martes, 16 de octubre de 2018

VINDICACIÓN DEL CORRECTOR


NAUFRAGIOS

Vindicación del corrector
NOÉ AGUDO (16/X/2018)


Nadie como él conocía la fatalidad de una errata en las primeras páginas para la lectura y el libro: una letra cambiada, la ausencia de alguna o la duplicación de otra, despertaba las alarmas y la lectura se volvía una actividad bajo sospecha. Pocos como él advertían el silencioso pero contundente rechazo que al lector avezado provocaba la frase hecha, el lugar común, la expresión trillada o el ripio canceroso, y con un leve ademán de asentimiento bajaba la cabeza y sonreía si el lector retiraba el libro, casi con repugnancia, al descubrir un error ortográfico, la ausencia de sintaxis, la puntuación arbitraria o el uso de términos equívocos e imprecisos.
                Él, que a los diez años apenas podía comunicarse en su deficiente español, que era zaherido y remedado a esa edad por su curiosa forma de expresarse. No olvida el día que la profesora lo envió a recoger una bolsa con hielos para los refrescos. “Ayuda a la maestra Aurora”, le dijo, “llegará al estacionamiento”. Fue corriendo y regresó más rápido aún. Todos lo miraron expectantes cuando abrió la puerta y agitaron sus vasos de cartón en señal de que urgían los hielos. “¿Y, qué pasó?”, preguntó la maestra. “Falta llega”, respondió en voz alta, con inocencia. Los alumnos lo miraron, observaron a la maestra, lo volvieron a mirar y soltaron una estruendosa carcajada.   Atónito, él se quedó inmóvil en la puerta. “Se dice aún no llega o todavía no ha llegado”, lo corrigió amable la maestra. “Ve y espérala, no tarda en llegar”. Regresó y se preguntó por qué su respuesta había causado tanta risa, si así decían y se comunicaban con singular eficacia en su hogar.
                 Tomó muy en serio los estudios. Advirtió que la única forma de hablar y escribir correctamente era leer muchos libros, y preferentemente buenos. Identificaba estos porque desde las primeras páginas le  obsequiaban nuevas palabras para enriquecer su vocabulario; porque su lectura lo introducía en un silencioso ritmo cuyo vaivén lo mecía y lo hacía adquirir una velocidad con la que ya no podía parar de leer; los buenos libros eran aquellos que, como un sagaz salteador, le arrojaban de tanto en tanto por el camino enunciados perfectos en forma de adagios, máximas, sentencias y aforismos: concentrados de sabiduría que brotaban espontáneamente de la narración. Al principio le ayudaron a identificar los buenos textos, luego disfrutaba con calma los enunciados, los leía varias veces, meditaba en lo que decían, después los subrayó y terminó copiándolos en un cuaderno. Llenó varios de estos.
                Le recomendaron estudiar letras, pero él prefirió algo relacionado con ellas, no asumirlas como disciplina central. Quería preservar su lirismo, que él entendía como un cantante con buena voz no porque estudiara canto o aprendiera a modular su voz, sino como una cualidad natural que poseía naturalmente. Así fue como derivó al periodismo. Se vio investigando archivos, hablando con mucha gente, entrevistando personajes, acudiendo a los lugares más inverosímiles para escribir reportajes reveladores, crónicas indelebles o entrevistas que mostraban aspectos desconocidos de los personajes. Pero por su responsabilidad, constancia y empleo cuidadoso del idioma sus patrones lo sentaron a un escritorio y lo hicieron coordinador.
                Su relación con las letras se redujo a la supervisión y corrección de los textos; su tarea como coordinador lo llevó a viajes, comidas, fiestas, mujeres, cocteles, actividades todas donde dilapidó salud, juventud, dinero y talento. Olvidó sus sueños de escritor o gran periodista. Un día se vio viejo, cansado y pobre. Sobrevivía corrigiendo textos, pero hasta ese empleo perdió cuando sus conocidos desaparecieron. Sus trabajos eran perfectos: dejaba los textos transparentes, pulidos y precisos como los huesos que pacientemente roía su perro. Vivía con la única hija que pudo conservar después del naufragio matrimonial y la pérdida de los bienes que un terremoto destruyó. Pudo rescatar algunos libreros, donde colocó los volúmenes más queridos que fue posible salvar. Un día su hija le advirtió.
ꟷPapá, tienes que deshacerte de esos libreros. Necesitamos más espacio y tú ves lo reducido que es el departamento. Mi marido te aprecia, pero ya no tenemos espacio. Digo, a menos que te quieras ir a otra parte. Yo te ayudaré, aún conservas tu casa en provincia.
Aspiró profundamente. Miró sus hermosos libros. Comprendió que el fuego cruel y violento que arrasaba el mundo era consecuencia de la pérdida y perversión del lenguaje. Sin lenguaje no hay ideas, sin ideas no hay pensamientos, sin pensamientos no existen las emociones, sin emociones no hay sentimientos. Sólo queda el instinto ciego y rapaz de la sobrevivencia.
Bien se dijo, viviré solo, moriré de hambre de ser necesario, pero siempre rodeado de mis libros, de mis indispensables libros.
Y empezó a colocarlos uno a uno, amorosamente, en una caja de cartón.


Cunde patraña a lo Maduro
Tal como el dictadorzuelo que agobia al pueblo venezolano, que se inventó un atentado para tratar de atenuar el repudio en su contra por parte de la población, y culpar del pretendido intento de asesinato a, entre otros países, México, Colombia y, por supuesto, los Estados Unidos, los integrantes de la asamblea interuniversitaria del plantel Naucalpan inventaron la patraña de que su vocera había sido agredida por parte de unos desconocidos que, supuestamente, el sábado 13 de  octubre, cerca de las 18:30 horas y en los alrededores de la estación Cuatro Caminos del Metro, descendieron de un automóvil, la amenazaron y apuñalaron, no sin antes advertirle que era la primera y que después “vamos por el que sigue”.
Ni los hospitales, ni los ministerios públicos, ni los vecinos o peatones ni mucho menos las cámaras de seguridad del C4 registran ningún incidente de este tipo en la zona, ni existe denuncia o el ingreso de alguien con esas características a algún hospital el día señalado, y ni siquiera los que crearon el infundio han podido proporcionar el nombre de la inexistente vocera, porque saben que, de hacerlo, esto los desnudaría cual burdos y torpes farsantes pues la UNAM cuenta con el registro de todos sus verdaderos estudiantes.
La última noticia al respecto es la que publica hoy el diario Reforma, que difunde la fotografía de una herida que muy bien puede ser un montaje o tomada de internet. Si la UNAM indaga afanosamente el nombre de la alumna no es para perjudicarla, sino para apoyarla y lograr dar con quienes la agredieron, si de verdad la agresión existió. Pero resulta francamente inverosímil que sus compañeros, padres y abogado se nieguen a proporcionar su nombre “por motivos de seguridad”, y le permitan salir a declarar que se trata de una “cortina de humo para dañar el movimiento”. Huele a embuste.
                ¿Quién desearía asesinar a un individuo repugnante y despreciable como Nicolás Maduro, si el único peligro que representa es para el pobre pueblo venezolano, al cual ha condenado a la miseria, a la hambruna y a la represión? Digo, muchos venezolanos estarían felices con su desaparición, pero esto es algo que compete exclusivamente a ellos, y seguramente en algún momento lo depondrán, incluso con las armas de la insurrección, pero a ningún país le gustaría hacer un mártir a una persona tan vulgar y primitiva como el heredero de Hugo Chávez.
                Respecto a la agresión a la supuesta “vocera”, ¿quién desearía atacarla? ¿Qué autoridad puede ver un riesgo en un grupo de jóvenes manipulados, que a falta de encontrar eco a sus torpes demandas, actúan con prepotencia y franca insolencia? La necedad con que exigieron que el propio rector recibiera su pliego petitorio, su amenaza y chantaje de que no dejarían salir a ningún empleado de la torre de la Rectoría hasta que no se presentara el doctor Enrique Graue, a quien hicieron regresar del aeropuerto a pesar de que acudía a una reunión de trabajo en Monterrey, han sido los únicos actos represivos que hasta ahora hemos visto, y fueron ampliamente condenados por la opinión pública. ¿Así esperan que uno crea que las autoridades federales, estatales, municipales y universitarias se unieron para reprimirlos? ¿En qué cabeza caben semejantes infundios? Por supuesto que la agresión es falsa, es sólo un invento, y debería darles vergüenza manchar así la imagen de una  juventud que en otras épocas forjó un signo distinto de lucha: esa que sabe actuar con coraje e inteligencia, pero también con honestidad y nobleza.
                Que unos jóvenes perviertan así sus ideales no sorprende en un país donde han sucedido tantos horrores, lo que sí sorprende es la desfachatez de quienes los manipulan y pretenden crear un conflicto en la UNAM a cualquier precio y de cualquier modo. ¿Qué desean, qué buscan, de qué tamaño es su ambición? Es evidente que buscan la desestabilización, y con ello lograr su ambición de encaramarse a los puestos directivos. Así lo demostró el conflicto iniciado en el plantel Azcapotzalco hace unas semanas, y así lo exhibe hoy la imputación inmediata que hacen a las autoridades universitarias, entre ellas al director del plantel Naucalpan y al director general del CCH, de un hecho inventado con el cual buscan desesperadamente atizar el fuego.
                Son tan torpes y ambiciosos que no pueden ocultar sus propósitos y actúan cada vez con mayor descaro. A falta de conflictos reales qué reclamar no dudan en inventarlos, y manipulan y pagan para generar la inestabilidad. Olvidan que viven gracias al CCH y a la Universidad, que gracias a los puestos que ocuparon,  y aún ocupan algunos, tienen recursos para vivir holgadamente, aunque no lo merezcan, pues sólo causaron desastres a su paso y los siguen causando. En lugar de investigar, crear y retribuir con aportaciones científicas y académicas a una institución que tanto los benefició allí colocaron y favorecieron a sus familias, allí aún trabajan sus hijos, sobrinos y demás familiares, estudian sus nietos y siguen cobrando buenas sumas gracias a las categorías que como docentes se lograron adjudicar, en lugar de eso juegan al golpismo y desean permanecer por siempre en los puestos directivos. Esto es lo que buscan, por eso sus acciones descabelladas.
Deberían recordar y reconocer los privilegios que disfrutan, porque hoy profesores y estudiantes, padres de familia, medios de comunicación, la opinión pública en general (y seguramente también las más altas autoridades universitarias), sabemos quiénes son, cómo actúan y los mezquinos propósitos que buscan. Deberían recordarlo… Porque las patrañas a lo Maduro ya no tienen futuro.

                 




sábado, 6 de octubre de 2018

EL PUMA EN SU LABERINTO


El puma en su laberinto
NOÉ AGUDO (12/IX/2018)

Asaeteado sin piedad por la turba infame, el felino se revuelve iracundo en el foso. Sabe que si levanta sus poderosas garras, más piedras y palos lloverán sobre su cuerpo. Sabe que si permanece inmóvil, los más cobardes lo incitarán a que manifieste su furia, arrojándole tierra, lodo, basura, fragmentos de sevicia y vileza, que sólo pueden comprenderse debido al pavor que le tienen. Lanza un gruñido estruendoso y camina lentamente hacia uno de los extremos del foso. Algunos, los que más incitan a la muchedumbre, reculan. Aunque está allí abajo, a cuatro metros de profundidad, lo creen dueño de poderes extraordinarios. Piensan que si se lo propone puede tomar impulso y salvar el foso hasta alcanzar la libertad. Creen que en algún momento levantará la cabeza, los mirará con sus ojos ámbar ígneo y quienes los vean caerán adormecidos, como aquellos cazadores que han intentado matarlo en las montañas.  
            “¡Acabemos de una vez con él!”, grita uno. “¡Debemos matarlo antes de que se escape!”, urge otro. “¡Sí, matémoslo ya!”, corea la mayoría, y algunos han acercado piedras, otros han traído palos con puntas afiladas y hasta mujeres y niños se aprestan a arrojar su aportación de odio. Una mirada de desprecio, un gruñido estremecedor y unos pasos lentos para mostrar la majestuosidad de su caminar son la respuesta del felino, que de paso exhibe sus magníficos colmillos.
            Lleva allí varios días, casi una semana, y ni la sed ni el hambre han logrado amansarlo. Quienes instigan a la multitud creen que, debilitándolo, lograrán domesticarlo y hacer de él una diversión, un juego; por eso no desean matarlo. Además, piensan que si lo tienen a su lado les transferirá parte de su poder. No es una decisión sencilla acabar con él. Lo mejor es domesticarlo, hacerlo su mascota. Muerto sólo servirá su piel y, maltratada como está, ni siquiera pagaría una porción de los numerosos trabajos que tomó llevarlo ahí. Por eso incitan a la turba, pero la controlan también, porque no pueden mostrar sus verdaderas intenciones.   
            El noble felino advierte esta situación, ya la ha vivido antes y sabe que parte de la población también la conoce. Por eso intuye que lo mejor es resistir, soportar mientras la mayoría, que ha permanecido ajena y ni siquiera se ha acercado al foso, decide intervenir. Después de todo es el rey de la montaña, la gente lo venera y, aunque algunas veces  individuos ambiciosos y ruines azuzan a la masa contra él, sólo lo logran por un breve tiempo. Como ahora. Se ha echado y recogido junto al muro, con lo que protege uno de sus flancos. Mira indiferente el piso de tierra y sabe que su tarea es resistir, resistir y resistir.

¿Prenderá el “movimiento”?

Mi modesto pronóstico es que no. No hay demandas que ameriten ni siquiera mantener el paro, así que mucho menos podrán involucrar otras escuelas en la aventura. Tanto el rector de la UNAM como el director general del CCH han mostrado su disposición a resolver las peticiones estudiantiles que les competen, y colaborar en aquellas donde deben intervenir las autoridades de la ciudad, como la seguridad, por ejemplo. Han reiterado cuantas veces ha sido necesario su empeño en castigar a quienes golpearon a los manifestantes el pasado 3 de septiembre, e investigar y proceder contra quienes los contrataron y pagaron para propinar la golpiza, pues es obvio que son quienes desean magnificar el  conflicto y lograr así sus propósitos. ¿Cuáles son estos?
            Son internos y externos. Los primeros los representan aquellos que desean colocar a sus allegados o llegar ellos mismos a los puestos de dirección; estos son quienes han esgrimido la inaudita propuesta de exigir la renuncia del rector y del director general del CCH. A falta de razones y argumentos, inventan calumnias, bajezas sin límite y propuestas alucinadas, como la de transformar la Ley Orgánica de la UNAM. Algunos profesores ingenuos (por decirlo con suavidad) hacen eco de estas demandas pues ven la posibilidad de “transformar de fondo” a la Universidad.
Los segundos son los que, ante un problema focalizado, se propusieron extenderlo y acrecentarlo y para ello enviaron a los porros. Estos van por más, desean quedarse con la UNAM en su conjunto, más lo que puedan lograr mediante el chantaje. Saben que acaparar la Universidad es como gobernar uno de los estados más grandes y ricos de la República, con el agregado de contar con una enorme caja de resonancia para generarle conflictos al nuevo gobierno. Son los que perdieron en las pasadas elecciones y siempre han hecho de las universidades públicas su trinchera. Los nombres salen sobrando.   
              Hoy mismo leo en la sección de cartas de un periódico muy atendido por la comunidad universitaria, el desmentido de una funcionaria del CCH y la insistencia del reportero en involucrar al director general con los grupos porriles. “Multitud de estudiantes del plantel Naucalpan” lo aseguran: “Pasaban lista y cobraban derecho de piso frente a la dirección” dice Luis Hernández Navarro, reportero de La Jornada. ¿Por qué esa “multitud” no presenta una fotografía o cualquier otra evidencia que compruebe su dicho?
            Porque no hay tal. Lo que sí sabemos es que el doctor Barajas Sánchez, al igual que  los otros directores de los planteles del CCH, le correspondió lidiar por varios años con este problema y pudo salir airoso. No soy ni he sido profesor del plantel Naucalpan, pero me consta la labor académica, editorial y de apoyo a las actividades culturales que Benjamín Barajas realizó en ese plantel cuando lo dirigió. En coedición con la Academia Mexicana de la Lengua, inició allí una colección que da gusto y satisfacción ver y leer, pues aborda temas tan indispensables para los jóvenes como la filosofía, literatura, ciencia e historia, de la mano de autores consagrados como Mauricio Beuchot, Adolfo Castañón, Ruy Pérez Tamayo, Felipe Garrido y Javier Garciadiego, por mencionar algunos.
De verdad, son libros cuya belleza, diseño, contenido y utilidad para los alumnos de bachillerato son realmente adecuados; se equiparan a las mejores colecciones del Fondo de Cultura Económica o de la Dirección General de Publicaciones del antes Conaculta. Y lo mismo lo vi apoyar la edición de revistas, fueran de alumnos o profesores. ¿Un académico con semejantes méritos editoriales ligado a los porros? Sugerirlo simplemente representa una vileza. Espero que esta labor la continúe en la dirección general del CCH, donde lleva sólo algunos meses, y que no lo acosen más los problemas relacionados con los porros, azuzados por quienes desearían deponerlo para ocupar su lugar.


El fin de los tlaconetes
Tlaconete, babosa y caracol son términos cuyo significado se confunde en México porque son usados como sinónimo. Originalmente tlaconete (nahua) significa “Hijo de la tierra” o “caracol de tierra”, pero en ciertas regiones del país se denomina así a una variedad de salamandra que, para desplazarse, usa sus cuatro patas; el caracol y la babosa, en cambio, no tienen patas y emplean su cuerpo para avanzar; la diferencia entre estos dos es que el caracol tiene caparazón y la babosa no.
Características compartidas por los tres son la viscosidad de su cuerpo y la necesidad de lugares húmedos y oscuros para vivir. El caracol y la salamandra viven entre las hojas,  esta última se halla en extinción porque su hábitat se reduce cada vez más. Son personajes de las sombras. La luz solar simplemente acaba con las babosas, al igual que una pizca de sal; se retuercen, se deshacen y evaporan como fantasmas si se les arroja un puñadito de sal. Por eso viven en las cañerías.
En el “Arte de injuriar”, ensayo incluido en el volumen Historia de la eternidad, Jorge Luis Borges refiere la palabra perro como el único epíteto animal. A mí no me gusta emplearla por la simpatía que guardo hacia los peluditos y porque me parece una falta de respeto comparar la nobleza del can con lo más deleznable del ser humano. En este tema prefiero a Octavio Paz, quien para denostar o justipreciar a sus adversarios o amigos (léase como ejemplo la descripción que hace de José Luis Cuevas, en In/Mediaciones) les adjudicaba con exactitud ciertos rasgos animales.
Comparar a los tlaconetes con los individuos que actúan en las sombras me parece un símil perfecto: viscosos, repugnantes, dañinos e hipócritas; revisten su comportamiento de honorabilidad, honestidad y rectitud, pero en realidad son protervos, viles y falsos. Gustan de usar a otros para lograr sus fines. Su exposición a la luz, la exhibición de su actuación agazapada y despojarlos de su falsa caparazón les resulta letal. La información es para ellos como la sal para sus congéneres de las cañerías. En varios ámbitos proliferan los tlaconetes, pero muy especialmente en el político y el académico. Empero, gracias a los medios de información, y a que el poder ya no se concentra en la punta de la pirámide, la sobrevivencia de los tlaconetes se hace cada vez más difícil. Seguramente esta especie se extinguirá antes que las salamandras.
Vivimos en un país diferente al de hace algunas décadas (por aquellos que desean revivir el 68). Hoy existe una preocupación verdadera, si bien no siempre eficaz, por brindar seguridad a la población en general y a los estudiantes en particular. No hay ningún afán por reprimirlos, ni de parte de las autoridades del gobierno federal, ni de la Ciudad de México ni mucho menos de las universitarias. Por otra parte, están las redes sociales y los medios de información que observan y reportan los hechos; existen organismos como las ONG, la CNDH y CDHDF que intervienen ante los abusos; en la misma Universidad se cuenta con una Defensoría de los Derechos Universitarios. Insuficiente aún, pero ahora existe división de poderes y una competencia partidaria que impide o atenúa los actos arbitrarios de cualquier autoridad.
Este último punto es de suma importancia pues son las organizaciones políticas las que crearon inicialmente a los porros. A ellas les exigimos: ya es tiempo de que desarticulen esos grupos. ¿O no han obtenido sus triunfos gracias a la democracia? Pues en democracia se actúa dando la cara, con valor civil y sin valerse de terceros.
Así que ya no se vale actuar en lo oscurito y manipular subrepticiamente un movimiento. Hoy la protesta estudiantil no solamente es tolerada sino atendida, y si sus demandas son justas y necesarias seguramente se resolverán a su favor. Como lo demostró ayer el rector, que aprobó los nueve puntos del pliego petitorio presentado por los alumnos del CCH Azcapotzalco. Con su juventud y talento los estudiantes pueden contribuir a lograr mejores condiciones de estudio. Exigir grupos con un número razonable de alumnos, por ejemplo, me parece una demanda necesaria y hasta pedagógicamente pertinente. Que todos cuenten con profesores desde el primero hasta el último día de clases, también. Pero para eso se requiere que las puertas de las escuelas y las aulas estén abiertas.
No hay por qué prolongar el paro. Hacerlo sería caer en el juego de quienes buscan sólo sus mezquinos intereses. Punto medular de la solución es desenmascarar a los manipuladores, quienes actúan en la sombra y no les importa perjudicar a quien sea. Incluido lo más indispensable para el desarrollo de un país en general y para mejorar la vida de las personas en particular: la educación.
La solución es simple: exhibir a los manipuladores a la luz pública. Como a los tlaconetes.    
           


 


viernes, 29 de junio de 2018

LA HORA DE LOS CIEGOS


La hora de los ciegos
NOÉ AGUDO
El domingo primero de julio votaremos no por el cambio de autoridades para un sexenio, sino seguramente por el cambio de país. Y más de alguno exclamará gustoso: ¡Pues eso es lo que queremos, López Obrador nos llevará a ese cambio! Y es verdad, nos llevará a un gran cambio, sólo que no el que sus seguidores imaginan ni como lo desean.
            Es una ironía reconocer que por primera vez, cuando los mexicanos tendríamos la posibilidad de decidir un mejor destino como nación, volvemos a caer en la demagogia y la simulación, sólo para permitir que un obsesionado por el poder arribe a la presidencia y destruya con sus políticas lo que con tanto esfuerzo se ha construido. Lleva apareciendo en las boletas electorales al menos durante los últimos treinta años: dos veces para gobernador de Tabasco (1988 y 1994), una para jefe de gobierno del Distrito Federal (2000), y tres para presidente de la nación: 2006, 2012 y 2018.
            Precisamente la indefinición que caracteriza su propuesta actual de gobierno da cuenta de su ambición. Ha dicho lo que conviene decir ante cada público sin definirse por nada. El objetivo es lograr el poder, ya después aplicará lo que su limitadísima visión considera gobernar “para el pueblo”: concentración del poder, políticas económicas estatizadoras, programas asistenciales, cerrar las fronteras comerciales, cancelar la competencia empresarial, “lograr” la autosuficiencia alimentaria y energética, derogar las reformas que modernizarían al país, impedir la autonomía de instituciones que permitan por fin la existencia de un Estado de derecho. Etcétera.
            Pensar que por despotricar contra quienes difieren de él, por prometer acciones contradictorias, irrealizables o francamente criminales, lo hace una opción de izquierda (y radical, según él mismo), es estar completamente ciego y creer que en política existen los milagros. Olvidarse de su promesa más importante de campaña, acabar con la corrupción, es buen ejemplo de este “radicalismo”. Si ha olvidado su “varita mágica” con la que pretende solucionar todos los problemas del país, es evidencia de lo que realmente quiere, llegar al poder, y también signo de que no tiene ninguna propuesta seria de gobierno.
Basta revisar a quienes integran ese amasijo de oportunismo, ambiciones y criminalidad que es Morena para saber lo que nos espera. Entre algunos designados para cargos de representación popular están Layda Sansores, el yerno y nieto de Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia, Rigoberto Salgado, Félix Salgado Macedonio, Fausto Vallejo y su hijo, Cuauhtémoc Blanco, Gerardo Fernández Noroña, José Manuel Mireles, René Bejarano y Nestora Salgado, entre otros. Y su lista de colaboradores no es diferente: Manuel Espino, Manuel Bartlet, Alberto Anaya, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal y Dolores Padierna, por señalar algunos.
Sus fanáticos saltan de inmediato para decir que José Antonio Meade o Ricardo Anaya  y sus partidos son iguales, y tal vez tengan razón pero yo voy más allá: la clase política en general es nefasta, voraz y corrupta. Esa ha sido nuestra desgracia desde la época colonial si no es que desde la prehispánica. Pero tener una clase política preparada, honesta y con ética cívica no es cuestión de que un individuo como López Obrador llegue a la presidencia. En todo caso, Meade y Ricardo Anaya representan más firmemente esa posibilidad, porque reconocen la necesidad de contar con los mecanismos para combatir eficazmente la corrupción. No se trata de personas, como el aldeano caudillo piensa, sino de instituciones, de una auténtica división de poderes, de la aplicación de la ley, de organismos fiscalizadores autónomos, de rendición de cuentas, de transparencia, de la existencia de una vigorosa sociedad civil, de verdadera lucha partidaria, de que haya medios de información independientes. A todas estas medidas López Obrador se opone pues no le gustan ni las tolera. No creo que quiera hacer de México una Cuba o Venezuela; los dictadorzuelos de ambos países declararon explícitamente la construcción del socialismo y él ni siquiera conoce lo que eso significa. Pero con sus políticas nos llevará a ser como Cuba, Venezuela o Nicaragua.
Esto es lo que no comprenden sus panegiristas, o lo comprenden y hacen como que no pasa nada, y por eso no les repugna que Morena sea un amasijo de oportunistas, corruptos, tránsfugas y criminales. Estoy harto de Peña Nieto, exclaman con odio, y ahora prefiero que otro me robe. Pues allá ellos.
Los embaucados que votarán por él son otra cosa. Después de todo, las multitudes siempre han sido engañadas por demagogos y dictadores como Benito Mussolini y Adolfo Hitler. Y así les ha ido. La historia de la humanidad está plagada de ejemplos en los que otorgar el poder a un solo individuo o partido siempre acaba mal. El hartazgo ante una situación que lleva a decidirse por opciones peores siempre ha sido suicida. Es lo que los más fanatizados han dicho: me han robado tanto los mismos, que ahora he decidido que otro lo haga.     
Por eso estas elecciones, las más importantes de la historia, será la hora de los ciegos. Los responsables de que México retroceda de donde con dificultades empezaba a salir, serán aquellos que, sabiendo bien a dónde AMLO conducirá el país, se empeñan en apoyarlo. Por eso el 01 de julio será la hora de los ciegos.

ASÍ SALUDÉ EN FACEBOOK LA DESIGNACIÓN DEL NUEVO DIRECTOR GENERAL
Pues la Junta de Gobierno de la UNAM cumplió bien su papel. No ratificó para un segundo período a ese fraude académico y pésimo funcionario que resultó ser Jesús Salinas Herrera. Tenemos nuevo director general y con ello la UNAM demuestra que sabe emplear bien sus reservas. Culminamos así una etapa registrada paso a paso en mi blog, DÍAS SIN SOSIEGO, que inició justamente hace cuatro años con un texto que titulé “La Primavera del CCH” y que cerró su ciclo este domingo (4 de marzo) con otro titulado “Los Desfiguros de la Ambición” (el nuevo director general fue designado el martes 6 de marzo y tomó posesión el miércoles 7). Los dedico a quienes gustan hablar de coherencia y congruencia.
 
NO ESTABA MUERTO NI ANDABA DE PARRANDA
La lucha por la sobrevivencia y el empeño por concluir una novelita (muy en la línea de Piedra infernal, de Lowry) me impedían hacer mis envíos. Pero, estoy de regreso.

NO SIRVE DE MUCHO, PERO LO REITERO
No pertenezco a ningún partido político ni perteneceré. Alguna vez, por admiración a Heberto Castillo, milité fugazmente en el Partido Mexicano de los Trabajadores. Pronto me di cuenta que yo no servía para eso. Creo en las personas, no en los grupos, mafias ni partidos.



lunes, 18 de junio de 2018

¿QUIERES ESCRIBIR BIEN?


¿Quieres escribir bien?

Ningún otro libro me ha servido tanto en estos días, sobre todo para la exposición de los distintos tipos de argumentos, como el de De la sabiduría egoísta, de Francis Bacon, en realidad una bien selecta colección de ensayos que la editorial Taurus hizo de un libro mayor, los Ensayos, del gran filósofo y diplomático inglés. Como es sabido, Michel de Montaigne da a conocer sus hermosas reflexiones en 1580, y diez años después Bacon ofrece las suyas. Lo que significa que no sólo leyó los escritos del humanista francés, sino que los asimiló y mejoró; esto último en cuanto al rigor expositivo, la precisión del lenguaje y el empleo de citas de autores griegos y latinos (argumentos de autoridad); si Montaigne los usa como motivo inspirador, Bacon los emplea para subrayar la validez de sus razonamientos, no por nada es el padre del empirismo.
            Ambos autores se siguen leyendo en nuestros días, y ser su lector es signo de cultura, refinamiento y buen gusto. Al lado de Erasmo de Rotterdam, Shakespeare y Cervantes, uno disfruta lo mejor y más alto del espíritu renacentista plasmado en la palabra. El tono preceptivo de pasajes como las recomendaciones que don Quijote hace a Sancho cuando se dispone a partir para gobernar su ínsula Barataria; los consejos que Polonio obsequia a Laertes, su hijo, cuando va a emprender un viaje al continente, y la pedagogía del hombre justo, contenido y sabio que permea el Elogio de la locura, son manifestaciones del ethos renacentista, y es lo que destilan también los ensayos de Bacon y Montaigne.
            Yo los aprovecho en un aspecto menos evidente pero más indispensable para mi oficio como redactor de textos: ningún planteamiento de ningún tema se dificulta, por muy complejo que sea, si uno sigue el método de Bacon. Quizás por eso el periodismo inglés ha sido un modelo de precisión y equilibrio. Es sabido que el artículo periodístico es una derivación del ensayo, y los ensayistas ingleses crearon el terreno más fértil para hacer del artículo una pieza sobresaliente en ese idioma: Samuel Pepys, Jonathan Swift, Joseph Addison, Charles Lamb, Samuel Johnson, Thomas de Quincey, Gilbert K. Chesterton y Oscar Wilde, por mencionar algunos.  
            Así como la lectura nos hace completos y la conversación nos prepara para actuar en la vida social, así escribir nos hace precisos, dice Bacon refiriéndose a los estudios. Sólo belleza y sabiduría. ¿Quieres escribir un buen texto? Lee a Bacon y a Montaigne.     

viernes, 8 de junio de 2018

KAFKA EN LA UNAM


Kafka en la UNAM
NOÉ AGUDO

Este artículo no se refiere a los estudios ni a la obra de Franz Kafka, presentes en casi todas las aulas y bibliotecas de los distintos campus universitarios. Plantea, en cambio, cómo ese mundo  absurdo, angustioso y de pesadilla que describen las principales obras del autor checoslovaco, campea orondo e impune en casi todos los espacios universitarios, y quienes lo padecen son generalmente los profesores más indefensos.

El proceso. “Alguien debía de haber calumniado a Josef K., porque, sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana…”
Uno es citado cualquier día para ser informado que debe acudir a la oficina jurídica de su plantel, porque le han iniciado una investigación administrativa. Cuando uno acude se entera que la investigación es por “acoso sexual”. No están presentes quienes denuncian, sólo un expediente donde aparecen mensajes telefónicos, casi todos con palabras soeces, acompañados con la fotografía del acusado. El abogado recomienda negar todo y así se hace. El jefe de la oficina jurídica da un plazo, digamos una semana, al término del cual comunica al profesor que ha sido cesado. Así inicia el laberinto kafkiano.
            El profesor cesado no ha tenido oportunidad de presentar pruebas de su inocencia. Por ejemplo su teléfono celular, para demostrar que de tan modesto y obsoleto aparato no se pueden enviar mensajes de texto, ni mucho menos fotografías como las que acompañan los mensajes. Tampoco ha podido conocer quién es el nombre verdadero de una denunciante (que sólo figura como “Melisa la eriza”), ni mucho menos informar en su descargo que días antes de que la acusación apareciera, varios profesores lo alertaron de que algo se preparaba en su contra y otros más, con cierta animosidad, ya lo festejaban. También mostrar algunos mensajes que llegaron a su modesto celular (estos sí, con número) para tratar de involucrarlo en propuestas de tipo sexual. Asimismo, preguntar por qué en los presuntos mensajes no aparece su número telefónico, por qué en otros ha sido borrado el nombre del (la) interlocutor(a), y hacer notar cómo en una página del expediente se desliza el nombre de quien realmente lo elaboró. Sólo se entera que ha sido cesado, antes de iniciar cualquier investigación.
            El profesor decide acudir ante la autoridad laboral pues no se le ha comprobado ningún cargo, sólo existe una acusación mal elaborada y con muchas falsedades que un verdadero juez no validaría, aunque al director de su plantel le bastó para cesarlo. El abogado de su sindicato  le explica que su caso debe pasar antes por una instancia que la UNAM tiene para resolver estos conflictos. Se llama comisión Mixta de Conciliación y Resolución; le hace ver las graves fallas de la acusación y lo burdo del montaje. Por eso está seguro que en esa instancia se resolverá y no pasará de una leve amonestación. Por un error mayúsculo en la redacción del oficio en el que se le comunicó el cese, los abogados del plantel acuden a la casa del profesor para que firme otro documento y le dicen lo mismo: en la Comisión Mixta su caso se resolverá sin pasar a mayores.

La metamorfosis: “Cuando, una mañana, Gregorio Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró en su cama convertido en un monstruoso bicho…”
La instalación del profesor en el mundo de pesadilla kafkiano es el único hecho verdadero: se  le ha castigado sin ninguna investigación de por medio; se le ha castigado sin haber recibido condena; se le ha castigado sin permitirle aportar prueba alguna de su inocencia; la parte que integró la acusación y armó el expediente lo ha cesado, asumiendo el papel de juez y verdugo. El profesor se ha quedado sin trabajo, sin sueldo, sin seguridad social y sin posibilidad de  impartir cursos y realizar otras tareas académicas tendientes a su promoción. ¿Cómo sobrevive ese monstruoso bicho en que lo han convertido: cesado, proscrito, apestado y condenado a seguir un proceso interminable?
Tres meses después de recibir el castigo, del cual aún no conoce ni recibe sentencia, el profesor es citado a la primera audiencia en la mencionada Comisión Mixta. El abogado del plantel, protervo y con sonrisa burlona, adelanta que la audiencia seguramente se diferirá, porque todo quedará en una amonestación y el profesor podrá ser reinstalado, aunque no en el mismo plantel. Pide unos minutos para confirmar, pero, cuando regresa, recula y dice que la audiencia sí se efectuará. “De allá arriba” (señala vagamente hacia el cielo) le han indicado que “todo debe continuar y que no hay arreglo”. Y así sucede, la audiencia se realiza y cada parte reitera sus dichos. Los integrantes de la Comisión Mixta escuchan atentos, toman nota y al final hacen firmar a las partes los mismos alegatos expresados durante la audiencia. Los abogados del profesor le piden esperar. “Conocer el dictamen de la Comisión Mixta llevará alrededor de sesenta días”, señalan.

El castillo: “… le dejaban deslizarse por todas partes, eso sí, sin abandonar el pueblo, y, mediante esa táctica, le minaban y le debilitaban, evitando toda lucha y situándole en una vida extraña, extraoficial, completamente opaca y turbia…”
Pero no se ha llevado sesenta días, sino años. Primero él llamaba y le decían que aún no había dictamen, que los miembros de la Comisión tenían mucho trabajo, que había otros casos con dos, tres, cinco y más años de espera. Que no debía desesperar. Los abogados lo reconfortaban explicándole que “sus derechos seguían vigentes”. Desesperado, el profesor envió cartas a los abogados, a quien preside la Comisión, a sus integrantes, haciéndoles ver los graves daños de salud, económicos, psicológicos y laborales que provocaba su dilación. No sólo a él, sino a su familia. Pero nadie responde, nadie se hace responsable, el laberinto interminable de El castillo de Kafka se quedaba corto al lado de éste.
            De lo último que se enteró fue que, unos días después de la celebración de la audiencia en la Comisión Mixta, los abogados de su sindicato presentaron los alegatos, pero hasta hoy la Comisión aún no resuelve. De esto hace ya casi dos años. Más dramática y eterna que la espera de K, el agrimensor que  aguarda ser recibido en el castillo, la petición del profesor para que su caso sea dictaminado es un ejemplo sobresaliente de ese universo kafkiano que campea en “la máxima casa de estudios”.
            Si Josef K., Gregorio Samsa y K viven en un mundo absurdo, angustiante y de pesadilla, sin conocer las causas de su castigo ni a sus acusadores, tal vez este hecho atenúe su pesadumbre; pero en este caso y en el de muchos otros profesores la situación se agrava  porque conocen las causas, motivaciones y nombres de sus verdugos, y aun así no les dan oportunidad de defenderse. Es decir, al castigo, desempleo, estragos económicos y de salud se suma la impotencia, humillación y resentimiento en el agredido.
            La violencia, inseguridad, corrupción, impunidad y enojo que permean al país entero nos muestra adónde conduce la ausencia del Estado de derecho, la perversión de la normatividad y el uso de instancias que deberían aplicar la justicia para cobrar venganzas personales. Y que esto ocurra en la “máxima casa de estudios” de la nación es contrario a todo sentido, porque aquí se forma ciudadanía, se enseñan las leyes y uno esperaría que primara el Estado de derecho. Porque situaciones como ésta son violatorias de los derechos humanos fundamentales, negación de derechos consagrados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, violación flagrante de la Ley Federal del Trabajo, distorsión de la normatividad universitaria establecida en documentos como el Estatuto del Personal Académico de la UNAM y cancelación y perversión del espíritu universitario que debe prevalecer dentro de la comunidad universitaria.    
            El funcionario que provocó y creó esta situación para deshacerse y castigar al profesor vive tranquilo, no obstante que dejó un desastre académico, administrativo y de ruptura de la convivencia entre la comunidad por la que supuestamente debía velar. Disfruta su año sabático (y cómo no, si lo que ganaba en un mes para el profesor equivale a dos años de trabajo, ¡dos!, los mismos que al cancelarle su trabajo y sueldo lo han endeudado, agotado y estar a un paso de perder el modesto departamento de interés social que no puede pagar). No sólo eso, le han dañado su salud y anulado sus aspiraciones de desarrollo. En suma, han trastocado su vida, como a esa repugnante cucaracha en la cual amaneció convertido un día Gregorio Samsa.
            Hoy, cuando México como nación debate por el arribo a una democracia plena, donde primen la equidad ante la ley, la existencia de un Estado de derecho y la transparencia en las acciones de gobierno, es inconcebible que aún haya espacios universitarios donde la discrecionalidad, la arbitrariedad y las tácticas dilatorias en el cumplimiento de la normatividad, propios de la época colonial, propicien este universo kafkiano absurdo y de pesadilla que destruye y arruina la vida del soporte vertebral del quehacer universitario, su profesorado.
                 


domingo, 1 de abril de 2018

¡YA LLEGÓ ABRIL!


¡YA LLEGÓ ABRIL!

Me veo a los cuatro años, escondido entre pieles de ganado que cuelgan del techo. Como ya están secas, el olor no me desagrada y me pregunto por qué las reses tuvieron que morir. Si le pregunto a mi madre, me dirá que fue la “montera”, una epidemia que devasta hatos completos y los campesinos sólo miran impotentes desaparecer su único patrimonio. No les queda más que ir y quitar la piel a las vacas muertas, pues es lo único que pueden aprovechar. En esa época la casa de mi padre todavía es de paredes de barro y techos de tejas, así que yo me he escondido en un cuarto oscuro donde cuelgan estas pieles. Mi madre discute con mi padre, que quiere llevarme con él a la escuela donde enseña. “Es que lo regañas”, dice mi madre, “lo tratas mal, por eso no quiere ir”. “No, no lo haré” dice mi padre. Así que salgo y asisto por primera vez a la escuela. Coincide que en este año han llegado por primera vez los libros de texto gratuitos a Sierra Sur. No me canso de oler las páginas nuevas, que expelen un aroma tan delicioso como el de la flor del carnizuelo o del café. Mi padre señala una página que todos los alumnos debemos leer en voz alta, al unísono. Es un poema que dice:

“El ave canta en el boscaje  
La flor revienta en el pensil,  
El campo estrena nuevo traje
¡Ya llegó abril, ya llegó abril!  

Esos versos y muchos más se quedan impregnados en mi memoria, por eso regreso a casa con libros nuevos y ese poema que se quedará conmigo para siempre. (Me sorprendí a mí mismo, el otro día, cuando pude poner en el pizarrón un soneto completo de José Rosas Moreno, escrito en honor de Vicente Guerrero; lo había memorizado, al igual que otros, sólo de escucharlo a mis compañeros que se preparaban para declamarlos en una fiesta cívica. Lo puse para explicar que es aliteración, hiato, sinalefa, rima, etc. Hoy ya nadie memoriza poemas y no saben de lo que se pierden, además de mantener activa la memoria.) Así pues, saludemos abril con estos versos, que ya no será el mes más cruel (como dice Eliot). Por cierto, pertenecen a un poema de Amado Nervo.


lunes, 26 de marzo de 2018

MI VIDA CON LOS TRANSGÉNICOS


Mi vida con los transgénicos

PRIMERA ESCENA
Mi hermana mayor, Eva, se ha casado. Su marido tiene la obligación de trabajar durante un año en la casa de los suegros. Por eso al lado de mi padre, mi hermano, mi nuevo cuñado y dos peones siempre leales, Rufino y Jacquelino, la casa se llena de hombres que arrasan los cerros completos detrás del rancho, el lado de sol y el lado de sombra, para después quemar el monte y luego sembrar la tierra. Nunca hubo paisaje más hermoso. Antes de recoger la cosecha mi padre lleva un sahumerio y realiza un ritual al pie de los cerros. Presencio el primer acto chamánico de mi vida. Después elige las mazorcas mejor desarrolladas, de maíz amarillo, pinto y blanco, les baja algunas hojas, como desnudándolas, pero no las arranca sino que las entrelaza para hacer un racimo que colgará de un alambre del techo. Ha elegido los mejores granos que serán la simiente de la siguiente cosecha.

SEGUNDA ESCENA
Estoy en Epcot Center, en Orlando, Florida. Soy un muchacho que mira extasiado girar una rueda como de dos metros de diámetro. Parece la rueda de un batán o de un viejo molino hidráulico. En cada giro las semillas se irrigan y a las primeras vueltas aparecen unos pequeños brotes. En los siguientes giros esos brotes se transforman en verdes capullos compactos y en los siguientes comienzan a abrir como los pétalos de unas enormes rosas verdes hasta formar unas exuberantes lechugas que, de tan frescas y tiernas, invitan a devorarlas. Aquí está la solución contra las hambrunas, pienso, en unos minutos se han producido decenas de lechugas que las sonrientes empleadas comen y reparten entre quienes presenciamos el milagroso acto. Todo es completamente natural, nos tranquilizan: la pequeña base de tierra donde se ponen las semillas y el agua que las irriga tienen los nutrientes del suelo donde normalmente se producen las hortalizas; lo único que modulamos es el clima, hasta hacerlo ideal para su desarrollo.  

TERCERA ESCENA
No hay privilegio mayor después de ir a correr que sentarme frente a mi plato de frutas y aspirar el aroma del café. Ares y yo hemos liberado suficientes endorfinas, serotonina y dopamina que nos sentimos fuertes, plenos y casi eufóricos. Saco de mi plato una gran manzana verde porque necesito espacio para partirla, así que primero como la fruta en rebanadas y dejo la manzana para el final. Sé que es un producto transgénico (ésta o la Red Delicious, o la Manzana Gala o la Pera de Anjou) pero me da igual: es deliciosa, suave, jugosa y dulce. Y sobre todo enorme, cuatro de ellas hacen un kilo, así que estoy comiendo 250 gramos de transgénico. ¿Moriré de cáncer? ¿Me saldrán retoños en las orejas? ¿Tocará el alzheimer mi coco un día? ¡Pamplinas!, me digo. Y sigo comiendo porque ya viene el café caliente, que es el broche de lujo para esta mañana de fin de semana.
                La obra se podría llamar “Mi Vida con los Transgénicos”, pues siempre he convivido, consumido y aprovechado las modificaciones genéticas que de manera empírica y rústica, o deliberadamente planificada y con un conocimiento científico preciso, el ser humano ha hecho para mejorar los productos que cultiva y consume. Esta práctica hoy es condenada y muchos desearían que no se realizara, para prevenirnos de supuestos peligros a la salud y al ambiente que nadie ha podido demostrar. Hasta hoy, cuando podemos leer en un libro testimonios que más bien apuntan lo contrario.

UN REGALO DE LA CIENCIA
Respeto mucho el trabajo que realizan los activistas de Greenpeace y a veces me he sumado a sus campañas; creo que la preservación y cuidado del ambiente es una bandera que toda organización política inteligente debería enarbolar en nuestro país, y no debemos dejarla en manos de unos burdos mercenarios como los del PVEM. También respeto la opinión de los buenos amigos que no comen carne (finalmente, cada organismo debe privilegiar la dieta que mejor le funcione) y a quienes creen sinceramente que consumir productos transgénicos es dañino. (La última discusión que tuve de este tipo fue con Marisa Lara y Arturo Guerrero, dos talentosos pintores.)
                Estoy en contra de los fariseos e ignorantes que dicen no beber las “aguas negras del imperialismo” y el refrigerador lo tienen repleto de Coca-Colas para combinar con su ron. Dicen no consumir productos transgénicos y se llenan la boca de amaranto y nopales de Milpa Alta, sin saber que también son transgénicos. O los que gritan “Sin maíz no hay país”, e impiden a campesinos pobres y que cultivan las tierras menos favorables usar granos más resistentes a las sequías, a las plagas y a lo infértil del terreno.
                Contra esos farsantes e ignorantes ha aparecido un libro elaborado por un grupo de científicos mexicanos, miembros del Comité de Biotecnología de la Academia Mexicana de Ciencias, casi la mitad de ellos Premios Nacionales de Ciencias, y con un propósito más que bueno y pertinente: “presentar de manera sencilla y objetiva la amplia información disponible sobre los organismos genéticamente modificados (OGM)”. Está dirigido a la opinión pública y a la sociedad en general, pero también a los legisladores, funcionarios y profesionales de las secretarías de Economía, Salud, Agricultura y Medio Ambiente, entre otros, “con el fin de que las decisiones y resoluciones que se tomen en torno al uso de organismos transgénicos y sus productos se sustenten en la amplia y contundente evidencia científica documentada y verificable que aquí presentamos”.  
                El libro se titula Transgénicos. Grandes beneficios, ausencia de daños y mitos, está coordinado por Francisco Bolívar Zapata y fue editado por la Academia Mexicana de Ciencias, la UNAM, su Instituto de Biotecnología, y el Colegio Nacional. Tiene como antecedente otro libro publicado por la Academia Mexicana de Ciencias en 2011, Por un uso responsable de los organismos genéticamente modificados.
                Con un lenguaje claro, sobrio y cuidadoso como lo es el de la ciencia, el libro expone, entre otras razones, que “el ser humano ha utilizado la domesticación y el mejoramiento genético de las plantas durante los últimos 8,000-10,000 años”; que la evidencia científica sustenta la ausencia del supuesto daño ocasionado por el uso y consumo de los organismos genéticamente modificados, y que las plantas transgénicas usadas en el campo implican una tecnología perfeccionada, también llamada agricultura de precisión, más avanzada, segura y precisa que las anteriores. Asimismo, afirma que los productos transgénicos utilizados actualmente, como alimentos o medicamentos, han sido sujetos a numerosos análisis y evaluaciones que han demostrado que no generan daño a la salud humana ni animal, así como tampoco a la biodiversidad del medio ambiente.
                Todo lo contrario, el uso de plantas mejoradas permite contrarrestar el daño al medio ambiente causado por el uso de plaguicidas y herbicidas que, estos sí, afectan la salud humana. De hecho, la transgénesis ha traído más beneficios que daños a las especies vivas. Uno como lector se sorprende al conocer, por ejemplo, que ha sido factor importante en la evolución de las especies. Y que procesos hoy tan benéficos como la fotosíntesis fueron resultado de la transgénesis: los genes responsables de este proceso fueron transmitidos a las plantas verdes por bacterias fotosintéticas primitivas.
                Para mayor agradecimiento a este grupo de científicos que ha hecho un regalo invaluable a la sociedad, ustedes pueden leer gratuitamente el libro. Ésta es la liga:
http://www.conacytprensa.mx/index.php/libro/19642-transgenicos-grandes-beneficios-ausencia-de-danos-y-mitos

jueves, 22 de marzo de 2018

LOS PEJES SON MUDOS


LOS PEJES SON MUDOS

¿Por qué Andrés Manuel se niega a conceder entrevistas, a debatir e incluso a ofrecer declaraciones? Porque lo favorecen las encuestas, es innegable. Así que las críticas, emplazamientos y retos que le proponen sus adversarios las resbala con sus demagógicos “Paz y amor”, “No deseamos confrontarnos con nadie”, “Buscamos la unidad de nuestro querido México”, etc. Pero sabe también que el porcentaje de votantes que lo apoya (alrededor del 30%) no es suficiente para ganar, y la política es el arte de convencer con las palabras. Sabe que debe atraer a muchos más indecisos, pues son los que decidirán realmente la elección. Porque, al no hablar, los mantiene en la misma incertidumbre y, peor aún, su base dura se empieza a desmoronar. Al querer demostrar que es “otro”, que no hay ningún riesgo de arribar a la presidencia, miente diciendo que no derogará las reformas, que sólo revisará los contratos o que sólo quitará el carácter punitivo a la reforma educativa. “¡Ni madres, dicen sus huestes, Morena derogará todas las pinches reformas neoliberales” (Paco Nacho Taibo). ¡Gran paradoja!
                Volvamos a la pregunta inicial, ¿por qué no quiere hablar? Por cuidar lo que ha logrado, es la primera respuesta, pero no es la única y ni siquiera la más importante. En realidad no habla porque carece de ideas. Pregunten a sus seguidores por qué creen en él y no lo podrán explicar. Tienen una fe ciega en el individuo, en la persona, por eso lo seguirán fielmente, vaya donde vaya y haga lo que haga. Eso en ciencia política se denomina carisma (Max Weber explica muy bien en qué consiste el poder carismático). O, como lo han explicado Hernán Gómez Bruera y Alberto Asiz Nacif (dos de sus seguidores que he comentado aquí porque pueden articular algunas ideas): porque en todos los partidos hay corruptos, oportunistas y peores, así que Morena no es la excepción. De acuerdo. Porque él no ha robado nada, es honesto. Aceptémoslo. Pero ¿por qué se niega a explicar sus ideas? ¿Qué propone realmente? No lo quiere decir. Y eso se debe porque simplemente es un ignorante, carece de propuestas para este mundo complejo, moderno y actual. No se da cuenta que México y el mundo han cambiado. Tiene una vaga noción de que antes hubo algo mejor: cuando el gobierno (el presidente, para ser precisos) tenía todo el poder y disponía de todos los recursos, nada más que fueron represores (Díaz Ordaz) o corruptos (Echeverría y López Portillo) o ambas cosas y él no lo será. A esta vaga noción se aferra. Es la razón principal por la cual no puede ni quiere hablar.
                Nunca como hoy resulta tan acertado ese refrán popular que dice: “El pez por la boca muere”. Porque las bocas de sus competidores, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, también le resultarán letales cuando presenten sus ideas y proyectos, de los cuales él carece.
EL BULO DE “LA NIÑA BIEN”
Nadie reclama la autoría de un video viral y en este país hambriento de los cinco minutos de fama cualquiera disfrutaría el éxito que cosechó. En esta contradicción está la clave para saber quiénes lo hicieron. No lo hizo Epigmenio Ibarra, es cierto, sabe que está plenamente identificado con Morena así que poco redundaría en su beneficio reconocerlo. Pero quienes lo hicieron son de, o simpatizan con Morena. Sólo que el tiro les salió por la culata: equivocaron la ciudad, el escenario y los personajes. Mostrar y usar el interior de un templo para un baile berraco suscitó el reclamo inmediato de la Iglesia, el deslinde de la institución donde supuestamente estudia la chica (ITESO) y el repudio de todos los católicos. Sólo nos causó risa a los que somos suficientemente tolerantes para ver bailar a un padrecito con sotana, admirar las curvas de una chica mientras baila dentro de una iglesia y advertir la falla principal del mensaje.


sábado, 3 de marzo de 2018

LOS DESFIGUROS DE LA AMBICIÓN



Los desfiguros de la ambición

Imagino el apesadumbrado fin de semana que pasan los quince integrantes de la Junta de Gobierno de la UNAM: un gesto dubitativo enmarca su rostro durante esas horas; la duda los acompaña, reciben alguna llamada para consultarse unos a otros, revisan sus notas y el gesto de preocupación no los abandona. Saben que cumplido el plazo deberán decidir por alguien y hoy la decisión se presenta difícil. Han percibido la profunda preocupación y malestar dentro de la comunidad del CCH, así que no pueden ignorarla. 
Saben que la mayoría de quienes acudieron a pronunciarse y pidieron la continuidad de Jesús Salinas como director general del CCH es porque se sienten obligados con él. Algunos porque sus jefes o el mismo director general les ordenó que fueran. Conocen de sobra la violación a la normatividad universitaria, maltratos y humillaciones a profesoras, manejo del Colegio como patrimonio personal, pérdida de la calidad educativa, abandono de la vida colegiada, desplome de las actividades académicas y culturales, y otras muchas trapacerías, así que sería una locura mantenerlo. Peor aún, su administración confirma lo que parecía gracejada: que el CCH sólo es noticia cuando aparece en la nota roja.
Aunque es fama el chaquetazo (cambio de chaqueta) de algunos: dicen que hablarán a favor de cierta persona y ya estando ante al integrante de la Junta deciden inclinarse por otro. Fue comentadísimo el caso de un tal Rubio, que le prometió a Jesús Salinas hablar por él y en la tarde prefirió dar su voto a la entonces directora general. A cambio recibió la dirección de un plantel. Claro, gracias a la obtusa mirada del afectado, quien siempre lo creyó de su lado y ahora, muerto el rey, será el primero en gritar “¡Viva el rey!” El nuevo, por supuesto. Este hecho demuestra que en ocasiones las traiciones sí dejan. ¡Vaya educación cívica para los alumnos! Puro desfiguro.
¡De las cosas que uno se entera con el proceso de auscultación! Aunque con reticencias y temores, algunos se han atrevido a revelar los atropellos de que han sido víctimas. Tal es el caso de esa profesora del plantel Vallejo (¡pobre plantel!, le ha llovido por ser la escuela de donde han salido los últimos dos directores generales) que además de haber sido humillada y maltratada, le han impedido titularse. Un mal menor si uno se entera que esta situación le ha provocado daños económicos, de salud y psicológicos. Hoy vive atemorizada pues le han advertido que Jesús Salinas es un hombre acomplejado, vengativo y despiadado cuando se trata de dañar. ¿Y los testimonios de los que no pudieron acudir?
Los integrantes de su equipo, también, andan en estos días con el enojo marcado en su rostro. Cuando encuentran algún profesor que no les simpatiza o saben que apoya a otro candidato, asumen actitudes provocadoras. Se quitan el saco o la chamarra, se arremangan la camisa, se muestran desafiantes. Puro desfiguro.
 Los que acudieron con una propuesta diferente, de cambio, no forman parte del séquito del actual director y algunos viven amenazados. Su estabilidad laboral depende de la permanencia del “doctor”, así que repiten como mantra: “Cruz, cruz, que venga el diablo y se vaya Jesús. Cruz cruz, que venga el diablo y se vaya Jesús” (cortesía de David Silva). Pero, ¿quién tiene las fortalezas y voluntad de recuperar los fines y propósitos de una institución de educación media superior que antes fue modelo de enseñanza? Se ha perdido, y será difícil recuperarlo ante la vocación depredadora de individuos como el actual.
Está ese otro candidato, por ejemplo, a quien muchos señalan como hechura del director general y, si no lo fuera, parece cortado con la misma tijera. Creó un grupo llamado como sistema evaluatorio nacional (Enlace) y aparentemente con buenos propósitos: mantener comunicación con padres de familia sobre la educación de sus hijos. Pero estudiantes y profesores de su plantel afirman que lo usa como grupo de choque. Y ahora lo empleó para conseguir cartas de apoyo de los padres de familia dirigidas a la Junta para apoyarlo en su deseo de ser director general. ¡Puro desfiguro! ¿Está permitido esto? Porque si es así más adelante se recogerán firmas de los vendedores ambulantes de los alrededores y de dentro de las escuelas para designar director.
Los integrantes de la Junta están enterados de los tres candidatos de la terna y cuentan con sus propuestas, sus “impresionantes” curriculum, pero tienen pocos conocimientos precisos de ellos; saben además que apenas se instalan se transforman en otra persona. De modestos profesores transitan a “maestros”, “doctores”, “altos funcionarios” y luego a intratables señores feudales de su pequeña ínsula; bueno, no tan pequeña, el CCH se compone de cinco planteles, además de la dirección general.
Aprovechando el anacrónico concepto de autonomía (que hoy es más bien sinónimo de extraterritorialidad, opacidad e impunidad) pretenden medrar con la educación durante ocho años y de ser posible más tiempo a través de terceros. Viejos burócratas que tuvieron muchísimos años detrás del escritorio continúan arreando a sus huestes con las propuestas de siempre.
Pero es la UNAM en general la que vive entre dos extremos: un día nos amanecemos con la noticia de que es la universidad mejor posicionada de América Latina y al otro despertamos escuchando las noticias de escándalos como que es centro de consumo y venta de drogas, espacios donde el desgobierno, la arbitrariedad y la comisión de delitos son cotidianos. ¿Alguien cree de verdad que los narcomenudistas, con sólo ver una manta, se retiraron de los espacios que se han apropiado? Por supuesto que no, sólo se movieron mientras pasa el interés de los medios. Y algo peor: revela que dentro de la misma UNAM están quienes los controlan. Sólo así se explica que hayan obedecido tan dócilmente.
Los integrantes de la Junta saben que esta situación no se puede prolongar más. Mientras la educación básica y la media superior administrada por la SEP se empiezan a desaletargar gracias a la Reforma Educativa, el bachillerato de la UNAM se hunde y no podrá justificar más su existencia. Tampoco conservar el injusto privilegio del “pase reglamentado” para unos cuantos. Por otra parte, la obligatoriedad de la educación media superior, elevada a rango constitucional en 2012, deberá hacerse realidad en breve. Todo esto, más los cambios a que obligan los avances tecnológicos, la automatización del trabajo, la inclusión de México en grandes bloques comerciales, el tránsito hacia una sociedad plenamente democrática y transparente, obligan a la búsqueda de la calidad educativa, la necesidad de contar con un marco curricular común para el bachillerato y profesionalizar de verdad la planta docente.
Se requieren directivos con visión, preparación y vocación, y no los tristes ejemplos con que contamos hoy día. Que consideran al CCH su patrimonio porque lo administran. Que se sienten académicos consolidados nacional, internacional e interplanetariamente, y son incapaces de mejorar así sean las publicaciones del Colegio. Que son bastos, burdos, vulgares y voraces. Que gustan hacer todo con opacidad y esconder sus tramposas evaluaciones “bajo reserva” durante al menos cinco años. ¿Otorgar una plaza de carrera es cuestión de seguridad nacional? La  sensación de miedo, inseguridad, expectación, morbo y división que vive la comunidad del Colegio debe acabar. La situación de acoso, espionaje y uso punitivo y selectivo de la normatividad universitaria hacia ciertos profesores también. Es una institución educativa, no un municipio o estado disputado por el narco. Pero hacia allá iremos si la Junta de Gobierno y el rector se equivocan en su decisión.

LOS DESFIGUROS DE MI CORAZÓN
Naturalmente, el encabezado de este artículo es la paráfrasis del título de ese proteico libro del maestro Sergio Fernández, para mí uno de los más agradables que he leído  y sin duda uno de sus mejores textos.
            La respuesta que da López Obrador a la advertencia del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa es otro desfiguro: “Es buen escritor, pero mal político”. Varias veces he escuchado este lugar común que sólo revela indigencia intelectual. ¿Acaso se escribe con los pies o dormido? ¿Acaso escribir no es una de las operaciones más altas del intelecto humano? ¿Conocerá López Obrador los ensayos de Mario Vargas Llosa, especialmente los dedicados a temas políticos de Latinoamérica, Europa y el mundo en general, o a  cuestiones culturales de nuestro tiempo? La extraordinaria literatura de Mario Vargas Llosa va a la par de su lucidez para abordar asuntos políticos y por eso debe escuchársele.
            El autor de La fiesta del chivo advierte a México acerca de no cometer la insensatez de votar por un político que lo llevará a una situación parecida a la de Venezuela, y tiene razón. No porque se lo proponga y ni siquiera sea la intención de López Obrador, sino por la política que piensa aplicar y de la cual ya ha dado suficientes pruebas: demagogia pura como la “constitución moral”; combate a la corrupción dándole impunidad y fuero a lo más corrupto del sistema; revertir reformas que, aunque les pese a muchos, están funcionando y ellos mismos disfrutan de sus resultados (la de Telecomunicaciones, por ejemplo)…
            Así que cuando López Obrador dice que es un mal político es porque él se considera mejor. Si llega a alcanzar la edad de Vargas Llosa, ¡ochenta años!, espero que razone con la misma rapidez y lucidez con la que lo hace hoy el Nobel de Literatura 2010. Y pueda aún arrastrar las palabras como lo hace hoy.
            Vuelvo a la frase hecha con que trató de minimizar la advertencia: escribir no es una habilidad manual, como muchos la consideran, sino la expresión más evidente del empleo de la inteligencia. Algo que provoca pereza e impotencia a la mayoría.





jueves, 22 de febrero de 2018

¿SÓLO SOMOS NOTA ROJA?


¿Sólo somos nota roja?
NOÉ AGUDO

La semana que inicia es especialmente importante para el Colegio de Ciencias y Humanidades. Los integrantes de la Junta de Gobierno de la UNAM escucharán la opinión de algunos integrantes de la comunidad del Colegio para saber a quién consideran el candidato idóneo para dirigirlo.
            Con todo lo insuficiente, ineficaz y parcial que resulta dicha consulta, es la única opción que tenemos dentro de los cauces institucionales para hacer escuchar nuestra voz. Por eso la atención y receptividad de los integrantes de la Junta de Gobierno, del rector y del secretario general de la UNAM son de vital importancia, y nuestra presencia, independiente de la organizada por la dirección general, debe ser masiva.
            En primer lugar, quienes mayormente acudirán son los subordinados del director general. Ellos asisten obligados para conservar el puesto, para mantener la comisión y muchos porque han sido estimulados con la promesa de una promoción, de lograr su definitividad, de ser nombrados secretarios o al menos para mantener las horas de trabajo del hijo, del sobrino o de cualquier otro pariente.
En segundo lugar, el director general cuenta con recursos y personal del Colegio que aprovecha para hacer reuniones, disfrazadas de juntas de trabajo, en los cinco planteles y así movilizar a sus promotores. (Tengo ante mí una invitación del día 7 de febrero, por ejemplo, para acudir al Salón Marbella del Hotel Mandarín Cárton, donde se ofrece transporte gratuito de “ida y vuelta” al sitio de reunión desde el plantel Azcapotzalco, para que el eximio académico “dialogue con los asistentes”. Al más puro estilo de esa tradicional práctica antidemocrática mexicana denominada “acarreo”. Naturalmente, el transporte, la renta del salón, los bocadillos, refrescos y café que se ofrecieron son por cuenta del CCH. Para algo se es el director general y un “académico consolidado nacional e internacionalmente”.)
También el director tiene los medios para presionar sutil o abiertamente a quienes no se pronuncien a su favor y piensen hacerlo por otro candidato. Él incluye en la lista de aspirantes a uno o dos candidatos, como es el caso ahora de los profesores Aguilar, con lo cual su grupo se ve fortalecido porque asegura al menos dos lugares a su favor. 
Finalmente, es poca la visión que los integrantes de la Junta pueden lograr con escuchar a una minoría comparada con los empleados de la dirección general y de quienes han sido movilizados con la promesa de una dádiva. La versión que tengan de la administración de Jesús Salinas será limitada y parcial. Por eso los profesores debemos hacer un esfuerzo y acudir con los integrantes de la Junta de Gobierno, para que puedan escuchar voces de auténticos académicos. Por eso se debe pensar en mecanismos más eficaces de designación de director, si se desea salvar al Colegio y rescatarlo de la postración donde hoy se halla. Dejarlo en manos de individuos que lo emplean para su beneficio personal, que trastocan la normatividad y lo llevan al desgobierno, es solo hundirlo más y condenarlo a su desaparición.

Violación en Vallejo

Ejemplo reciente de este desgobierno es lo que ocurrió en la cafetería del plantel Vallejo el lunes pasado y comprueba cómo allí cada uno hace lo que quiere. Resulta insólito pensar que a las cinco de la tarde, en un espacio siempre concurrido y repleto de estudiantes que acuden a comprar y comer sus alimentos, se pueda cometer una violación. Pero así sucede cuando no existe la presencia de ninguna autoridad ni mucho menos el plantel funciona como una verdadera escuela. He dicho que Vallejo es hoy una tierra sin ley, donde cada uno hace lo que quiere y quienes desean realizar su trabajo lo deben hacer sin ningún apoyo y a veces huyendo del acoso y la persecución.  El plantel es un paraíso para el consumo y venta de drogas, un sindicato de dizque “trabajadores” puede impedir y presionar para que un buen empleado deje su trabajo, no hay limpieza en salones, patios y baños, y procesos tan necesarios y escasos como el concurso para una promoción se realiza con una opacidad tal que el resultado siempre es una fuente de conflictos. Y encima el director general, en lugar de respetar la normatividad y transparencia a que lo obliga su responsabilidad como servidor público, niega la información de los procesos con el peregrino pretexto de que “dañará a los implicados”.
            Este hecho es responsabilidad absoluta del director general. Él violó la normatividad al despedir sin ninguna justificación al anterior director del plantel; la volvió a trastocar al poner en su lugar a un individuo a todas luces inepto e irresponsable de su cargo, que a cambio le ofrece incondicionalidad y acatamiento dócil a todos sus caprichos. Y continúa violando la normatividad universitaria al no llamarlo  a cuentas ni exigirle a él ni a su equipo que cumplan con sus responsabilidades.
            Preocupado porque a veces, influido por las malas noticias, uno puede reaccionar con una visión sesgada de como en realidad son los hechos, consulto a un grupo de profesores, algunos fundadores, destacados docentes otros, pero la mayoría caracterizados por un trabajo serio, responsable, profesional y entregados la mayoría por años a su trabajo  y a la institución. Éste es el panorama que comparte un amplio grupo.

1. ESTE DIRECTOR NO HA REFORZADO NI REFRESCADO PROGRAMAS COMO TUTORÍAS Y ASESORÍAS (MUCHOS DOCENTES DEDICADOS A ESTAS LABORES NO ESTÁN CAPACITADOS PARA REALIZARLAS).
(JOSÉ MONROY TIENE EL DATO DE CUÁNTO DEL PRESUPUESTO CUESTAN AL COLEGIO ESOS ASESORES Y TUTORES.)
2. NINGÚN PERSONAJE RELEVANTE DE LA CIENCIA Y LA CULTURA HA VISITADO EL COLEGIO.
3. NO HAY VIDA O ACCIONES RELEVANTES QUE ENTUSIASMEN A LOS DOCENTES, TODO ES RUTINARIO.
4. LOS ESCASOS GRUPOS DE TRABAJO DE CADA PLANTEL POCO TRASCIENDEN AL COLEGIO EN SU CONJUNTO. ALGUNOS DE LOS POCOS DESTACADOS TIENEN SU PUBLICACIÓN O REVISTA, PERO EN UN ÁMBITO DEMASIADO LOCAL.
5. NO EXISTE UN DIAGNÓSTICO ACTUAL DE LOS PROBLEMAS DE APRENDIZAJE DE LOS ESTUDIANTES, NATIVOS DE LA TECNOLOGÍA, PORQUE SE DESCONOCE EL RUMBO HACIA DONDE VAMOS.
6. LA INERCIA DE LOS PROFESORES ANCIANOS DOMINA A LOS QUE ESTÁN INGRESANDO AL COLEGIO.

Otro profesor expresa:
“Lo más destacado de mencionarse es que en los pasados concursos para obtener plazas de carrera, la mayoría de los concursantes se inconformó y pidió revisión de sus pruebas, teniendo a la vista las pruebas del ganador para comprobar así la parcialidad de los resultados. Pero el ‘transparente’ director general, haciendo mal uso del derecho de acceso a la información, ordenó poner bajo  reserva, por un período de cinco (5) años, la información de los concursos, sin justificar el porqué de la reserva...Te reenvío esa carta...”

Uno más agrega:
“No sé si soy pesimista, pero la atmósfera del Colegio me parece decadente. Los signos del abandono se ven por todos lados. Las figuras directivas no las he visto en lo que llevamos del semestre (cinco semanas); mi salón está invariablemente sucio, los jardines se ven abandonados. No he visto personas trabajando en ellos. Algunos profesores consiguen otra chamba en su horario de clase y nadie se da cuenta. Las actividades académicas no existen. Acabo de revisar la guía para el extraordinario del nuevo Programa de Estudios, y llegan a afirmar que la cabeza de una nota informativa ¡es un epígrafe!  Un trabajo desigual, porque alguna parte me dejó una grata impresión. Atrapados en esta atmósfera, los alumnos andan somnolientos...
“A ojo de buen cubero estos son los temas que me parecen destacados. No me refiero a lo laboral, el cual tú conoces bien.
“SALUDOS Y UN ABRAZO”.
            Hasta ahí las opiniones de varios profesores. El rector y los integrantes de la Junta de Gobierno deberán valorar si el CCH debe seguir siendo noticia sólo cuando aparece en la nota roja, como la que desató la violación cometida a una alumna en la cafetería del plantel Vallejo el pasado lunes 12 de febrero, o recupera su dignidad de destacado bachillerato universitario.




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