¿Es esto un poema?
NOÉ AGUDO
Los jóvenes quieren escribir.
Constantemente acuden con sus poemas, sus reflexiones y cuentos y uno tiene que
atenderlos porque es nuestra obligación, porque estamos en una escuela y porque
es una magnífica oportunidad para introducirlos en la tradición cultural. ¿Qué
significa esto?
La tradición cultural es un término
que los estudiosos de la cultura de masas emplean para referirse a aquello que
distingue a la alta cultura de la cultura de masas o la masscult*, como la definió Dwigth MacDonald. La
alta cultura, en cualesquiera de sus manifestaciones, siempre será el resultado
de una tradición: la poesía de Borges no existiría sin la de Lugones o
Huidobro, que no existirían sin Darío, que no existiría sin Whitman o los
simbolistas franceses, que no existirían sin la tradición romántica, que no
existiría sin los exponentes del Siglo de Oro español, que no existirían sin
Dante o Petrarca, que no existirían sin Horacio y Ovidio, que no existirían sin
Safo, Píndaro y Homero, y así hasta las raíces más profundas de la cultura
occidental, de la cual somos parte.
El analfabetismo cultural que genera
la sociedad de masas y el desconcierto que prima en el arte de nuestros días
(producto de la omnipresencia de los medios electrónicos, entre otros
factores), hacen que muchos productos elaborados para el entretenimiento y para
impresionar ingenuos ─productos
obvios de la midcult─ pasen como verdaderas obras de arte.
Ejemplo de ello son las numerosas instalaciones o performances que tienen en el
exConvento de Santa Teresa su sede
principal, aunque también en varios museos universitarios como el del Chopo y
el Museo Universitario de Arte Contemporáneo. Fuera de nuestro ámbito son
destacadas las boutades que
el supuesto creador plástico británico, Demian Hirst**, nos receta de tanto en
tanto. Sin embargo, la polémica generada alrededor de su tiburón colocado en
una vitrina de formol nos indica que la gente ya no está tan dispuesta a
tragarse cualquier cuento.
Por eso es invaluable ese momento en
el que un estudiante, o incluso un profesor, se acerca para mostrar sus textos
que aspira a ver publicados y se pregunta si eso puede ser poesía o
“simplemente textos que a mí se me ocurre escribir”, como me dice con modestia
una joven. Yo les respondo que cualquier forma de escritura será siempre
bienvenida, porque imagino que esos son los primeros materiales con los que más
adelante construirán sus naves para realizar su muy individual y particular
travesía. Porque además ellos no quieren sorprender ni impresionar a nadie,
sólo desean aprender, someterlos a la consideración de los demás, saber, como
ellos mismos se preguntan, qué es lo que hacen.
Por eso le digo a una de ellas que
antes de ir a perder tiempo y algo de dinero en la inútil tarea de registrar
sus escritos, lea poesía. En lugar de preocuparte por alguien que te los pueda
robar, piensa primero si pueden gustar ─le
digo─, pregúntate si es poesía, si estás haciendo algo bueno. ¿Cómo lo puedo
saber? Conoce la tradición, le respondo. Cuanto desees crear, si es bueno o
tiene calidad, siempre será resultado de la tradición. No basta colocar una
línea corta debajo de otra para pensar que ya escribiste versos. Conoce la
tradición: cuándo y por qué se dejaron la rima, la métrica, las asonancias y
consonancias y por cuáles elementos se sustituyeron. Si puedes escribir un
soneto, un romance o una oda entonces te podrás olvidar de las formas poéticas.
Porque si no, serás el “sabio del pueblo”, el “poeta del barrio”, el “genio
incomprendido” que nunca supo o quiso entender la tradición cultural.
*La masscult es el producto de la sociedad de
masas, la cultura homogeneizada que se digiere fácilmente pues su único fin es
entretener; digamos las telenovelas, Harry Potter y toda la música popular son
ejemplos de masscult. Algo
con mayores pretensiones es la midcult (la cultura mediocre), ya que ésta
esconde una doble trampa: “finge respetar los modelos de la cultura superior
cuando en realidad los rebaja y vulgariza”. La literatura light, los trozos musicales
clásicos interpretados por Mantovani o Richard Clayderman, múltiples
performances e instalaciones dentro de las artes plásticas, etc., son ejemplos midcult.
Véase Dwight MacDonald: “Masscult y Midcult”, en Industria cultural y sociedad de
masas. Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela,1974.
**Artista británico, Demian Hirst se
hizo famoso por sus instalaciones (vacas y ovejas a veces diseccionadas y
preservadas en formol) en las que la muerte es tema constante. La más polémica
había sido la titulada La
imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo (un tiburón tigre de casi cinco
metros de largo en una vitrina con formol). Sin embargo, más polémica, y no
precisamente por artística, fue Por
el amor de Dios (una calavera
humana auténtica, toda ella incrustada de diamantes) que se vendió en cincuenta
millones de libras esterlinas (¡74 millones de euros!). La fabulosa cantidad la
pagó un grupo inversionista desconocido, pero poco tiempo después (2007) se
supo que el propio Hirst, su dealer y
uno de sus galeristas pertenecían a dicho grupo inversor.
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