jueves, 22 de marzo de 2018

LOS PEJES SON MUDOS


LOS PEJES SON MUDOS

¿Por qué Andrés Manuel se niega a conceder entrevistas, a debatir e incluso a ofrecer declaraciones? Porque lo favorecen las encuestas, es innegable. Así que las críticas, emplazamientos y retos que le proponen sus adversarios las resbala con sus demagógicos “Paz y amor”, “No deseamos confrontarnos con nadie”, “Buscamos la unidad de nuestro querido México”, etc. Pero sabe también que el porcentaje de votantes que lo apoya (alrededor del 30%) no es suficiente para ganar, y la política es el arte de convencer con las palabras. Sabe que debe atraer a muchos más indecisos, pues son los que decidirán realmente la elección. Porque, al no hablar, los mantiene en la misma incertidumbre y, peor aún, su base dura se empieza a desmoronar. Al querer demostrar que es “otro”, que no hay ningún riesgo de arribar a la presidencia, miente diciendo que no derogará las reformas, que sólo revisará los contratos o que sólo quitará el carácter punitivo a la reforma educativa. “¡Ni madres, dicen sus huestes, Morena derogará todas las pinches reformas neoliberales” (Paco Nacho Taibo). ¡Gran paradoja!
                Volvamos a la pregunta inicial, ¿por qué no quiere hablar? Por cuidar lo que ha logrado, es la primera respuesta, pero no es la única y ni siquiera la más importante. En realidad no habla porque carece de ideas. Pregunten a sus seguidores por qué creen en él y no lo podrán explicar. Tienen una fe ciega en el individuo, en la persona, por eso lo seguirán fielmente, vaya donde vaya y haga lo que haga. Eso en ciencia política se denomina carisma (Max Weber explica muy bien en qué consiste el poder carismático). O, como lo han explicado Hernán Gómez Bruera y Alberto Asiz Nacif (dos de sus seguidores que he comentado aquí porque pueden articular algunas ideas): porque en todos los partidos hay corruptos, oportunistas y peores, así que Morena no es la excepción. De acuerdo. Porque él no ha robado nada, es honesto. Aceptémoslo. Pero ¿por qué se niega a explicar sus ideas? ¿Qué propone realmente? No lo quiere decir. Y eso se debe porque simplemente es un ignorante, carece de propuestas para este mundo complejo, moderno y actual. No se da cuenta que México y el mundo han cambiado. Tiene una vaga noción de que antes hubo algo mejor: cuando el gobierno (el presidente, para ser precisos) tenía todo el poder y disponía de todos los recursos, nada más que fueron represores (Díaz Ordaz) o corruptos (Echeverría y López Portillo) o ambas cosas y él no lo será. A esta vaga noción se aferra. Es la razón principal por la cual no puede ni quiere hablar.
                Nunca como hoy resulta tan acertado ese refrán popular que dice: “El pez por la boca muere”. Porque las bocas de sus competidores, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, también le resultarán letales cuando presenten sus ideas y proyectos, de los cuales él carece.
EL BULO DE “LA NIÑA BIEN”
Nadie reclama la autoría de un video viral y en este país hambriento de los cinco minutos de fama cualquiera disfrutaría el éxito que cosechó. En esta contradicción está la clave para saber quiénes lo hicieron. No lo hizo Epigmenio Ibarra, es cierto, sabe que está plenamente identificado con Morena así que poco redundaría en su beneficio reconocerlo. Pero quienes lo hicieron son de, o simpatizan con Morena. Sólo que el tiro les salió por la culata: equivocaron la ciudad, el escenario y los personajes. Mostrar y usar el interior de un templo para un baile berraco suscitó el reclamo inmediato de la Iglesia, el deslinde de la institución donde supuestamente estudia la chica (ITESO) y el repudio de todos los católicos. Sólo nos causó risa a los que somos suficientemente tolerantes para ver bailar a un padrecito con sotana, admirar las curvas de una chica mientras baila dentro de una iglesia y advertir la falla principal del mensaje.


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