domingo, 23 de junio de 2013

LA BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO

La búsqueda del
equilibrio

NOÉ AGUDO

Difícil hallar el equilibrio, la estabilidad emocional y la serenidad en nuestra vida. Alcanzar la seguridad y la tranquilidad es y ha sido el propósito de todas las acciones, nobles y deleznables, que el hombre realiza y ha realizado y en ellas consume su energía, su inteligencia y su vida, quedando casi siempre atrapado en la red de medios que emplea sin conseguir nunca el objetivo principal.
    Religiones milenarias como el hinduismo o doctrinas como el budismo han intentado encontrar el camino para superar el dilema. En la religión hinduista, el término nirvana procede de un verbo cuyo significado es enfriarse o apagarse, y su connotación sugiere que sólo extinguiendo las llamas de la lujuria, del odio, la codicia o la ignorancia se logrará la liberación espiritual. Para el budismo el nirvana es el encuentro con la naturaleza más profunda de uno mismo, y sólo necesita ser reconocida.
    Más cercanos, los griegos denominaron ataraxia a la disposición de ánimo gracias al cual es posible alcanzar la quietud y el equilibrio. Ataraxia es tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en el alma, razón y sentimientos, y es posible alcanzarla a través de la filosofía, como lo propone Epicuro (“la tranquilidad espiritual propia del sabio que distingue los deseos naturales de los que no lo son y es capaz de alejarse de aquello que es vano”); por medio de la virtud, según los estoicos, y descartando los juicios a priori o las verdades absolutas, es decir, la ignorancia, como lo plantean los escépticos.
    Millones de personas viven deseosas de controlar sus emociones, o al menos de dejar de experimentar aquellas consideradas negativas (el odio, la envidia, los resentimientos, la tristeza), y muchas más se afanan por aminorar aunque sea un poco el influjo de aquellas que se consideran positivas (la puntualidad, la eficacia, el éxito) y que son las que dictan el ritmo de la vida actual.
    Este interés se acrecienta cuanto más difíciles son las condiciones de sobrevivencia y cuanto más duro es tratar de modificarlas como individuos, es decir, personalmente. Así lo demuestra el hecho de que los hospitales están repletos de pacientes cuyos padecimientos tienen un origen mental o emocional. Franklin Ebaugh, director de la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado, lo advirtió pocos años antes de que el estrés se volviera un padecimiento general. Ebaugh señalaba que una tercera parte de todos los casos de enfermedades, sus causas son claramente orgánicas, en naturaleza y en principio; otra tercera tiene sus orígenes en una combinación de lo orgánico y lo emocional. Y otra tercera sus causas son claramente emocionales. Dicho así, más de la mitad de las enfermedades tienen un origen emocional. ¿Cómo no aspirar entonces a lograr el equilibrio?
    De allí el éxito de los libros de “superación personal” o de los de “confortamiento espiritual”, que tienen el desafortunado efecto de quedar en el olvido en cuanto se concluye su lectura. Autores como Carlos C. Sánchez, Robin Sharma o Deepak Chopra suplantan hoy día a los verdaderos filósofos y reformadores culturales como Séneca, Erasmo de Rotterdam, Ralph W. Emerson y Rabindranath Tagore, entre otros, y medran con las necesidades espirituales de la gente.
    Alguien, cuya solvencia intelectual, moral y científica están fuera de duda, que mejor percibió esta necesidad de lograr el equilibrio es Blaise Pascal (1623-1662). Matemático, físico y filósofo francés, contemporáneo de Corneille, Descartes y Fermat, a Pascal debemos la invención de la jeringa, la prensa hidráulica, la primera calculadora que pudo sumar y restar, y cuyos principios son aún utilizados hoy día, y el descubrimiento de la ley de presión. Con el matemático Pierre Fermat fundó la teoría de la probabilidad, produjo además importantes teoremas en la geometría descriptiva y elaboró el estudio de la cicloide, con lo que aportó un enorme desarrollo al cálculo diferencial.
    Pero tal vez Pascal sea más recordado por sus dos libros de corte religioso y filosófico: las Cartas provinciales y los Pensamientos. En este último formuló la célebre apuesta en torno a la existencia de Dios (en una apuesta, dice, si Dios no existe, nada pierde en creer uno en él, mientras que si existe, lo perderá todo por no creer). Libro inconcluso en el que se proponía hacer una apología del cristianismo, los Pensamientos es también un modelo de sabiduría aforística que influirá en pensadores como Schopenhauer, Nietzsche, Kierkegaard y Unamuno.
    En el apartado VIII. Divertimento (cito la traducción al español que se hizo del texto preparado por Louis Lafuma para la edición de las Obras completas de Pascal publicadas por Editions du Seuil en 1963) Pascal afirma: “Cuando algunas veces me he puesto a considerar las diversas agitaciones de los hombres, y los peligros y las penas a las que se exponen en la corte, en la guerra, de donde nacen tantas querellas, pasiones, empresas audaces y a menudo malas, etc., he dicho frecuentemente que toda la desgracia de los hombres procede de una sola cosa, que es no saber permanecer en reposo en una habitación”.
    Este no saber permanecer en reposo en una habitación es la condición permanente del hombre pues, aun con poder y riquezas, requiere del divertimento, es decir, de todo aquello que lo aparte de la necesidad de pensar en su condición real: ser propenso a las enfermedades y a los azares de la fortuna, contar con una razón limitada para poderse explicar la infinitud del universo, ser mortal, etc. Extraviado el verdadero propósito de la vida, que es lograr la serenidad y el equilibrio para poder enfrentar la condición ineludible de todo ser humano (como querían Epicuro y los estoicos), el hombre busca la multitud y el ruido (el divertimento) para darse tranquilidad. Quiere ser visto, admirado, aclamado y reverenciado, como casi todos los políticos, periodistas, intelectuales, deportistas, actores, profesores y toda la gente común que aspira a la fama.
    El placer de la soledad resulta incomprensible e inadmisible. En la búsqueda de la tranquilidad, el hombre confunde los medios con los fines; cree que la fama, el poder, la gloria y la riqueza lo salvarán, aunque el verdadero sentido de la vida lo ha perdido y no puede vivirla realmente. Ni mucho menos disfrutarla.

    Bueno sería releer los célebres Pensamientos de Pascal.      

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