domingo, 1 de abril de 2018

¡YA LLEGÓ ABRIL!


¡YA LLEGÓ ABRIL!

Me veo a los cuatro años, escondido entre pieles de ganado que cuelgan del techo. Como ya están secas, el olor no me desagrada y me pregunto por qué las reses tuvieron que morir. Si le pregunto a mi madre, me dirá que fue la “montera”, una epidemia que devasta hatos completos y los campesinos sólo miran impotentes desaparecer su único patrimonio. No les queda más que ir y quitar la piel a las vacas muertas, pues es lo único que pueden aprovechar. En esa época la casa de mi padre todavía es de paredes de barro y techos de tejas, así que yo me he escondido en un cuarto oscuro donde cuelgan estas pieles. Mi madre discute con mi padre, que quiere llevarme con él a la escuela donde enseña. “Es que lo regañas”, dice mi madre, “lo tratas mal, por eso no quiere ir”. “No, no lo haré” dice mi padre. Así que salgo y asisto por primera vez a la escuela. Coincide que en este año han llegado por primera vez los libros de texto gratuitos a Sierra Sur. No me canso de oler las páginas nuevas, que expelen un aroma tan delicioso como el de la flor del carnizuelo o del café. Mi padre señala una página que todos los alumnos debemos leer en voz alta, al unísono. Es un poema que dice:

“El ave canta en el boscaje  
La flor revienta en el pensil,  
El campo estrena nuevo traje
¡Ya llegó abril, ya llegó abril!  

Esos versos y muchos más se quedan impregnados en mi memoria, por eso regreso a casa con libros nuevos y ese poema que se quedará conmigo para siempre. (Me sorprendí a mí mismo, el otro día, cuando pude poner en el pizarrón un soneto completo de José Rosas Moreno, escrito en honor de Vicente Guerrero; lo había memorizado, al igual que otros, sólo de escucharlo a mis compañeros que se preparaban para declamarlos en una fiesta cívica. Lo puse para explicar que es aliteración, hiato, sinalefa, rima, etc. Hoy ya nadie memoriza poemas y no saben de lo que se pierden, además de mantener activa la memoria.) Así pues, saludemos abril con estos versos, que ya no será el mes más cruel (como dice Eliot). Por cierto, pertenecen a un poema de Amado Nervo.


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