HORAS
AHORCADAS
NOÉ
AGUDO (04/marzo/2014)
De la
hoja volante a la hoja digital
Sería una incoherencia mantener la imagen de la
moneda en el aire ahora que conocemos quién es el nuevo director general del
CCH. Pero no sólo porque ya sabemos quién es –el doctor Jesús Salinas Herrera−,
sino porque su designación no fue un volado y éste es el hecho que quiero
destacar. Me congratulo de constatar la actuación de una Junta de Gobierno
perceptiva, sensible, que supo escuchar y atender las voces de los profesores
que por iniciativa propia acudimos a plantear nuestras preocupaciones en torno
a un Colegio que veíamos cómo se dirigía al desastre. La Junta atendió nuestras
voces y supo transmitirlas al rector, lo cual propició que la designación de
nuestro director fuera en esta ocasión meditada, cuidadosa, y se decidiera por
un profesor cuyos méritos académicos e intelectuales están fuera de toda duda,
además de su probidad y eficiencia.
Un
rasgo poco visto de la democracia, lo cual no disminuye su importancia, es su
capacidad para que un organismo institucional, y la sociedad en su conjunto, puedan
regenerarse por sí mismos si sus miembros o partes funcionan y actúan en el
ámbito que les corresponde. Hace un año, cuando inicié la publicación de estas
hojas digitales (“Al fulgor de las jacarandas en flor”), me preguntaba por qué
en un espacio como la UNAM, y específicamente en el CCH donde el conocimiento,
la información y la crítica deberían prevalecer e impedir la existencia de
arribistas, de la simulación y la corrupción, por qué entonces parecía que
estuviéramos en una comunidad controlada por caciques y líderes venales. Era y
es porque no aprovechamos los espacios que nos permite la democracia y que hoy
nos atrevimos a emplear, al menos uno. Supe que había ocurrido un gran cambio
cuando, nombraran o no a un nuevo director, presencié la movilización de
sencillos maestros que acudían a hablar ante los integrantes de la Junta de
Gobierno y proponer sus ideas. La Junta cumplió su papel y allí están los
resultados.
Bien,
pues la democracia no es sólo una forma de gobierno sino un estilo de vida.
Debemos aprender a vivir en democracia. ¿Cómo? Ejerciendo nuestros derechos sin
temor; utilizando los espacios que ésta nos permite para expresarnos; rescatar
aquellos medios que han sido pervertidos o cooptados; reconocer las cualidades
de nuestros colegas, pero no dudar en señalar sus errores cuando sea necesario;
pensar siempre a partir de pruebas y evidencias, y no mediante dogmas o
esquemas como “izquierda” o “derecha” que hoy significan lo mismo o casi nada;
ejercer la crítica e infundir este espíritu crítico en nuestros alumnos;
enseñarles a razonar, a argumentar, a informarse...
Cuando inicié la publicación de estas notas un compañero bien
intencionado me dijo que tendrían efecto si los publicara en un medio como El Universal o La Jornada. No, le respondí, Lutero inició su reforma religiosa con
hojas volantes y sólo después alguien las reunió en libro. No es mi intención
compararme con Lutero (después él y Calvino se volvieron tan dogmáticos como
los representantes de la contrarreforma) sino simplemente hacer notar que mi
propósito partió también de la misma certeza: del poder renovador de la
palabra. Ese invento que nos permite llegar a la conciencia y modificar los
pensamientos y comportamientos. Y para esto cualquier medio es útil. Hasta una
hoja volante, o digital.
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