LOS PEJES SON MUDOS
¿Por qué Andrés Manuel se niega a
conceder entrevistas, a debatir e incluso a ofrecer declaraciones? Porque lo favorecen
las encuestas, es innegable. Así que las críticas, emplazamientos y retos que
le proponen sus adversarios las resbala con sus demagógicos “Paz y amor”, “No
deseamos confrontarnos con nadie”, “Buscamos la unidad de nuestro querido México”,
etc. Pero sabe también que el porcentaje de votantes que lo apoya (alrededor
del 30%) no es suficiente para ganar, y la política es el arte de convencer con
las palabras. Sabe que debe atraer a muchos más indecisos, pues son los que decidirán
realmente la elección. Porque, al no hablar, los mantiene en la misma
incertidumbre y, peor aún, su base dura se empieza a desmoronar. Al querer
demostrar que es “otro”, que no hay ningún riesgo de arribar a la presidencia,
miente diciendo que no derogará las reformas, que sólo revisará los contratos o
que sólo quitará el carácter punitivo a la reforma educativa. “¡Ni madres,
dicen sus huestes, Morena derogará todas las pinches reformas neoliberales” (Paco
Nacho Taibo). ¡Gran paradoja!
Volvamos
a la pregunta inicial, ¿por qué no quiere hablar? Por cuidar lo que ha logrado,
es la primera respuesta, pero no es la única y ni siquiera la más importante.
En realidad no habla porque carece de ideas. Pregunten a sus seguidores por qué
creen en él y no lo podrán explicar. Tienen una fe ciega en el individuo, en la
persona, por eso lo seguirán fielmente, vaya donde vaya y haga lo que haga. Eso
en ciencia política se denomina carisma (Max Weber explica muy bien en qué
consiste el poder carismático). O, como lo han explicado Hernán Gómez Bruera y
Alberto Asiz Nacif (dos de sus seguidores que he comentado aquí porque pueden
articular algunas ideas): porque en todos los partidos hay corruptos, oportunistas y peores,
así que Morena no es la excepción. De acuerdo. Porque él no ha robado nada, es
honesto. Aceptémoslo. Pero ¿por qué se niega a explicar sus ideas? ¿Qué propone
realmente? No lo quiere decir. Y eso se debe porque simplemente es un
ignorante, carece de propuestas para este mundo complejo, moderno y actual. No
se da cuenta que México y el mundo han cambiado. Tiene una vaga noción de que
antes hubo algo mejor: cuando el gobierno (el presidente, para ser precisos)
tenía todo el poder y disponía de todos los recursos, nada más que fueron
represores (Díaz Ordaz) o corruptos (Echeverría y López Portillo) o ambas cosas
y él no lo será. A esta vaga noción se aferra. Es la razón principal por la
cual no puede ni quiere hablar.
Nunca
como hoy resulta tan acertado ese refrán popular que dice: “El pez por la boca
muere”. Porque las bocas de sus competidores, Ricardo Anaya y José Antonio
Meade, también le resultarán letales cuando presenten sus ideas y proyectos, de
los cuales él carece.
EL BULO DE “LA NIÑA BIEN”
Nadie
reclama la autoría de un video viral y en este país hambriento de los cinco minutos
de fama cualquiera disfrutaría el éxito que cosechó. En esta contradicción está
la clave para saber quiénes lo hicieron. No lo hizo Epigmenio Ibarra, es
cierto, sabe que está plenamente identificado con Morena así que poco
redundaría en su beneficio reconocerlo. Pero quienes lo hicieron son de, o simpatizan con
Morena. Sólo que el tiro les salió por la culata: equivocaron la ciudad, el
escenario y los personajes. Mostrar y usar el interior de un templo para un baile berraco suscitó el
reclamo inmediato de la Iglesia, el deslinde de la institución donde
supuestamente estudia la chica (ITESO) y el repudio de todos los católicos.
Sólo nos causó risa a los que somos suficientemente tolerantes para ver bailar a
un padrecito con sotana, admirar las curvas de una chica mientras baila dentro
de una iglesia y advertir la falla principal del mensaje.
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