Este artículo es la ordenación y
prolongación de una serie de notas para una plática que tuve con un selecto
grupo de amigos, donde destacaron tres elementos primordiales: la importancia
de las ideas en la actuación de los seres humanos; el sobresaliente papel del
lenguaje en la conformación del Mundo 3, y la responsabilidad del individuo a
cambio de ejercer su libertad.
Los tres mundos de Popper
NOÉ AGUDO
La
objetivación inicia en el momento en que alguien tiene una idea y es capaz de
plasmarla y precisarla por escrito. Trátese del pensamiento más íntimo, de una
creencia personal o la explicación de un hecho o fenómeno que interesa a todo
un grupo o comunidad, exponerlos a la opinión y crítica de los demás representa
el primer paso para lograr la objetividad. Lo escrito se puede juzgar como un
pensamiento excelso o un sinsentido, la creencia puede ser una mera ocurrencia
o el germen de una intuición genial. Formular ideas o hipótesis, y después
verificar si son capaces de describir y explicar la realidad, y contrastarlas
con otras hipótesis, es un proceso en el cual las percepciones subjetivas dejan
de ser sólo especulación, interpretación personal, y adquieren la dignidad de
teorías. Reconocer que son útiles mientras otras teorías no la superen es
entender que el conocimiento será siempre provisorio y limitado, porque el
hombre lo es. Pero así se ha logrado y avanza el conocimiento. No hay verdades
definitivas.
Entender este proceso no es tarea simple. Muchas veces
al conocimiento se le agregan adjetivos como científico, objetivo, real,
verificable, incontrastable, comprobable, etc., y se le exige ser aceptado por
la mayoría aquí y en China, o según nuestra conveniencia, que es algo peor.
Esto plantea la necesidad de contar con una teoría del conocimiento lo
suficientemente capaz de dilucidar dichos aspectos. Entre los pensadores del
siglo XX, Karl Popper es quien mejor elaboró una teoría del conocimiento que se
corresponde armónicamente con su interpretación política, social y de la
realidad en general, y su filosofía de la ciencia. Un aspecto fundamental de su
pensamiento es la teoría de los tres mundos.
Popper enuncia esta teoría por primera vez en una
conferencia presentada ante el Tercer Congreso Internacional de Lógica,
Metodología y Filosofía de la Ciencia celebrado en Ámsterdam en 1967, y la
explicará con detalle en tres libros escritos en la década de los setenta: Conocimiento
objetivo: una perspectiva evolucionista (1972), Búsqueda sin término,
una autobiografía intelectual (1976) y especialmente en El yo y su
cerebro (1977), escrito en colaboración con John Eccles, neurofisiólogo
australiano y Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1963. Anoto la fecha en
que la enuncia pues es resultado de un largo proceso creador que ya ha dado sus
frutos más sobresalientes. Cuando escribe Conocimiento objetivo Popper
es plenamente conocido y respetado en el ámbito científico por sus libros La
lógica de la investigación científica (1934), La sociedad abierta y sus
enemigos (1945), La miseria del historicismo (1961)
y Conjeturas y refutaciones: el desarrollo del conocimiento científico (1963),
así que su teoría de los tres mundos puede considerarse como una reflexión o
aprendizaje sobre lo ya construido.
La Teoría de los Tres Mundos ─que nada tiene que ver
con la clasificación económica del primer, segundo y tercer mundo, hoy ya en
desuso─ es una propuesta de Popper para explicar la objetividad posible y la
autonomía de las teorías, ideas, hipótesis y construcciones intelectuales, y la
manera en que influyen e interaccionan entre sí los tres mundos.
El Mundo 1 es
el de los organismos vivos, el conjunto de estados y de cosas existentes, el
mundo de las cosas materiales o estados físicos, aun los que no se pueden ver,
como la fuerza de gravedad o el electro-magnetismo, resultado de las
interacciones de elementos de ese mundo físico.
El Mundo 2 son
los estados de la mente, privados e individuales, el mundo subjetivo de los
estados mentales, es el mundo de la sensibilidad y también el de la conciencia
animal, el de las percepciones, sentimientos y estados psicológicos.
El Mundo 3 es
el mundo de las obras de arte y de la ciencia (incluyendo la tecnología), el
del lenguaje, el de las teorías acerca del yo y la muerte. Se caracteriza
porque es un conocimiento objetivo o conjunto de datos e informaciones que se
hallan almacenados en libros, películas, discos u otros soportes producidos por
las mentes de las criaturas vivientes; una vez exteriorizados y almacenados,
tienen una existencia propia y autónoma. Es un mundo de ideas objetivas que no
están en ninguna mente, sino precisamente en un mundo aparte, el Mundo 3, que
es autónomo.
“La idea de autonomía es central para mi teoría del
tercer mundo ─escribe Popper en Conocimiento objetivo─: aunque el tercer
mundo es un producto humano, una creación humana, él crea a su vez su propio
dominio de autonomía… Es esa autonomía del Mundo 3 la que lo hace real e
independiente de nosotros. ¿En qué sentido es independiente o autónomo? Hay un
sentido en el cual el Mundo 3 es autónomo: en ese mundo podemos hacer
descubrimientos teóricos de un modo similar a aquél en que podemos hacer
descubrimientos geográficos en el Mundo 1”. (Otro ejemplo: la objetividad
autónoma de los números naturales; a partir de su invención se descubren los
números primos y los irracionales, y en su universo presentan retos y enigmas
aún no resueltos y que nadie sino ellos plantean.)
Actualmente casi todas nuestras acciones en el Mundo 1
están influenciadas por el Mundo 3, y en esa relación comparten una entidad
común, que es el lenguaje. Este pertenece a los tres mundos y, de la misma
manera que el Mundo 3 es producto humano, el lenguaje también lo es. Asimismo,
el Mundo 2 sólo es comprensible a partir del Mundo 3.
Para entender cómo contribuye el lenguaje a la
conformación del Mundo 3, Popper sigue los pasos del filósofo y lingüista
alemán Karl Bühler (1879-1963), quien propuso que existen funciones lingüísticas inferiores y superiores
del lenguaje. Las inferiores corresponderían por igual al hombre y a los
animales desarrollados, y sus funciones son la comunicativa y la expresiva; las
superiores son propiamente humanas y sus funciones son la descriptiva o
informativa, a la que Popper agregará la función argumentativa o crítica.
Realizar estas funciones requiere de la escritura, pues sólo con ella se pueden
proponer y demostrar las proposiciones formuladas.
La escritura es el fundamento y posibilidad del
pensamiento objetivo. Sin la escritura es muy difícil, si no imposible, hablar
de pensamiento objetivo. Es en la escritura sucede la retroalimentación de los
mundos 2 y 3. Popper cita el caso de Shakespeare, que seguramente no había
imaginado completa la tragedia de Hamlet antes de empezar a escribirla, sino
que fue la escritura la que le permitió desarrollarla e imaginarla en su
totalidad como hoy la conocemos.
Para entender cómo interactúan esos tres mundos se
debe considerar la evolución de la especie humana. En el principio el hombre se
desenvolvía solamente en el Mundo 1, es decir, en el mundo físico, sujeto a los
rigores de la naturaleza, donde el miedo, la fuerza bruta y el impulso de los
instintos primarios como el hambre y la sobrevivencia eran toda su defensa.
Una lenta evolución le permitió llegar a un primera
clase de sociedad (cerrada), donde el deseo de controlar y domeñar las fuerzas
de la naturaleza le hizo inventar la magia, los mitos, los dioses, los
espíritus, y confió en un tipo especial de hombres que serían los
intermediarios entre esas fuerzas desconocidas y su vida colectiva e
individual: los sacerdotes, brujos, guerreros y gobernantes; a veces fundidas
todas estas figuras en una misma persona o grupo. El hombre se liberó así de
sus miedos y preocupaciones, pero a cambio tuvo que ceder su libertad, a veces
física y casi siempre su libertad de criterio, a cambio de seguridad y la
creencia en que había un orden controlado por personajes todopoderosos que lo
cuidaban y protegían.
Lo que le permitió superar esta sociedad cerrada ─que
Mario Vargas Llosa denomina tribal─ fue la aparición del espíritu crítico, es
decir, el impulso de someter las verdades mágicas y religiosas al análisis
racional y al contraste con la observación y la experiencia. Este complejo
proceso por el cual el saber deja de ser para ciertos hombres mágico y
supersticioso, ocurre con la aparición de los filósofos presocráticos como
Tales, Anaxágoras y Anaximandro. Cuando esto sucede la escritura lleva ya
algunos milenios de existencia, como lo demuestran los primeros registros de
ella, que se remontan de 3500 a 5000 años a. de C.
Fue este tránsito, y el aliento que gobernantes
visionarios como Pericles supieron insuflar, el que permitió un vasto
desarrollo de la ciencia, las artes y las técnicas. Un movimiento que no fue
uniforme ni total; en otras ciudades-estado de la antigua Grecia gobernaban
dictadores y autócratas que justificaban su control y poder, apelando a un
orden divino, y mantenían a la gente en una sociedad cerrada, es decir, donde
prevalecían los mitos y supersticiones para explicar la realidad; aun entre los
pensadores, hubo quienes usaron el método racional para hacer más sutil y
convincente la creencia de que seres especiales y por encima de las personas
comunes eran los que podían garantizar la seguridad de la sociedad, Platón
entre ellos.
Así mismo, la historia de la humanidad no ha sido
uniforme ni lineal; junto a las sociedades avanzadas coexisten las cerradas, y
aun las sociedades abiertas sufren desplomes y retrocesos en los cuales se
destruyen o sepultan conocimientos tenazmente logrados. Popper considera que es
con Sócrates con quien culmina este impulso decisivo que llevó al hombre a
ejercer su espíritu crítico, y después de él surge un nuevo sistema de
pensamiento, más complejo y sutil, para justificar la necesidad de ceder la
libertad en aras de un orden y desarrollo que solo el gobierno de personas
especiales puede lograr.
Ejemplo sobresaliente de este retroceso lo representa
la instauración del cristianismo en el mundo occidental que, aun con los
avances que pudieron darse en ciertas áreas durante casi un milenio ─como el
desarrollo de la lógica─ no deja de ser cierto que al imponerlo como religión
oficial y ante la obligación de sujetar los conocimientos y la explicación del
mundo a los dogmas de la iglesia católica, hicieron retroceder otra vez al
hombre a esa etapa donde creencias y supersticiones, divinidades y demonios, y
sus respectivos intermediarios sirvieron nuevamente para explicar la realidad.
Aun en nuestros días, ninguna sociedad está exenta de caer bajo la seducción de
líderes carismáticos con propuestas demagógicas o ideologías fundamentalistas y
religiosas como la que propone el Estado Islámico (la instauración de un
califato regido por las interpretaciones más radicales de la Sharia, el código
ético del Islam).
Volviendo a la teoría de los tres mundos, en la
sociedad cerrada la separación entre los mundos 2 y 3 casi no existe, o se
difumina, pues el grupo de intermediarios alienta e impone sus creencias con el
fin de lograr un mayor control. Todo cambio es percibido como un peligro, pues
altera el orden que supuestamente garantiza la existencia y da seguridad. Por
eso las ideas innovadoras, y aun el solo hecho de pensar en libertad, son
considerados un riesgo. (No es casual que sociedades y comunidades cerradas de
nuestros días renieguen del libre pensamiento y les provoque horror toda
innovación.)
Pero cuando la racionalidad y el espíritu crítico
logran imponerse, es el Mundo 3 el que adquiere una influencia determinante en
la vida social. Es el criterio, el pensamiento y las decisiones humanas basadas
en el conocimiento las que rigen (o deberían regir) el comportamiento del hombre
y la modificación de la realidad. Este hecho lo sitúa ante una difícil
obligación: la responsabilidad individual. El hombre ya no es alguien que solo
obedece. Es un ciudadano libre que aplica su criterio, su capacidad de análisis
y de juzgar por sí mismo, quien elige la opción más conveniente. Ya no es
alguien que deposita en el sacerdote, el rey o la divinidad su porvenir, sino
sus decisiones basadas en el conocimiento. Por tanto tiene la obligación de
intervenir para corregir una situación injusta, desagradable o deficiente. ¿Y
cuál es el sistema político que mejor posibilita la participación del
individuo?
Efectivamente,
es la democracia, la sociedad abierta.