domingo, 23 de junio de 2013

Artículo: Ecce Homo

ECCE HOMO
(He aquí el hombre)

 NOÉ AGUDO

A veces uno queda marcado por personas, textos, piezas musicales o hechos que pasaron fugazmente, y el resto de la vida los trata de reencontrar sin hallarlos jamás. Pero en otras el reencuentro ocurre y con ello esa parte de la vida se complementa y uno se enriquece pues obtiene un cuadro más definido de lo que fue o es. La vida se ve entonces como un rompecabezas que, dependiendo de la intensidad con que cada uno la viva, hallará más o menos piezas para armarlo.  
   Pienso esto mientras recapacito en que ya no busco novedades, sino que prefiero confirmar un puñado de verdades e intuiciones que se me han dado. Tal vez fue en la secundaria cuando leí el fragmento de una semblanza que Stefan Zweig escribió sobre Friedrich Nietzsche. Seguramente fue en el artículo de alguna revista, no recuerdo cuál era, pero citaba parte de ese retrato que me impresionó profundamente. Por años traté de encontrarlo, sin suerte, pues no sabía dónde. Fue un encuentro fugaz que me marcó por siempre.
    Me permitió saber por primera vez acerca de Nietzsche. Luego, al conocer títulos tan poéticos como El viajero y su sombra, El crepúsculo de los ídolos, Más allá del bien y del mal, La genealogía de la moral, Así hablaba Zaratustra, etc., mi interés por él se acrecentó. Pero mi encuentro tuvo que aplazarse hasta vivir una profunda crisis juvenil y entonces, como el lobo que se refugia en su cubil, me fui con casi todos los libros de Nietzsche a mi vieja sierra para devorarlos uno a uno. Regresé fortalecido. Había conocido al filósofo de la moral y de la voluntad de poder y sus ideas me dieron impulso para vivir mi juventud de manera desenfrenada, impetuosa, sin temores, sintiéndome con derecho a todo, pues entendía que era un león dispuesto a recuperar la inocencia del niño.
   Conforme fui conociendo autores me di cuenta que muchos otros vivieron este deslumbramiento que es también un renacimiento. De José Vasconcelos a Milan Kundera, de Jorge Cuesta a Octavio Paz, de Ortega y Gasset a Fernando Savater, muchos son los jóvenes que han caído bajo el influjo de Dionisios. ¿Y aquel retrato?
   Tuvieron que pasar casi cuarenta años. Debí esperar la invención del Internet, y luego la instalación del buscador de Google, para que un día reciente pusiera "Stefan Zweig dice de Nietzsche” y diera el click. El buscador me llevó a las páginas de un libro titulado La lucha contra el demonio, subido en PDF. Moví con ansias el cursor, pasé páginas y páginas a gran velocidad y por fin, allí estaban, tal como las leí durante la secundaria, las conmovedoras palabras de Zweig:
   “La mesa está colmada de papeles, notas, escritos, pruebas; pero ni una flor, ni un adorno, algún libro apenas y, muy raras veces, alguna carta. Allá en un rincón, un pesado cofre de madera, toda su fortuna: dos camisas, un traje, libros y manuscritos. Sobre un estante, muchas botellitas, frascos y medicinas con que combatir unos dolores que le tienen loco durante horas y más horas, para luchar con los espasmos gástricos y los vómitos, para vencer su pereza intestinal y para combatir, sobre todo, su terrible insomnio con cloral y veronal. Un horrible arsenal de venenos y de drogas que es la única ayuda que puede encontrar en el vacío de un cuarto extranjero, donde no le es posible encontrar otro reposo que el obtenido por un sueño corto, artificial, forzado. Envuelto en una capa y una bufanda de lana (pues la chimenea hace humo, pero no da calor), con sus dedos ateridos, sus gruesos lentes tocando casi el papel, escribe rápidamente, durante hora enteras, palabras que sus mismos ojos no pueden luego apenas descifrar. Durante horas está allá sentado escribiendo, hasta que los ojos le arden y lagrimean; una de las pocas felicidades de su vida es que alguien, apiadado de él, se le ofrezca para escribir un rato. Si hace buen día, el eterno solitario sale a dar un paseo, siempre solo con sus pensamientos. Nadie lo saluda jamás, nadie lo acompaña jamás, nadie lo para jamás.”
   Ése es el Nietzsche que conocí, siendo todavía un niño que pasaba a la adolescencia. Y el fragmento viene en un libro donde Stefan Zweig reúne la semblanza de tres practicantes de la gaya ciencia: Friedrich Hölderlin, Heinrich Von Kleist y Friedrich Nietzsche (La lucha contra el demonio, editorial El Acantilado). Después de muchos años, encontré por fin el texto completo del cual me impactó tanto el fragmento citado. Ahora, cuando veo a un joven o a una chica con un libro de Nietzsche en sus manos, confirmo que los sigue seduciendo y quisiera decirles, sólo decirles: lean la traducción de Andrés Sánchez Pascual, la de Alianza Editorial. Es la mejor.      


No hay comentarios:

Publicar un comentario

  Jamás adoctrinar Adoctrinar: instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o cre...