domingo, 15 de enero de 2017

SE BUSCA CANDIDATO (15/I/2017) Una nación entera...


Una nación entera no puede vivir presa de la angustia e incertidumbre por el arribo de un nuevo gobierno en el país vecino, por estrechos que sean sus lazos y relaciones. La ausencia de un auténtico liderazgo nacional, la incapacidad de la clase política para brindar respuestas eficaces y proponer opciones propias de bienestar a su población son las que generan esta dependencia insana. Por eso debemos pensar qué hacer con esa clase política, cómo transformar el país y entender que la mejor defensa hoy día es empezar por poner orden en casa.

Se busca candidato
NOÉ AGUDO (15/I/2017)

No se necesita ser un adivino para predecir que el PRI perderá la presidencia de la República en el 2018. Lo que nos gustaría saber es quién la ganará, y ante esta interrogante se plantea la posibilidad muy cercana de que esta decisión dependa por primera vez realmente de los votos de la ciudadanía. La clase política en su conjunto vive hoy un desprestigio nunca visto: el dispendio, la ineptitud, la corrupción y la impunidad son sus principales atributos conocidos y padecidos por la población, y múltiples señales evidencian un punto de hartazgo difícil de remontar. La interrogante es cómo orientar la votación hacia una vía que canalice eficazmente el malestar y permita la construcción de una sociedad mejor y más democrática.
            Supongamos que durante el tiempo que resta de hoy a las elecciones de 2018 la clase política logre lavar su rostro y recupere cierta confianza entre los electores; aun así, ningún partido puede apostar por sí solo al triunfo. El PRI irá con el PVEM, Alianza Social y algún otro en ciertas regiones del país; el PAN lo hará con el PRD, y éste deberá atraer a los partidos minúsculos que orbitan a su alrededor para fortalecer esa alianza, o ir con Morena, el partido de López Obrador, lo que tampoco garantiza el éxito, pues ante esta circunstancia lo más probable es que PRI y PAN decidan conjuntar su voto duro. Ninguna de estas opciones podrá atraer a los indecisos, que son la mayoría y quienes deciden el triunfo, y cualquiera que gane lo hará con una minoría y con el rechazo de la mayor parte de la ciudadanía.
            Queda la opción de los “independientes”, pero ante las dificultades para gobernar que presenta no recurrir a los mismos cuadros políticos rancios y negociar en los congresos toda decisión con los partidos de siempre, la supuesta independencia se diluye. Así que un candidato independiente sólo representa la oportunidad de deslindarse de la clase política mientras dura la campaña pero, de alcanzar el triunfo, ese candidato y su gobierno quedarían en manos de los partidos políticos de siempre; esta vía refleja, en todo caso, el oportunismo de ciertos aspirantes desechados por sus propias organizaciones y un engaño a la población. Más astuta y mejor disfrazada son las propuestas como la de Manlio Fabio Beltrones: con la excusa de crear gobernabilidad mediante la constitución de mayorías en los congresos, Beltrones propone formar gobiernos de coalición, cuyos candidatos podrían ir o no ir en alianzas, pero sus partidos integrarían coaliciones para gobernar. Al final sería la misma gata política, sólo que revolcada, es decir con diversos cuadros provenientes de los partidos que acepten participar en  la coalición.
            ¿Cuál es entonces el camino para sanear la vida política del país, lograr la verdadera transición, arribar por fin a una democracia plena donde los gobiernos se deban a la ciudadanía y no a sus intereses partidarios o sus patrocinadores? Contar con un candidato ciudadano y un programa capaz de lograr lo que cada una de estas opciones propone, pero ir más allá de cualquiera de ellas y de sus proyectos. Es decir, se requiere conquistar la presidencia de la República, lograr mayoría en el Congreso para gobernar, deslindarse hasta donde sea posible de la clase política, constituir un gobierno con ciudadanos capaces y eficientes, y no con cuotas partidarias y de otros poderes fácticos; sólo un gobierno así constituido podría ofrecer un programa de gobierno que resuelva por fin los problemas que impiden el desarrollo socioeconómico de México y permita construir una sociedad más justa. Un gobierno por el cual hoy clama toda la población.
            Ese candidato tendría que captar en primer lugar el voto de los millones de indecisos que deciden la elección; tendría que despertar el entusiasmo de toda la ciudadanía, lo mismo de obreros, empleados, comerciantes, campesinos, amas de casa y estudiantes, que de profesionistas, empresarios y los diversos integrantes de las llamadas clases medias. Deberá atraer, en segundo lugar, a las franjas cada vez más numerosas de militantes decepcionados de sus propios partidos que, en lugar de querer ir a una alianza con fuerzas totalmente contrarias a su ideología y principios, preferirían aportar su voto a un candidato capaz de lograr un gobierno de unidad, sanear la vida política, resolver los problemas nacionales que por complicidades e intereses ningún partido puede lograr, y empujar así un cambio de actitudes y valores de la clase política.  
            Cualquiera podría pensar que esto es una ilusión, que ese candidato no existe ni puede existir y que la tarea que se le propone es descomunal, pero todo depende del programa que enarbole, de su capacidad para encauzar el hartazgo de la sociedad, de motivar la participación ciudadana y de proponer medidas para transformar ese hartazgo en acciones de gobierno. Y aquí es donde todos podemos contribuir. El momento que hoy vive el país es único porque ofrece como en ningún otro la posibilidad de que sea la ciudadanía quien tome los destinos de la nación en sus manos. Tenemos que aprovecharlo.
            Ese candidato ciudadano tendría que proponer, entre otras muchas acciones: Una reforma política que plantee la desaparición de los diputados de representación proporcional, poner fin al fuero, reducir el número de comisiones en el Congreso a las estrictamente indispensables, acabar con los bonos secretos y los permitidos, reducir el monto de las dietas y que los aguinaldos se calculen con base en éstas (como se calcula el de cualquier trabajador: con base en su salario), y terminar con estipendios tales como pago de asesores, secretarias, edecanes, boletos de avión y viáticos (solo se cubrirán los estrictamente necesarios para su trabajo, que cada servidor deberá comprobar), seguro de gastos médicos mayores, comidas, vehículos, gasolina, gimnasios, gastos de cafetería, celulares y demás parafernalia costosa que actualmente derrochan. Un representante popular debe estar en la cámara por vocación de servicio, no para medrar con el cargo público.
La reforma política deberá poner fin a las prerrogativas económicas de los partidos políticos, los cuales deberán funcionar mediante las cuotas de sus militantes; el Estado los apoyará únicamente en sus necesidades básicas, como son el acceso a los medios para la difusión de sus propuestas y programas. Deberán, al igual que el Estado en su conjunto, reducir su propaganda y mensajes, que solo engañan e irritan a la población por su demagogia y falsedad. El Estado deberá limitar incluso el número de partidos, mediante la comprobación cabal de que representan realmente a amplios sectores de la sociedad en toda la República y no son creación de familias, caciques sindicales, empresas y otros vividores del presupuesto público. Asimismo, deberá recortar los recursos a los organismos y tribunales encargados de organizar y vigilar el proceso electoral, que se encargarán de establecer reglas claras para evitar vacíos o ambigüedades que generan los conflictos. Todo esto no se podrá cumplir sin crear eficaces instancias de vigilancia, transparencia y control, de preferencia autónomas, para supervisar el funcionamiento de estas instancias, impedir su partidización o parcialidad y evitar que participe dinero sucio en los diferentes procesos electorales.
El Congreso de la Unión deberá analizar propuestas como la revocación de mandato, la reelección de representantes, la iniciativa popular, el plebiscito y todas aquellas que permitan intervenir institucional y eficazmente a la ciudadanía ante la ineptitud y corrupción de sus representantes y autoridades.
Las mismas medidas de control del gasto, racionalización administrativa y recorte de burocracia innecesaria se aplicarán en los demás poderes del Estado, empezando por las dependencias del poder Ejecutivo o que éste encabeza; hay secretarías completas como la de la Reforma Agraria y entidades como la Comisión Nacional de Salarios Mínimos que no justifican su existencia, o sindicatos de empresas ya extintas, como los de Trabajadores Ferrocarrileros y Electricistas, cuyos líderes aún siguen gozando del estipendio gubernamental. Igualmente, poner fin al dispendio que hoy se hace en todas las dependencias públicas en onerosos gastos como redecoración de oficinas y casas de gobierno, renovación de mobiliario y vehículos, pago de escoltas y seguridad a funcionarios que no la requieren, a ex presidentes y sus familias, sobre todo si se les permite mantener sus sueldos vitalicios. Los salarios de ex magistrados, ex rectores, ex directores y demás funcionarios que los siguen disfrutando sin prestar servicio deberán terminar.
No deberá olvidarse aplicar estas medidas de racionalización y empleo eficaz del gasto a los organismos autónomos, descentralizados y entidades paraestatales, así como a los gobiernos estatales y municipales, pues se da el caso (como lo demostró recientemente Javier Duarte en Veracruz) de que los gobernadores durante su mandato se dedican a saquear y malversar los recursos, para que después los nuevos gobernantes y presidentes municipales exijan a la Federación entrar a su rescate.
Está por demás decir que se debe poner fin al derroche que se hace mediante la entrega de dinero a organizaciones que viven del chantaje y la presión, como Antorcha Campesina, Asamblea de Barrios, asociaciones de ambulantes o la CNTE, pues son insaciables y cada vez exigen más; la determinación de hacer públicas sus demandas y los procesos de negociación con las diversas instancias del Poder Ejecutivo son la mejor contención a estas prácticas indeseables, pero para poder hacerlo se requiere de un gobierno inmune al chantaje, es decir, ajeno a compromisos y complicidades con ellas.
La corrupción es un cáncer que ha hecho metástasis en todo el organismo social, de ahí que muchos políticos la consideren una expresión del ser nacional o un asunto cultural. Esto no es cierto. Han sido la impunidad y la ausencia de mecanismos para la rendición de cuentas los que han permitido que la corrupción se extienda por todos los ámbitos de la vida nacional. Sabido es que apenas un mexicano traspone las fronteras y se halla en un lugar donde las infracciones y la alteración a la ley sí reciben sanción, se vuelve el más respetuoso de las normas y reglamentos. Por eso todas estas medidas serán insuficientes si no se procura un apego estricto al derecho; si no se termina de crear el Sistema Nacional Anticorrupción; si no se lo integra con ciudadanos ejemplares, libres de toda sospecha (que sí los hay) y se le otorga plena autonomía; lo mismo con las demás instancias de vigilancia y control (hoy existen más de cinco, a cual más inútil) y se termina por establecer reglas claras para la integración y funcionamiento de la Fiscalía Nacional, desligada ya del Ejecutivo. Y así en los demás niveles de gobierno.
¿Cuál es el candidato a la presidencia que se atreverá a limpiar estos modernos establos de Augías? ¿Quién tiene el arrojo e inteligencia para ponerse al frente de la nación y encabezarla con un programa así? Alguien con suficiente independencia de la clase política y que haya comprendido cuáles son los principales lastres que han hecho de este país rehén del crimen, la corrupción, la inseguridad, la ineptitud y la mediocridad. Esos lastres que hoy día lo mantienen en vilo porque un individuo fanfarrón, autoritario e ignorante asumirá la presidencia de los Estados Unidos. Una nación grandiosa como México no debería vivir así. He anotado sólo algunos puntos relacionados con el poder político y su reforma, pero la tarea abarca todos los ámbitos: los sociales, económicos, educativos, comerciales, fiscales, educativos, etc.   
            Una última anotación: no se trata de remplazar una clase política por otra, que a la postre tal vez repita los mismos vicios cuando se enquiste en el poder, sino de crear una ciudadanía vigilante y participativa, con instituciones y mecanismos eficaces para llamar a cuentas y sancionar a los malos gobernantes; con normas claras y condiciones austeras pero suficientes para su funcionamiento; así, quienes aspiran a ser servidores públicos deberán demostrar aptitudes, vocación y conocimiento para su desempeño, y no confundir la política con el cinismo, la mentira y la habilidad para fingir, así como la astucia para apropiarse de los recursos públicos, como ha sido la regla hasta hoy. Sólo así podremos recuperar la dignidad de la política y rescatarla de esa versión perversa en que la sumió una clase hoy repudiada por toda la sociedad.
Éste es el reto del candidato a quien podemos otorgar el triunfo si nos lo proponemos. Porque el cambio hoy se tiene que hacer con la participación ciudadana y mediante las instituciones.

¿GRADACIONES O GRADUACIONES?
De pesadilla la serie de reportajes que Ciro Gómez Leyva y su equipo divulgaron durante la semana reciente en su noticiero de las diez de la noche, Imagen Noticias. Seguramente muchos hemos sido sujetos de extorsión a través de una llamada telefónica en donde la voz de alguien que se supone es nuestro hijo nos informa que ha sido secuestrado y nos dice que amenazan con cortarle los dedos si no entregamos determinada cantidad de dinero. Las imágenes grabadas dentro del Reclusorio Norte muestran algo semejante a un tianguis, donde los reclusos anuncian mediante gritos la venta de todo tipo de drogas. En un rincón de otro dormitorio algunos más se dedican a hacer las llamadas (¿marcan los números al azar o tienen una base de datos?) para chantajear a la población. En otro un preso pregunta al custodio cuánto le costaría un teléfono para extorsionar; “uno y medio” contesta éste. Todo esto mientras el director del reclusorio atraviesa por el tianguis infernal sin inmutarse ante lo que hacen los presos. ¡En el Reclusorio Norte, donde se supone que los delincuentes entran para regenerarse y después reintegrarse a la sociedad! ¡De pesadilla, el rostro más descarnado de la corrupción!
            Ciro, periodista cultivado como es, tituló a esta serie “Las Graduaciones del Infierno”, haciendo eco a la Comedia de Dante, que describe el infierno como una serie de círculos en los que los más profundos los ocupan pecadores irredentos. De las tres acepciones que el Diccionario de la Lengua Española ofrece de graduación (1. “Acción y efecto de graduar”. 2. “Cantidad proporcional de alcohol que contienen las bebidas espiritosas”, y 3. Categoría de un militar en su carrera”) ninguna encaja con el significado que Gómez Leyva quiso expresar. El término correcto es gradación, cuyas cuatro acepciones indican eso: niveles, grados sucesivos, orden gradual. Las Gradaciones del Infierno. No se la pierdan, continúa esta semana y se debe reconocer a Miguel Ángel Mancera y su secretaria de gobierno, Patricia Mercado, por su intervención inmediata una vez difundidas las primeras imágenes.



DIEZ RASGOS DE UN PSICÓPATA
Gracias a la afortunada inspiración que algunos días ilumina a ciertos articulistas, me permito retomar el núcleo de una colaboración de Marco Provencio en Milenio Diario para plantear a todos un pequeño acertijo: ¿Qué alto funcionario del CCH reúne estos rasgos?

Carismáticos. Tienden a ser divertidos y a compartir historias casi increíbles, pero que en su persona suenan convincentes al presentarlos como los héroes de las películas.
Egocéntricos. Simplemente son el centro del universo, uno en el que pueden vivir de acuerdo únicamente a sus propias reglas.
Grandiosos. Todo en ellos es superlativo. No hay espacio para la sencillez.
Incapaces de remordimiento. Les tiene sin pendiente el resultado de sus acciones para con terceros, y no pueden sentir arrepentimiento.
Faltos de empatía. Acaso el rasgo más evidente, según algunos, es que son ajenos totalmente al punto de vista o a las emociones de los demás.
Engañosos. Cuando son descubiertos en una mentira, simplemente cambian la historia y modifican los hechos para tener siempre una coartada fácil a la mano.
Falsos en sus emociones. En realidad no están sintiendo nada, aunque lo aparentan con alguien a su alrededor a quien por alguna razón quieren cortejar.
Impulsivos. Evaluar las ventajas y desventajas, o las consecuencias de sus deseos, les parece una pérdida de tiempo.
Vengativos. Curiosamente, la ausencia de empatía se refleja también en una hipersensibilidad a lo que pueden percibir como un insulto hacia su persona.
Aventureros. Son adictos a la adrenalina, a la toma de riesgos, a vivir “al filo de la navaja”. No pueden con la “normalidad”.

Mentiroso, vengativo, egocéntrico, falso, impositivo, etc., ¿quién reúne estos rasgos entre nuestros ínclitos funcionarios? Si desean leer el artículo completo pueden dar click al siguiente link: http://www.milenio.com/firmas/marco_provencio/rasgos-psicopata-psicopatia-psicopatas_en_grandes_corporaciones-milenio_18_883891617.html





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