domingo, 26 de enero de 2014

LAS VUELTAS DEL TIEMPO

Las vueltas del tiempo
NOÉ AGUDO  (27/enero/2014)

Retomo el título de una casi olvidada novela de don Agustín Yáñez porque expresa con precisión esa cualidad de la vida que nos produce la sensación de que regresamos al mismo lugar de donde partimos. Úrsula Iguarán, en Cien años de soledad, llega a la conclusión de que la existencia no es más que una serie de repeticiones al ver cómo su dinastía parece condenada a repetir las acciones de sus antecesores. Yo soy un poco más optimista que la admirable matriarca: pienso que en cada ciclo se produce siempre una superación, y que en todo caso nuestra existencia discurre como sobre una serie de elipses ascendentes.
    Medito esto mientras observo la agitación que causa el cambio de director del plantel y el de la directora general del Colegio de Ciencias y Humanidades, escuela en la que me ocupo como profesor, y en la cual viví esta misma agitación hace exactamente cuatro años. Pero si entonces no comprendía cómo en una institución educativa se presentaban las mismas acciones y reacciones del viejo sistema político: el servilismo, las traiciones, el oportunismo rampante, ahora creo comprenderlos y considero que no debería ser así. Una institución sólida, dedicada esencialmente a la enseñanza, el cambio de sus directivos lo debería vivir como un accidente sin importancia, sin alterar su quehacer cotidiano, concentrado fundamentalmente en la enseñanza y el aprendizaje.
    Sin embargo no sucede así, y esto se debe, entre otras razones, a la inestable situación laboral del grueso de los profesores y a los criterios arbitrarios con que las autoridades otorgan los estímulos y reconocimientos a los docentes definitivos; aún más, se debe al temor de perder el empleo por parte de quienes ingresaron sin reunir los requisitos, o que fueron contratados por ser familiares, amigos y recomendados de los directores que hoy se van, y a quienes han servido como dócil clientela. Saber quién quedará como director causa zozobra y agitación, pues de esto depende la asignación de grupos, la obtención de una plaza de carrera, los buenos estímulos y la conservación del empleo.
    ¿Cómo llegamos a esta aberración? ¿Cómo propiciamos la degradación de una institución educativa modelo, vanguardista y con una firme preocupación social, en una escuelota de cómputo e idiomas, donde todos guardan silencio o, peor aún, se dedican a la murmuración sin atreverse a hacer nada más? ¿Cómo permitimos que se convirtiera en algo tan parecido al sistema educativo que durante años regenteó una cacica sindical metida hoy tras las rejas, que hizo de una figura noble y respetable como la del maestro un pelele incapaz de pensar y menos de sacudirse su inmovilizador lastre de corrupción? ¿Cómo trocamos los altos fines de un Colegio de Ciencias y Humanidades por los fines mezquinos de un grupo de granujas voraces, que no conformes con vivir de él y beneficiar a su prole y amigos, desean perpetuarse ad eternum en el mismo? ¿Cómo pudimos no advertir que estos factores traerían como consecuencia esta enorme mascarada de simulación, improvisación y corrupción  que hoy campea por todo el Colegio? ¿Cómo no tuvimos el valor y la decisión de evitar que se deslizara por esa pendiente donde sus principios, su modelo educativo y su carácter especial de bachillerato se han perdido?
    Y hay todavía una mala noticia: las cosas pueden empeorar. Cuando la gente observa que un grupo de bribones actúa con impunidad se siente con derecho a hacer lo mismo o aun cosas peores. Es lo que ocurre en el país. A la impunidad, descaro y ausencia absoluta de escrúpulos con que actúa la clase política, siguen los actos más sanguinarios, atroces y viles por parte de los criminales. Si ellos los hacen protegidos, piensan, ¿por qué yo no, que al menos me juego el pellejo? Si llegar a ser director o directora consiste en reunir a un grupo de incondicionales sin conciencia ni dignidad, repartir prebendas (al fin que a mí nada me cuestan y son una inversión con las que obtendré mayores ganancias), ¿por qué no hacerlo? Yo también sé mentir, simular, prometer, decir generalidades y repetir lugares comunes. Con el presupuesto a mi disposición puedo comprar lealtades, contratar profesores que deban a mí sus miserables horas de trabajo, o mejor aún: otorgo plazas de carrera y con ello me hago de un coro de lamesuelas que aprobarán todos los actos de mi gestión, las defenderán y aun me ayudarán a perpetuarme en el poder porque conmigo ellos también permanecen. Ja ja ja, ¡soy simplemente genial!*
    Y ahí están, oportunistas al acecho que son capaces de acabar con el Colegio si no lo impedimos. Por eso, un grupo de profesores hemos decidido actuar y como primer paso emplazamos a quien se proponga para director, o a quien designe el que ocupe la dirección general (tristemente, este hecho sigue siendo su atribución), a que fije su postura respecto a una serie de puntos que tienen como fin sanear la vida del Colegio. No debemos permitir que venga un director sólo a continuar un proyecto comprobadamente  nefasto y perjudicial, pues sólo representa los intereses de un grupo y carece de propuestas para mejorar realmente la enseñanza y las condiciones de trabajo de los profesores. El próximo director deberá ser ajeno a cualquier grupo que sólo ve por sus intereses. Deberá desterrar toda práctica de nepotismo, corrupción, simulación, control de los órganos de representación de la comunidad, acoso a los profesores y coerción a sus legítimas aspiraciones de superación. Deberá prescindir de las camarillas que viven enquistadas en el Colegio y que lo han usado sólo para su beneficio. La comunidad sabe perfectamente quiénes son. Sólo así recuperaremos los propósitos esenciales de una escuela, que son los de brindar la mejor educación y atender las necesidades vitales de sus principales actores, es decir, los profesores y alumnos. Sólo así dejaremos de reproducir los peores rasgos de ese viejo régimen político que pervirtió la vida cívica de los mexicanos, al grado de relegar la educación en aras de compromisos políticos, corporativos y sindicales. Y así parece haberlo comprendido. Pero si bien se transforma lentamente y a regañadientes, no ocurre lo mismo en el CCH, donde parece que retrocedimos a los peores años de control político de ese viejo régimen.
    Vuelvo así el título de este artículo, para comprobar que si hace cuatro años viví con azoro, coraje y decepción este mismo hecho, hoy me encuentro en un plano diferente: he conocido colegas con quienes compartimos esta apreciación, tenemos una propuesta diferente y sobre todo estamos dispuestos a recuperar el Colegio para su comunidad. ¿Tú lo estás?

*Ejemplo reciente de esto lo presencié la semana pasada en la Sala 3 del Siladín. Para completar mis 30 horas semanales imparto asesorías, así que fui convocado como asesor a una reunión. Grande fue mi sorpresa al llegar y encontrarme allí con la directora general, que hacía un evidente acto de campaña con miras a su reelección. Pues bien, un individuo que vive enquistado en la Secretaría de Asuntos Estudiantiles del plantel, para quedar bien con su jefa, dijo que mientras en el CCH se había logrado una eficiencia terminal de 60% en 2013, la SEP registra alrededor de 45% de eficiencia terminal en el resto del bachillerato. Dos datos lo desmienten: uno proveniente de la propia SEP (Principales problemas y retos. Subsecretaría de Educación Superior: ses2.sep.gob.mx/somos/de/pne/…/principales-problemas-y-retos.htm/) que sitúa la eficiencia terminal del bachillerato en un 59%, y el otro del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, que lo ubica en 64% para las mujeres y en 53.8% para los hombres (Tasa de eficiencia terminal de educación media superior: www.inee.edu.mx/.../PanormaEducativoDeMexico.../). Pero, para este tipo de personas, se puede mentir si de lo que se trata es de conservar el hueso.
      
Mammon Tractatus. Cuando explico a mis alumnos que investigaciones panorámicas como el tratado, la suma y todas aquellas visiones enciclopédicas que se hacían antaño sobre alguna materia, hoy ya no se realizan por la velocidad con que se modifican los conocimientos, me gusta platicarles la obra de un iluso que en la Edad Media trató de hacer un “tratado de Dios”. Mammon tractatus llamó a su desmedida pretensión. Pues bien, lo único que nos queda de aquella obra es una palabreja que se aplica a todos aquellos libros abultados, pretenciosos, sin sentido y que nadie lee: mamotreto. Un mamotreto nos fue obsequiado el diez de enero, día de pago. Concluíamos un curso sobre la lectura, y una maestra participante me dice: “Ya todos los libros que nos regalaron los han dejado en los baños”.  Vaya, pensé, lo triste no es que los tiren, sino saber que el tiraje de dicho mamotreto costó algo así como 750 u 800 mil pesos; el sueldo anual de más de 60 profesores de asignatura tirados al basurero. El mamotreto a que me refiero era un abultado volumen, impreso a color y con numerosas erratas tipográficas y gramaticales: el Informe sobre la gestión directiva 2010-2014 de la Lic. Lucía Laura Muñoz Corona.

¿Y cuáles son los puntos? El martes empezaremos a compartir por este medio los puntos sobre los cuales el aspirante (o mejor dicho, el designado) a director del plantel Vallejo deberá pronunciarse. Como se decía en las novelas folletinescas: Estén pendientes.

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