AAA. Se coleccionan
aforismos
NOÉ AGUDO
Define el Diccionario
de retórica y poética de Helena Beristáin al aforismo como una “breve
sentencia aleccionadora que se propone como una regla formulada con claridad,
precisión y concisión”. El aforismo es sinónimo ─aunque con algunas particularidades─ del apotegma, la sentencia, el refrán, la paremia, el
adagio, la máxima, el proverbio y la greguería. Al aforismo moral, por ejemplo,
muchos lo llaman apotegma, adagio o máxima. Más aún si lo ha formulado un personaje célebre: Yo sólo sé que no sé nada (Sócrates). En
cambio, el enunciado que expresa un lugar
común con pretensiones de validez universal como norma de vida, es la
sentencia: Haz el bien y no mires a quien.
Aquella que encierra un trozo de sabiduría popular, a su vez, es el refrán,
adagio, proverbio o “dicho”: Al que
madruga, Dios lo ayuda. Etc.
¿Cómo reconocer un
buen libro? El aforismo es una de mis claves. Si un texto posee una redacción
aceptable, pero incapaz de brindarme un nuevo término en al menos las tres
primeras páginas, las sospechas inician: “Tal vez estoy ante un texto que
cualquier buen redactor podría escribir”, pienso. Mas si en sus primeras
páginas el libro me hace recurrir al diccionario, y de pronto salta un aforismo
(que debe aparecer de manera natural, casi espontánea) no me cabe ninguna duda
que estoy ante un buen libro, que vale la pena concluir, y entonces me dispongo
gustoso a sorberle el tuétano. Puede ser una novela, un libro de relatos, de
historia, de filosofía o ciencia, e incluso un breve ensayo o artículo. El
aforismo es signo de un pensamiento bien estructurado, denso en su contenido,
bello en su redacción.
La concisión y
precisión son cualidades del lenguaje, oral o escrito, gratas por sí mismas:
dan la apariencia de ser verdades irrefutables, contundentes, casi axiomas. Una
sólida teoría social es precisamente eso: la interpretación clara, precisa y
coherente de un fenómeno que comprueba su validez en el ensayo: acierto o
error, hasta que una nueva teoría la modifique. Lo que Popper denomina “la
falsación” de la ciencia. Y no se diga de su eficacia en el arte: las visiones
coherentes que la literatura nos proporciona del universo, dejan de ser
metáforas para transformarse en espejos que magnifican y reflejan con mayor
claridad la realidad.
“La historia
participa de la ciencia por sus métodos y de la poesía por su visión” ha dicho
Octavio Paz, y es lo que brinda placer y hace certeros a sus textos.
Expresiones como “La imaginación es la facultad que descubre las relaciones
ocultas entre las cosas”, o “La exaltación del muerto pasado indio coexiste con
el odio y el temor ante el indio vivo”, son base lúcida y firme para escribir
un ensayo filosófico o político. No por nada el aforismo puede ser usado como
el punto de partida para desarrollar las ideas y la escritura. O para provocar.
Es la estrategia que siguen quienes saben usar bien el epígrafe.
Decir, por ejemplo:
“El número y tamaño de los televisores que hay en una casa es inversamente
proporcional al grado de cultura que existe en esa casa”, puede ser una afrenta
pero también un acierto. Aunque quizá sólo se trate de una aguda greguería.
Nietzsche es el maestro del aforismo porque su modelo de escritura aforística,
no es su filosofía un conjunto sistematizado. Pero también grandes cultivadores
del aforismo han sido Séneca, Erasmo de Roterdam (compilador de la Adagiorum collectanea, llamada después Adagiorum chiliades), Shakespeare,
Pascal, Tólstoi, Kafka, Lichtenberg. No importa la época ni la cultura, la
sabiduría en dosis precisas y concisas es inherente a la lucidez del
pensamiento. Porque lo engendra, lo madura y lo lanza a la aventura.
Ahora hay libros que reúnen aforismos, por
temas o autores. Extraño uno de Noel Clarasó i Serrat que extravié (Diccionario de citas, se llamaba). Fue
uno de los primeros que los compendiaba de forma sistemática. Como no he podido
encontrarlo, anoto en un cuaderno los que voy cazando. He aquí algunos:
Puede ser que
la igualdad sea un derecho, pero ninguna fuerza humana logrará convertirla en
un hecho.
Balzac
Es una
terrible desgracia no ser amado cuando se ama; pero también lo es ser amado con
pasión cuando no se ama.
Benjamin Constant
La
intolerancia puede definirse como la indignación de los hombres que no tienen
opiniones.
Gilbert K. Chesterton
El hombre es
la más cruel de todas las fieras cuando a las pasiones se une el poder.
Plutarco
En las cortes
despóticas, el primer intrigante hábil dispone de la verdad, como en París
dispone de ella la moda.
Stendhal
No hay como
ser amados por quienes no amamos para sentir la añoranza de aquellos a quienes
amamos.
Giuseppe Pontiggia
Cualquier
destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento:
el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.
Jorge Luis Borges
Un poco de
ciencia aleja de la religión, y demasiada ciencia acerca a ella.
Gustave Flaubert
La adulación
es moneda falsa que no circularía de no ser por la vanidad.
La Rochefoucauld
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