos propagandísticos, mas no sirven para estudiar o interpretar la realidad. Vuelvo ahora a la cuestión política.
            Un concepto que la clase política pervirtió y después retomó la burocracia universitaria es el de institucionalidad. Institucionalidad proviene de institución: “conjunto de reglas con que se hace algo”, una institución parafraseo a Duverger se crea con un fin humano: una escuela, un colegio, universidad o instituto de educación se crea con el fin de dar conocimientos para desarrollar habilidades en el mundo exterior; así que ser institucional es trabajar para lograr esos propósitos, esforzarse porque se cumplan con eficacia y apegarse a los procedimientos y sus normas. De entre la vasta bibliografía al respecto, nunca olvido recomendar este libro: Instituciones políticas y derecho constitucional (Ariel, 1970) de Maurice Duverger, pues, aunque viejito, me parece el mejor para comprender lo que es una institución, la institucionalidad y el hecho de ser institucional.
            Bien, pues la clase política confunde la institucionalidad con la lealtad. Si el militante de un partido se atreve a criticar lo que considera fallas en la consecución de los objetivos por parte del instituto partidario, ese militante no es “institucional”, no es leal. Más todavía, los guardianes del dogma pervierten el concepto al grado de homologarlo con la complicidad. Cuando las actitudes más serviles y las mentes estrechas prevalecen en una institución, reducen esa institución a la persona, al líder partidario o al director; criticar los actos de corrupción o ineficiencia vuelve traidor a quien lo hace; es anti-institucional, peor aún, es un traidor, aunque los serviles no alcancen a comprender que, en los hechos y siguiendo este razonamiento, ellos resultan cómplices si existiera una rendición de cuentas. El uso tramposo de la sinécdoque los convierte en encubridores o cómplices del delito.
            De las muchas cosas que uno acaba por enterarse, recuerdo el caso de una triste profesora que advertía acerca de mí: “Tenga cuidado con él, mucho cuidado, es un traidor”. Nunca fue mi amiga, ni socia ni mucho menos mi amante (¡Dios me libre!), para que en algún momento pudiera traicionarla. Así que me llamaba traidor por la crítica que yo hacía a su jefe, un inútil “doctorcito” que para mala suerte fue director del plantel Vallejo y puso a esta profesora como secretaria académica. La maestrita creía que, por el hecho de yo haber sido jefe de información en la anterior administración, estaba obligado a guardar silencio ante las arbitrariedades y sandeces de su jefe. Ha sido el único director que mandó requisar y destruir las revistas de un proyecto Infocab que yo coordinaba, y esta maestrita, siendo integrante del proyecto, citó a profesoras y profesores que colaboraron en ese número para amenazarlos y pedirles que firmaran un escrito donde se deslindaran de las críticas publicadas por la revista.
            Naturalmente, denuncié el hecho y la acción de la profesora, pues si alguien traicionó fue ella, que no supo ser congruente con el ideario ni los principios de la institución ni de la revista. Esto me hizo un traidor según su pobre razonamiento. Por otra parte, actué con discreción cuando alumnas suyas me informaron que vendía las revistas a sus grupos, esto sí un verdadero acto anti-institucional, pues los proyectos Infocab son financiados por la DGAPA. Era algo tan vergonzoso que simplemente daba pena hablar de algo tan vulgar. Pero así son.
            Vuelvo a lo principal: ¿quién es realmente institucional entonces? ¿Aquél que impide el cumplimiento de los fines para los cuales fue creada una institución, o quienes exigen cumplirlos? ¿Aquél que infringe y pervierte las reglas y propósitos de la institución, o quienes denuncian su alteración y trastorno?
            La crítica, si es atendida por oídos receptivos y con una actitud tolerante, de auténtico universitario, debiera servir para mejor conducir la institución. Este es el sentido de la disidencia y lo consagran libertades como la de expresión y el derecho de acceso a la información pública. Cuando se tiene una visión estrecha y una concepción patrimonial de lo que es una institución, se la considera propiedad personal o del grupito que la dizque administra, y  entonces toda crítica ofende y molesta y quien la realiza es un traidor (como creía aquella profesora) o un enemigo, como me considera el actual director. Ser leal, según su razonamiento, es quedarse callado antes sus trapacerías e ineficiencias. Y es que no es lo mismo vivir para la educación que vivir de la educación. En esa preposición está el quid del asunto.
El desastre que actualmente vive el plantel Vallejo, y el CCH en general, como se puede apreciar en el incremento del consumo y venta de drogas en el primero, el desplome educativo y la imposición de un plan de estudios sin pies ni cabeza en toda la institución (¡cómo podría ser de otra manera, si lo único que Salinas Herrera hizo fue darle una manoseada al trabajo de su antecesora!), es porque ha habido una ruptura institucional. Y ésta fue causada por la ambición, ineptitud y perversión de los fines del CCH por parte del director general y su equipo, tal como lo he denunciado constantemente. Así que, ¿quién  es institucional?

ACERCA DE LA INEPTITUD
Recibí varios comentarios relacionados con mi anterior entrega (“De la Escuela al Apando”), que gustó no tanto por señalar la simulación que hace el presidente de la Comisión de Seguridad ante el Consejo Universitario, con su retórica repleta de lugares comunes, sino porque la comunidad del CCH conoce su incapacidad para cumplir con las obligaciones de la propia institución que dirige, y ahora trata de llevar la misma ineptitud a todo el campus universitario. Además, también causó indignación conocer que pretende colocar rejas en cuanto lugar se le ocurra. Como Donald Trump, su cerebro no da para nada más que pensar en muros.
            Por principio, nadie sabía que Jesús Salinas es presidente de la Comisión de Seguridad del Consejo Universitario, si no es por las notas que publicaron los diarios. Su designación, y seguramente muchas otras decisiones, quedan como asunto de unos pocos iniciados, ajenos a la información y rendición de cuentas que deben practicar los que dirigen una institución universitaria.
            Relacionado con lo anterior está el hecho de que no ha dado a conocer, como es su obligación, un plan de seguridad para cada entidad académica. Hasta el momento no se conoce el plan de seguridad del CCH, por ejemplo.
            Y cómo lo va a tener, si no se sabe que haya realizado reuniones con las comisiones de seguridad de cada escuela; éstas deben efectuarse por lo menos una vez cada dos meses. La Gaceta CCH no informa de este asunto y menos se ha discutido en el Consejo Técnico, según varios consejeros. Consecuentemente, no se conocen los diagnósticos de seguridad ni las medidas que acuerda cada comisión.
             No está de más reiterar que esto sólo es un reflejo de su ineptitud. En marzo de 2018 concluye su período como director general del CCH y hasta la fecha no ha presentado más que un informe, el cual no aborda en ninguna línea la cuestión de la seguridad. Por tanto, ocupar esa responsabilidad dentro del Consejo Universitario no debe entenderse más que como una fina ironía de parte de los consejeros y el rector.
            Deslumbró el doctor Jesús Salinas en esa sesión del Consejo Universitario con su sarta de lugares comunes, sin informar de los problemas y soluciones del CCH, institución que dirige (es un decir). Hasta la fecha no ha solicitado a los directores de los planteles sus planes de seguridad y sus procesos de seguimiento. En el plantel Vallejo es evidente el consumo y venta de drogas a cualquier hora del día. Y es que ni al director general ni a su títere en el plantel les importa lo que ocurre en su casa. Como he dicho, no es lo mismo vivir de la educación que para la educación.


¿POR QUÉ ESTOY A FAVOR DE UN FRENTE?
Mi aspiración, iluso de mí, era que la ciudadanía se atreviera a construir un amplio frente al cual se sumaran integrantes de la clase política, mas no algo propuesto y encabezado por ésta. El gobierno de un frente ciudadano tendría mayor libertad para acotar, restringir y anular muchos de los privilegios ofensivos de la clase política, al gozar de una relativa autonomía y no estar atado por compromisos y complicidades como lo está ella. Con esa relativa autonomía podría realizar una reforma política a fondo, de tercera generación, que sirviera para crear, fortalecer y dar autonomía a las instituciones que hacen posible la vida democrática plena de una sociedad: auténtica separación y equilibrio de poderes, órganos autónomos de procuración de vigilancia y justicia, desaparición de partidos políticos parásitos que no representan más que a los que viven de los jugosos financiamientos, reducción de representantes y comisiones en el Congreso, racionalización de sueldos, reorientación del presupuesto hacia actividades sociales como la salud y la educación, restricción de subsidios a partidos y órganos electorales, desaparición de institutos, secretarías y comisiones inservibles, cancelación de privilegios (fuero, gastos médicos mayores, gastos de representación, boletos de avión, personal de seguridad, secretarias, asesores, etc.) y lograr con esto el adecentamiento de esa clase política que hoy vive en una orgía de derroche, ineficiencia, corrupción e impunidad. Con ello se exigirían resultados positivos a representantes y gobernantes, pues su permanencia dependería de su buen desempeño, y no de los pactos y complicidades con los que se protegen hoy día. Tener una democracia de las más caras e ineficaces del mundo se debe a esta falta de mecanismos de rendición de cuentas y control, y no a que seamos un pueblo corrupto por naturaleza o a que no ha llegado un salvador a la presidencia de la República. Desafortunadamente la sociedad no está aún madura para esta idea. No existen líderes, instituciones ni ciudadanía suficientemente preparados que hacer factible este frente. Por lo cual tendremos que marchar durante un tiempo más con los sectores menos corruptos, más lúcidos y realmente preocupados por desarrollar México de esa clase política.
            Algunos representantes de ésta también proponen la creación de un frente, pero lo hacen con propósitos mezquinos: sobrevivir y otorgarse mejores condiciones de gobierno y manipulación; ése es el sentido del gobierno de coalición que propone Manlio Fabio Beltrones, al plantear satisfacer la necesidad de un gobierno “funcional y operable”. Es decir, que le permita a esa clase seguir actuando en la impunidad, crear condiciones para acrecentar sus privilegios y negarse a la rendición de cuentas. Otros partidos, destacadamente el PRD y el PAN, lo hacen con el fin de sobrevivir y conquistar el poder, en especial la presidencia de la República, y hacen algunas tímidas concesiones al hartazgo ciudadano. A este frente conviene apoyar, sobre todo si es capaz de elaborar una agenda que se proponga corregir las deficiencias que mantienen secuestrada a la sociedad en este socavón de corrupción e impunidad. La necesidad misma de hacer funcional este frente así lo exige: deben proponer un candidato capaz de lograr consenso en las bases de los partidos, ofrecer una propuesta que privilegie la resolución de los graves y urgentes problemas sociales y atraer el entusiasmo de la ciudadanía, que hoy ve a todos con hartazgo, con una propuesta realmente innovadora. Nada mejor para lograrlo que la elaboración de una agenda ciudadana y un programa capaz de establecer el Estado de derecho al que todos aspiramos; éste puede ser el denominador común del frente, y seguramente las fuerzas y sinergia que logre desatar permitirá hacer realidad ese programa transformador.
            No hay partidos buenos o malos, mucho menos organizaciones revolucionarias o de izquierda; son las ideas y propuestas para hacer realidad su proyecto transformador lo que los debería hacer una opción atractiva. Entiendo a los pobres diablos fanáticos que se entregan a un individuo o partido; es lo mismo que hacen los hinchas pamboleros o los seguidores de una secta religiosa. No tienen consistencia ni fortaleza intelectual para pensar por sí mismos. Son los que dicen que el frente no se puede dar porque eso es mezclar “el agua con el aceite”. Bien, pues ante el fracaso y pérdida de credibilidad de las organizaciones políticas tradicionales, y el hartazgo de la población, el frente es una opción necesaria. ¡El Frente va!   

domingo, 3 de septiembre de 2017

DE LA ESCUELA AL APANDO

De la escuela al apando
o EL CCH COMO CÁRCEL
NOÉ AGUDO

Presos sus conocimientos tras sólidos barrotes de ignorancia, simulación y cinismo; atrapada su dignidad dentro de una mezquina red de beneficios e intereses; ahogada su conciencia en el turbio pantano de ambiciones y conveniencias; limitado su desempeño por sólidos muros de ignorancia e ineptitud; cercada su visión por una miopía que confunde la administración de una institución educativa con el camino más fácil para beneficiarse personalmente, a los funcionarios del CCH no les queda otra solución que las rejas.
            Porque presos son ellos, presa la educación, presa la comunidad, presos los espacios de libertad que los fundadores de esa institución educativa imaginaron… Preso el conocimiento. En la dirección general y en el CCH Vallejo su espejo las rejas han confinado todo: oficinas, aulas, laboratorios, pasillos, jardines…
            Nunca como hoy este bachillerato ha descendido a niveles tan vergonzosos, tanto en sus resultados educativos como en la incapacidad de los funcionarios para conducirlo. Y esto cualquiera lo puede constatar. En el plantel Vallejo nunca se encuentra al director del plantel, quienes dizque lo administran son individuos protervos, buenos tal vez como vigilantes de una cárcel, mas no de una escuela; los patios son como los de los reclusorios que los medios de información mostraron: paraísos para el consumo y venta de drogas, basureros y cloacas por donde corren las ratas, el abandono y la incuria. Para simular que existe atención y vigilancia, lo único que se les ha ocurrido es encerrarlos. Rejas entre rejas, el apando.
No comparto la idea de que un egresado proveniente de otra institución no deba conducirlo, pero ante el desastre que el actual director general lo ha sumido, queda la percepción de que individuos provenientes del IPN como es el caso resultan incapaces pues al menos éste, egresado de ese instituto, ha sido el más inepto en su conducción. Y esta ineptitud la pretende llevar al campus universitario en general. Como lo publicaron los medios de información durante la semana, para evitar el narcomenudeo a Jesús Salinas no se le ocurrió otra idea que instalar rejas, es decir, lo que ha ordenado hacer a su marioneta en el plantel Vallejo. Por suerte, integrantes del Consejo Universitario se opusieron a tan torpe cuanto inútil medida y la pudieron echar abajo (La Jornada, jueves 31 de agosto, pág. 5).
Es necesario reiterar que medidas como la sustitución de luminarias y mejora de las condiciones de movilidad deben ser acciones permanentes en todas las instalaciones universitarias. Instalar cámaras de vigilancia y colocar rejas son medidas que irritan a la comunidad y de poco sirven realmente a la seguridad, porque son más bien para diversión y mal uso del personal que las opera, pues no son profesionales y sí individuos proclives a espiar con morbosidad a sus congéneres. El plantel Vallejo está repleto de cámaras y el consumo y venta de drogas se hace a la vista de todo el mundo en ambos turnos. Así que las medidas propuestas por Jesús Salinas Herrera, flamante presidente de la Comisión Especial de Seguridad del Consejo Universitario, son más bien írritas y por eso más de una veintena de consejeros universitarios las echó abajo.
Cuando Salinas apela a las condiciones de inseguridad y violencia que se viven en el país, y quiere hacer ver los últimos sucesos en Ciudad Universitaria como una consecuencia de éstas, descubre el agua tibia y omite un hecho que él conoce bien y desea pasar por alto: en casi todos los reportajes desde el caso más reciente, la agresión al reportero Humberto Padgett, hasta los primeros que se divulgaron sobre la distribución y venta de drogas en el campus siempre han estado presentes vigilantes y patrullas de Seguridad UNAM y no han hecho nada, sino más bien han funcionado como cómplices de los narco menudistas. Han existido voces que los señalan como “halcones” de los narco traficantes, ¿y qué se hace al respecto?
Imparto clase en tres universidades particulares y en un colegio público y no observo venta o consumo de drogas, al menos en su interior. No sé afuera. Pero en el interior bastan puertas bien vigiladas y una verdadera preocupación por la educación para que no se generen los ambientes propicios al consumo y venta de drogas.
El mal está dentro, doctor Graue. Cuando las escuelas recuperen su verdadera misión y visión los delitos, si bien no desaparecerán, adquirirán su justa dimensión. Hoy es el propio personal corrupto, que ve la educación como un medio para beneficiarse, el que se confabula con los delincuentes y acrecienta delitos como el narcomenudeo y el mismo asesinato (recuérdese la muerte por asalto del profesor Jorge Sánchez Flores, en Prepa 2, apenas la semana pasada y la pelea campal de estudiantes del CCH Vallejo en la estación Pantitlán del Metro esta semana).
Preocupa que sean los directivos que han propiciado esta situación, como Jesús Salinas Herrera, quienes estén al cargo de comisiones como la Especial de Seguridad del Consejo Universitario. En el plantel Vallejo él infringió la normatividad universitaria, ha colocado personal inepto y corrupto en los puestos clave y tiene muchos pendientes que al menos debe aclarar.


NOTA: Debo a la hermosa novela corta El apando, de José Revueltas, la inspiración para escribir este artículo. Su tesis es que no solo están presos los delincuentes a quienes los guardias vigilan, sino también ellos, el personal, los funcionarios y directores del centro penitenciario. Monos, los llama Revueltas. A un espacio designado como un lugar donde los estudiantes podían celebrar sus fiestas y reuniones, con el fin de que no esparcieran basura por todas partes del plantel Vallejo, sugerí que se denominara El Jardín de Epicuro, y así se quedó. Hoy, ante la indolencia, incompetencia y desdén que las autoridades muestran por el espacio y el plantel en general, lo han llenado de rejas. No tienen mejores ideas. Monos, presos de su propia incompetencia.

sábado, 2 de septiembre de 2017

ACCESO A UN PASADO REMOTO

Acceso a un pasado remoto

Hay puertas al pasado que son puertas a otro universo, por lo regular fantasmales, misteriosos, perdidos,  y que de tan lejanos los recuerdos sólo pueden verse en blanco y negro, como en una antigua fotografía. Yo puedo leer a Tucídides y su Guerra del Peloponeso, y no obstante que me habla de hechos ocurridos hace más de dos mil 400 años los percibo como parte de mi mundo, sé que son un fragmento de ese universo que mi cerebro registra como Antigüedad, y que las hazañas de Pericles, Alcibíades y Mitilene las puedo comparar con hechos de mi tiempo.  En cambio sucesos de apenas el siglo pasado, digamos la década de los sesenta, los siento como parte de otro mundo, un mundo suspendido en un tiempo remoto que se diluye, se aleja, se vuelve irrecuperable. Veo a mi padre organizando a un grupo de campesinos para construir letrinas junto a sus casas, después de explicarles los riesgos de realizar sus deposiciones al aire libre y en cualquier lugar del monte; los cerdos, las gallinas, pavos y perros que andan libres son los primeros en ensuciarse, además de que picotean y comen los desechos sin ninguna repugnancia. Para la escuela donde él ha llegado a enseñar organizó a los estudiantes mayores desde el primer día y ahora todos tenemos un lugar donde ir a hacer nuestras necesidades, y las mujeres el suyo. En la temporada de lluvias aparecerán unos sapos gigantescos junto a las letrinas. Nos divertimos con ellos, pero los más pequeños lo hacemos con temor, pues los lugareños dicen que si los sapos se enojan arrojan un líquido a los ojos que nos puede volver ciegos. Años después me enteraré que el presidente de México por esos años era Adolfo López Mateos; su esposa, doña Eva Sámano, era una mujer que de verdad se preocupaba por los niños. A través del INPI (Instituto Nacional de Protección a la Infancia) se propuso otorgar desayunos a la niñez en pobreza, y sobre todo a los niños campesinos, que en su vida podían comer un pan, un vaso de leche y un plato de frijoles antes de ir a la escuela. Le toca al maestro ir por los sacos de harina, conseguir al panadero que hiciera los bolillos y traer también los costales con frijol y la leche en polvo. Un grupo de mujeres se responsabilizará cada semana para preparar los frijoles. Los niños más grandes sacarán las mesas de la escuela al patio y todos los días, antes de la clase de gimnasia (nunca mi padre la dejó de impartir), desayunaban en ese espacio al aire libre rodeado por frondosos árboles, donde por las noches llegaban las lechuzas y el ganado a rumiar. Daría mi vida por entrar nuevamente a ese salón de paredes cercadas con palos, techo de tejas y piso de tierra, al que los campesinos habían amueblado con burdas sillas y mesas, sin olvidar los troncos donde colgaron un verde pizarrón. Gracias a doña Eva Sámano y al esfuerzo extraordinario de mi padre yo disfruté de las mejores pláticas que un niño de cinco o seis años puede escuchar a esa edad. Mi padre llevaba la harina con Liborio, el único panadero que había en el pueblo y que era su compadre, para que hiciera el pan. Mientras los bolillos se horneaban yo disfrutaba de la plática, y de allí salíamos a las nueve o diez de la noche para llegar en la madrugada con los panes a esa escuela rural que veo borrosa en mi recuerdo.      

            Cierto día, muchos años después, estaba en una fiesta y la mujer que animaba el convivio me pidió que bailara con una venerable matrona que la acompañaba, a lo cual no me negué. Al concluir la pieza mi sobrino, que también es mi compadre y vive en Sierra Sur, me dijo muy discretamente: “Acaba de bailar con Cirenia, que estuvo con usted en aquella escuela de El Peñasco”. Un torrente de lágrimas vino a mis ojos al recordar a aquella chiquilla de ojos vivaces, callada y seria que fue mi compañera de estudios en esa escuela que percibo borrosa en un tiempo muy lejano.   

  Jamás adoctrinar Adoctrinar: instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o cre...