EXPULSADO DEL PARAÍSO
NOÉ
AGUDO
Como Satanás, yo
también vivo expulsado del paraíso. Nací en el corazón de la Sierra Sur, donde
el sol, el viento y la lluvia templaron mi alma y mis huesos infantiles. La
neblina de la tarde me arrulló en su seno y provocó mis primeras ensoñaciones.
A los diez años me enviaron a esta ciudad horrenda, donde supuestamente vendría
a estudiar, pero me emplearon como mocito. Así que las peleas y patadas del
fútbol callejero diluían la nostalgia por mis encinos, pinos y oyameles, y también por mis arroyos, los cerros y sus cumbres en las que algunas noches presencié
llover estrellas. Regresé algunas veces, pero mi edén ya no me reconocía. Por
eso tuve que buscar en el estudio los fragmentos de mi infancia rota y decidí
quedarme para siempre con mi alma infantil. Cuando llegó el momento de decidir,
le dije a un amigo que me inscribiera en la carrera que mejor podría estudiar.
Me inscribió en periodismo y fue un acierto: en ese camino conocí mujeres
maravillosas que restañaron mis heridas; hallé ventanas para dejar volar
algunas partes sanas y buenas de mi persona; también encontré armas fabulosas
para combatir a los demonios del resentimiento, del odio y la venganza. Algunas
publicaciones que he hecho, dirigido y coordinado son las siguientes: El Nieto del Ahuizote, Cronopio, Multidisciplina, Automundo
Deportivo, Ángulos del diario El Universal, Pasaporte 2000, Geografía Universal, Vogue-México, Varón-México, Divorcio.
Vida Nueva, Suplemento
Cultural de Gaceta CCH, Gaceta
Bachilleres, Guía VTP de Mexicana, Comunidad Vallejo y Continuum. He vivido extrañas
pero intensas aventuras con cada una. Y el viaje sigue.
¿Gustos? Acariciar la madera bien
pulida de una mesa, el vino tinto, descubrir que una intuición era cierta,
entender a los animales, el café negro, una mujer delgada y melancólica, los
días lluviosos, las habitaciones en penumbra, la alta noche y el silencio.
Mi música es Bach, Haendel, Albinoni,
Teleman, Vivaldi. Pero en las mañanas luminosas oigo a Mozart, buen rock, los
sones, el joropo venezolano, la vidala argentina y la cueca chilena. Las tardes
las prefiero con siringa, yaraví y huapango. Cuando la noche inicia elijo la
canción italiana, española o francesa (podría morir gustoso teniendo como fondo
“Bajo los cielos de París” de Juliette Greco, y no concibo decirle a una mujer que
me he enamorado de ella si no ha escuchado y le gusta “Ne me quitte pas” con
Jacques Brel). En general me gusta toda la buena música, no importa el género,
pero sí la hora y mi estado de ánimo.
Entiendo por qué Borges decía que sólo
podía leer libros que habían cumplido cien años: a veces uno pierde el tiempo;
la disciplina puede reñir con el buen gusto. Hoy sólo leo textos viejos. Así
como Bach es mi dios en la música, Dostoyevski lo es en la literatura y
Brueghel el Viejo en la pintura. Releo a los poetas del Siglo de Oro, aún no
termino a los cronistas de la conquista y deseo adentrarme en los testimonios
que sobreviven del México prehispánico.
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