domingo, 23 de junio de 2013

Estrategia: Cómo integrar información para formar un nuevo texto

Cómo integrar información para formar un nuevo texto

NOÉ AGUDO

El siguiente es un ejemplo de cómo redactar un texto a partir de la información recogida en diversas fuentes documentales, paso indispensable en todo proceso de investigación


El cuento, ese breve relato en su mayoría ficticio, que se ha vuelto uno de los géneros literarios más leídos y cultivados por público y escritores de nuestros días, surgió como una derivación del mito, pero sobre todo de las leyendas, fábulas y relatos populares que se transmitían de manera oral y que por ese hecho se iban modificando y adaptando dependiendo de quién, dónde y cuándo los contara. La necesidad humana por conocer historias, por hacer uso de la imaginación y por expandir la capacidad de fantasear, pero también por tener algo en qué ocupar esas largas noches de invierno junto al fuego, hicieron que casi todas las culturas de la Tierra urdieran estos relatos que hoy disfrutamos leyendo sentados bajo un árbol, en la intimidad de nuestra recámara o viajando incómodos en el Metro.
    Por su origen, podemos hablar de dos tipos de cuento: el popular y el literario. El cuento popular es, como su nombre lo indica, aquel que ha sido elaborado por narradores anónimos, que se ha transmitido de forma oral y que por lo mismo puede tener varias versiones. Ejemplo paradigmático de este tipo lo representan los reunidos en el libro conocido como Las mil y una noches, ese conjunto de antiguos relatos y leyendas árabes, persas, egipcios, chinos e indios que sólo fueron posibles de ser leídos cuando un anónimo poeta decidió recopilarlos para integrarlos en forma de libro. A esta compilación siguieron otras que incluían nuevas historias, a las que de paso los copistas corregían o agregaban distintas versiones de acuerdo con sus ideas.
    Como afirma L. Pérez Reyes, quien escribe la introducción para la edición que yo poseo: “En su forma actual, unificada, esta obra maestra de la ficción humana no se conoció en Europa hasta principios del siglo XVIII, y en Oriente, hasta mucho después, aunque parezca paradójico”. Esto es así porque Antoine Galland, el orientalista francés que introdujo el libro en Europa, halló en Siria un manuscrito que tradujo como Las mil y una noches, y “lo amplió con relatos de un cristiano de Alepo, que estaba en París por aquellas fechas (1709).”1 El impacto que causaron los relatos fue tal que nuevas ediciones y versiones aparecieron durante todo el siglo. Actualmente se pueden hallar múltiples versiones de dichos textos, entre las cuales sobresalen las siguientes ediciones:
    “La de Calcuta (1814), fragmentaria, por haberse perdido parte en un naufragio.
    “La de Breslau (1826), inmensa, de doce volúmenes, que dice valerse de un manuscrito de Túnez.
   “La de Bulaq o El Cairo (1835), basada en un manuscrito local y fuente de las posteriores ediciones impresas en Egipto.
    “La de W. R. Macnaghten, o segunda de Calcuta (1839).
    “La de Gustavo Weil, que vertió al alemán otro texto árabe y fue publicada en castellano en Barcelona (1842).
    “La de Beirut, editada por los PP. Jesuitas (1888).
    “La de J. C. Mardrús, pesada e indigesta, publicada en París (1902) y luego traducida al castellano por Vicente Blasco Ibáñez.”2
    Otros grandes compiladores del cuento popular son el francés Charles Perrault y los hermanos alemanes Jacob y Wilhelm Grimm, quienes nos han regalado esos hermosos cuentos infantiles que hoy se han vuelto películas, musicales e incluso obras teatrales.  Aunque también inspirado en relatos folklóricos y leyendas, el danés Hans Christian Andersen no puede ser considerado sólo un compilador. Él fue en realidad un enorme autor de numerosos cuentos infantiles que mucho nos deleitaron durante la infancia y aún los seguimos disfrutando.
    El cuento literario, por su parte, es aquel relato escrito por un autor conocido, resultado de sus experiencias, talento narrativo e imaginación. En este cuento no hay otras versiones ni modificaciones, a menos que sea el propio autor quien las haga, pero casi siempre serán superficiales, vale decir, de estilo.
    Aunque es un género relativamente moderno, es posible encontrar antecedentes suyos desde la Antigüedad. Qué otra cosa sino un cuento es esa breve historia escrita por un impreciso individuo conocido sólo como Longo, a quien se atribuye el relato (¿novela corta o cuento largo?) de Dafnis y Cloe, escrito en el siglo II a. de C. De igual modo, El asno de oro (también del siglo II a. de C.) y el Satiricón (siglo I a. de C.), de Apuleyo y Petronio, respectivamente, aunque estén considerados como novelas, por su estructura son una serie de relatos que bien podrían considerarse precursores del cuento literario.
    Sin embargo, habrá que esperar casi al final de la Edad Media (1351) para que Giovanni Boccaccio escriba su Decamerón (déka, diez, y hemérai, días; diez días) y tener con él un antecedente más preciso de lo que será el cuento. Recuérdese que el libro narra lo que siete mujeres y tres hombres hacen para ponerse a salvo de la peste: se encierran en un castillo en donde cada uno cuenta por la noche un relato durante diez días. Como debe hacerlo cada uno de los diez, los relatos son breves, pero todos tienen un principio, un desarrollo y un final, es decir, una estructura propia, lo que los diferenciará de El asno de oro y el Satiricón, en los que los cuentos son parte de una estructura más amplia. 3
    Inspirado por el Decamerón, en 1380 Geoffrey Chaucer da inicio a sus Cuentos de Canterbury, los cuales incluyen una más amplia variedad de temas y personajes, ya que quienes los narran son los peregrinos que acuden a la catedral de Canterbury, a la iglesia del mismo nombre, y son múltiples las historias que van contando durante las jornadas para aligerar la marcha.4
    Hay muchos otros antecedentes del cuento literario, pero sin duda el paso determinante, previo a su invención como género literario, es la aparición de Ernest Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), quien además de literato, crítico musical, compositor y dramaturgo, influyó con sus narraciones cortas al padre del cuento literario moderno: Edgar Allan Poe. Sin narraciones como “El hombre de arena” (cuyo título Borges recuperará para El libro de arena), “El puchero de oro”, “Los elixires del diablo” o “La noche de San Silvestre”5, que Poe conoció y leyó, seguramente no habría escrito esos cuentos que se volvieron un modelo para tantos escritores del siglo XIX y aun para los actuales.
    Como bien lo reconoce el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante: “La ciencia ficción encontró en el cuento su forma perfecta para un arte imperfecto. Todos los maestros del cuento de horror anglosajón tienen, hay que decirlo, como antecedente primero, una vez más, a Poe”.6 No sólo del cuento de horror es inventor Poe, también del de misterio, del policíaco, del de ciencia ficción, pero sobre todo es quien establece las características esenciales de este género: brevedad, resolución del “cómo”, unidad en torno a un solo tema, pocos personajes “cuyo carácter se revela esquemáticamente”, un solo  efecto global, lenguaje conciso, variedad temática y, sobre todo en el cuento moderno, “un final sorpresivo”. 7
    Después de Edgar Allan Poe (1809-1849) el cuento adquirió una identidad propia como género literario y muchos poetas, novelistas e incluso filósofos se han dedicado a cultivarlo, pues su forma y temática son tan versátiles que narradores como Jorge Luis Borges no se sabe con certeza cuándo sus textos son cuentos, cuándo poemas o ensayos. Algunos nombres de grandes cuentistas modernos son Guy de Maupassant, Anton Chejov, Robert Louis Stevenson, Henry James, Washington Irving, y en América Latina Horacio Quiroga, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Edmundo Valadés y José Emilio Pacheco, por citar algunos.
    Podemos concluir, entonces, que el cuento literario adquirió carta de naturaleza a partir del siglo XIX, pues, como bien anota el crítico español Arturo Molina García: “Antes del siglo XIX el cuento se manejaba sin plena consciencia de su importancia como género literario con personalidad propia. Era un género menor del que no se sospechaban las posibilidades de belleza, emoción y humanidad que podía contener su brevedad. Hubo buenos cuentistas, individualmente considerados, con sello personal, pero fueron muy pocos, fueron casos aislados que sorprendían como destellos. Lo que no había, desde luego, era una tradición cuentista, cuajada, en ebullición permanente, como la que comienza a existir a partir del siglo XIX.”8
   


NOTAS
Anónimo: Las mil y una noches. Introducción de L. Pérez de los Reyes, pág. 6.
Ibid., pág. 7
Boccaccio, Giovanni: Decamerón. Introducción de F. J. Alcántara, pp. XIII-XXII.
es.wikipedia.org/wiki/Geoffrey_Chaucer
es.wikipedia.org/wiki/E._T._A._Hoffmannn
6Cabrera Infante, Guillermo: “Y va de cuentos”. Conferencia subida a Scribd:es.scribd.com/doc/16522096/Cabrera Infante-Guillermo-Y-Va-de-Cuentos.
Véase: Berinstáin, Helena: Diccionario de retórica y poética, págs. 126-127.
En Giardinelli, Mempo: Así se escribe un cuento, págs. 15 y 16.

BIBLIOGRAFÍA
1)  Anónimo (1988), Las mil y una noches. Madrid. Edimat Libros. Ediciones y Distribuciones Mateos, 576 pp.
2)  Berinstáin, Helena (2003), Diccionario de retórica y poética. México, 2003. Editorial Porrúa, octava edición, 520 pp.
3)  Boccaccio, Giovanni (1995), Decamerón. Barcelona. Obras Maestras del Milenio, Editorial Planeta de Agostini, Vol. I, 323 pp.
4) Cabrera Infante, Guillermo: “Y va de cuentos”, en: es.scribd.com/doc/16522096/Cabrera Infante-Guillermo-Y-Va-de-Cuentos. 16/X/11.5:45 p.m.
5)  es.wikipedia.org/wiki/GeoffreyChaucer. 14/X/11, 20:00 horas.
6)  es. wikipedia.org/wiki/E._T._A._Hoffmann. 15/X/11. 16:15 horas.
7)  Giardinelli, Mempo (1998), Así se escribe un cuento. México. Nueva Imagen. Editorial Patria, 307 pp.

NOTA IMPORTANTE:
Como pueden observar, el texto está redactado a partir de siete fuentes, una de las cuales se cita dos veces. Las notas a pie de página 1 y 2 son citas textuales, en tanto que la 3, 4 y 5 son resúmenes y paráfrasis. La nota 6 vuelve a ser una cita textual, en tanto que la 7 torna a ser un resumen. Finalmente, la 8 es una amplia cita textual.

   Otra observación importante: las notas a pie de página sólo proporcionan el nombre del autor, el título de su trabajo y la página o las páginas de las cuales se tomó la información. Los elementos como lugar y año de edición, volumen, pie de imprenta y total de páginas, así como la fecha y hora de las consultas en Internet, se anotan pero en la Bibliografía.

1 comentario:

  1. creo que el texto ayuda pero ahí un problema es que estaría mejor si pusieran un resumen con las ideas principales

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