jueves, 24 de abril de 2014

EN PAZ Y CON PAZ

HORAS AHORCADAS
NOÉ AGUDO (21/abril/2014)

En paz y con Paz

Hijos de la pereza intelectual, dogmatismo, reduccionismo y esquematismo son tres de los vicios más comunes para interpretar la realidad en ciertas comunidades, como la del CCH, en donde gozan de prestigio y buena salud. Que aún se crea que dictadores y demagogos como Stalin, Pol Pot o Hugo Chávez fueron dirigentes revolucionarios, es aferrarse a una ideología cuya única base es la fe fanática, es decir, la que se sostiene a base del más puro dogma. Que se crea que los bajos salarios son consecuencia del neoliberalismo y no del oportunismo y negligencia de organizaciones sindicales como las Aapaunam, que velan tan sólo por el bienestar de las cúpulas, es muestra de un reduccionismo inmovilizador. Que a un escritor o a un medio no se los lea porque se les considere de derecha, y se acepten como válidos únicamente a los que se cree de izquierda, es señal de un esquematismo elemental, que niega e impide el verdadero conocimiento.
    Viene esto a cuento porque varios y respetables profesores del Colegio creen que José Revueltas es mejor que Octavio Paz (en el sentido ético, político y estético), y que al autor de Los muros de agua le corresponde homenajear una institución como el CCH, surgida de los rescoldos del movimiento estudiantil de 1968, y que Televisa o el gobierno se deben encargar de honrar a Octavio Paz. Nada más falso y esquemático. Ambos –al igual que Cortázar, Efraín Huerta, Rulfo, Pacheco o Fuentes− merecen ser recordados, leídos y homenajeados por una comunidad cuya cualidad esencial para mirar e interpretar el mundo debe ser la universalidad, como lo establece su nombre, y no la visión de sectas, partidos o ideologías. Y como hace unos días un grupo de profesores honramos la vida y obra de Revueltas, me detendré en aquella falacia.
    Paz es reaccionario y Revueltas revolucionario, dice este razonamiento esquemático. Y lo expresa así porque, a diferencia de Octavio Paz, José Revueltas fue siempre un militante de partidos y grupos de izquierda, aunque varias veces haya sido expulsado de los mismos por su actitud crítica hacia dogmas y esquemas ideológicos que el militante de cualquier partido se debe tragar. Pero Paz no es ningún reaccionario; también tuvo simpatías comunistas y socialistas en su juventud; de hecho perteneció a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), fundada en 1933, y en su calidad de militante de ésta participó en el Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en España en 1937. Sin embargo, su sensibilidad literaria le hace rechazar el llamado “realismo socialista”, tendencia artística de moda por aquel entonces, y fue esta indisposición estética la que tempranamente le hizo advertir que eran el totalitarismo, el culto a la personalidad, el control del pensamiento y la erección de la más brutal dictadura los que se cernían tras la fachada del primer país socialista del mundo, es decir, la URSS. Antes que escritores y pensadores de la talla de André Gide, George Orwell, Arthur Koestler, Walter Benjamin o Albert Camus, Octavio Paz tomó distancia del engañoso faro socialista, que a tantos intelectuales sedujo y continuó seduciendo durante el siglo XX.
    Otro hecho por el que suele acusarse a Paz de reaccionario es su opinión crítica hacia varios rasgos definitorios de la izquierda nacional e internacional: su fanatismo, la adoración de símbolos y dogmas, su creencia en caudillos salvadores, el culto a la personalidad, su ceguera ante las consecuencias de la concentración del poder en un partido, una clase o un individuo; su incapacidad de autocrítica y sobre todo su creencia de que todo cambio para ser verdadero sólo puede ser el resultado de una revolución violenta y sangrienta (muchos tópicos que también José Revueltas criticó en obras como Los días terrenales, Los errores, El cuadrante de la soledad, y de los que debió retractarse aunque de todos modos fue expulsado, como en el caso del Partido Comunista). Pese a que los hechos y la historia han demostrado el acierto y la justeza de las observaciones de Paz, algunos sectores ultras de la llamada izquierda, y otros realmente obcecados en su ignorancia, aún no terminan de digerirlas.
    Le siguen escatimando al poeta, por ejemplo, su renuncia a representar al México de Díaz Ordaz en la India, en 1968; su participación inicial con Heberto Castillo, Luis Villoro y Abelardo Villegas para crear el Partido Mexicano de los Trabajadores en 1973-1974; pero sobre todo desprecian el aporte vital de su pensamiento y critica para la existencia de una izquierda moderna y democrática, y sin los cuales la cultura política mexicana simplemente no existiría, o al menos sería aún más primitiva y esquemática.
    A esto habría que agregar su colaboración en Televisa para divulgar su pensamiento y lo mejor de las artes nacionales y universales. Con estos hechos se tiene una idea de por qué causa tanta irritación y rechazo entre quienes suelen pensar mediante reduccionismos y dogmas. Además, está el poder inmenso que adquirió después de obtener el Premio Nobel de Literatura en 1990, y la astucia con la que gobernantes como Carlos Salinas de Gortari lo utilizaron. Con esto puede uno explicarse por qué era considerado por un gran sector de la intelectualidad mexicana como el gran cacique de las letras nacionales.
    Tal vez no convenza a nadie de su importancia ni de la enorme dimensión que su obra representa, pero me consta que Paz fue generoso. En 1975 el maestro Adolfo Ayuso, quien durante un semestre fue mi profesor de Lectura de Clásicos Universales y Contemporáneos aquí en el plantel, nos hizo leer El laberinto de la soledad. Fue un libro que sacudió y revolvió lo más arraigado de mis creencias por aquellos años. Por eso, cuando terminé su lectura, recibí el amanecer redactando febrilmente varias cuartillas para un comentario que debía entregar ese día. Al profesor le gustó tanto mi trabajo –dijo que era “un ensayo”−, que lo mandó mecanografiar y luego lo hizo fotocopiar para todos sus alumnos, muchos de los cuales me empezaron a mirar diferente desde ese trabajo.
    En realidad era una diatriba contra el poeta: me irritó que por ninguna parte del famoso libro apareciera una línea sobre el compromiso del escritor con las luchas obreras y campesinas que brotaban como hongos por aquellos años. Igual que la izquierda recalcitrante de hoy día, pensé que Octavio Paz era un reaccionario. Pero, curiosamente, tratando de hallar una respuesta sobre el compromiso político del escritor, fue el libro que me hizo buscar y leer como ningún otro sobre ese misterio que es el de la literatura y la obra de arte en general, cuando nos impelen a actuar y no necesariamente con las armas o con un grupo político.
    Pocos años después, siendo ya un bisoño periodista, mi jefe me ordenó entrevistar a Octavio Paz para celebrar un importante aniversario de la revista en la cual trabajábamos. “Dile que don Rómulo O’ Farrill le envía un afectuoso saludo”, me aleccionó. Así lo hice y el gran poeta y ensayista me contestó (aunque todavía no recibía el Nobel, ya había publicado El ogro filantrópico y Las trampas de la fe, dos de sus obras más importantes que lo situaron como el más grande pensador vivo de nuestros días). Le planteo la entrevista, no me la niega, pero me pregunta: “Pero, ¿de qué podría hablar en una revista como Vogue?” Oh, Baudelaire escribió sobre la máscara, le digo, creo que la moda y el maquillaje son eso (los temas centrales de la revista eran la moda y belleza), podríamos empezar por allí. “Vamos a hacer esto”, me dice, “lea mis libros, saque lo que pueda servir para la entrevista, ármela y luego me la envía”. Bueno, le digo un poco frustrado, y se lo informo a mi jefe. “¿Y qué esperas para hacerlo?”, me dice él, enjundioso. Que me den el dinero para comprar todos sus libros, le respondo, y tiempo para leerlos. Y así tuve unos días de descanso para leer a placer a Octavio Paz.
    Terminé la lectura, la obra más reciente era Tiempo nublado y empecé a redactar la entrevista. Cuando la terminé, agregué unas líneas como entrada, mi jefe las revisó, y después enviamos todo. Paz vivía entonces en Río Guadalquivir, casi esquina con Reforma. Al día siguiente recibimos de regreso la entrevista, con una nota elogiosa y una fotografía para ilustrarla. Mi jefe rebosaba alegría y yo por fin respiré aliviado. Pero todavía hubo algo más: El jefe de redacción solía acudir a cócteles y soirées, y en una de esas reuniones encontró a Octavio Paz. Como el jefe de redacción presumía que había sido asistente de Borges, le comentó con mucha familiaridad a Paz: “Maestro, vamos a publicar una entrevista suya en Vogue”. “Ah, sí –responde él−, ¿cómo se llama el muchacho que la hizo? Es muy inteligente.” Cuando Waldemar Verdugo-Fuentes me  platicó esto, pensé que aquella frase constituía mi verdadera graduación como periodista. Y así es como aquel dogmático joven fue transformado.
    Bueno, pues es increíble que aún haya profesores que se opongan a reconocer el enorme mérito de Paz. Y peor aún, que continúen sin leerlo por sus anteojeras ideológicas. El año pasado apareció un conjunto de ensayos de Jacques Lafaye sobre el poeta, Octavio Paz en la deriva de la modernidad, que dan una idea de su enorme dimensión intelectual y de cómo llegó a convertirse en uno de los genios literarios del siglo XX. Algo difícil de aquilatar, aun entre sus lectores más expertos. Tiempo atrás, el periodista Guy Sorman había publicado Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo (1989). Al lado de Karl Popper, Ernst Gombrich, Isaiah Berlin, Claude Lévi-Strauss o Carl Sagan, Octavio Paz era el único autor latinoamericano incluido. Amigo de Camus, Malraux, Breton, Irving Howe, Hugh Thomas, von Hayek, Lévi-Strauss y de casi todos los grandes creadores en el campo literario, de la pintura, de la filosofía y del pensamiento y las artes en general, Octavio Paz aún espera que lo conozcamos. Me importan un bledo los nacionalismos, pero en este caso sí es un honor ser mexicano, como él.
    Y por eso digo no a los dogmatismos, reduccionismos y esquemas. Por eso leo a José Revueltas y Octavio Paz, y pienso que ambos fueron revolucionarios a su modo. Por eso en la Sala José Revueltas hay una placa que recoge un pensamiento muy propio de él que dice: “La verdad es revolucionaria, provenga de donde provenga”. Por eso ambos son admirables. 

CÓMO SE ESCRIBE UN ARTÍCULO:
Antes que nada una disculpa a los profesores que me propusieron un curso sobre Octavio Paz. Hago siempre una encuesta, aunque sea rudimentaria, y el tema de Cómo se escribe un artículo tuvo mayores peticiones, así que el próximo lunes 28 informaré fecha y horarios.

A DESAFILIAR, A DESAFILIAR
Era muy escuchada una canción que cantaba Daniel Viglietti con su hermosa y grave voz en los años setenta: “A desalambrar, a desalambrar…”, un llamado a tomar la tierra de los terratenientes chilenos y uruguayos (el autor de la canción es Víctor Jara). Hoy, cuando cientos de profesores llaman a desafiliarse de las Asociaciones Autónomas del Personal Académico de la UNAM  (Aapaunam), se antoja parodiar dicha canción, pues es sabido que las organizaciones sindicales nada hacen por sus dizque representados, excepto cobrarles las cuotas. Pregúntense cómo viven la química Bertha Rodríguez Sámano, secretaria general de las Aapaunam, y Agustín Rodríguez, el eterno secretario general del Stunam. Por supuesto, su nivel de vida no se compara con el de sus representados, profesores y trabajadores.



LA GENEROSA VIDA

HORAS AHORCADAS
NOÉ AGUDO (12/abril/2014)

La generosa vida

Para Alejandra U. O.
Al fin un respiro después de días intensos de ordeñar a la luna, pergeñar remembranzas, dictar anatemas contra los hipócritas y los acurrucados, barrer los restos de la olla podrida, abrir las ventanas para que el sol deshaga  los tlaconetes que habían proliferado entre las miasmas y la oscuridad, blandir la espada de la luz, armar una memorabilia y poner las piedras de lo que será la nueva casa.
    Del homenaje a José Revueltas (emocionante, intenso, con un grupo de los mejores profesores del Colegio) apareció un poderoso surtidor de recuerdos: 1976 fue el año en que elegí el accidentado y paciente camino de los desafíos de la vida, y no la consumación instantánea y heroica como la anhelaba por aquellos días. Fue el año en que me llevaron dos veces a la cárcel: la primera por mi activismo estudiantil, la segunda por apoyar la lucha de los telefonistas, encabezada por el entonces joven líder Francisco Hernández Juárez, que se enfrentaba al viejo dirigente charro Salustio Salgado Guzmán (ironías de la vida, hoy ¿quién es el nuevo charro de ese gremio?); fue el año en que un grupo de jóvenes, casi adolescentes, mantuvimos secuestrados decenas de autobuses en los terrenos del plantel, codo a codo con unos choferes pobres, desharrapados y desamparados, a quienes no les reconocían su derecho de huelga; fue el año en que tenía una novia lejana, en Torreón, iba a verla y recorría las áridas planicies del norte pensando que algún día yo también las cruzaría como lo había hecho Pancho Villa en su caballo y sus trenes; fue el año (14 de abril) en que murió José Revueltas, y el mismo grupo de mozalbetes decidimos que había que hacerle un homenaje porque lo leíamos y admirábamos. Yo, en lo particular, creía que ése era el verdadero escritor e intelectual: el de la conciencia crítica y lúcida luchando al lado de las mejores causas; fue el año en que decidimos ponerle su nombre a una sala en la que realizábamos asambleas, poníamos obras teatrales y librábamos batallas campales cuando las razones y argumentos se agotaban.
    Revisando los viejos papeles de aquellos años descubro, además de recuerdos, cómo ha descendido la exigencia y la calidad de los aprendizajes y la enseñanza. ¿Leen hoy por puro gusto los estudiantes a algún autor? ¿Plasman sus preocupaciones en una revista, un diario o un cuaderno? Son contados los que realizan las lecturas obligatorias del curso, y los que creen leer “por gusto” no lo hacen así, sino inducidos por la publicidad: Harry Potter, Crepúsculo, Código da Vinci y demás banalidad de los Paulo Coelho, Dan Brown, Stephanie Mayer, Kazenbach, et al. Hoy mueren escritores y científicos, personas que con su obra los educan y forman, y ningún estudiante se conmueve; agrego además que tampoco ningún profesor; para ellos son como los muertos de Siria, de Ucrania o Venezuela, una entelequia lejana, alguien con quien no tienen ninguna relación. Cuando anoto alguna tarea y dibujo un esquema para que sigan cierto procedimiento, en lugar de atender los alumnos siguen platicando; sólo al final se levantan, se acercan con su celular y toman una fotografía de lo anotado en el pizarrón; lo guardan y con eso creen haber “atendido” la clase. ¿Cuántas operaciones cognitivas se pierden en este proceso? ¿Cómo recordarán lo que deben realizar? Si yo escribo, anoto la tarea y copio el esquema, desde ese momento las palabras siembran la atención en mi cerebro: me dicen si es algo fácil, complejo, cuánto tiempo me llevará, qué libro o lecturas requeriré, si debo repasar ciertos apuntes, etc. 
    Pero, si no, se necesita ser un tonto de capirote para no advertir cómo en ciertos casos la tecnología se vuelve en nuestra contra. Como en este caso. Cuando en la siguiente clase pregunto por la tarea nadie la hizo porque nadie la recordó. En ese click para copiar todo de un golpe instantáneo está la anulación instantánea de actividades fundamentales para el aprendizaje, como son la memoria, la atención y la planeación, y si esa tarea es un paso fundamental para adquirir nuevos conocimientos, lo que sigue entonces es la anulación total del individuo como estudiante. A menos que se invente algún dispositivo, algo así como un supositorio, y se lo conecten a cierta parte del cuerpo por donde les pueda entrar la información que han almacenado en su dispositivo, seguiremos requiriendo de procesos tan elementales y básicos como son la lectura y la escritura. 
    El descenso en los procesos de aprendizaje y enseñanza ha sido brutal y esto se puede constatar de otra forma: si un profesor no rebajara los niveles de exigencia para evaluar a los alumnos tendría que reprobar a todo el grupo, excepto a uno o dos. Pongamos por caso una investigación documental, en la que deben consultar varias fuentes. Esto plantea la exigencia de leer, comprender para identificar dónde está la información que interesa, saber recoger esa información mediante un resumen, una cita textual o una paráfrasis, anotarla en fichas y luego emplearla para escribir un nuevo texto. Bien, pues hasta aquí llega la mayoría. Cuando tratan de integrar esa información en un nuevo texto, mediante su propia redacción, simplemente desisten y prefieren reprobar. Redactar, escribir, integrar, son habilidades que hoy se han perdido, algo imposible de realizar para la mayoría.
    El profesor debe conformarse entonces con evaluar el descubrimiento que algunos alumnos tienen de su propia incapacidad, es decir, los que son conscientes de que no lo pueden hacer, y uno se consuela entonces pensando que en algún momento lo aprenderán, tal vez cuando estudien su carrera, cuando deban escribir su tesis; al menos son honestos, piensa uno, se quedan en las fichas y reconocen que esos textos, que tomaron de alguna parte, no les pertenecen ni los hacen aparecer como suyos. Porque la otra opción es peor: hacerse de la vista gorda y aceptar los textos que plagian de Internet y quieren hacerlos pasar como suyos. Esto es un engaño mayor y la condescendencia hacia prácticas como ésta, hemos visto, traen consecuencias funestas: un director de Difusión Cultural de la UNAM fue cesado por plagiario, y otro doctor en letras obligado a abandonar sus clases por lo mismo. Que los alumnos sean incapaces de escribir un párrafo introductorio, de crear enunciados mínimos con qué unir la información de las fichas; que no puedan integrar datos de acuerdo a un esquema o estructura previa (el esqueleto de su trabajo de investigación) y hacer una conclusión después de cada parte, hace necesario devolverlos a la primaria, de donde no debieron haber pasado.
    Y los directivos y profesores no están mejor. Si algo puso en evidencia la incompetencia intelectual de la pasada administración del CCH fueron sus publicaciones. Revistas dizque “arbitradas” (recurso que sólo sirve para engordar el currículum porque no mejora la calidad ni las hace más interesantes de leer), órganos informativos, informes de labores, libros, folletos e incluso documentos administrativos, con una pobreza de lenguaje y una falta de respeto por las normas gramaticales, que hacen preguntarse a uno si este pobre Colegio será siempre sinónimo de lo improvisado y mal hecho.
    No es así, por fortuna. Logramos expulsar a unos incompetentes, simuladores y corruptos de los puestos de dirección, y hoy quienes se aprestan a dirigir la institución saben que no podrán actuar con absoluta impunidad, como lo están demostrando los profesores del plantel Sur. El Colegio ya no es el mismo. Numerosos profesores hemos decidido intervenir en las decisiones que afectan su vida, y nos proponemos participar en actividades que enriquezcan y devuelvan los parámetros de calidad y rigor a una escuela de enseñanza media superior perteneciente a la mejor universidad del mundo de habla hispana. Estas son las reflexiones que me vienen cuando observo esas hojas amarillentas y releo un editorial impensable de que lo pudiera escribir un alumno, de que otro se atreviera a hacer una crítica a la novela Terra nostra de Carlos Fuentes, y dos o tres colaboraciones más escritas como elegía por la muerte de José Revueltas.
    Todas son del año 1976, así que tener vida para volverlas a leer, platicar cómo fue que decidimos bautizar esa sala con el nombre de nuestro admirado escritor, comprobar la vigencia y vitalidad de su obra, retomar la continuidad de una elipse, que espero ascendente, y comprobar que seguimos siendo fieles a esa promesa que hicimos en la portada de esa vieja revistita estudiantil: “Seguiremos tu ejemplo, camarada Revueltas”, es un homenaje a la vida.   
    Gracias a quienes hicieron posible este acto que tantos recuerdos y reflexiones suscitó: a mis colegas Guillermina Saavedra, Ramón Cortés, Raúl Muñoz, Roberto Zárate, José Alfredo Hernández; a las espléndidas diseñadoras de los carteles, Lizbeth Morales López y Marisol Gandarilla; a la solidaridad de Rosario Cabrera, Arturo Amaro, David Silva, Norma Martínez, Josefina Miranda y sus compañeras profesoras de inglés; a Olga Huitrón, que por fin se atrevió a estar con nosotros; a las bellas edecanes Jeny, Nancy, Stephanie y Brittany, que no las dejaron salir temprano para recibir a los invitados, pero llegaron al fin; a todos los profesores que no pude ver pero estuvieron allí, y gracias a todos mis alumnos y los que no, porque conocieron que hay una manera diferente de hacer las cosas.
   
        


sábado, 19 de abril de 2014

CONSUMATUM EST

HORAS AHORCADAS
NOÉ AGUDO (10/abril/2014)

Consumatum est

Tal como lo advertíamos en las Horas Ahorcadas del 24 de marzo (“Nuevo vino en odres viejos”): las reglas del juego siguen siendo las mismas, y esto parece augurar la continuidad en una institución urgida de cambio y renovación. La designación de directores y demás funcionarios se hace privilegiando la cercanía, la pertenencia a un círculo, cediendo cuotas de poder con la ingenua creencia de que es así como se evita ser rehén de grupos de intereses, cuando así es como se les abren las puertas para que se introduzcan hasta la cocina.
    Esto es lo que significa continuar viejas prácticas, necesarias de transformar, porque son las que han impedido la renovación del CCH. Cuando viejos burócratas y caciques académicos se reparten los puestos de dirección del Colegio, lo están condenando a seguir igual, si no es que peor; porque si ya tuvieron oportunidad y nada digno ni eficaz pudieron lograr cuando tuvieron esa oportunidad, menos lo harán ahora cuando su propósito es sólo conseguir o conservar puestos para ellos y sus allegados. Porque es conocida su actuación y poco o nada hicieron por corregir o de plano extirpar viejos vicios que hoy mantienen postrado al bachillerato que alguna vez fue modelo de enseñanza.
    Que el director general haya confiado en su cercanía con el doctor Ceja, y en el conocimiento relativo que éste tiene del plantel Vallejo para designarlo director, es un hecho al que sólo se puede otorgar el beneficio de la duda. Pero el plantel no está para dudas; aquí se incubó la corrupción, la incompetencia y la simulación de la repudiada administración anterior, por lo cual se requería y se requiere de un director dispuesto a limpiar hasta el fondo las condiciones que las propiciaron. Y difícilmente una persona sin mayor conocimiento, sin acciones previas que demuestren su voluntad por corregir esta situación, pueda encabezar un equipo para extirparla. Peor todavía si pretende rodearse de los mismos que colaboraron, fueron indiferentes u obsecuentes con los peores actos de aquella administración, o de aquellos elementos de administraciones anteriores que dejaron la misma estela nauseabunda de corrupción.
    Reitero: en nuestra lucha contra la corrupción, la simulación y la mediocridad, un grupo de profesores de todas las categorías y áreas coincidimos en el camino. Propusimos candidatos tanto a la dirección general como a la del plantel. Ninguno de ellos fue considerado, pero eso no nos desalienta ni nos anula. Nosotros no estamos en busca de posiciones o chambas, sino por la transformación y la recuperación del Colegio. Nuestro trabajo continuará: en el aula, en los cursos, en las actividades culturales y extracurriculares, así como en las acciones que afecten la vida del Colegio. Por este y otros hechos el plantel ya no es el mismo. Porque de ser uno, dos o tres, hemos pasado a constituir un grupo, y cada vez se suman más. Porque hemos comprendido que sólo con la expresión franca y abierta es como lograremos recuperar ese Colegio que alguna vez fue modelo educativo. Porque sabemos que sólo con la participación de los verdaderos profesores es como podremos contener y extirpar la degradación que hoy se vive.
    ¿Conoce el flamante director los problemas del plantel Vallejo? ¿Cómo piensa solucionar la inestabilidad laboral que padecen los profesores de asignatura? ¿Cómo piensa poner orden en las listas jerarquizadas, cuyo manoseo y manipulación las han transformado en un documento que sólo sirve para cometer injusticias? ¿Conoce cuál es la situación real del banco de horas? ¿Cómo piensa recuperar las plazas de carrera que durante años se han usado para pagar cargos administrativos, o para beneficiar a familiares y amigos? ¿Cómo hará para que profesores contratados por cuarenta horas trabajen realmente las cuarenta? ¿Cómo hará para recuperar espacios como el Siladin, hoy anquilosado por quienes se han eternizado allí y lo han vuelto su modus vivendi? ¿Qué hará para poner a funcionar realmente los nuevos laboratorios, los salones que alguna vez estuvieron equipados y las salas en deterioro? En síntesis, ¿cómo hará para limpiar tanta corrupción?  
    Un solo ejemplo: hace unos días el profesor David Silva Tonche preparó un documento en donde se precisan los delitos que se configuran al otorgar plazas de carrera, y en dicho documento menciona con nombres y apellidos a un grupo de beneficiarios de éstas. Sólo un pequeño grupo, porque hay más, muchos más. La inconformidad que provocó la designación del nuevo director en el plantel Sur, bajo el mismo signo del continuismo, provocó que los profesores lograran arrancar al nuevo director el compromiso de que recuperará dichas plazas para someterlas a concurso, como debe ser. Y aquí tendrá que ser igual.
    Porque la corrupción no solamente continúa aquí, sino en los demás planteles y en la propia dirección general. ¿Qué pensaría el director general si yo, siendo un alto funcionario, permito por cercanía afectiva o íntima la contratación de alguien que no posee el perfil profesiográfico (como se dice) para impartir clases en el Área de Talleres, por ejemplo? ¿Qué pensaría si después de reprobar una y otra vez el examen filtro de conocimientos, pusiera a un individuo lo suficientemente servil y corrupto a revisar el examen para que, con una “ayudadita” y muchas décimas, mi recomendada obtuviera un OCHO, aunque sea lleno de remiendos? ¿Qué pensaría si, además, mi recomendada es de esas privilegiadas que asisten a cursos o diplomados sólo algunas veces, pero al final le entregan las constancias para engordar su currículum porque es cercana a mis afectos? Bueno, pues este funcionario y su recomendada tienen nombre y apellidos y están allí, en la dirección general.
    Ya no se trata de cambiar sólo de personas. Hoy el Colegio requiere otro tipo de funcionarios y directivos. Quienes sean capaces de limpiarlo y llevarlo a nuevos niveles de calidad. Si la intención es sanear la vida del Colegio en todos sus aspectos; si el propósito es corregir la deplorable situación en la que hoy trabaja la mayoría de los profesores; si el objetivo es elevar el aprovechamiento de los estudiantes; si se trata de recuperar el Colegio y conducirlo hacia adelante, como lo planteó el director general en su programa de trabajo, seguramente allí estaremos para apoyarlo. Y si no, allí estaremos también para demandárselo.
    Acorde con la comprobación de que las viejas reglas se repiten, con el espíritu de la Semana Mayor, y con los Jesuses en la boca con que andaremos en los próximos tiempos, concluyo esta columna repitiendo las últimas palabras que el Nazareno dijo en la cruz: consumatum est.

CURSO INTERANUAL: ¿CÓMO SE ESCRIBE UN ARTÍCULO?

En cuanto el nuevo secretario docente del plantel sea designado, acordaré fecha y horario, para impartir este curso en el que se abordará, entre otras cuestiones: ¿Qué es un artículo? ¿Cuántos tipos de artículo hay? Los mejores articulistas hoy día. Similitudes y diferencias entre artículo y ensayo. Cómo se escribe un artículo. Qué recursos se requieren para lograrlo. Las reglas infalibles. Et caetera.

¡Disfruten  estos días de guardar!



VINO NUEVO EN VIEJOS ODRES

HORAS AHORCADAS
NOÉ AGUDO (24/marzo2014)

Vino nuevo en odres viejos

Me gusta esta expresión de Jesucristo recogida por Lucas en su evangelio porque describe con precisión qué sucede cuando diferentes personas, tal vez con otras intenciones y motivos, llegan a administrar o gobernar, pero lo hacen siguiendo las viejas reglas del sistema y las dejan incólumes. Vimos qué sucedió con los dos gobiernos panistas, que no sólo dejaron intocable el sistema priista de gobierno y dominación, sino que respetaron sus reglas e incluso se valieron de ellas y las adaptaron y adoptaron para sus mezquinos propósitos: retrasaron el desarrollo democrático del país, pervirtieron la alternancia, propiciaron el regreso del PRI a la presidencia y encima quedaron como unos torpes párvulos en el arte de gobernar.
    Si bien es exiguo el tiempo para advertir cambios que promuevan la recuperación y el saneamiento del Colegio, lo que sí podemos advertir es que las reglas del juego siguen siendo las mismas: todos en el plantel Vallejo saben ya quién será el nuevo director e incluso el nombre de su secretario general. Muchos han comprendido la verdadera intención que hay detrás de esa estampida de candidatos, compuesta sobre todo por una anémica, flaca y escabiosa caballada. Porque, ¿cuántos de esa casi veintena tienen un verdadero proyecto para elevar la calidad de la enseñanza en el plantel, acabar con el nepotismo y el compadrazgo, terminar con la corrupción, recuperar la convivencia armónica de su comunidad, ofrecer estabilidad y un trato digno a sus profesores, y en síntesis aplicar la normatividad universitaria?
    Quien esto firma es parte de un grupo de profesores que se ha propuesto recuperar el CCH original, que alguna vez fue vanguardia en su sistema de enseñanza y aprendizaje, que sirvió de ejemplo a otras escuelas de bachillerato y cuyo modelo educativo se reveló como innovador, pertinente y eficaz para los nuevos tiempos. Este es el propósito que nos impulsó no ahora, sino desde siempre, sobre todo cuando contemplábamos cómo nos conducían al fracaso. Por eso criticamos a esos candidatos de paja que sólo buscan posiciones y se abstienen de explicar qué tipo de Colegio proponen y cómo piensan lograrlo; por eso no creemos en los advenedizos y tampoco en los viejos burócratas que sólo reviven como las cigarras, en los tiempos de cambio, pero nunca se les vio alertar, denunciar y criticar esas prácticas que transformaron las pieles curtidas, resistentes y fuertes en odres podridos, envejecidos y a punto de reventar. 

                                                    
MAÑANA, SALA JOSÉ VASCONCELOS:
¿Quién es el nuevo director del plantel y su secretario general? ¿Qué significa este tipo de designación y qué debemos hacer ante ella? ¿Por cuáles demandas debemos pugnar los profesores? ¿Existen programas que realmente sean factibles para rescatar y superar el Colegio? ¿Quiénes son los verdaderos candidatos y quiénes sólo cándidos? ¿Cuál es el CCH del futuro y el futuro del CCH? Martes, 9:00 horas. Sala José Vasconcelos.

PA’L TORVO MORBO:
¿Cómo se dice cuando sólo se finge pelear en el box? ¡Tongo, tongo! ¿Cómo se grita en la lucha libre cuando los contendientes sólo simulan que se golpean? ¡Camuco, camuco, camuco! ¿Cómo se dice cuando hay elección para director en el CCH? ¡Auscultación, auscultación! (De un chiste contado por el profesor David Silva.)  



  Jamás adoctrinar Adoctrinar: instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o cre...