Los
desfiguros de la ambición
Imagino el apesadumbrado fin de semana que pasan los quince
integrantes de la Junta de Gobierno de la UNAM: un gesto dubitativo enmarca su rostro
durante esas horas; la duda los acompaña, reciben alguna llamada para consultarse
unos a otros, revisan sus notas y el gesto de preocupación no los abandona. Saben
que cumplido el plazo deberán decidir por alguien y hoy la decisión se presenta
difícil. Han percibido la profunda preocupación y malestar dentro de la
comunidad del CCH, así que no pueden ignorarla.
Saben que la mayoría de quienes
acudieron a pronunciarse y pidieron la continuidad de Jesús Salinas como
director general del CCH es porque se sienten obligados con él. Algunos porque
sus jefes o el mismo director general les ordenó que fueran. Conocen de sobra
la violación a la normatividad universitaria, maltratos y humillaciones a
profesoras, manejo del Colegio como patrimonio personal, pérdida de la calidad
educativa, abandono de la vida colegiada, desplome de las actividades
académicas y culturales, y otras muchas trapacerías, así que sería una locura
mantenerlo. Peor aún, su administración confirma lo que parecía gracejada: que
el CCH sólo es noticia cuando aparece en la nota roja.
Aunque es fama el chaquetazo (cambio
de chaqueta) de algunos: dicen que hablarán a favor de cierta persona y ya estando
ante al integrante de la Junta deciden inclinarse por otro. Fue comentadísimo
el caso de un tal Rubio, que le prometió a Jesús Salinas hablar por él y en la
tarde prefirió dar su voto a la entonces directora general. A cambio recibió la
dirección de un plantel. Claro, gracias a la obtusa mirada del afectado, quien
siempre lo creyó de su lado y ahora, muerto el rey, será el primero en gritar “¡Viva
el rey!” El nuevo, por supuesto. Este hecho demuestra que en ocasiones las
traiciones sí dejan. ¡Vaya educación cívica para los alumnos! Puro desfiguro.
¡De las cosas que uno se entera con
el proceso de auscultación! Aunque con reticencias y temores, algunos se han
atrevido a revelar los atropellos de que han sido víctimas. Tal es el caso de
esa profesora del plantel Vallejo (¡pobre plantel!, le ha llovido por ser la
escuela de donde han salido los últimos dos directores generales) que además de
haber sido humillada y maltratada, le han impedido titularse. Un mal menor si
uno se entera que esta situación le ha provocado daños económicos, de salud y
psicológicos. Hoy vive atemorizada pues le han advertido que Jesús Salinas es
un hombre acomplejado, vengativo y despiadado cuando se trata de dañar. ¿Y los
testimonios de los que no pudieron acudir?
Los integrantes de su equipo,
también, andan en estos días con el enojo marcado en su rostro. Cuando
encuentran algún profesor que no les simpatiza o saben que apoya a otro
candidato, asumen actitudes provocadoras. Se quitan el saco o la chamarra, se
arremangan la camisa, se muestran desafiantes. Puro desfiguro.
Los que acudieron con una propuesta diferente,
de cambio, no forman parte del séquito del actual director y algunos viven
amenazados. Su estabilidad laboral depende de la permanencia del “doctor”, así
que repiten como mantra: “Cruz, cruz, que venga el diablo y se vaya Jesús. Cruz
cruz, que venga el diablo y se vaya Jesús” (cortesía de David Silva). Pero,
¿quién tiene las fortalezas y voluntad de recuperar los fines y propósitos de
una institución de educación media superior que antes fue modelo de enseñanza?
Se ha perdido, y será difícil recuperarlo ante la vocación depredadora de
individuos como el actual.
Está ese otro candidato, por ejemplo,
a quien muchos señalan como hechura del director general y, si no lo fuera,
parece cortado con la misma tijera. Creó un grupo llamado como sistema
evaluatorio nacional (Enlace) y aparentemente con buenos propósitos: mantener
comunicación con padres de familia sobre la educación de sus hijos. Pero
estudiantes y profesores de su plantel afirman que lo usa como grupo de choque.
Y ahora lo empleó para conseguir cartas de apoyo de los padres de familia dirigidas
a la Junta para apoyarlo en su deseo de ser director general. ¡Puro desfiguro! ¿Está
permitido esto? Porque si es así más adelante se recogerán firmas de los
vendedores ambulantes de los alrededores y de dentro de las escuelas para
designar director.
Los integrantes de la Junta están
enterados de los tres candidatos de la terna y cuentan con sus propuestas, sus “impresionantes”
curriculum, pero tienen pocos conocimientos precisos de ellos; saben además que
apenas se instalan se transforman en otra persona. De modestos profesores
transitan a “maestros”, “doctores”, “altos funcionarios” y luego a intratables
señores feudales de su pequeña ínsula; bueno, no tan pequeña, el CCH se compone
de cinco planteles, además de la dirección general.
Aprovechando el anacrónico concepto de
autonomía (que hoy es más bien sinónimo de extraterritorialidad, opacidad e
impunidad) pretenden medrar con la educación durante ocho años y de ser posible
más tiempo a través de terceros. Viejos burócratas que tuvieron muchísimos años
detrás del escritorio continúan arreando a sus huestes con las propuestas de
siempre.
Pero es la UNAM en general la que
vive entre dos extremos: un día nos amanecemos con la noticia de que es la universidad
mejor posicionada de América Latina y al otro despertamos escuchando las
noticias de escándalos como que es centro de consumo y venta de drogas,
espacios donde el desgobierno, la arbitrariedad y la comisión de delitos son
cotidianos. ¿Alguien cree de verdad que los narcomenudistas, con sólo ver una
manta, se retiraron de los espacios que se han apropiado? Por supuesto que no,
sólo se movieron mientras pasa el interés de los medios. Y algo peor: revela
que dentro de la misma UNAM están quienes los controlan. Sólo así se explica
que hayan obedecido tan dócilmente.
Los integrantes de la Junta saben que
esta situación no se puede prolongar más. Mientras la educación básica y la
media superior administrada por la SEP se empiezan a desaletargar gracias a la
Reforma Educativa, el bachillerato de la UNAM se hunde y no podrá justificar
más su existencia. Tampoco conservar el injusto privilegio del “pase
reglamentado” para unos cuantos. Por otra parte, la obligatoriedad de la
educación media superior, elevada a rango constitucional en 2012, deberá
hacerse realidad en breve. Todo esto, más los cambios a que obligan los avances
tecnológicos, la automatización del trabajo, la inclusión de México en grandes
bloques comerciales, el tránsito hacia una sociedad plenamente democrática y
transparente, obligan a la búsqueda de la calidad educativa, la necesidad de
contar con un marco curricular común para el bachillerato y profesionalizar de
verdad la planta docente.
Se requieren directivos con visión,
preparación y vocación, y no los tristes ejemplos con que contamos hoy día. Que
consideran al CCH su patrimonio porque lo administran. Que se sienten
académicos consolidados nacional, internacional e interplanetariamente, y son
incapaces de mejorar así sean las publicaciones del Colegio. Que son bastos,
burdos, vulgares y voraces. Que gustan hacer todo con opacidad y esconder sus
tramposas evaluaciones “bajo reserva” durante al menos cinco años. ¿Otorgar una
plaza de carrera es cuestión de seguridad nacional? La sensación de miedo, inseguridad, expectación,
morbo y división que vive la comunidad del Colegio debe acabar. La situación de
acoso, espionaje y uso punitivo y selectivo de la normatividad universitaria hacia
ciertos profesores también. Es una institución educativa, no un municipio o
estado disputado por el narco. Pero hacia allá iremos si la Junta de Gobierno y
el rector se equivocan en su decisión.
LOS
DESFIGUROS DE MI CORAZÓN
Naturalmente,
el encabezado de este artículo es la paráfrasis del título de ese proteico
libro del maestro Sergio Fernández, para mí uno de los más agradables que he
leído y sin duda uno de sus mejores
textos.
La respuesta que da López Obrador a
la advertencia del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa es otro
desfiguro: “Es buen escritor, pero mal político”. Varias veces he escuchado
este lugar común que sólo revela indigencia intelectual. ¿Acaso se escribe con
los pies o dormido? ¿Acaso escribir no es una de las operaciones más altas del
intelecto humano? ¿Conocerá López Obrador los ensayos de Mario Vargas Llosa,
especialmente los dedicados a temas políticos de Latinoamérica, Europa y el
mundo en general, o a cuestiones
culturales de nuestro tiempo? La extraordinaria literatura de Mario Vargas
Llosa va a la par de su lucidez para abordar asuntos políticos y por eso debe
escuchársele.
El autor de La fiesta del chivo advierte a México acerca de no cometer la
insensatez de votar por un político que lo llevará a una situación parecida a
la de Venezuela, y tiene razón. No porque se lo proponga y ni siquiera sea la
intención de López Obrador, sino por la política que piensa aplicar y de la
cual ya ha dado suficientes pruebas: demagogia pura como la “constitución
moral”; combate a la corrupción dándole impunidad y fuero a lo más corrupto del
sistema; revertir reformas que, aunque les pese a muchos, están funcionando y
ellos mismos disfrutan de sus resultados (la de Telecomunicaciones, por
ejemplo)…
Así que cuando López Obrador dice
que es un mal político es porque él se considera mejor. Si llega a alcanzar la
edad de Vargas Llosa, ¡ochenta años!, espero que razone con la misma rapidez y
lucidez con la que lo hace hoy el Nobel de Literatura 2010. Y pueda aún arrastrar
las palabras como lo hace hoy.
Vuelvo a la frase hecha con que
trató de minimizar la advertencia: escribir no es una habilidad manual, como
muchos la consideran, sino la expresión más evidente del empleo de la
inteligencia. Algo que provoca pereza e impotencia a la mayoría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario