jueves, 6 de marzo de 2014

DE LA HOJA VOLANTE A LA HOJA DIGITAL

HORAS AHORCADAS
NOÉ AGUDO (04/marzo/2014)

De la hoja volante a la hoja digital

Sería una incoherencia mantener la imagen de la moneda en el aire ahora que conocemos quién es el nuevo director general del CCH. Pero no sólo porque ya sabemos quién es –el doctor Jesús Salinas Herrera−, sino porque su designación no fue un volado y éste es el hecho que quiero destacar. Me congratulo de constatar la actuación de una Junta de Gobierno perceptiva, sensible, que supo escuchar y atender las voces de los profesores que por iniciativa propia acudimos a plantear nuestras preocupaciones en torno a un Colegio que veíamos cómo se dirigía al desastre. La Junta atendió nuestras voces y supo transmitirlas al rector, lo cual propició que la designación de nuestro director fuera en esta ocasión meditada, cuidadosa, y se decidiera por un profesor cuyos méritos académicos e intelectuales están fuera de toda duda, además de su probidad y eficiencia.
    Un rasgo poco visto de la democracia, lo cual no disminuye su importancia, es su capacidad para que un organismo institucional, y la sociedad en su conjunto, puedan regenerarse por sí mismos si sus miembros o partes funcionan y actúan en el ámbito que les corresponde. Hace un año, cuando inicié la publicación de estas hojas digitales (“Al fulgor de las jacarandas en flor”), me preguntaba por qué en un espacio como la UNAM, y específicamente en el CCH donde el conocimiento, la información y la crítica deberían prevalecer e impedir la existencia de arribistas, de la simulación y la corrupción, por qué entonces parecía que estuviéramos en una comunidad controlada por caciques y líderes venales. Era y es porque no aprovechamos los espacios que nos permite la democracia y que hoy nos atrevimos a emplear, al menos uno. Supe que había ocurrido un gran cambio cuando, nombraran o no a un nuevo director, presencié la movilización de sencillos maestros que acudían a hablar ante los integrantes de la Junta de Gobierno y proponer sus ideas. La Junta cumplió su papel y allí están los resultados.
    Bien, pues la democracia no es sólo una forma de gobierno sino un estilo de vida. Debemos aprender a vivir en democracia. ¿Cómo? Ejerciendo nuestros derechos sin temor; utilizando los espacios que ésta nos permite para expresarnos; rescatar aquellos medios que han sido pervertidos o cooptados; reconocer las cualidades de nuestros colegas, pero no dudar en señalar sus errores cuando sea necesario; pensar siempre a partir de pruebas y evidencias, y no mediante dogmas o esquemas como “izquierda” o “derecha” que hoy significan lo mismo o casi nada; ejercer la crítica e infundir este espíritu crítico en nuestros alumnos; enseñarles a razonar, a argumentar, a informarse...

    Cuando inicié la publicación de estas notas un compañero bien intencionado me dijo que tendrían efecto si los publicara en un medio como El Universal o La Jornada. No, le respondí, Lutero inició su reforma religiosa con hojas volantes y sólo después alguien las reunió en libro. No es mi intención compararme con Lutero (después él y Calvino se volvieron tan dogmáticos como los representantes de la contrarreforma) sino simplemente hacer notar que mi propósito partió también de la misma certeza: del poder renovador de la palabra. Ese invento que nos permite llegar a la conciencia y modificar los pensamientos y comportamientos. Y para esto cualquier medio es útil. Hasta una hoja volante, o digital.

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