Las vueltas
del tiempo
NOÉ
AGUDO (27/enero/2014)
Retomo el título de una casi olvidada novela de don Agustín
Yáñez porque expresa con precisión esa cualidad de la vida que nos produce la
sensación de que regresamos al mismo lugar de donde partimos. Úrsula Iguarán,
en Cien años de soledad, llega a la
conclusión de que la existencia no es más que una serie de repeticiones al ver
cómo su dinastía parece condenada a repetir las acciones de sus antecesores. Yo
soy un poco más optimista que la admirable matriarca: pienso que en cada ciclo
se produce siempre una superación, y que en todo caso nuestra existencia
discurre como sobre una serie de elipses ascendentes.
Medito esto
mientras observo la agitación que causa el cambio de director del plantel y el de
la directora general del Colegio de Ciencias y Humanidades, escuela en la que
me ocupo como profesor, y en la cual viví esta misma agitación hace exactamente
cuatro años. Pero si entonces no comprendía cómo en una institución educativa
se presentaban las mismas acciones y reacciones del viejo sistema político: el
servilismo, las traiciones, el oportunismo rampante, ahora creo comprenderlos y
considero que no debería ser así. Una institución sólida, dedicada
esencialmente a la enseñanza, el cambio de sus directivos lo debería vivir como
un accidente sin importancia, sin alterar su quehacer cotidiano, concentrado
fundamentalmente en la enseñanza y el aprendizaje.
Sin embargo no
sucede así, y esto se debe, entre otras razones, a la inestable situación
laboral del grueso de los profesores y a los criterios arbitrarios con que las
autoridades otorgan los estímulos y reconocimientos a los docentes definitivos;
aún más, se debe al temor de perder el empleo por parte de quienes ingresaron
sin reunir los requisitos, o que fueron contratados por ser familiares, amigos
y recomendados de los directores que hoy se van, y a quienes han servido como dócil
clientela. Saber quién quedará como director causa zozobra y agitación, pues de
esto depende la asignación de grupos, la obtención de una plaza de carrera, los
buenos estímulos y la conservación del empleo.
¿Cómo llegamos a
esta aberración? ¿Cómo propiciamos la degradación de una institución educativa
modelo, vanguardista y con una firme preocupación social, en una escuelota de
cómputo e idiomas, donde todos guardan silencio o, peor aún, se dedican a la
murmuración sin atreverse a hacer nada más? ¿Cómo permitimos que se convirtiera
en algo tan parecido al sistema educativo que durante años regenteó una cacica
sindical metida hoy tras las rejas, que hizo de una figura noble y respetable
como la del maestro un pelele incapaz de pensar y menos de sacudirse su inmovilizador
lastre de corrupción? ¿Cómo trocamos los altos fines de un Colegio de Ciencias
y Humanidades por los fines mezquinos de un grupo de granujas voraces, que no
conformes con vivir de él y beneficiar a su prole y amigos, desean perpetuarse ad eternum en el mismo? ¿Cómo pudimos no
advertir que estos factores traerían como consecuencia esta enorme mascarada de
simulación, improvisación y corrupción que hoy campea por todo el Colegio? ¿Cómo no
tuvimos el valor y la decisión de evitar que se deslizara por esa pendiente
donde sus principios, su modelo educativo y su carácter especial de
bachillerato se han perdido?
Y hay todavía una
mala noticia: las cosas pueden empeorar. Cuando la gente observa que un grupo
de bribones actúa con impunidad se siente con derecho a hacer lo mismo o aun
cosas peores. Es lo que ocurre en el país. A la impunidad, descaro y ausencia
absoluta de escrúpulos con que actúa la clase política, siguen los actos más
sanguinarios, atroces y viles por parte de los criminales. Si ellos los hacen protegidos,
piensan, ¿por qué yo no, que al menos me juego el pellejo? Si llegar a ser
director o directora consiste en reunir a un grupo de incondicionales sin
conciencia ni dignidad, repartir prebendas (al fin que a mí nada me cuestan y
son una inversión con las que obtendré mayores ganancias), ¿por qué no hacerlo?
Yo también sé mentir, simular, prometer, decir generalidades y repetir lugares
comunes. Con el presupuesto a mi disposición puedo comprar lealtades, contratar
profesores que deban a mí sus miserables horas de trabajo, o mejor aún: otorgo
plazas de carrera y con ello me hago de un coro de lamesuelas que aprobarán
todos los actos de mi gestión, las defenderán y aun me ayudarán a perpetuarme
en el poder porque conmigo ellos también permanecen. Ja ja ja, ¡soy simplemente
genial!*
Y ahí están,
oportunistas al acecho que son capaces de acabar con el Colegio si no lo
impedimos. Por eso, un grupo de profesores hemos decidido actuar y como primer
paso emplazamos a quien se proponga para director, o a quien designe el que
ocupe la dirección general (tristemente, este hecho sigue siendo su atribución),
a que fije su postura respecto a una serie de puntos que tienen como fin sanear
la vida del Colegio. No debemos permitir que venga un director sólo a continuar
un proyecto comprobadamente nefasto y
perjudicial, pues sólo representa los intereses de un grupo y carece de
propuestas para mejorar realmente la enseñanza y las condiciones de trabajo de los
profesores. El próximo director deberá ser ajeno a cualquier grupo que sólo ve
por sus intereses. Deberá desterrar toda práctica de nepotismo, corrupción,
simulación, control de los órganos de representación de la comunidad, acoso a
los profesores y coerción a sus legítimas aspiraciones de superación. Deberá
prescindir de las camarillas que viven enquistadas en el Colegio y que lo han
usado sólo para su beneficio. La comunidad sabe perfectamente quiénes son. Sólo
así recuperaremos los propósitos esenciales de una escuela, que son los de
brindar la mejor educación y atender las necesidades vitales de sus principales
actores, es decir, los profesores y alumnos. Sólo así dejaremos de reproducir
los peores rasgos de ese viejo régimen político que pervirtió la vida cívica de
los mexicanos, al grado de relegar la educación en aras de compromisos
políticos, corporativos y sindicales. Y así parece haberlo comprendido. Pero si
bien se transforma lentamente y a regañadientes, no ocurre lo mismo en el CCH,
donde parece que retrocedimos a los peores años de control político de ese
viejo régimen.
Vuelvo así el
título de este artículo, para comprobar que si hace cuatro años viví con azoro,
coraje y decepción este mismo hecho, hoy me encuentro en un plano diferente: he
conocido colegas con quienes compartimos esta apreciación, tenemos una
propuesta diferente y sobre todo estamos dispuestos a recuperar el Colegio para
su comunidad. ¿Tú lo estás?
*Ejemplo
reciente de esto lo presencié la semana pasada en la Sala 3 del Siladín. Para
completar mis 30 horas semanales imparto asesorías, así que fui convocado como
asesor a una reunión. Grande fue mi sorpresa al llegar y encontrarme allí con
la directora general, que hacía un evidente acto de campaña con miras a su
reelección. Pues bien, un individuo que vive enquistado en la Secretaría de
Asuntos Estudiantiles del plantel, para quedar bien con su jefa, dijo que
mientras en el CCH se había logrado una eficiencia terminal de 60% en 2013, la
SEP registra alrededor de 45% de eficiencia terminal en el resto del
bachillerato. Dos datos lo desmienten: uno proveniente de la propia SEP
(Principales problemas y retos. Subsecretaría de Educación Superior:
ses2.sep.gob.mx/somos/de/pne/…/principales-problemas-y-retos.htm/) que sitúa la
eficiencia terminal del bachillerato en un 59%, y el otro del Instituto
Nacional de Evaluación Educativa, que lo ubica en 64% para las mujeres y en
53.8% para los hombres (Tasa de eficiencia terminal de educación media
superior: www.inee.edu.mx/.../PanormaEducativoDeMexico.../). Pero, para este tipo de personas,
se puede mentir si de lo que se trata es de conservar el hueso.
Mammon Tractatus. Cuando explico a mis alumnos que investigaciones
panorámicas como el tratado, la suma y todas aquellas visiones enciclopédicas
que se hacían antaño sobre alguna materia, hoy ya no se realizan por la
velocidad con que se modifican los conocimientos, me gusta platicarles la obra
de un iluso que en la Edad Media trató de hacer un “tratado de Dios”. Mammon tractatus llamó a su desmedida
pretensión. Pues bien, lo único que nos queda de aquella obra es una palabreja
que se aplica a todos aquellos libros abultados, pretenciosos, sin sentido y
que nadie lee: mamotreto. Un
mamotreto nos fue obsequiado el diez de enero, día de pago. Concluíamos un
curso sobre la lectura, y una maestra participante me dice: “Ya todos los
libros que nos regalaron los han dejado en los baños”. Vaya, pensé, lo triste no es que los tiren,
sino saber que el tiraje de dicho mamotreto costó algo así como 750 u 800 mil
pesos; el sueldo anual de más de 60 profesores de asignatura tirados al
basurero. El mamotreto a que me refiero era un abultado volumen, impreso a
color y con numerosas erratas tipográficas y gramaticales: el Informe sobre la gestión directiva 2010-2014
de la Lic. Lucía Laura Muñoz Corona.
¿Y cuáles son los
puntos? El martes
empezaremos a compartir por este medio los puntos sobre los cuales el aspirante
(o mejor dicho, el designado) a director del plantel Vallejo deberá
pronunciarse. Como se decía en las novelas folletinescas: Estén pendientes.