Cómo
enfrentar a un bravucón
NOÉ AGUDO (29/01/17)
¿Qué hacer con un maldito bravucón, gandalla y ventajoso?
Encararlo, enfrentarlo, pararlo en firme. Si es más grande y fuerte, mejor. Si
me asesta un golpe es posible que me deje fuera de combate, pero por cada uno
que yo le propine es seguro que mi prestigio y simpatía crecerán entre los demás.
Así que pierda o gane la pelea, desde el momento en que me atreví a enfrentarlo
ya gané. De verdad, así he procedido cuando he tenido el disgusto de
encontrarme con tipos de esta calaña y siempre me ha dado buenos resultados.
Por desgracia el presidente de un país no puede reaccionar de esta manera. Debe
actuar con prudencia y pensar antes que nada cómo afectará al país su
respuesta.
Éste es el dilema de Peña Nieto, y
hasta ahora ha procedido con cautela, ha hecho lo que puede y debe, sin hacer
caso a los otros bravucones que lo quieren empujar desde adentro y desearían
verlo reaccionar de forma atrabiliaria y desesperada. Un verdadero jefe de
Estado debe actuar con prudencia y sentido de oportunidad, sobre todo cuando
está convencido de que actúa de acuerdo a las normas del derecho internacional
y que la razón y los valores comunes de la cultura occidental lo asisten:
respeto, dignidad, firmeza. Si procediera como un ciudadano común puede hacerlo:
con irritación, majaderías y acciones precipitadas, la representación y defensa
de la nación se volverían una caricatura y se asemejaría al déspota a quien
responde, que con sus desplantes y prepotencia sólo es exhibido como un
ignorante y alguien que solo muestra la dimensión del miedo hacia los otros.
No comparto la idea de que México debe
recargarse ahora en Europa, en China o en quien sea. La solución debe ser
nuestra, con nuestros propios recursos, fuerzas e inteligencia. No se trata de
terminar con la dependencia hacia un país para empezar con la dependencia hacia
otro. En todo caso allí está Latinoamérica, y especialmente Centroamérica, con
quien nos une no sólo la lengua, la historia y la cultura, sino también una
problemática común: la emigración. Buscar la diversificación comercial es otra
cosa, y esa tarea corresponde por igual a gobierno y empresarios. México tiene
suficientes tratados comerciales y amigos en el mundo, así que es tiempo de
aprovecharlos.
Pero, lo más importante: actualmente
no hay un poder omnímodo que se imponga a todos los demás. Un brillante
sociólogo venezolano, Moisés Naím, ha explicado (El fin del poder, Debate, 2013) que no hay un poder absoluto y que
las distintas expresiones de éste son cada vez más transitorias, débiles y
limitadas. La movilidad, los medios de información, la proliferación de
rivales, el activismo ciudadano, la competencia y los mercados financieros
mundiales han logrado que el poder sea cada vez “más fácil de adquirir, más
difícil de utilizar y más fácil de perder”.
Por otro lado, todo poder se expresa a través
de cuatro vías principales: 1) la fuerza
(que son los instrumentos, los medios de coacción con los cuales se ejerce); 2)
el código (las normas legales,
morales, las expectativas y los valores a los que se debe apelar para su
aplicación); 3) la recompensa (los estímulos
y premios que se otorgan a cambio de obligar a hacer algo), y 4) el mensaje (la capacidad de persuadir y
hacer ver la necesidad de ejercer el poder). Trump cuenta sólo con la fuerza y tal vez pueda emplear el mensaje durante un breve tiempo, pero es
algo que está agotando rápidamente con sus mentiras y cinismo, los propios
medios norteamericanos y los del mundo lo critican. Así pues, excepto la fuerza, las otras vías (el código, la recompensa y el mensaje)
pueden ser nuestras y las debemos aprovechar.
Por estas circunstancias la analogía
de encarar al bravucón más grande y fuerte adquiere sentido. El vecino débil y
pobre puede transformarse en una pesadilla para el gigante si sabe aprovechar
su debilidad. ¿Por qué? Porque mostrar al mundo lo que contendientes, miles de
ciudadanos y expertos advirtieron durante la campaña pero nadie tomó en serio:
que Trump es un individuo fatalmente desquiciado y que es un peligro real para
el planeta y para su propio país, es una excelente arma. En menos de una
semana, twiteó con ironía Kevin Spacey (el Frank Underwood de House of Cards) “provocó más caos que yo
como presidente”. Si es capaz de ensañarse y declarar la guerra a uno de sus
principales socios comerciales, ¿qué pueden esperar los demás?
Saquemos provecho de sus acciones y
demostremos que, efectivamente, se trata de un individuo ignorante, que sólo
provocará la ruina de su propio país; demostremos con hechos el peligro que
representa al reanimar el peor nacionalismo en ambos lados de la frontera y dar
paso franco a la xenofobia y el racismo. Hagamos ver a su propia sociedad y al
mundo lo ridículas que resultan frases como “hagamos grande a América otra
vez”, al aprovecharse de un vecino leal y amistoso que sólo pide respeto. ¿O es
que pretende recuperar la “grandeza” mediante acciones de rapiña y expolio como
las del siglo XIX, que les permitieron arrebatarnos más de la mitad de nuestro
territorio? ¿Sólo así pueden ser grandes? Hoy México no está solo ni dividido
ni es tan débil. Hoy sabemos que ninguna batalla se puede ganar sin antes tener
el consenso de la opinión pública y contar con el código, es decir, sin lograr la coherencia ética y legal en las
acciones. Por eso nuestra debilidad puede ser nuestra mejor arma.
Demostremos con la agresión y el
maltrato de que somos objeto que el mito del norteamericano justo, heroico y
bueno tiene como único sustento la ideología que los cómics, el cine de
Hollywood y las series de televisión han creado, porque con sus acciones Trump
devela el verdadero rostro de un gran sector de esa nación: abusadores,
aprovechados y cobardes. ¿Por qué no inició la guerra comercial contra China,
con quien tiene el mayor déficit comercial? ¡Valiente legitimidad la que
pretende lograr! Cuando Trump dijo: “Hasta que México trate a Estados Unidos
con justicia y respeto, no hay otra opción”, me hizo recordar aquella fábula
donde un lobo ensucia el agua y reclama por esto a un corderito al que se
quiere devorar. Los mexicanos somos ese corderito. Pero mientras más cínico se
comporte, su fracaso será mayor.
Ya varios lo han dicho pero no está
de más repetirlo: hay que encarar al bravucón. Después de todo, nuestros
mejores aliados son la prensa y los propios norteamericanos. Esos que, como
John F. Kennedy en 1960, cuando dijo que era berlinés ante la construcción de
aquel otro muro ignominioso, o incluso algunos republicano como Ronald Reagan,
quien contribuyó a derrumbarlo a finales de los ochenta; ellos nos ayudarán a
derrotarlo. Puede ensañarse en contra nuestra y agredirnos, no lo lograremos evitar pero sí lo podremos revertir. Hoy el uso de la fuerza es más costoso y
arriesgado políticamente. Podemos responder una a una sus agresiones, pero
también generarle una ingobernabilidad que ni los yihadistas más fanáticos han
imaginado.
Hoy no somos una nación aislada,
desunida e ignorada. El mundo nos observa.
Y NO OLVIDAR LA VERDADERA SOLUCIÓN
Con
todo y la indignación que provoca Trump, no debe olvidarse que esta situación
de fragilidad y dependencia la han creado la corrupción e ineptitud de nuestros
dirigentes. ¿Acaso Canadá vive los mismos problemas que México? De ninguna
manera. Este país no tiene emigrantes que hoy vivan angustiados en los EE.UU;
Canadá no depende de las remesas que sus connacionales dejen de enviar; su
relación comercial con los Estados Unidos es mucho menos asimétrica que la de
México; su gobierno goza de representatividad, respeto y reconocimiento;
prácticamente no existe dependencia sino un verdadero intercambio y
colaboración. Etc. Son nuestros dirigentes los que nos han colocado en este
incómodo lugar, y hoy tenemos la posibilidad de cambiarlos a través del voto. El
disgusto y el hartazgo de la población no deben olvidarse aunque por el momento
debamos actuar más unidos que nunca.
Por eso se deben tomar con
suspicacia las propuestas y acciones que diversos exponentes de esa clase
política han planteado recientemente, aunque algunas sean realmente solidarias
con el país. Lo que nos deja claro es que sí se pueden acotar sus privilegios.
En menos de un mes han propuesto o adoptado las siguientes medidas:
·
Ante la
irritación de la población por el “gasolinazo” la presidencia de la República
anunció el 5 de enero que a partir del primer trimestre de este año se reducirá
en diez por ciento la partida de sueldos y salarios de servidores públicos de
mando superior (de directores a secretarios, incluido el presidente) en todas
las dependencias federales.
·
El 11 de enero
los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) anunciaron cinco medidas
de austeridad para contribuir con el mejor uso de los recursos públicos:
devolver el dinero que ya se les había otorgado (mil setenta millones de pesos)
para construir dos nuevos edificios en sus oficinas centrales; reducir sueldos
de directores y consejeros en un diez por ciento; renunciar a la prestación de
telefonía celular; revisar la asignación de vehículos oficiales, y hacer
público el ejercicio de su presupuesto cada trimestre.
·
El 16 de enero
diputados del PAN hicieron una propuesta para ahorrar 500 millones de pesos
mediante la cancelación del pago del bono secreto, fin al pago de vuelos
internacionales en clase premier, suspensión al pago de telefonía celular y
cancelación de los vales de gasolina.
·
La propuesta más
interesante provino también de senadores panistas, quienes el 28 de enero
plantearon un decálogo para la administración pública que permitiría ahorrar la
nada pequeña suma de 343 mil millones de pesos. ¿Cómo se lograría? Mediante la
fusión de algunas secretarías (la de Economía, Turismo y Energía), la
desaparición de otras (Sedatu) y de algunos organismos prácticamente
inservibles (Caminos y Puentes Federales, Tribunales Agrarios, etc.) y la
reducción a la mitad del presupuesto que actualmente se otorga a los partidos
políticos.
·
En otro terreno,
la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México aprobó el 27 de enero eliminar
el fuero a los servidores públicos capitalinos, además de elevar a rango
constitucional la obligación de presentar declaraciones sobre su situación
patrimonial, obligaciones fiscales y conflictos de interés.
Habrá que dar seguimiento y exigir que se efectúen
esas y otras propuestas, así como revisar los resultados de las acciones ya
tomadas (los más de mil millones que el INE regresó serán para reforzar los
consulados en los EE.UU para defender mejor a los migrantes, por ejemplo). Y no
olvidar que son sólo algunas, hacen falta muchas más. Tampoco deben quedar como
expresiones de buena voluntad en momentos de crisis o como medidas propagandísticas
para las elecciones. Las normas de austeridad se deben establecer
definitivamente, como condición sine qua
non para la existencia de un verdadero Estado de derecho, para racionalizar
y transparentar la vida política y modernizar realmente el país. Pero, de que
se puede, claro que sí se puede. El partido o candidato que haga suyo este
compromiso deberá ser a quien se le otorgue la presidencia en el 2018.