viernes, 29 de junio de 2018

LA HORA DE LOS CIEGOS


La hora de los ciegos
NOÉ AGUDO
El domingo primero de julio votaremos no por el cambio de autoridades para un sexenio, sino seguramente por el cambio de país. Y más de alguno exclamará gustoso: ¡Pues eso es lo que queremos, López Obrador nos llevará a ese cambio! Y es verdad, nos llevará a un gran cambio, sólo que no el que sus seguidores imaginan ni como lo desean.
            Es una ironía reconocer que por primera vez, cuando los mexicanos tendríamos la posibilidad de decidir un mejor destino como nación, volvemos a caer en la demagogia y la simulación, sólo para permitir que un obsesionado por el poder arribe a la presidencia y destruya con sus políticas lo que con tanto esfuerzo se ha construido. Lleva apareciendo en las boletas electorales al menos durante los últimos treinta años: dos veces para gobernador de Tabasco (1988 y 1994), una para jefe de gobierno del Distrito Federal (2000), y tres para presidente de la nación: 2006, 2012 y 2018.
            Precisamente la indefinición que caracteriza su propuesta actual de gobierno da cuenta de su ambición. Ha dicho lo que conviene decir ante cada público sin definirse por nada. El objetivo es lograr el poder, ya después aplicará lo que su limitadísima visión considera gobernar “para el pueblo”: concentración del poder, políticas económicas estatizadoras, programas asistenciales, cerrar las fronteras comerciales, cancelar la competencia empresarial, “lograr” la autosuficiencia alimentaria y energética, derogar las reformas que modernizarían al país, impedir la autonomía de instituciones que permitan por fin la existencia de un Estado de derecho. Etcétera.
            Pensar que por despotricar contra quienes difieren de él, por prometer acciones contradictorias, irrealizables o francamente criminales, lo hace una opción de izquierda (y radical, según él mismo), es estar completamente ciego y creer que en política existen los milagros. Olvidarse de su promesa más importante de campaña, acabar con la corrupción, es buen ejemplo de este “radicalismo”. Si ha olvidado su “varita mágica” con la que pretende solucionar todos los problemas del país, es evidencia de lo que realmente quiere, llegar al poder, y también signo de que no tiene ninguna propuesta seria de gobierno.
Basta revisar a quienes integran ese amasijo de oportunismo, ambiciones y criminalidad que es Morena para saber lo que nos espera. Entre algunos designados para cargos de representación popular están Layda Sansores, el yerno y nieto de Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia, Rigoberto Salgado, Félix Salgado Macedonio, Fausto Vallejo y su hijo, Cuauhtémoc Blanco, Gerardo Fernández Noroña, José Manuel Mireles, René Bejarano y Nestora Salgado, entre otros. Y su lista de colaboradores no es diferente: Manuel Espino, Manuel Bartlet, Alberto Anaya, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal y Dolores Padierna, por señalar algunos.
Sus fanáticos saltan de inmediato para decir que José Antonio Meade o Ricardo Anaya  y sus partidos son iguales, y tal vez tengan razón pero yo voy más allá: la clase política en general es nefasta, voraz y corrupta. Esa ha sido nuestra desgracia desde la época colonial si no es que desde la prehispánica. Pero tener una clase política preparada, honesta y con ética cívica no es cuestión de que un individuo como López Obrador llegue a la presidencia. En todo caso, Meade y Ricardo Anaya representan más firmemente esa posibilidad, porque reconocen la necesidad de contar con los mecanismos para combatir eficazmente la corrupción. No se trata de personas, como el aldeano caudillo piensa, sino de instituciones, de una auténtica división de poderes, de la aplicación de la ley, de organismos fiscalizadores autónomos, de rendición de cuentas, de transparencia, de la existencia de una vigorosa sociedad civil, de verdadera lucha partidaria, de que haya medios de información independientes. A todas estas medidas López Obrador se opone pues no le gustan ni las tolera. No creo que quiera hacer de México una Cuba o Venezuela; los dictadorzuelos de ambos países declararon explícitamente la construcción del socialismo y él ni siquiera conoce lo que eso significa. Pero con sus políticas nos llevará a ser como Cuba, Venezuela o Nicaragua.
Esto es lo que no comprenden sus panegiristas, o lo comprenden y hacen como que no pasa nada, y por eso no les repugna que Morena sea un amasijo de oportunistas, corruptos, tránsfugas y criminales. Estoy harto de Peña Nieto, exclaman con odio, y ahora prefiero que otro me robe. Pues allá ellos.
Los embaucados que votarán por él son otra cosa. Después de todo, las multitudes siempre han sido engañadas por demagogos y dictadores como Benito Mussolini y Adolfo Hitler. Y así les ha ido. La historia de la humanidad está plagada de ejemplos en los que otorgar el poder a un solo individuo o partido siempre acaba mal. El hartazgo ante una situación que lleva a decidirse por opciones peores siempre ha sido suicida. Es lo que los más fanatizados han dicho: me han robado tanto los mismos, que ahora he decidido que otro lo haga.     
Por eso estas elecciones, las más importantes de la historia, será la hora de los ciegos. Los responsables de que México retroceda de donde con dificultades empezaba a salir, serán aquellos que, sabiendo bien a dónde AMLO conducirá el país, se empeñan en apoyarlo. Por eso el 01 de julio será la hora de los ciegos.

ASÍ SALUDÉ EN FACEBOOK LA DESIGNACIÓN DEL NUEVO DIRECTOR GENERAL
Pues la Junta de Gobierno de la UNAM cumplió bien su papel. No ratificó para un segundo período a ese fraude académico y pésimo funcionario que resultó ser Jesús Salinas Herrera. Tenemos nuevo director general y con ello la UNAM demuestra que sabe emplear bien sus reservas. Culminamos así una etapa registrada paso a paso en mi blog, DÍAS SIN SOSIEGO, que inició justamente hace cuatro años con un texto que titulé “La Primavera del CCH” y que cerró su ciclo este domingo (4 de marzo) con otro titulado “Los Desfiguros de la Ambición” (el nuevo director general fue designado el martes 6 de marzo y tomó posesión el miércoles 7). Los dedico a quienes gustan hablar de coherencia y congruencia.
 
NO ESTABA MUERTO NI ANDABA DE PARRANDA
La lucha por la sobrevivencia y el empeño por concluir una novelita (muy en la línea de Piedra infernal, de Lowry) me impedían hacer mis envíos. Pero, estoy de regreso.

NO SIRVE DE MUCHO, PERO LO REITERO
No pertenezco a ningún partido político ni perteneceré. Alguna vez, por admiración a Heberto Castillo, milité fugazmente en el Partido Mexicano de los Trabajadores. Pronto me di cuenta que yo no servía para eso. Creo en las personas, no en los grupos, mafias ni partidos.



lunes, 18 de junio de 2018

¿QUIERES ESCRIBIR BIEN?


¿Quieres escribir bien?

Ningún otro libro me ha servido tanto en estos días, sobre todo para la exposición de los distintos tipos de argumentos, como el de De la sabiduría egoísta, de Francis Bacon, en realidad una bien selecta colección de ensayos que la editorial Taurus hizo de un libro mayor, los Ensayos, del gran filósofo y diplomático inglés. Como es sabido, Michel de Montaigne da a conocer sus hermosas reflexiones en 1580, y diez años después Bacon ofrece las suyas. Lo que significa que no sólo leyó los escritos del humanista francés, sino que los asimiló y mejoró; esto último en cuanto al rigor expositivo, la precisión del lenguaje y el empleo de citas de autores griegos y latinos (argumentos de autoridad); si Montaigne los usa como motivo inspirador, Bacon los emplea para subrayar la validez de sus razonamientos, no por nada es el padre del empirismo.
            Ambos autores se siguen leyendo en nuestros días, y ser su lector es signo de cultura, refinamiento y buen gusto. Al lado de Erasmo de Rotterdam, Shakespeare y Cervantes, uno disfruta lo mejor y más alto del espíritu renacentista plasmado en la palabra. El tono preceptivo de pasajes como las recomendaciones que don Quijote hace a Sancho cuando se dispone a partir para gobernar su ínsula Barataria; los consejos que Polonio obsequia a Laertes, su hijo, cuando va a emprender un viaje al continente, y la pedagogía del hombre justo, contenido y sabio que permea el Elogio de la locura, son manifestaciones del ethos renacentista, y es lo que destilan también los ensayos de Bacon y Montaigne.
            Yo los aprovecho en un aspecto menos evidente pero más indispensable para mi oficio como redactor de textos: ningún planteamiento de ningún tema se dificulta, por muy complejo que sea, si uno sigue el método de Bacon. Quizás por eso el periodismo inglés ha sido un modelo de precisión y equilibrio. Es sabido que el artículo periodístico es una derivación del ensayo, y los ensayistas ingleses crearon el terreno más fértil para hacer del artículo una pieza sobresaliente en ese idioma: Samuel Pepys, Jonathan Swift, Joseph Addison, Charles Lamb, Samuel Johnson, Thomas de Quincey, Gilbert K. Chesterton y Oscar Wilde, por mencionar algunos.  
            Así como la lectura nos hace completos y la conversación nos prepara para actuar en la vida social, así escribir nos hace precisos, dice Bacon refiriéndose a los estudios. Sólo belleza y sabiduría. ¿Quieres escribir un buen texto? Lee a Bacon y a Montaigne.     

viernes, 8 de junio de 2018

KAFKA EN LA UNAM


Kafka en la UNAM
NOÉ AGUDO

Este artículo no se refiere a los estudios ni a la obra de Franz Kafka, presentes en casi todas las aulas y bibliotecas de los distintos campus universitarios. Plantea, en cambio, cómo ese mundo  absurdo, angustioso y de pesadilla que describen las principales obras del autor checoslovaco, campea orondo e impune en casi todos los espacios universitarios, y quienes lo padecen son generalmente los profesores más indefensos.

El proceso. “Alguien debía de haber calumniado a Josef K., porque, sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana…”
Uno es citado cualquier día para ser informado que debe acudir a la oficina jurídica de su plantel, porque le han iniciado una investigación administrativa. Cuando uno acude se entera que la investigación es por “acoso sexual”. No están presentes quienes denuncian, sólo un expediente donde aparecen mensajes telefónicos, casi todos con palabras soeces, acompañados con la fotografía del acusado. El abogado recomienda negar todo y así se hace. El jefe de la oficina jurídica da un plazo, digamos una semana, al término del cual comunica al profesor que ha sido cesado. Así inicia el laberinto kafkiano.
            El profesor cesado no ha tenido oportunidad de presentar pruebas de su inocencia. Por ejemplo su teléfono celular, para demostrar que de tan modesto y obsoleto aparato no se pueden enviar mensajes de texto, ni mucho menos fotografías como las que acompañan los mensajes. Tampoco ha podido conocer quién es el nombre verdadero de una denunciante (que sólo figura como “Melisa la eriza”), ni mucho menos informar en su descargo que días antes de que la acusación apareciera, varios profesores lo alertaron de que algo se preparaba en su contra y otros más, con cierta animosidad, ya lo festejaban. También mostrar algunos mensajes que llegaron a su modesto celular (estos sí, con número) para tratar de involucrarlo en propuestas de tipo sexual. Asimismo, preguntar por qué en los presuntos mensajes no aparece su número telefónico, por qué en otros ha sido borrado el nombre del (la) interlocutor(a), y hacer notar cómo en una página del expediente se desliza el nombre de quien realmente lo elaboró. Sólo se entera que ha sido cesado, antes de iniciar cualquier investigación.
            El profesor decide acudir ante la autoridad laboral pues no se le ha comprobado ningún cargo, sólo existe una acusación mal elaborada y con muchas falsedades que un verdadero juez no validaría, aunque al director de su plantel le bastó para cesarlo. El abogado de su sindicato  le explica que su caso debe pasar antes por una instancia que la UNAM tiene para resolver estos conflictos. Se llama comisión Mixta de Conciliación y Resolución; le hace ver las graves fallas de la acusación y lo burdo del montaje. Por eso está seguro que en esa instancia se resolverá y no pasará de una leve amonestación. Por un error mayúsculo en la redacción del oficio en el que se le comunicó el cese, los abogados del plantel acuden a la casa del profesor para que firme otro documento y le dicen lo mismo: en la Comisión Mixta su caso se resolverá sin pasar a mayores.

La metamorfosis: “Cuando, una mañana, Gregorio Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró en su cama convertido en un monstruoso bicho…”
La instalación del profesor en el mundo de pesadilla kafkiano es el único hecho verdadero: se  le ha castigado sin ninguna investigación de por medio; se le ha castigado sin haber recibido condena; se le ha castigado sin permitirle aportar prueba alguna de su inocencia; la parte que integró la acusación y armó el expediente lo ha cesado, asumiendo el papel de juez y verdugo. El profesor se ha quedado sin trabajo, sin sueldo, sin seguridad social y sin posibilidad de  impartir cursos y realizar otras tareas académicas tendientes a su promoción. ¿Cómo sobrevive ese monstruoso bicho en que lo han convertido: cesado, proscrito, apestado y condenado a seguir un proceso interminable?
Tres meses después de recibir el castigo, del cual aún no conoce ni recibe sentencia, el profesor es citado a la primera audiencia en la mencionada Comisión Mixta. El abogado del plantel, protervo y con sonrisa burlona, adelanta que la audiencia seguramente se diferirá, porque todo quedará en una amonestación y el profesor podrá ser reinstalado, aunque no en el mismo plantel. Pide unos minutos para confirmar, pero, cuando regresa, recula y dice que la audiencia sí se efectuará. “De allá arriba” (señala vagamente hacia el cielo) le han indicado que “todo debe continuar y que no hay arreglo”. Y así sucede, la audiencia se realiza y cada parte reitera sus dichos. Los integrantes de la Comisión Mixta escuchan atentos, toman nota y al final hacen firmar a las partes los mismos alegatos expresados durante la audiencia. Los abogados del profesor le piden esperar. “Conocer el dictamen de la Comisión Mixta llevará alrededor de sesenta días”, señalan.

El castillo: “… le dejaban deslizarse por todas partes, eso sí, sin abandonar el pueblo, y, mediante esa táctica, le minaban y le debilitaban, evitando toda lucha y situándole en una vida extraña, extraoficial, completamente opaca y turbia…”
Pero no se ha llevado sesenta días, sino años. Primero él llamaba y le decían que aún no había dictamen, que los miembros de la Comisión tenían mucho trabajo, que había otros casos con dos, tres, cinco y más años de espera. Que no debía desesperar. Los abogados lo reconfortaban explicándole que “sus derechos seguían vigentes”. Desesperado, el profesor envió cartas a los abogados, a quien preside la Comisión, a sus integrantes, haciéndoles ver los graves daños de salud, económicos, psicológicos y laborales que provocaba su dilación. No sólo a él, sino a su familia. Pero nadie responde, nadie se hace responsable, el laberinto interminable de El castillo de Kafka se quedaba corto al lado de éste.
            De lo último que se enteró fue que, unos días después de la celebración de la audiencia en la Comisión Mixta, los abogados de su sindicato presentaron los alegatos, pero hasta hoy la Comisión aún no resuelve. De esto hace ya casi dos años. Más dramática y eterna que la espera de K, el agrimensor que  aguarda ser recibido en el castillo, la petición del profesor para que su caso sea dictaminado es un ejemplo sobresaliente de ese universo kafkiano que campea en “la máxima casa de estudios”.
            Si Josef K., Gregorio Samsa y K viven en un mundo absurdo, angustiante y de pesadilla, sin conocer las causas de su castigo ni a sus acusadores, tal vez este hecho atenúe su pesadumbre; pero en este caso y en el de muchos otros profesores la situación se agrava  porque conocen las causas, motivaciones y nombres de sus verdugos, y aun así no les dan oportunidad de defenderse. Es decir, al castigo, desempleo, estragos económicos y de salud se suma la impotencia, humillación y resentimiento en el agredido.
            La violencia, inseguridad, corrupción, impunidad y enojo que permean al país entero nos muestra adónde conduce la ausencia del Estado de derecho, la perversión de la normatividad y el uso de instancias que deberían aplicar la justicia para cobrar venganzas personales. Y que esto ocurra en la “máxima casa de estudios” de la nación es contrario a todo sentido, porque aquí se forma ciudadanía, se enseñan las leyes y uno esperaría que primara el Estado de derecho. Porque situaciones como ésta son violatorias de los derechos humanos fundamentales, negación de derechos consagrados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, violación flagrante de la Ley Federal del Trabajo, distorsión de la normatividad universitaria establecida en documentos como el Estatuto del Personal Académico de la UNAM y cancelación y perversión del espíritu universitario que debe prevalecer dentro de la comunidad universitaria.    
            El funcionario que provocó y creó esta situación para deshacerse y castigar al profesor vive tranquilo, no obstante que dejó un desastre académico, administrativo y de ruptura de la convivencia entre la comunidad por la que supuestamente debía velar. Disfruta su año sabático (y cómo no, si lo que ganaba en un mes para el profesor equivale a dos años de trabajo, ¡dos!, los mismos que al cancelarle su trabajo y sueldo lo han endeudado, agotado y estar a un paso de perder el modesto departamento de interés social que no puede pagar). No sólo eso, le han dañado su salud y anulado sus aspiraciones de desarrollo. En suma, han trastocado su vida, como a esa repugnante cucaracha en la cual amaneció convertido un día Gregorio Samsa.
            Hoy, cuando México como nación debate por el arribo a una democracia plena, donde primen la equidad ante la ley, la existencia de un Estado de derecho y la transparencia en las acciones de gobierno, es inconcebible que aún haya espacios universitarios donde la discrecionalidad, la arbitrariedad y las tácticas dilatorias en el cumplimiento de la normatividad, propios de la época colonial, propicien este universo kafkiano absurdo y de pesadilla que destruye y arruina la vida del soporte vertebral del quehacer universitario, su profesorado.
                 


  Jamás adoctrinar Adoctrinar: instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o cre...