Cómo integrar información para formar
un nuevo texto
NOÉ AGUDO
El siguiente es un ejemplo de cómo
redactar un texto a partir de la información recogida en diversas fuentes
documentales, paso indispensable en todo proceso de investigación
El cuento, ese breve relato en su
mayoría ficticio, que se ha vuelto uno de los géneros literarios más leídos y
cultivados por público y escritores de nuestros días, surgió como una
derivación del mito, pero sobre todo de las leyendas, fábulas y relatos
populares que se transmitían de manera oral y que por ese hecho se iban modificando
y adaptando dependiendo de quién, dónde y cuándo los contara. La necesidad
humana por conocer historias, por hacer uso de la imaginación y por expandir la
capacidad de fantasear, pero también por tener algo en qué ocupar esas largas
noches de invierno junto al fuego, hicieron que casi todas las culturas de la
Tierra urdieran estos relatos que hoy disfrutamos leyendo sentados bajo un
árbol, en la intimidad de nuestra recámara o viajando incómodos en el Metro.
Por su origen, podemos hablar de dos
tipos de cuento: el popular y el literario. El cuento popular es, como su
nombre lo indica, aquel que ha sido elaborado por narradores anónimos, que se
ha transmitido de forma oral y que por lo mismo puede tener varias versiones.
Ejemplo paradigmático de este tipo lo representan los reunidos en el libro
conocido como Las mil y una
noches, ese conjunto de antiguos relatos y leyendas árabes, persas,
egipcios, chinos e indios que sólo fueron posibles de ser leídos cuando un
anónimo poeta decidió recopilarlos para integrarlos en forma de libro. A esta
compilación siguieron otras que incluían nuevas historias, a las que de paso
los copistas corregían o agregaban distintas versiones de acuerdo con sus
ideas.
Como afirma L. Pérez Reyes, quien
escribe la introducción para la edición que yo poseo: “En su forma actual,
unificada, esta obra maestra de la ficción humana no se conoció en Europa hasta
principios del siglo XVIII, y en Oriente, hasta mucho después, aunque parezca
paradójico”. Esto es así porque Antoine Galland, el orientalista francés que
introdujo el libro en Europa, halló en Siria un manuscrito que tradujo como Las
mil y una noches, y “lo amplió con relatos de un cristiano de Alepo, que
estaba en París por aquellas fechas (1709).”1 El impacto que causaron los relatos
fue tal que nuevas ediciones y versiones aparecieron durante todo el siglo.
Actualmente se pueden hallar múltiples versiones de dichos textos, entre las
cuales sobresalen las siguientes ediciones:
“La de Calcuta (1814), fragmentaria,
por haberse perdido parte en un naufragio.
“La de Breslau (1826), inmensa, de doce
volúmenes, que dice valerse de un manuscrito de Túnez.
“La de Bulaq o El Cairo (1835), basada
en un manuscrito local y fuente de las posteriores ediciones impresas en Egipto.
“La de W. R. Macnaghten, o segunda de
Calcuta (1839).
“La de Gustavo Weil, que vertió al
alemán otro texto árabe y fue publicada en castellano en Barcelona (1842).
“La de Beirut, editada por los PP.
Jesuitas (1888).
“La de J. C. Mardrús, pesada e
indigesta, publicada en París (1902) y luego traducida al castellano por
Vicente Blasco Ibáñez.”2
Otros grandes compiladores del cuento
popular son el francés Charles Perrault y los hermanos alemanes Jacob y Wilhelm
Grimm, quienes nos han regalado esos hermosos cuentos infantiles que hoy se han
vuelto películas, musicales e incluso obras teatrales. Aunque también inspirado en
relatos folklóricos y leyendas, el danés Hans Christian Andersen no puede ser
considerado sólo un compilador. Él fue en realidad un enorme autor de numerosos
cuentos infantiles que mucho nos deleitaron durante la infancia y aún los
seguimos disfrutando.
El cuento literario, por su
parte, es aquel relato escrito por un autor conocido, resultado de sus
experiencias, talento narrativo e imaginación. En este cuento no hay otras
versiones ni modificaciones, a menos que sea el propio autor quien las haga,
pero casi siempre serán superficiales, vale decir, de estilo.
Aunque es un género relativamente
moderno, es posible encontrar antecedentes suyos desde la Antigüedad. Qué otra
cosa sino un cuento es esa breve historia escrita por un impreciso individuo
conocido sólo como Longo, a quien se atribuye el relato (¿novela corta o cuento
largo?) de Dafnis y Cloe, escrito en el siglo II a. de C. De igual
modo, El asno de oro (también del siglo II a. de C.) y el Satiricón (siglo I a. de C.), de Apuleyo y
Petronio, respectivamente, aunque estén considerados como novelas, por su
estructura son una serie de relatos que bien podrían considerarse precursores
del cuento literario.
Sin embargo, habrá que esperar casi al
final de la Edad Media (1351) para que Giovanni Boccaccio escriba su Decamerón (déka, diez, y hemérai, días; diez días) y
tener con él un antecedente más preciso de lo que será el cuento. Recuérdese
que el libro narra lo que siete mujeres y tres hombres hacen para ponerse a
salvo de la peste: se encierran en un castillo en donde cada uno cuenta por la
noche un relato durante diez días. Como debe hacerlo cada uno de los diez, los
relatos son breves, pero todos tienen un principio, un desarrollo y un final,
es decir, una estructura propia, lo que los diferenciará de El asno de oro y el Satiricón,
en los que los cuentos son parte de una estructura más amplia. 3
Inspirado por el Decamerón,
en 1380 Geoffrey Chaucer da inicio a sus Cuentos de Canterbury, los cuales
incluyen una más amplia variedad de temas y personajes, ya que quienes los
narran son los peregrinos que acuden a la catedral de Canterbury, a la iglesia
del mismo nombre, y son múltiples las historias que van contando durante las
jornadas para aligerar la marcha.4
Hay muchos otros antecedentes del
cuento literario, pero sin duda el paso determinante, previo a su invención
como género literario, es la aparición de Ernest Theodor Amadeus Hoffmann
(1776-1822), quien además de literato, crítico musical, compositor y
dramaturgo, influyó con sus narraciones cortas al padre del cuento literario
moderno: Edgar Allan Poe. Sin narraciones como “El hombre de arena” (cuyo título
Borges recuperará para El
libro de arena), “El puchero de oro”, “Los elixires del diablo” o “La noche
de San Silvestre”5, que Poe conoció y leyó, seguramente no habría
escrito esos cuentos que se volvieron un modelo para tantos escritores del
siglo XIX y aun para los actuales.
Como bien lo reconoce el escritor
cubano Guillermo Cabrera Infante: “La
ciencia ficción encontró en el cuento su forma perfecta para un arte
imperfecto. Todos los maestros del cuento de horror anglosajón tienen, hay que
decirlo, como antecedente primero, una vez más, a Poe”.6 No sólo del cuento de horror es
inventor Poe, también del de misterio, del policíaco, del de ciencia ficción,
pero sobre todo es quien establece las características esenciales de este
género: brevedad, resolución del “cómo”, unidad en torno a un solo tema, pocos
personajes “cuyo carácter se revela esquemáticamente”, un solo efecto global, lenguaje conciso,
variedad temática y, sobre todo en el cuento moderno, “un final sorpresivo”. 7
Después de Edgar Allan Poe (1809-1849) el
cuento adquirió una identidad propia como género literario y muchos poetas,
novelistas e incluso filósofos se han dedicado a cultivarlo, pues su forma y
temática son tan versátiles que narradores como Jorge Luis Borges no se sabe con
certeza cuándo sus textos son cuentos, cuándo poemas o ensayos. Algunos nombres
de grandes cuentistas modernos son Guy de Maupassant, Anton Chejov, Robert
Louis Stevenson, Henry James, Washington Irving, y en América Latina Horacio
Quiroga, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Edmundo Valadés y José Emilio Pacheco, por
citar algunos.
Podemos concluir, entonces, que el
cuento literario adquirió carta de naturaleza a partir del siglo XIX, pues,
como bien anota el crítico español Arturo Molina García: “Antes del siglo XIX
el cuento se manejaba sin plena consciencia de su importancia como género
literario con personalidad propia. Era un género menor del que no se
sospechaban las posibilidades de belleza, emoción y humanidad que podía
contener su brevedad. Hubo buenos cuentistas, individualmente considerados, con
sello personal, pero fueron muy pocos, fueron casos aislados que sorprendían
como destellos. Lo que no había, desde luego, era una tradición cuentista,
cuajada, en ebullición permanente, como la que comienza a existir a partir del
siglo XIX.”8
NOTAS
1 Anónimo: Las mil y una noches.
Introducción de L. Pérez de los Reyes, pág. 6.
2 Ibid.,
pág. 7
3 Boccaccio,
Giovanni: Decamerón. Introducción de F. J. Alcántara, pp.
XIII-XXII.
4 es.wikipedia.org/wiki/Geoffrey_Chaucer
5 es.wikipedia.org/wiki/E._T._A._Hoffmannn
6Cabrera
Infante, Guillermo: “Y va de cuentos”. Conferencia subida a
Scribd:es.scribd.com/doc/16522096/Cabrera Infante-Guillermo-Y-Va-de-Cuentos.
7 Véase:
Berinstáin, Helena: Diccionario
de retórica y poética, págs. 126-127.
8 En
Giardinelli, Mempo: Así se
escribe un cuento, págs. 15 y 16.
BIBLIOGRAFÍA
1) Anónimo (1988), Las mil y una noches. Madrid. Edimat Libros. Ediciones y Distribuciones Mateos, 576 pp.
2) Berinstáin,
Helena (2003), Diccionario de
retórica y poética. México, 2003. Editorial Porrúa, octava edición, 520 pp.
3) Boccaccio,
Giovanni (1995), Decamerón.
Barcelona. Obras Maestras del Milenio, Editorial Planeta de Agostini,
Vol. I, 323 pp.
4) Cabrera
Infante, Guillermo: “Y va de cuentos”, en: es.scribd.com/doc/16522096/Cabrera
Infante-Guillermo-Y-Va-de-Cuentos. 16/X/11.5:45
p.m.
5) es.wikipedia.org/wiki/GeoffreyChaucer. 14/X/11,
20:00 horas.
6) es.
wikipedia.org/wiki/E._T._A._Hoffmann. 15/X/11.
16:15 horas.
7) Giardinelli,
Mempo (1998), Así se escribe un
cuento. México. Nueva Imagen. Editorial Patria, 307 pp.
NOTA IMPORTANTE:
Como pueden observar, el texto está
redactado a partir de siete fuentes, una de las cuales se cita dos veces. Las
notas a pie de página 1 y 2 son citas textuales, en tanto que la 3, 4 y 5 son
resúmenes y paráfrasis. La nota 6 vuelve a ser una cita textual, en tanto que
la 7 torna a ser un resumen. Finalmente, la 8 es una amplia cita textual.
Otra observación importante: las notas
a pie de página sólo proporcionan el nombre del autor, el título de su trabajo
y la página o las páginas de las cuales se tomó la información. Los elementos
como lugar y año de edición, volumen, pie de imprenta y total de páginas, así
como la fecha y hora de las consultas en Internet, se anotan pero en la Bibliografía.
creo que el texto ayuda pero ahí un problema es que estaría mejor si pusieran un resumen con las ideas principales
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