HORAS AHORCADAS
NOÉ
AGUDO (31/marzo/2014)
Vallejo
en vilo
Esta semana sabremos
quién será el nuevo director o directora del plantel Sur, y seguramente la
siguiente nos enteraremos de quién será el de Vallejo. Dos decisiones de vital
importancia para el Colegio en su conjunto, porque indicarán la voluntad por
iniciar una auténtica renovación, o la aceptación por continuar siendo rehenes
de los grupos de intereses y la resignada connivencia y convivencia con los
mismos. Todos esperamos con interés esta decisión, unos por preservar sus
canonjías, otros porque de ella depende que las consigan, y algunos cuantos
porque deseamos recuperar el Colegio para toda la comunidad, además del
prestigio y la calidad que alguna vez tuvo. Y confiamos y apoyamos al director
general en esta tarea.
Vallejo es de singular importancia no sólo
porque aquí inició la expresión abierta contra las prácticas nepotistas,
corruptas y de franca incompetencia del cuerpo directivo, sino porque una
egresada del mismo las llevó a sus niveles más descarnados, lo cual nos hizo
preguntarnos si ésta es la educación o
el tipo de egresados que el Colegio estaba formando, es decir, personas
adiestradas para mentir, simular y adoptar las peores costumbres del viejo
sistema priista: una política clientelar, corporativista, patrimonialista, etc.
Y ante la triste comprobación, decidimos que había que transformar esta
situación.
No olvidamos ni desdeñamos las luchas que
otros profesores emprendieron en sus respectivos planteles, de los cuales Naucalpan
y el Sur fueron los más trascendentes, pero Vallejo ha sido sin duda el que con
más firmeza ha propuesto que no son solamente las personas las que deben
cambiar, sino también las reglas, el funcionamiento de las instancias
representativas de la comunidad y, en síntesis, volver a la aplicación rigurosa
de la normatividad universitaria. Muchos otros profesores de diferentes
planteles coincidieron en esta apreciación y fue así como hicimos llegar
nuestras voces a la Junta de Gobierno y pudo darse el relevo.
Y esto es así porque comprendemos que el
uso arbitrario del poder forma parte indisoluble de la condición humana. Para
combatir la corrupción y la incompetencia no basta con tener personas honestas
y capaces en los puestos directivos, es necesario crear instancias de
vigilancia y control, una labor que hoy no cumplen ni el Consejo Técnico, ni los consejos
internos ni académicos, cuya función es puramente formal, porque obedecen
dócilmente a los directores, ya que son ellos quienes los presiden y además los
integran. ¿Qué nos queda por hacer entonces? Continuar practicando algo que en
un espacio como la UNAM no sólo es una libertad esencial sino una obligación
insoslayable de los universitarios: el ejercicio de la crítica y la denuncia.
En esta tarea coincidimos un grupo de profesores del plantel Vallejo. Hay que
subrayarlo: fue la lucha contra la corrupción la que nos hizo coincidir y no la
búsqueda de posiciones ni puestos. Por eso la crítica, la denuncia y el
cuestionamiento de vicios y corrupción continuarán; porque consideramos que es
una forma de actuar realmente como universitarios; porque creemos que así
enseñamos con el ejemplo y porque pensamos que esto nos diferencia de aquellos
que sólo persiguen mantener sus prebendas o buscan beneficiar a familiares y
amigos con los recursos del Colegio.
Al saber que el director general compartía
esta apreciación decidimos apoyarlo proponiendo un candidato a la dirección del
plantel Vallejo. En realidad fueron dos: los maestros David Silva Tonche y Raúl
Muñoz Morales; el primero, reconocido por su infatigable labor de denuncia y
crítica a los vicios ya señalados, decidió retirar su candidatura ante las
evidencias de una designación que sigue los mismos procedimientos de antaño y
ya determinó quién será el nuevo director; sin embargo, la declinación de su
candidatura no significa que él se retire; su lucha contra la corrupción no
acaba, continuará como hasta hoy lo ha hecho y en esta tarea no está solo pues
cuenta con todo nuestro apoyo. El resto de los profesores decidimos proseguir
porque queremos expresar nuestro rechazo a dichos procedimientos, y porque
queremos demostrar que puede haber candidatos ajenos a grupos de intereses, con
una alta formación profesional, con una excelente trayectoria académica y sobre
todo dispuestos a sanear el funcionamiento del plantel Vallejo y a recuperar la
calidad de la enseñanza que en él se imparte. Es decir, porque queremos
demostrar que existe una forma diferente de hacer las cosas.
Por eso mantenemos la candidatura del
doctor Raúl Muñoz Morales, un profesor víctima de la reprobada administración
anterior, que de la más alta categoría lo rebajó al nivel cero sin más
argumentos que una sucia serie de triquiñuelas y mentiras. Una canallada que lo
ha hecho valorar y comprender la importancia de la normatividad universitaria
en todas aquellas acciones que afectan la vida de profesores, trabajadores y
alumnos. Una sucia acción que le ha hecho ver la necesidad de la solidaridad
entre los profesores, pues ni sindicatos ni instancias huecas como la
Defensoría de los Derechos Universitarios acuden en su defensa cuando se los
requiere; pero sobre todo que le hizo notar la urgencia por recuperar la
dignidad de los profesores, sobre todo la de los de menor categoría, pues si
eso son capaces de hacerle a un profesor de carrera, con una sólida formación
como economista y abogado, ¿qué no harán contra uno de asignatura?
Conviene recordar que ante este agravio el
doctor Muñoz Morales sigue un juicio no contra la Universidad, sino contra unos
bribones que, tratando de escudarse tras el nombre de nuestra Máxima Casa de
Estudios, justifican sus tropelías con expresiones farisaicas como “Tiene
demandada a la Universidad”, “Inició un juicio contra la UNAM”, etc. Hasta un
mal estudiante de bachillerato sabe que éste es un recurso retórico y falaz en
el que se emplea un tropo llamado sinécdoque.
Para concluir, quien sea el director del
plantel poco podrá hacer si no cuenta con la colaboración de la comunidad para
recuperar su convivencia armónica, para elevar el egreso y la calidad de la
enseñanza, para procurar mejores oportunidades de trabajo a los profesores de
asignatura, y para hacer funcionar espacios hoy desaprovechados debido a la
fosilización de quienes los administran.
Para ello hay necesidad, entre otros muchos
puntos, de impulsar el funcionamiento de las academias, recuperar su autonomía
y devolverlas al servicio de los profesores, ya que hoy permanecen aletargadas
por los grupos que las pusieron a la disposición de las autoridades o las
transformaron en escalones para trepar. Hay que plantear una agenda con
actividades culturales, académicas e intelectuales que recuperen y eleven el
nivel de participación de profesores y alumnos. Hay que reanimar la
participación de los profesores jóvenes o nuevos, que viven en una sumisión
medrosa, pues ingresaron con la advertencia de que para tener grupos o un buen
horario, no hay que criticar nada ni mucho menos juntarse con esos locos o
rebeldes como el que firma esta columna. De verdad, tengo una colección de
advertencias a profesores jóvenes en contra de mi persona. Pero guardo también
palabras de aliento, como la de esa joven profesora que el pasado miércoles,
cuando entregaba una carta en la dirección general y escuchó mi nombre, de
inmediato me dio la mano para saludarme y exclamó: “¡Qué emoción, yo lo
conozco, leo sus artículos!” A ella dedico esta columna.
HOMENAJE A JOSÉ REVUELTAS
Ahora sí, aquí están las fechas, horarios,
responsables y temas para celebrar el primer centenario del nacimiento del
autor de Los muros de agua. Martes 8
de abril, 11:00 horas: “Literatura y política en la obra de José Revueltas. Un
proletariado sin cabeza”, profesor Ramón Cortés Coronel; “Una inspiración
nacida en cárceles y crujías”, profesora Guillermina Saavedra Palma; “¿Qué
representan Los días terrenales en la
obra de Revueltas?”, profesor Roberto Zárate Córdova. Miércoles 9 de abril,
11:00: “Presencia de la Coatlicue en la novela El apando”, profesor José Alfredo Hernández Maqueda; “Cómo
bautizamos la Sala José Revueltas. Cómo era el CCH y cómo éramos en los 70”,
profesor Noé Agudo.