jueves, 22 de febrero de 2018

¿SÓLO SOMOS NOTA ROJA?


¿Sólo somos nota roja?
NOÉ AGUDO

La semana que inicia es especialmente importante para el Colegio de Ciencias y Humanidades. Los integrantes de la Junta de Gobierno de la UNAM escucharán la opinión de algunos integrantes de la comunidad del Colegio para saber a quién consideran el candidato idóneo para dirigirlo.
            Con todo lo insuficiente, ineficaz y parcial que resulta dicha consulta, es la única opción que tenemos dentro de los cauces institucionales para hacer escuchar nuestra voz. Por eso la atención y receptividad de los integrantes de la Junta de Gobierno, del rector y del secretario general de la UNAM son de vital importancia, y nuestra presencia, independiente de la organizada por la dirección general, debe ser masiva.
            En primer lugar, quienes mayormente acudirán son los subordinados del director general. Ellos asisten obligados para conservar el puesto, para mantener la comisión y muchos porque han sido estimulados con la promesa de una promoción, de lograr su definitividad, de ser nombrados secretarios o al menos para mantener las horas de trabajo del hijo, del sobrino o de cualquier otro pariente.
En segundo lugar, el director general cuenta con recursos y personal del Colegio que aprovecha para hacer reuniones, disfrazadas de juntas de trabajo, en los cinco planteles y así movilizar a sus promotores. (Tengo ante mí una invitación del día 7 de febrero, por ejemplo, para acudir al Salón Marbella del Hotel Mandarín Cárton, donde se ofrece transporte gratuito de “ida y vuelta” al sitio de reunión desde el plantel Azcapotzalco, para que el eximio académico “dialogue con los asistentes”. Al más puro estilo de esa tradicional práctica antidemocrática mexicana denominada “acarreo”. Naturalmente, el transporte, la renta del salón, los bocadillos, refrescos y café que se ofrecieron son por cuenta del CCH. Para algo se es el director general y un “académico consolidado nacional e internacionalmente”.)
También el director tiene los medios para presionar sutil o abiertamente a quienes no se pronuncien a su favor y piensen hacerlo por otro candidato. Él incluye en la lista de aspirantes a uno o dos candidatos, como es el caso ahora de los profesores Aguilar, con lo cual su grupo se ve fortalecido porque asegura al menos dos lugares a su favor. 
Finalmente, es poca la visión que los integrantes de la Junta pueden lograr con escuchar a una minoría comparada con los empleados de la dirección general y de quienes han sido movilizados con la promesa de una dádiva. La versión que tengan de la administración de Jesús Salinas será limitada y parcial. Por eso los profesores debemos hacer un esfuerzo y acudir con los integrantes de la Junta de Gobierno, para que puedan escuchar voces de auténticos académicos. Por eso se debe pensar en mecanismos más eficaces de designación de director, si se desea salvar al Colegio y rescatarlo de la postración donde hoy se halla. Dejarlo en manos de individuos que lo emplean para su beneficio personal, que trastocan la normatividad y lo llevan al desgobierno, es solo hundirlo más y condenarlo a su desaparición.

Violación en Vallejo

Ejemplo reciente de este desgobierno es lo que ocurrió en la cafetería del plantel Vallejo el lunes pasado y comprueba cómo allí cada uno hace lo que quiere. Resulta insólito pensar que a las cinco de la tarde, en un espacio siempre concurrido y repleto de estudiantes que acuden a comprar y comer sus alimentos, se pueda cometer una violación. Pero así sucede cuando no existe la presencia de ninguna autoridad ni mucho menos el plantel funciona como una verdadera escuela. He dicho que Vallejo es hoy una tierra sin ley, donde cada uno hace lo que quiere y quienes desean realizar su trabajo lo deben hacer sin ningún apoyo y a veces huyendo del acoso y la persecución.  El plantel es un paraíso para el consumo y venta de drogas, un sindicato de dizque “trabajadores” puede impedir y presionar para que un buen empleado deje su trabajo, no hay limpieza en salones, patios y baños, y procesos tan necesarios y escasos como el concurso para una promoción se realiza con una opacidad tal que el resultado siempre es una fuente de conflictos. Y encima el director general, en lugar de respetar la normatividad y transparencia a que lo obliga su responsabilidad como servidor público, niega la información de los procesos con el peregrino pretexto de que “dañará a los implicados”.
            Este hecho es responsabilidad absoluta del director general. Él violó la normatividad al despedir sin ninguna justificación al anterior director del plantel; la volvió a trastocar al poner en su lugar a un individuo a todas luces inepto e irresponsable de su cargo, que a cambio le ofrece incondicionalidad y acatamiento dócil a todos sus caprichos. Y continúa violando la normatividad universitaria al no llamarlo  a cuentas ni exigirle a él ni a su equipo que cumplan con sus responsabilidades.
            Preocupado porque a veces, influido por las malas noticias, uno puede reaccionar con una visión sesgada de como en realidad son los hechos, consulto a un grupo de profesores, algunos fundadores, destacados docentes otros, pero la mayoría caracterizados por un trabajo serio, responsable, profesional y entregados la mayoría por años a su trabajo  y a la institución. Éste es el panorama que comparte un amplio grupo.

1. ESTE DIRECTOR NO HA REFORZADO NI REFRESCADO PROGRAMAS COMO TUTORÍAS Y ASESORÍAS (MUCHOS DOCENTES DEDICADOS A ESTAS LABORES NO ESTÁN CAPACITADOS PARA REALIZARLAS).
(JOSÉ MONROY TIENE EL DATO DE CUÁNTO DEL PRESUPUESTO CUESTAN AL COLEGIO ESOS ASESORES Y TUTORES.)
2. NINGÚN PERSONAJE RELEVANTE DE LA CIENCIA Y LA CULTURA HA VISITADO EL COLEGIO.
3. NO HAY VIDA O ACCIONES RELEVANTES QUE ENTUSIASMEN A LOS DOCENTES, TODO ES RUTINARIO.
4. LOS ESCASOS GRUPOS DE TRABAJO DE CADA PLANTEL POCO TRASCIENDEN AL COLEGIO EN SU CONJUNTO. ALGUNOS DE LOS POCOS DESTACADOS TIENEN SU PUBLICACIÓN O REVISTA, PERO EN UN ÁMBITO DEMASIADO LOCAL.
5. NO EXISTE UN DIAGNÓSTICO ACTUAL DE LOS PROBLEMAS DE APRENDIZAJE DE LOS ESTUDIANTES, NATIVOS DE LA TECNOLOGÍA, PORQUE SE DESCONOCE EL RUMBO HACIA DONDE VAMOS.
6. LA INERCIA DE LOS PROFESORES ANCIANOS DOMINA A LOS QUE ESTÁN INGRESANDO AL COLEGIO.

Otro profesor expresa:
“Lo más destacado de mencionarse es que en los pasados concursos para obtener plazas de carrera, la mayoría de los concursantes se inconformó y pidió revisión de sus pruebas, teniendo a la vista las pruebas del ganador para comprobar así la parcialidad de los resultados. Pero el ‘transparente’ director general, haciendo mal uso del derecho de acceso a la información, ordenó poner bajo  reserva, por un período de cinco (5) años, la información de los concursos, sin justificar el porqué de la reserva...Te reenvío esa carta...”

Uno más agrega:
“No sé si soy pesimista, pero la atmósfera del Colegio me parece decadente. Los signos del abandono se ven por todos lados. Las figuras directivas no las he visto en lo que llevamos del semestre (cinco semanas); mi salón está invariablemente sucio, los jardines se ven abandonados. No he visto personas trabajando en ellos. Algunos profesores consiguen otra chamba en su horario de clase y nadie se da cuenta. Las actividades académicas no existen. Acabo de revisar la guía para el extraordinario del nuevo Programa de Estudios, y llegan a afirmar que la cabeza de una nota informativa ¡es un epígrafe!  Un trabajo desigual, porque alguna parte me dejó una grata impresión. Atrapados en esta atmósfera, los alumnos andan somnolientos...
“A ojo de buen cubero estos son los temas que me parecen destacados. No me refiero a lo laboral, el cual tú conoces bien.
“SALUDOS Y UN ABRAZO”.
            Hasta ahí las opiniones de varios profesores. El rector y los integrantes de la Junta de Gobierno deberán valorar si el CCH debe seguir siendo noticia sólo cuando aparece en la nota roja, como la que desató la violación cometida a una alumna en la cafetería del plantel Vallejo el pasado lunes 12 de febrero, o recupera su dignidad de destacado bachillerato universitario.




viernes, 2 de febrero de 2018

LOS DICHOS Y LOS HECHOS



Los dichos y los hechos

NOÉ AGUDO


La mayor burla para la inteligencia es ignorarla, hacer como si no existiera. El documento que el director general del CCH entrega a la comunidad del Colegio (Informe Gestión Directiva 2014-2018) es un ejemplo de este desdén. La serie de falacias, verdades a medias, mentiras y generalidades que presenta en alrededor de 200 páginas es evidencia del absoluto desprecio que tiene por la inteligencia de profesores, estudiantes y empleados de esta institución.
            Cuando uno concluye la lectura se pregunta si no padece un agudo ataque de esquizofrenia, porque la realidad contradice palmariamente cada una de las mentiras que desliza el documento. ¿Dónde está ese Colegio modelo que pinta su informe? ¿Dónde los índices de egreso, aprovechamiento y alumnos sobresalientes que presume? ¿Dónde el número de docentes que han logrado su definitividad o promoción?    
            La institución que figura en ese Informe repleto de faltas gramaticales, de estilo y tipográficas vive la peor de sus etapas como ya lo hemos señalado en anteriores escritos: no existen dirección, liderazgo académico, orientación, funcionamiento de los cuerpos colegiados, ni mucho menos mayor aprovechamiento, eficiencia terminal ni incremento del egreso de la población estudiantil, como hace alarde el documento. En todo caso, de existir alguna ligera variación en dichos índices, sería el resultado del trabajo que su antecesora dejó ya hecho. Pero ni así, todos saben que de ella retomó el manido recurso de la actualización de los programas de estudio, tan sólo para provocar un desastre mayor y crear el desconcierto entre los profesores.
            Todos sabemos que hoy día el CCH es un erial académico y cultural, pues por ninguna parte se observa esa fantasía que da a conocer su documento. El director general no se preocupa por la educación ni mucho menos por la situación de los profesores, como lo demuestra el hecho de que sólo retoma con indolencia los programas y proyectos propuestos desde rectoría, tratando de aplicarlos con desigual suerte, o sigue rutinariamente proyectos y tareas creados durante anteriores administraciones. Ningún nuevo proyecto, ninguna idea propia. La cantidad de impugnaciones e inconformidades que han tenido las convocatorias de las que presume su informe, son muestra del singular desaseo con que se realizan los procesos, pues siempre se intenta favorecer a los incondicionales cuando se trata de lograr una definitividad o promoción.
Si hay algún lugar de la UNAM donde la visión patrimonialista de los recursos públicos sigue tan vigente como en los años dorados del partido único, ese es el CCH. El director general no cumplía aún su primer año de administración cuando decidió correr a la secretaria administrativa del plantel Vallejo e imponer en su lugar a un individuo dócil a sus dictados. ¿La razón? Aquella secretaria se tomó en serio la obligación de realizar las obras a través de procesos transparentes y con licitaciones de por medio, hecho que al director general no convenía, pues por su experiencia burocrática sabe que allí existen jugosas tajadas. Esa es la razón por la cual, infringiendo la normatividad del Colegio, que otorga al director del plantel la libertad de designar a su propio equipo de trabajo, le impuso como secretario administrativo a un individuo que había sido echado de otros planteles por turbios manejos, pero que lo obedece obsecuentemente. Además, impuso a su cuñado, ya jubilado, como jefe del almacén, para así operar con discreción absoluta en cuanto a compras y adquisiciones. (Hoy, mañosamente y a la espera de su ratificación para un segundo periodo, lo quitó de allí y lo puso en otra área mientras se decide su suerte.)
Hasta hoy Jesús Salinas aún no ha dado una explicación a la comunidad del CCH por qué despidió al anterior director del plantel Vallejo e impuso otro a su gusto. Violando flagrantemente la normatividad universitaria, primero quitó uno a uno los secretarios del anterior director, hasta dejarlo solo y finalmente deponerlo. Lo logró cuando aquel cumplía apenas su primer año en el cargo, sin explicar jamás las razones que lo llevaron a cometer tan arbitrario hecho. Sobre todo cuando él mismo lo había impuesto, pues todos sabemos que es el director general quien ofrece al rector la terna para dirigir un plantel.
Hoy, cuando sus panegiristas circulan cartas pidiendo su relección y afirman que “ha mantenido un ambiente de estabilidad institucional y apertura al diálogo”, nos gustaría que explicara este hecho, pues a partir de entonces el plantel Vallejo cayó en el abandono, el olvido de sus funciones primordiales y la ausencia de dirección. Hoy es un plantel sin orientación ni rumbo que vive al garete. Cecilio Rojas Espejo, el individuo cercano a Jesús Salinas que ayudó a deponer al anterior director, es el primer colaborador en la búsqueda de su relección. (¡Y cómo no, si su hija Adalith Rojas López es la flamante coordinadora de la Olimpiada Universitaria del Conocimiento!) Semanas antes de aparecer la convocatoria para renovar al director general, empezó a buscar ansiosamente a los profesores inconformes, para decirles que reconocían el desastre que vive el plantel Vallejo, confesar que se habían equivocado en la designación del actual director, Cupertino Rubio Rubio, y  ofrecerles que estarían dispuestos a cambiarlo, porque estaban enterados de que se dedicaba a otras tareas, menos a dirigir el plantel.
  La visión patrimonialista del Colegio en toda su desnudez: Un funcionario que usa el tiempo pagado por el Colegio, y seguramente los recursos, para buscar apoyos para la reelección de su jefe; que ha colocado a la hija en un puesto donde debería estar cualquier profesora o profesor de entre quienes llevan años organizando la Olimpiada Universitaria del Conocimiento; que confiesa paladinamente que pueden quitar a otro director, pues se equivocaron, y que considera que el CCH les pertenece y que pueden hacer con él lo que se les ocurra. ¡Dónde existe esa estabilidad institucional!
Junto con esta concepción patrimonialista viene otra práctica vergonzosa para una institución educativa: el corporativismo. Como en los  viejos tiempos de partido único en el país, cuando se consideraba que al grupo en el poder pertenecían los recursos de la nación y las propiedades públicas, así el director general hoy aprovecha los recursos del Colegio para movilizar a sus huestes (todos los que trabajan en su equipo o le deben algún puesto), u ofrece comisiones y canonjías a otros para que redacten cartas, recojan firmas, se organicen para acudir a hablar a su favor con los integrantes de la Junta de Gobierno y convenzan a los demás compañeros de apoyarlo. Indigno de una institución educativa perteneciente a la UNAM.
Desde luego, esto sucede en una escuela donde el director general ha sido el primero en violar la normatividad y actuar en la más absoluta discrecionalidad, sin rendir cuentas a nadie. Ojalá y trastocar la normatividad universitaria hubiera sido el único acto en detrimento del plantel Vallejo, pero han sido muchos más. En primer lugar usa el plantel a su modo y conveniencia, lo emplea como su base, como si le perteneciera. Todos los funcionarios fueron designados por él, empezando por el títere que lo encabeza. De allí que no haya autoridad y el plantel sea el que encabece la distribución y consumo de drogas a todas horas del día, así como la suciedad, la incuria y el abandono. El sindicato y quien sea más fuerte decide quién debe laborar en el plantel y quién no. Véase en mi blog “Los fuerzan a ir al baile” (https://enhebro-ideas.blogspot.mx).
Varios profesores se enteraron que el hijo del director general había reprobado el examen de conocimientos y allí está en el plantel Sur, impartiendo clase; en la dirección general echó a la doctora Rina Martínez Romero, secretaria académica, y puso en su lugar a otra persona a modo; corrió al secretario general, ingeniero Miguel Ángel Rodríguez Chávez, para colocar a alguien absolutamente incondicional. Y así en otros cargos.
Dicen que los jefes de primera buscan colaboradores de primera, en tanto que los jefes de segunda se rodean de colaboradores de tercera, y así está el Colegio. Por eso no hay propuestas serias, el CCH ha perdido su  carácter especial de bachillerato, de su modelo educativo ya nadie se acuerda, es un colegio más del montón, aunque en el fantasioso informe de gestión aparezca como un modelo de eficacia y grandes logros. Así que, ¿dónde está ese “perfil académico que lo consolida nacional e internacionalmente”? ¿O como qué lo consolida?
Es urgente que el rector y los integrantes de la Junta de Gobierno no permitan que el Colegio se pierda. Es necesario ponerlo al día, rescatarlo del fracaso a que lo han llevado individuos que sólo aprovechan sus recursos para beneficiarse personalmente, colocar y promover a su familia y amigos, pero que han sido incapaces de aportar ninguna idea o proyecto que tienda a hacer realidad el promisorio bachillerato universitario que alguna vez se planteó. Mientras el país echa a andar una reforma educativa de fondo, que atiende factores determinantes en el aprovechamiento de los estudiantes (véase “Educar las Emociones”, al final de este escrito), el CCH vive en el desconcierto y atraviesa su peor etapa. Cuando debería ser justamente el ejemplo de escuela capaz de brindar la educación exigida por nuestro tiempo: la que enseña aprender, la que forma al alumno para un aprendizaje autónomo y la que inculca el aprendizaje para toda la vida.
Si quisieran conocer de primera mano lo que el doctor Jesús Salinas ha hecho del Colegio, bastaría con que entrevistaran a quienes ha lastimado y ofendido. Bastaría que llamaran a profesores que han sufrido su acoso y venganza, como es mi caso, y no creer las versiones fantásticas y edulcoradas que él y sus incondicionales difunden hoy en busca de su reelección. Tiene varias denuncias ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Defensoría de los Derechos Universitarios y mantiene en el limbo acusaciones sin fundamento en la Comisión Mixta de Conciliación y Resolución, esperando que los profesores desistan o mueran, además de demandas laborales en las instancias respectivas. Porque, de creerle, es seguro que también logrará burlarse de la inteligencia  del rector, de los integrantes de la Junta de Gobierno y del Consejo Universitario. Como hoy cree que ha logrado hacerlo con la de profesores, trabajadores y alumnos del CCH.    

CÓMO SALIR DEL CÍRCULO VICIOSO

Lo que pareciera ser el ciclo del eterno retorno de lo mismo en el CCH tiene solución, pero para ello se requiere de una reforma profunda y esto nadie se ha atrevido a proponer ni emprender. Cada aspirante a director general promete que él sí respetará la normatividad universitaria, no obsequiará plazas, vigilará que los concursos para lograr una plaza o promoverse sean transparentes, mantendrá las puertas abiertas, no actuará para un grupo ni practicará el nepotismo y será incluyente, etc. Sin embargo, apenas toman el control olvidan sus promesas.
            Con un discurso así llegó Jesús Salinas y apenas pasados unos días nos dimos cuenta de su verdadero estilo. Un grupo de profesores y yo nos propusimos llevar personajes destacados de la cultura al CCH, porque los estudiantes lo necesitan. Conocer a un escritor, un científico o un personaje sobresaliente los transforma. Llevamos a varios, entre ellos a los directores de las revistas Algarabía y Proceso, a la escritora Laura Esquivel, etc. Pero el día que logramos que Elena Poniatowska acudiera al plantel Vallejo (enero de 2016), un hecho sobresaliente y tumultuoso que no se volverá a repetir, el doctor Jesús Salinas cuidó muy bien de dictar instrucciones para que quienes redactan Gaceta CCH (y solicitó a la misma Gaceta UNAM)  para que no mencionaran por ninguna parte nuestros nombres, como si Elena hubiera aparecido allí por milagro. ¿La razón? Por increíble que parezca, no le podíamos hacer sombra. Eso sí, ordenó al mensajero llevar hasta la misma casa de la escritora la gaceta, para que se notara cuán caballeroso y culto es el director de la institución adonde Elena acudió.
            Ridículos como éste reflejan un enorme complejo o una patología más extrema, pero así pude conocer el estilo “incluyente” del director general.
            Lo que origina este comportamiento es la falta de mecanismos de vigilancia y control dentro del Colegio. El director general y los directores de los planteles pueden actuar con absoluta discrecionalidad y opacidad. Los organismos colegiados, que deberían ser el contrapeso a las decisiones y acciones arbitrarias, no tienen libertad para actuar pues es el mismo director general y los directores quienes los presiden y controlan. Su función, cuando actúan, se reduce a lo académico, como si todas las demás acciones no repercutieran en ello. Los medios de información interna sólo existen para difundir lo que enaltece y hace lucir a los funcionarios. Así que, ¿cómo enterarnos y señalar sus malos manejos?
            Es verdad que la honestidad, preparación profesional y preocupación auténtica por la educación influye en una mejor administración y el CCH ha tenido buenos directores. Pero de un tiempo a la fecha parecen haberse extinguido. La mayoría solo va por el botín.
            En las escuelas que administra la SEP todas las plazas administrativas y de gobierno deben someterse a concurso, al igual que las de profesores. Es una buena medida y ya veremos cómo funciona, por ahora es demasiado temprano. Pero quizá algo así deba pensarse para el CCH. Por ahora debemos seguir confiando en la Junta de Gobierno y el rector.

  Jamás adoctrinar Adoctrinar: instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o cre...