El puma en
su laberinto
NOÉ AGUDO
(12/IX/2018)
Asaeteado
sin piedad por la turba infame, el felino se revuelve iracundo en el foso. Sabe
que si levanta sus poderosas garras, más piedras y palos lloverán sobre su
cuerpo. Sabe que si permanece inmóvil, los más cobardes lo incitarán a que
manifieste su furia, arrojándole tierra, lodo, basura, fragmentos de sevicia y
vileza, que sólo pueden comprenderse debido al pavor que le tienen. Lanza un
gruñido estruendoso y camina lentamente hacia uno de los extremos del foso. Algunos,
los que más incitan a la muchedumbre, reculan. Aunque está allí abajo, a cuatro
metros de profundidad, lo creen dueño de poderes extraordinarios. Piensan que
si se lo propone puede tomar impulso y salvar el foso hasta alcanzar la
libertad. Creen que en algún momento levantará la cabeza, los mirará con sus
ojos ámbar ígneo y quienes los vean caerán adormecidos, como aquellos cazadores
que han intentado matarlo en las montañas.
“¡Acabemos de una vez con él!”,
grita uno. “¡Debemos matarlo antes de que se escape!”, urge otro. “¡Sí,
matémoslo ya!”, corea la mayoría, y algunos han acercado piedras, otros han
traído palos con puntas afiladas y hasta mujeres y niños se aprestan a arrojar
su aportación de odio. Una mirada de desprecio, un gruñido estremecedor y unos
pasos lentos para mostrar la majestuosidad de su caminar son la respuesta del
felino, que de paso exhibe sus magníficos colmillos.
Lleva allí varios días, casi una
semana, y ni la sed ni el hambre han logrado amansarlo. Quienes instigan a la
multitud creen que, debilitándolo, lograrán domesticarlo y hacer de él una
diversión, un juego; por eso no desean matarlo. Además, piensan que si lo
tienen a su lado les transferirá parte de su poder. No es una decisión sencilla
acabar con él. Lo mejor es domesticarlo, hacerlo su mascota. Muerto sólo
servirá su piel y, maltratada como está, ni siquiera pagaría una porción de los
numerosos trabajos que tomó llevarlo ahí. Por eso incitan a la turba, pero la
controlan también, porque no pueden mostrar sus verdaderas intenciones.
El noble felino advierte esta
situación, ya la ha vivido antes y sabe que parte de la población también la
conoce. Por eso intuye que lo mejor es resistir, soportar mientras la mayoría,
que ha permanecido ajena y ni siquiera se ha acercado al foso, decide
intervenir. Después de todo es el rey de la montaña, la gente lo venera y,
aunque algunas veces individuos
ambiciosos y ruines azuzan a la masa contra él, sólo lo logran por un breve
tiempo. Como ahora. Se ha echado y recogido junto al muro, con lo que protege
uno de sus flancos. Mira indiferente el piso de tierra y sabe que su tarea es
resistir, resistir y resistir.
¿Prenderá el “movimiento”?
Mi
modesto pronóstico es que no. No hay demandas que ameriten ni siquiera mantener
el paro, así que mucho menos podrán involucrar otras escuelas en la aventura. Tanto
el rector de la UNAM como el director general del CCH han mostrado su disposición
a resolver las peticiones estudiantiles que les competen, y colaborar en aquellas
donde deben intervenir las autoridades de la ciudad, como la seguridad, por
ejemplo. Han reiterado cuantas veces ha sido necesario su empeño en castigar a
quienes golpearon a los manifestantes el pasado 3 de septiembre, e investigar y
proceder contra quienes los contrataron y pagaron para propinar la golpiza,
pues es obvio que son quienes desean magnificar el conflicto y lograr así sus propósitos.
¿Cuáles son estos?
Son internos y externos. Los
primeros los representan aquellos que desean colocar a sus allegados o llegar
ellos mismos a los puestos de dirección; estos son quienes han esgrimido la
inaudita propuesta de exigir la renuncia del rector y del director general del
CCH. A falta de razones y argumentos, inventan calumnias, bajezas sin límite y
propuestas alucinadas, como la de transformar la Ley Orgánica de la UNAM.
Algunos profesores ingenuos (por decirlo con suavidad) hacen eco de estas
demandas pues ven la posibilidad de “transformar de fondo” a la Universidad.
Los segundos son los que, ante un problema focalizado,
se propusieron extenderlo y acrecentarlo y para ello enviaron a los porros.
Estos van por más, desean quedarse con la UNAM en su conjunto, más lo que
puedan lograr mediante el chantaje. Saben que acaparar la Universidad es como gobernar
uno de los estados más grandes y ricos de la República, con el agregado de contar
con una enorme caja de resonancia para generarle conflictos al nuevo gobierno.
Son los que perdieron en las pasadas elecciones y siempre han hecho de las
universidades públicas su trinchera. Los nombres salen sobrando.
Hoy mismo leo en la sección de cartas de un periódico muy atendido por
la comunidad universitaria, el desmentido de una funcionaria del CCH y la
insistencia del reportero en involucrar al director general con los grupos
porriles. “Multitud de estudiantes del plantel Naucalpan” lo aseguran: “Pasaban
lista y cobraban derecho de piso frente a la dirección” dice Luis Hernández
Navarro, reportero de La Jornada.
¿Por qué esa “multitud” no presenta una fotografía o cualquier otra evidencia
que compruebe su dicho?
Porque no hay tal. Lo que sí sabemos
es que el doctor Barajas Sánchez, al igual que los otros directores de los planteles del CCH,
le correspondió lidiar por varios años con este problema y pudo salir airoso.
No soy ni he sido profesor del plantel Naucalpan, pero me consta la labor
académica, editorial y de apoyo a las actividades culturales que Benjamín
Barajas realizó en ese plantel cuando lo dirigió. En coedición con la Academia
Mexicana de la Lengua, inició allí una colección que da gusto y satisfacción
ver y leer, pues aborda temas tan indispensables para los jóvenes como la filosofía,
literatura, ciencia e historia, de la mano de autores consagrados como Mauricio
Beuchot, Adolfo Castañón, Ruy Pérez Tamayo, Felipe Garrido y Javier
Garciadiego, por mencionar algunos.
De verdad, son libros cuya belleza, diseño, contenido
y utilidad para los alumnos de bachillerato son realmente adecuados; se
equiparan a las mejores colecciones del Fondo de Cultura Económica o de la
Dirección General de Publicaciones del antes Conaculta. Y lo mismo lo vi apoyar
la edición de revistas, fueran de alumnos o profesores. ¿Un académico con
semejantes méritos editoriales ligado a los porros? Sugerirlo simplemente
representa una vileza. Espero que esta labor la continúe en la dirección
general del CCH, donde lleva sólo algunos meses, y que no lo acosen más los
problemas relacionados con los porros, azuzados por quienes desearían deponerlo
para ocupar su lugar.
El fin de los
tlaconetes
Tlaconete,
babosa y caracol son términos cuyo significado se confunde en México porque son
usados como sinónimo. Originalmente tlaconete (nahua) significa “Hijo de la
tierra” o “caracol de tierra”, pero en ciertas regiones del país se denomina
así a una variedad de salamandra que, para desplazarse, usa sus cuatro patas;
el caracol y la babosa, en cambio, no tienen patas y emplean su cuerpo para avanzar;
la diferencia entre estos dos es que el caracol tiene caparazón y la babosa no.
Características compartidas por los tres son la
viscosidad de su cuerpo y la necesidad de lugares húmedos y oscuros para vivir.
El caracol y la salamandra viven entre las hojas, esta última se halla en extinción porque su
hábitat se reduce cada vez más. Son personajes de las sombras. La luz solar
simplemente acaba con las babosas, al igual que una pizca de sal; se retuercen,
se deshacen y evaporan como fantasmas si se les arroja un puñadito de sal. Por
eso viven en las cañerías.
En el “Arte de injuriar”, ensayo incluido en el
volumen Historia de la eternidad, Jorge
Luis Borges refiere la palabra perro como
el único epíteto animal. A mí no me gusta emplearla por la simpatía que guardo
hacia los peluditos y porque me parece una falta de respeto comparar la nobleza
del can con lo más deleznable del ser humano. En este tema prefiero a Octavio
Paz, quien para denostar o justipreciar a sus adversarios o amigos (léase como
ejemplo la descripción que hace de José Luis Cuevas, en In/Mediaciones) les adjudicaba con exactitud ciertos rasgos
animales.
Comparar a los tlaconetes con los individuos que
actúan en las sombras me parece un símil perfecto: viscosos, repugnantes,
dañinos e hipócritas; revisten su comportamiento de honorabilidad, honestidad y
rectitud, pero en realidad son protervos, viles y falsos. Gustan de usar a
otros para lograr sus fines. Su exposición a la luz, la exhibición de su
actuación agazapada y despojarlos de su falsa caparazón les resulta letal. La
información es para ellos como la sal para sus congéneres de las cañerías. En
varios ámbitos proliferan los tlaconetes, pero muy especialmente en el político
y el académico. Empero, gracias a los medios de información, y a que el poder
ya no se concentra en la punta de la pirámide, la sobrevivencia de los
tlaconetes se hace cada vez más difícil. Seguramente esta especie se extinguirá
antes que las salamandras.
Vivimos en un país diferente al de hace algunas
décadas (por aquellos que desean revivir el 68). Hoy existe una preocupación
verdadera, si bien no siempre eficaz, por brindar seguridad a la población en
general y a los estudiantes en particular. No hay ningún afán por reprimirlos,
ni de parte de las autoridades del gobierno federal, ni de la Ciudad de México
ni mucho menos de las universitarias. Por otra parte, están las redes sociales
y los medios de información que observan y reportan los hechos; existen
organismos como las ONG, la CNDH y CDHDF que intervienen ante los abusos; en la
misma Universidad se cuenta con una Defensoría de los Derechos Universitarios.
Insuficiente aún, pero ahora existe división de poderes y una competencia
partidaria que impide o atenúa los actos arbitrarios de cualquier autoridad.
Este último punto es de suma importancia pues son las
organizaciones políticas las que crearon inicialmente a los porros. A ellas les
exigimos: ya es tiempo de que desarticulen esos grupos. ¿O no han obtenido sus
triunfos gracias a la democracia? Pues en democracia se actúa dando la cara, con
valor civil y sin valerse de terceros.
Así que ya no se vale actuar en lo oscurito y
manipular subrepticiamente un movimiento. Hoy la protesta estudiantil no
solamente es tolerada sino atendida, y si sus demandas son justas y necesarias
seguramente se resolverán a su favor. Como lo demostró ayer el rector, que
aprobó los nueve puntos del pliego petitorio presentado por los alumnos del CCH
Azcapotzalco. Con su juventud y talento los estudiantes pueden contribuir a
lograr mejores condiciones de estudio. Exigir grupos con un número razonable de
alumnos, por ejemplo, me parece una demanda necesaria y hasta pedagógicamente
pertinente. Que todos cuenten con profesores desde el primero hasta el último
día de clases, también. Pero para eso se requiere que las puertas de las escuelas
y las aulas estén abiertas.
No hay por qué prolongar el paro. Hacerlo sería caer
en el juego de quienes buscan sólo sus mezquinos intereses. Punto medular de la
solución es desenmascarar a los manipuladores, quienes actúan en la sombra y no
les importa perjudicar a quien sea. Incluido lo más indispensable para el
desarrollo de un país en general y para mejorar la vida de las personas en
particular: la educación.
La solución es simple: exhibir a los manipuladores a
la luz pública. Como a los tlaconetes.
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