Los demonios
de la sucesión
NOÉ AGUDO
(04/II/2014)
Uno de los atributos esenciales del pensamiento racional es
no someterse a la fatalidad. No dar por definitivo ningún hecho que la decisión,
la inteligencia y el esfuerzo humanos no puedan transformar. Cuando alguien se
resigna indolentemente a una situación es porque uno de estos rasgos del
pensamiento racional, o los tres, están fallando. En un espacio como la Universidad,
donde el conocimiento, el ejercicio de la crítica y la participación franca y
abierta son condiciones fundamentales para su misión primordial, la enseñanza-aprendizaje,
sería un contrasentido y aun la negación de su propia esencia abandonarse mansamente
a una situación.
Por eso un grupo de profesores (fundadores
del Colegio, profesores de Carrera y de Asignatura en sus dos categorías) hemos
hecho nuestro un documento con veinte puntos elaborados por el maestro David
Silva, pues los consideramos necesarios de aplicar si queremos sanear la vida
institucional del CCH, y revertir el proceso de degradación educativa,
corrupción y pérdida de sus principios originales y modelo educativo en los
últimos años. Los puntos constituyen un programa ante el cual los candidatos a
ocupar la dirección general, y la del plantel en particular, se deben
pronunciar, pues ataca cuestiones medulares como son el nepotismo, el
favoritismo y el obsequio de plazas que tanto han dañado la vida académica del
Colegio.
Dichos puntos
constituyen también un valladar ante los grupos burocráticos que se disponen a competir
por la dirección con el único fin de servirse y servir a sus incondicionales. Hemos
comentado cómo el sentido de responsabilidad, honestidad y eficiencia que deben
poseer quienes deseen dirigir una institución de la importancia del CCH, se
pierden o se relegan cuando quienes llegan son sólo expertos en la simulación,
la mentira y la corrupción. Si ellos pudieron por qué yo no, piensan otros
bribones iguales o peores que los que les antecedieron, y así es como en lugar
de tener a los mejores universitarios conduciendo nuestras escuelas, tenemos
sólo a los más hábiles en el engaño y la simulación.
Pero un rasgo
sobresaliente de la democracia es su cualidad para autocorregirse y esto es lo
que los profesores independientes debemos aprovechar. Cuando inicié la
escritura semanal de estos artículos es porque creía y sigo creyendo en el
ejercicio de la crítica. La característica principal de un espacio democrático
es estar sometido a la vigilancia de una crítica que lo obliga a cuestionarse
en cada uno de sus pasos y decisiones. Me causaba tristeza que en lugar de
contar con una opinión pública alerta y abierta, el Colegio se tuviera que
conformar con la murmuración en baños y pasillos, el comportamiento medroso y
un silencio obsecuente ante todo tipo de barbaridades. Bien, pues en la
democracia un derecho que no se ejerce es un derecho que se pierde, y aunque
puede ser que mi labor haya despertado suspicacias y enconos inicialmente, decidí
que había que ejercer la crítica pues sólo así podría establecer contacto y
sumar mi acción a la de otros profesores interesados realmente en recuperar y
detener el proceso de crisis del Colegio.
Y aquí estamos,
unidos ante la posibilidad de transformar una práctica que hasta hoy hemos
dejado en manos de unos cuantos. La sucesión en el Colegio ya no debe darse
tras bambalinas, a través de una serie de complicidades y componendas en las
que todo se considera, menos su misión principal, que es la de educar. ¡Qué
tipo de educación es esa donde los peores elementos pueden ocupar los cargos
directivos, sólo porque no hay nadie que los exponga y cuestione! Y si en el
país la vida democrática avanza, aunque con empujones, en un espacio como la
UNAM −Alma Máter de la educación superior nacional, un espacio siempre crítico
de las decisiones nacionales−, esto resulta simplemente inconcebible. La Junta
de Gobierno, pero principalmente el rector, tienen una delicada y alta
responsabilidad en decidir quién deberá ser el director general del CCH. Y nosotros
los profesores, alumnos y trabajadores, debemos esforzarnos por obligar a que
los candidatos se pronuncien respecto a cuestiones torales, y no conformarnos
con frases vacías, generalidades y lugares comunes con los que normalmente
gustan emborronar sus discursos.
Nuestro apoyo deberá ser para aquel
profesor dedicado a la docencia, ajeno a camarillas, que mantenga una figura
respetada y respetable en la vida del Colegio y sobre todo que esté consciente
de la necesidad de sanear y recuperar los principios esenciales del Colegio. No
es casual que del plantel Vallejo surjan en esta ocasión tres candidatos, pues
es aquí donde mejor conocemos y más repudio existe ante las prácticas
clientelares, de nepotismo y corrupción con que se ha identificado a la
administración del Colegio en los últimos años. Al intento de la profesora
Lucía Laura, que busca reelegirse y para ello usa la plataforma de la dirección
general a su cargo, se agregan las candidaturas de los profesores Jesús Salinas
y Raúl Muñoz Morales, dos auténticos docentes que nadie puede acusar de corruptos
o de carecer de solvencia intelectual y moral. De los tres candidatos, sólo el
doctor Raúl Muñoz Morales no ha formado parte de la burocracia, sino que ha
vivido volcado hacia la docencia y la investigación. Tal vez eso lo hace
vulnerable ante los grupos constituidos, pero lo hace también la figura más
atractiva y digna para el grueso de los profesores. Con cuatro cédulas
profesionales, dos licenciaturas, una maestría y un doctorado, una elección en
la que de verdad contaran los méritos académicos y profesionales no le
escatimarían la oportunidad de dirigir el Colegio. Reproduzco aquí unas breves
líneas de su pre-proyecto de programa: “Hoy la tarea más urgente es impedir la extinción
del CCH o algo igualmente grave que dé su reacomodo en las estructuras de un
sistema de bachillerato nacional decadente y que no responde a las necesidades
actuales del país”.
Los otros
candidatos son, como ya lo habíamos anunciado, el maestro Rito Terán, y los
licenciados Jaime Flores Suaste y Ernesto García Palacios. Al Colegio de
Ciencias y Humanidades, y a la UNAM en general, le conviene recuperar la
excelente tradición de ser conducida por sus mejores académicos; esos que le
dieron la dimensión y el prestigio que aún hoy conserva, y que además dejaron
profunda huella en la cultura nacional con su magnífica obra educativa,
científica y literaria. Me refiero a personalidades como Justo Sierra, José
Vasconcelos, Antonio Caso, Antonio Castro Leal, Ignacio Chávez y Pablo González
Casanova, entre otros. A su lado, cualquier arribista del día de hoy adquiere
su verdadera talla.
· EL CCH DEL FUTURO Y EL FUTURO DEL CCH:
El próximo jueves, a las 12:30 horas, los candidatos a ocupar
puestos de dirección en el Colegio de Ciencias y Humanidades, sostendrán un
diálogo en la Sala Albert Einstein del plantel Vallejo en torno al tema “EL CCH
DEL FUTURO Y EL FUTURO DEL CCH”. No se lo pierdan.
·
Cerramos la entrega de esta semana
con un poema que critica esa pretensión absurda de excluir a los profesores
mayores de 37 años en sus posibilidades de promoción y estabilidad laboral.
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