miércoles, 7 de agosto de 2013

Estrategia: Cómo sorberle el tuétano a un texto


Cómo sorber el tuétano a un texto

NOÉ AGUDO

El propósito principal de esta estrategia de lectura consiste en a): identificar las partes de un texto mediante la comprensión de las afirmaciones, datos, historias, anécdotas y ejemplos que lo componen; para b): facilitar una comprensión lo más plena posible del mismo, y c): asimilar así de forma cabal y eficaz su contenido. Deberá ser un texto breve, que se pueda trabajar en una sesión no mayor de 45 minutos, incluyendo comentarios, explicaciones o aclaraciones que el grupo puede plantear.
    Es una actividad que nos permite adiestrar a los estudiantes para pasar de ser un “espectador empírico” a un “espectador crítico”. Por el contenido del texto, se espera sensibilizarlos en torno a la importancia de la lectura; saber cómo reconocer autores, propuesta y métodos para incrementar el interés por esta actividad fundamental en su formación; la actividad les permitirá también desarrollar una habilidad fundamental en sus estudios, que es saber puntuar un texto; les ofrecerá además un primer acercamiento con un género textual que deberán conocer, leer y practicar constantemente; y los guiará en el ejercicio de otra actividad fundamental en sus estudios: saber resumir un texto. De paso, aprenderán a reconocer y dar el crédito obligado a las fuentes que empleen en todo trabajo escolar.  
     Es una actividad en la cual todos participan, unos de manera más activa y otros en menor medida, pero el grupo completo se involucra al  seguir la lectura que diferentes alumnos harán en voz alta, al registrar los pasos para facilitar la comprensión del texto que el profesor irá anotando sobre el pizarrón, y al realizar un trabajo para evaluar la actividad. Incluye los siguientes pasos:
1.      Al iniciar la sesión, el profesor proporcionará a todos los alumnos fotocopias del texto.
2.      Indicará que numeren los párrafos, previo a la lectura en voz alta.
3.      Antes de iniciar la lectura, invitará a los alumnos a que pregunten −al finalizar cada párrafo− las palabras, expresiones o ideas que no hayan quedado suficientemente claras.
4.      Solicitará voluntarios para leer un párrafo a la vez.
5.      Simultáneo a la lectura, el profesor anotará en el pizarrón las ideas centrales de cada párrafo.


PÁRRAFO A PÁRRAFO
NOTA: El texto que emplée para esta estrategia es “Contagios de lector a lector” del libro Dinero para la cultura, de Gabriel Zaid, pp.91-95. México, 2013, Edit. Debate. El punteo lo hice en power point con el fin de ilustrar mi exposición.
En esta parte de la actividad un grupo de alumnos leen el texto en voz alta, y el profesor va anotando en el pizarrón lo esencial de cada párrafo (los alumnos aprenden así a puntear un texto). Al finalizar la lectura los alumnos tienen lo esencial del artículo o capítulo leído, párrafo a párrafo, por lo cual pueden escribir a partir de esas notas un nuevo texto. Éste será un buen resumen de lo que han leído.

Tarea para hacer en casa y evaluar:
Al finalizar la lectura, el profesor indicará que a partir de las notas con que se ha identificado cada párrafo los alumnos escribirán un texto, no mayor de diez líneas, en el que resumirán el contenido del artículo. Para apoyarse pueden leer el texto cuantas veces quieran, pues el resumen queda como tarea para la clase siguiente. Practican así la habilidad de resumir un texto y aprenden a darle coherencia a una serie de notas que sólo existen en forma de enunciados breves.
Cierre de la sesión:     
Antes de concluir la clase, el profesor preguntará si alguien conoce qué tipo de texto es el que se ha leído. Considerará algunas intervenciones, haciendo notar que no se trata de una novela, cuento o poema, e informará que en la siguiente clase se verán los géneros textuales para que los alumnos puedan identificar por sí mismos qué tipo es.
    Para cerrar la sesión, el profesor proporcionará los datos (autor, título, libro, lugar y año de edición, número de páginas, etc.) con los que convencionalmente se identifica la fuente, para que los alumnos los anoten en la página en blanco de sus copias. Aprenden así  a identificar los datos de la fuente; advierten la importancia de reconocer el trabajo de los autores leídos, y se inician en la elaboración de una ficha bibliográfica.

    Y así es como le sorbemos el tuétano a un texto, es decir, logramos varios aprendizajes, aparte de lo que los alumnos puedan apreciar del contenido, pues por la circunstancia de ser estudiantes es altamente recomendable para su formación.

Relato erótico: La Tejonera

La tejonera

NOÉ AGUDO

Desde que entré detenido en la cárcel de ese poblado perdido en la costa había escuchado gritar vehementemente a un hombre: “¡Zenaida, Otilia, Violeta!” A veces variaba el orden pero eran siempre los mismos nombres. Al día siguiente me sacaron al patio y descubrí que sólo éramos él y yo los detenidos. Sentado en el piso, metía las manos debajo de sus piernas, se balanceaba y susurraba quedamente, como agotado después de gritar día y noche. Reanimado porque por fin había podido hablar con un abogado para que me sacara de ese lío absurdo (había atropellado un hermoso caballo blanco que se atravesó a todo galope), me acerqué al hombre y le invité un trago de café.
    −¡No vaya a la sierra, no suba a la sierra! −lloriqueó−, no la podrá olvidar, y lo peor es que ni siquiera sabrá cómo llamarla. La siento aquí, siento su ausencia aquí, y por aquí me voy vaciando –y apretaba las piernas contra su vientre. Lloró, se balanceó más de prisa, y entre estertores y sollozos contó lo que sigue:
    Era agrónomo y había llegado a cierta población de la sierra para supervisar las almácigas de café que preparaban los beneficiarios de un crédito bancario. Una lluvia incesante lo retuvo allí por dos días, hasta que al tercero brilló por la tarde un sol tibio. Se asomó a la calle en el momento en que una anciana pasaba con tres jabalíes domesticados. Sorprendido, la irrupción de una mujer joven lo sacó de su azoro: “Yo tengo un tejón” le dijo, e hizo el ademán de invitarlo a pasar a un diminuto bar, enfrente. Por aburrición, hambre y sed, aceptó. Entró y pidió una cerveza al tiempo que preguntaba por el tejón.
    “Lo voy a traer” dijo la joven mujer, una morena achaparrada de sólidas piernas que caminaba descalza. Regresó con un animal que más bien parecía un simio. Se abrazaba juguetón a su ama, y con sus manitas trataba de desatar la blusa mientras ella sonreía displicente. Cuando logró desatar las cintas aparecieron un par de tetas prodigiosas y la mujer dijo sin recato: “Venga, es lo que le gusta”, y subió al animal sobre una columna de cartones. El hombre dudó, incrédulo, acababa de conocerla y estaban sobre la calle principal, las puertas abiertas, en cualquier momento podía entrar alguien. “Despreocúpese”, dijo ella, “todos viven espantados tratando de saber por qué se están volviendo locos. Nadie vendrá”.     
    Con leves movimientos la mujer extrajo sus pantaletas rojas, se inclinó sobre una mesa y levantó su ampulosa falda. El hombre lloraba mientras lo contaba: el culo más hermoso visto en su vida: redondo, moreno, duro; cada glúteo marcado con un pequeño hoyuelo, como luceros que guiaran a quien tripulara esas firmes masas del deseo. Galopó, navegó y voló sobre ellas, hasta que el destello de un relámpago le nubló la vista cuando se vaciaba y el chillido del animal, que no había cesado de aplaudir, lo sumió en la inconsciencia. Despertó en la calle de un pueblo abandonado, cuando una bandada de urracas  pasaba volando y parecían burlarse de él. De allí lo recogieron y lo trajeron, creyéndolo loco. Cada vez más quedo, siguió repitiendo “¡Zenaida, Otilia, Violeta!”.


  Jamás adoctrinar Adoctrinar: instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o cre...