sábado, 3 de marzo de 2018

LOS DESFIGUROS DE LA AMBICIÓN



Los desfiguros de la ambición

Imagino el apesadumbrado fin de semana que pasan los quince integrantes de la Junta de Gobierno de la UNAM: un gesto dubitativo enmarca su rostro durante esas horas; la duda los acompaña, reciben alguna llamada para consultarse unos a otros, revisan sus notas y el gesto de preocupación no los abandona. Saben que cumplido el plazo deberán decidir por alguien y hoy la decisión se presenta difícil. Han percibido la profunda preocupación y malestar dentro de la comunidad del CCH, así que no pueden ignorarla. 
Saben que la mayoría de quienes acudieron a pronunciarse y pidieron la continuidad de Jesús Salinas como director general del CCH es porque se sienten obligados con él. Algunos porque sus jefes o el mismo director general les ordenó que fueran. Conocen de sobra la violación a la normatividad universitaria, maltratos y humillaciones a profesoras, manejo del Colegio como patrimonio personal, pérdida de la calidad educativa, abandono de la vida colegiada, desplome de las actividades académicas y culturales, y otras muchas trapacerías, así que sería una locura mantenerlo. Peor aún, su administración confirma lo que parecía gracejada: que el CCH sólo es noticia cuando aparece en la nota roja.
Aunque es fama el chaquetazo (cambio de chaqueta) de algunos: dicen que hablarán a favor de cierta persona y ya estando ante al integrante de la Junta deciden inclinarse por otro. Fue comentadísimo el caso de un tal Rubio, que le prometió a Jesús Salinas hablar por él y en la tarde prefirió dar su voto a la entonces directora general. A cambio recibió la dirección de un plantel. Claro, gracias a la obtusa mirada del afectado, quien siempre lo creyó de su lado y ahora, muerto el rey, será el primero en gritar “¡Viva el rey!” El nuevo, por supuesto. Este hecho demuestra que en ocasiones las traiciones sí dejan. ¡Vaya educación cívica para los alumnos! Puro desfiguro.
¡De las cosas que uno se entera con el proceso de auscultación! Aunque con reticencias y temores, algunos se han atrevido a revelar los atropellos de que han sido víctimas. Tal es el caso de esa profesora del plantel Vallejo (¡pobre plantel!, le ha llovido por ser la escuela de donde han salido los últimos dos directores generales) que además de haber sido humillada y maltratada, le han impedido titularse. Un mal menor si uno se entera que esta situación le ha provocado daños económicos, de salud y psicológicos. Hoy vive atemorizada pues le han advertido que Jesús Salinas es un hombre acomplejado, vengativo y despiadado cuando se trata de dañar. ¿Y los testimonios de los que no pudieron acudir?
Los integrantes de su equipo, también, andan en estos días con el enojo marcado en su rostro. Cuando encuentran algún profesor que no les simpatiza o saben que apoya a otro candidato, asumen actitudes provocadoras. Se quitan el saco o la chamarra, se arremangan la camisa, se muestran desafiantes. Puro desfiguro.
 Los que acudieron con una propuesta diferente, de cambio, no forman parte del séquito del actual director y algunos viven amenazados. Su estabilidad laboral depende de la permanencia del “doctor”, así que repiten como mantra: “Cruz, cruz, que venga el diablo y se vaya Jesús. Cruz cruz, que venga el diablo y se vaya Jesús” (cortesía de David Silva). Pero, ¿quién tiene las fortalezas y voluntad de recuperar los fines y propósitos de una institución de educación media superior que antes fue modelo de enseñanza? Se ha perdido, y será difícil recuperarlo ante la vocación depredadora de individuos como el actual.
Está ese otro candidato, por ejemplo, a quien muchos señalan como hechura del director general y, si no lo fuera, parece cortado con la misma tijera. Creó un grupo llamado como sistema evaluatorio nacional (Enlace) y aparentemente con buenos propósitos: mantener comunicación con padres de familia sobre la educación de sus hijos. Pero estudiantes y profesores de su plantel afirman que lo usa como grupo de choque. Y ahora lo empleó para conseguir cartas de apoyo de los padres de familia dirigidas a la Junta para apoyarlo en su deseo de ser director general. ¡Puro desfiguro! ¿Está permitido esto? Porque si es así más adelante se recogerán firmas de los vendedores ambulantes de los alrededores y de dentro de las escuelas para designar director.
Los integrantes de la Junta están enterados de los tres candidatos de la terna y cuentan con sus propuestas, sus “impresionantes” curriculum, pero tienen pocos conocimientos precisos de ellos; saben además que apenas se instalan se transforman en otra persona. De modestos profesores transitan a “maestros”, “doctores”, “altos funcionarios” y luego a intratables señores feudales de su pequeña ínsula; bueno, no tan pequeña, el CCH se compone de cinco planteles, además de la dirección general.
Aprovechando el anacrónico concepto de autonomía (que hoy es más bien sinónimo de extraterritorialidad, opacidad e impunidad) pretenden medrar con la educación durante ocho años y de ser posible más tiempo a través de terceros. Viejos burócratas que tuvieron muchísimos años detrás del escritorio continúan arreando a sus huestes con las propuestas de siempre.
Pero es la UNAM en general la que vive entre dos extremos: un día nos amanecemos con la noticia de que es la universidad mejor posicionada de América Latina y al otro despertamos escuchando las noticias de escándalos como que es centro de consumo y venta de drogas, espacios donde el desgobierno, la arbitrariedad y la comisión de delitos son cotidianos. ¿Alguien cree de verdad que los narcomenudistas, con sólo ver una manta, se retiraron de los espacios que se han apropiado? Por supuesto que no, sólo se movieron mientras pasa el interés de los medios. Y algo peor: revela que dentro de la misma UNAM están quienes los controlan. Sólo así se explica que hayan obedecido tan dócilmente.
Los integrantes de la Junta saben que esta situación no se puede prolongar más. Mientras la educación básica y la media superior administrada por la SEP se empiezan a desaletargar gracias a la Reforma Educativa, el bachillerato de la UNAM se hunde y no podrá justificar más su existencia. Tampoco conservar el injusto privilegio del “pase reglamentado” para unos cuantos. Por otra parte, la obligatoriedad de la educación media superior, elevada a rango constitucional en 2012, deberá hacerse realidad en breve. Todo esto, más los cambios a que obligan los avances tecnológicos, la automatización del trabajo, la inclusión de México en grandes bloques comerciales, el tránsito hacia una sociedad plenamente democrática y transparente, obligan a la búsqueda de la calidad educativa, la necesidad de contar con un marco curricular común para el bachillerato y profesionalizar de verdad la planta docente.
Se requieren directivos con visión, preparación y vocación, y no los tristes ejemplos con que contamos hoy día. Que consideran al CCH su patrimonio porque lo administran. Que se sienten académicos consolidados nacional, internacional e interplanetariamente, y son incapaces de mejorar así sean las publicaciones del Colegio. Que son bastos, burdos, vulgares y voraces. Que gustan hacer todo con opacidad y esconder sus tramposas evaluaciones “bajo reserva” durante al menos cinco años. ¿Otorgar una plaza de carrera es cuestión de seguridad nacional? La  sensación de miedo, inseguridad, expectación, morbo y división que vive la comunidad del Colegio debe acabar. La situación de acoso, espionaje y uso punitivo y selectivo de la normatividad universitaria hacia ciertos profesores también. Es una institución educativa, no un municipio o estado disputado por el narco. Pero hacia allá iremos si la Junta de Gobierno y el rector se equivocan en su decisión.

LOS DESFIGUROS DE MI CORAZÓN
Naturalmente, el encabezado de este artículo es la paráfrasis del título de ese proteico libro del maestro Sergio Fernández, para mí uno de los más agradables que he leído  y sin duda uno de sus mejores textos.
            La respuesta que da López Obrador a la advertencia del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa es otro desfiguro: “Es buen escritor, pero mal político”. Varias veces he escuchado este lugar común que sólo revela indigencia intelectual. ¿Acaso se escribe con los pies o dormido? ¿Acaso escribir no es una de las operaciones más altas del intelecto humano? ¿Conocerá López Obrador los ensayos de Mario Vargas Llosa, especialmente los dedicados a temas políticos de Latinoamérica, Europa y el mundo en general, o a  cuestiones culturales de nuestro tiempo? La extraordinaria literatura de Mario Vargas Llosa va a la par de su lucidez para abordar asuntos políticos y por eso debe escuchársele.
            El autor de La fiesta del chivo advierte a México acerca de no cometer la insensatez de votar por un político que lo llevará a una situación parecida a la de Venezuela, y tiene razón. No porque se lo proponga y ni siquiera sea la intención de López Obrador, sino por la política que piensa aplicar y de la cual ya ha dado suficientes pruebas: demagogia pura como la “constitución moral”; combate a la corrupción dándole impunidad y fuero a lo más corrupto del sistema; revertir reformas que, aunque les pese a muchos, están funcionando y ellos mismos disfrutan de sus resultados (la de Telecomunicaciones, por ejemplo)…
            Así que cuando López Obrador dice que es un mal político es porque él se considera mejor. Si llega a alcanzar la edad de Vargas Llosa, ¡ochenta años!, espero que razone con la misma rapidez y lucidez con la que lo hace hoy el Nobel de Literatura 2010. Y pueda aún arrastrar las palabras como lo hace hoy.
            Vuelvo a la frase hecha con que trató de minimizar la advertencia: escribir no es una habilidad manual, como muchos la consideran, sino la expresión más evidente del empleo de la inteligencia. Algo que provoca pereza e impotencia a la mayoría.





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