lunes, 3 de febrero de 2014

LOS DEMONIOS DE LA SUCESIÓN

Los demonios de la sucesión
NOÉ AGUDO (04/II/2014)

Uno de los atributos esenciales del pensamiento racional es no someterse a la fatalidad. No dar por definitivo ningún hecho que la decisión, la inteligencia y el esfuerzo humanos no puedan transformar. Cuando alguien se resigna indolentemente a una situación es porque uno de estos rasgos del pensamiento racional, o los tres, están fallando. En un espacio como la Universidad, donde el conocimiento, el ejercicio de la crítica y la participación franca y abierta son condiciones fundamentales para su misión primordial, la enseñanza-aprendizaje, sería un contrasentido y aun la negación de su propia esencia abandonarse mansamente a una situación.
    Por eso un grupo de profesores (fundadores del Colegio, profesores de Carrera y de Asignatura en sus dos categorías) hemos hecho nuestro un documento con veinte puntos elaborados por el maestro David Silva, pues los consideramos necesarios de aplicar si queremos sanear la vida institucional del CCH, y revertir el proceso de degradación educativa, corrupción y pérdida de sus principios originales y modelo educativo en los últimos años. Los puntos constituyen un programa ante el cual los candidatos a ocupar la dirección general, y la del plantel en particular, se deben pronunciar, pues ataca cuestiones medulares como son el nepotismo, el favoritismo y el obsequio de plazas que tanto han dañado la vida académica del Colegio.
    Dichos puntos constituyen también un valladar ante los grupos burocráticos que se disponen a competir por la dirección con el único fin de servirse y servir a sus incondicionales. Hemos comentado cómo el sentido de responsabilidad, honestidad y eficiencia que deben poseer quienes deseen dirigir una institución de la importancia del CCH, se pierden o se relegan cuando quienes llegan son sólo expertos en la simulación, la mentira y la corrupción. Si ellos pudieron por qué yo no, piensan otros bribones iguales o peores que los que les antecedieron, y así es como en lugar de tener a los mejores universitarios conduciendo nuestras escuelas, tenemos sólo a los más hábiles en el engaño y la simulación.
    Pero un rasgo sobresaliente de la democracia es su cualidad para autocorregirse y esto es lo que los profesores independientes debemos aprovechar. Cuando inicié la escritura semanal de estos artículos es porque creía y sigo creyendo en el ejercicio de la crítica. La característica principal de un espacio democrático es estar sometido a la vigilancia de una crítica que lo obliga a cuestionarse en cada uno de sus pasos y decisiones. Me causaba tristeza que en lugar de contar con una opinión pública alerta y abierta, el Colegio se tuviera que conformar con la murmuración en baños y pasillos, el comportamiento medroso y un silencio obsecuente ante todo tipo de barbaridades. Bien, pues en la democracia un derecho que no se ejerce es un derecho que se pierde, y aunque puede ser que mi labor haya despertado suspicacias y enconos inicialmente, decidí que había que ejercer la crítica pues sólo así podría establecer contacto y sumar mi acción a la de otros profesores interesados realmente en recuperar y detener el proceso de crisis del Colegio.
    Y aquí estamos, unidos ante la posibilidad de transformar una práctica que hasta hoy hemos dejado en manos de unos cuantos. La sucesión en el Colegio ya no debe darse tras bambalinas, a través de una serie de complicidades y componendas en las que todo se considera, menos su misión principal, que es la de educar. ¡Qué tipo de educación es esa donde los peores elementos pueden ocupar los cargos directivos, sólo porque no hay nadie que los exponga y cuestione! Y si en el país la vida democrática avanza, aunque con empujones, en un espacio como la UNAM −Alma Máter de la educación superior nacional, un espacio siempre crítico de las decisiones nacionales−, esto resulta simplemente inconcebible. La Junta de Gobierno, pero principalmente el rector, tienen una delicada y alta responsabilidad en decidir quién deberá ser el director general del CCH. Y nosotros los profesores, alumnos y trabajadores, debemos esforzarnos por obligar a que los candidatos se pronuncien respecto a cuestiones torales, y no conformarnos con frases vacías, generalidades y lugares comunes con los que normalmente gustan emborronar sus discursos.
    Nuestro apoyo deberá ser para aquel profesor dedicado a la docencia, ajeno a camarillas, que mantenga una figura respetada y respetable en la vida del Colegio y sobre todo que esté consciente de la necesidad de sanear y recuperar los principios esenciales del Colegio. No es casual que del plantel Vallejo surjan en esta ocasión tres candidatos, pues es aquí donde mejor conocemos y más repudio existe ante las prácticas clientelares, de nepotismo y corrupción con que se ha identificado a la administración del Colegio en los últimos años. Al intento de la profesora Lucía Laura, que busca reelegirse y para ello usa la plataforma de la dirección general a su cargo, se agregan las candidaturas de los profesores Jesús Salinas y Raúl Muñoz Morales, dos auténticos docentes que nadie puede acusar de corruptos o de carecer de solvencia intelectual y moral. De los tres candidatos, sólo el doctor Raúl Muñoz Morales no ha formado parte de la burocracia, sino que ha vivido volcado hacia la docencia y la investigación. Tal vez eso lo hace vulnerable ante los grupos constituidos, pero lo hace también la figura más atractiva y digna para el grueso de los profesores. Con cuatro cédulas profesionales, dos licenciaturas, una maestría y un doctorado, una elección en la que de verdad contaran los méritos académicos y profesionales no le escatimarían la oportunidad de dirigir el Colegio. Reproduzco aquí unas breves líneas de su pre-proyecto de programa: “Hoy la tarea más urgente es impedir la extinción del CCH o algo igualmente grave que dé su reacomodo en las estructuras de un sistema de bachillerato nacional decadente y que no responde a las necesidades actuales del país”.
    Los otros candidatos son, como ya lo habíamos anunciado, el maestro Rito Terán, y los licenciados Jaime Flores Suaste y Ernesto García Palacios. Al Colegio de Ciencias y Humanidades, y a la UNAM en general, le conviene recuperar la excelente tradición de ser conducida por sus mejores académicos; esos que le dieron la dimensión y el prestigio que aún hoy conserva, y que además dejaron profunda huella en la cultura nacional con su magnífica obra educativa, científica y literaria. Me refiero a personalidades como Justo Sierra, José Vasconcelos, Antonio Caso, Antonio Castro Leal, Ignacio Chávez y Pablo González Casanova, entre otros. A su lado, cualquier arribista del día de hoy adquiere su verdadera talla.
              
·     EL CCH DEL FUTURO Y EL FUTURO DEL CCH: El próximo jueves, a las 12:30 horas, los candidatos a ocupar puestos de dirección en el Colegio de Ciencias y Humanidades, sostendrán un diálogo en la Sala Albert Einstein del plantel Vallejo en torno al tema “EL CCH DEL FUTURO Y EL FUTURO DEL CCH”. No se lo pierdan.


·         Cerramos la entrega de esta semana con un poema que critica esa pretensión absurda de excluir a los profesores mayores de 37 años en sus posibilidades de promoción y estabilidad laboral.

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