lunes, 30 de enero de 2017

Cómo enfrentar a un bravucón

Cómo enfrentar a un bravucón
NOÉ AGUDO (29/01/17)

¿Qué hacer con un maldito bravucón, gandalla y ventajoso? Encararlo, enfrentarlo, pararlo en firme. Si es más grande y fuerte, mejor. Si me asesta un golpe es posible que me deje fuera de combate, pero por cada uno que yo le propine es seguro que mi prestigio y simpatía crecerán entre los demás. Así que pierda o gane la pelea, desde el momento en que me atreví a enfrentarlo ya gané. De verdad, así he procedido cuando he tenido el disgusto de encontrarme con tipos de esta calaña y siempre me ha dado buenos resultados. Por desgracia el presidente de un país no puede reaccionar de esta manera. Debe actuar con prudencia y pensar antes que nada cómo afectará al país su respuesta.
Éste es el dilema de Peña Nieto, y hasta ahora ha procedido con cautela, ha hecho lo que puede y debe, sin hacer caso a los otros bravucones que lo quieren empujar desde adentro y desearían verlo reaccionar de forma atrabiliaria y desesperada. Un verdadero jefe de Estado debe actuar con prudencia y sentido de oportunidad, sobre todo cuando está convencido de que actúa de acuerdo a las normas del derecho internacional y que la razón y los valores comunes de la cultura occidental lo asisten: respeto, dignidad, firmeza. Si procediera como un ciudadano común puede hacerlo: con irritación, majaderías y acciones precipitadas, la representación y defensa de la nación se volverían una caricatura y se asemejaría al déspota a quien responde, que con sus desplantes y prepotencia sólo es exhibido como un ignorante y alguien que solo muestra la dimensión del miedo hacia los otros.  
No comparto la idea de que México debe recargarse ahora en Europa, en China o en quien sea. La solución debe ser nuestra, con nuestros propios recursos, fuerzas e inteligencia. No se trata de terminar con la dependencia hacia un país para empezar con la dependencia hacia otro. En todo caso allí está Latinoamérica, y especialmente Centroamérica, con quien nos une no sólo la lengua, la historia y la cultura, sino también una problemática común: la emigración. Buscar la diversificación comercial es otra cosa, y esa tarea corresponde por igual a gobierno y empresarios. México tiene suficientes tratados comerciales y amigos en el mundo, así que es tiempo de aprovecharlos.
Pero, lo más importante: actualmente no hay un poder omnímodo que se imponga a todos los demás. Un brillante sociólogo venezolano, Moisés Naím, ha explicado (El fin del poder, Debate, 2013) que no hay un poder absoluto y que las distintas expresiones de éste son cada vez más transitorias, débiles y limitadas. La movilidad, los medios de información, la proliferación de rivales, el activismo ciudadano, la competencia y los mercados financieros mundiales han logrado que el poder sea cada vez “más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder”.
 Por otro lado, todo poder se expresa a través de cuatro vías principales: 1) la fuerza (que son los instrumentos, los medios de coacción con los cuales se ejerce); 2) el código (las normas legales, morales, las expectativas y los valores a los que se debe apelar para su aplicación); 3) la recompensa (los estímulos y premios que se otorgan a cambio de obligar a hacer algo), y 4) el mensaje (la capacidad de persuadir y hacer ver la necesidad de ejercer el poder). Trump cuenta sólo con la fuerza y tal vez pueda emplear el mensaje durante un breve tiempo, pero es algo que está agotando rápidamente con sus mentiras y cinismo, los propios medios norteamericanos y los del mundo lo critican. Así pues, excepto la fuerza, las otras vías (el código, la recompensa y el mensaje) pueden ser nuestras y las debemos aprovechar.
Por estas circunstancias la analogía de encarar al bravucón más grande y fuerte adquiere sentido. El vecino débil y pobre puede transformarse en una pesadilla para el gigante si sabe aprovechar su debilidad. ¿Por qué? Porque mostrar al mundo lo que contendientes, miles de ciudadanos y expertos advirtieron durante la campaña pero nadie tomó en serio: que Trump es un individuo fatalmente desquiciado y que es un peligro real para el planeta y para su propio país, es una excelente arma. En menos de una semana, twiteó con ironía Kevin Spacey (el Frank Underwood de House of Cards) “provocó más caos que yo como presidente”. Si es capaz de ensañarse y declarar la guerra a uno de sus principales socios comerciales, ¿qué pueden esperar los demás?
Saquemos provecho de sus acciones y demostremos que, efectivamente, se trata de un individuo ignorante, que sólo provocará la ruina de su propio país; demostremos con hechos el peligro que representa al reanimar el peor nacionalismo en ambos lados de la frontera y dar paso franco a la xenofobia y el racismo. Hagamos ver a su propia sociedad y al mundo lo ridículas que resultan frases como “hagamos grande a América otra vez”, al aprovecharse de un vecino leal y amistoso que sólo pide respeto. ¿O es que pretende recuperar la “grandeza” mediante acciones de rapiña y expolio como las del siglo XIX, que les permitieron arrebatarnos más de la mitad de nuestro territorio? ¿Sólo así pueden ser grandes? Hoy México no está solo ni dividido ni es tan débil. Hoy sabemos que ninguna batalla se puede ganar sin antes tener el consenso de la opinión pública y contar con el código, es decir, sin lograr la coherencia ética y legal en las acciones. Por eso nuestra debilidad puede ser nuestra mejor arma.
Demostremos con la agresión y el maltrato de que somos objeto que el mito del norteamericano justo, heroico y bueno tiene como único sustento la ideología que los cómics, el cine de Hollywood y las series de televisión han creado, porque con sus acciones Trump devela el verdadero rostro de un gran sector de esa nación: abusadores, aprovechados y cobardes. ¿Por qué no inició la guerra comercial contra China, con quien tiene el mayor déficit comercial? ¡Valiente legitimidad la que pretende lograr! Cuando Trump dijo: “Hasta que México trate a Estados Unidos con justicia y respeto, no hay otra opción”, me hizo recordar aquella fábula donde un lobo ensucia el agua y reclama por esto a un corderito al que se quiere devorar. Los mexicanos somos ese corderito. Pero mientras más cínico se comporte, su fracaso será mayor.
Ya varios lo han dicho pero no está de más repetirlo: hay que encarar al bravucón. Después de todo, nuestros mejores aliados son la prensa y los propios norteamericanos. Esos que, como John F. Kennedy en 1960, cuando dijo que era berlinés ante la construcción de aquel otro muro ignominioso, o incluso algunos republicano como Ronald Reagan, quien contribuyó a derrumbarlo a finales de los ochenta; ellos nos ayudarán a derrotarlo. Puede ensañarse en contra nuestra y agredirnos, no lo lograremos evitar pero sí lo podremos revertir. Hoy el uso de la fuerza es más costoso y arriesgado políticamente. Podemos responder una a una sus agresiones, pero también generarle una ingobernabilidad que ni los yihadistas más fanáticos han imaginado.
Hoy no somos una nación aislada, desunida e ignorada. El mundo nos observa.

Y NO OLVIDAR LA VERDADERA SOLUCIÓN
Con todo y la indignación que provoca Trump, no debe olvidarse que esta situación de fragilidad y dependencia la han creado la corrupción e ineptitud de nuestros dirigentes. ¿Acaso Canadá vive los mismos problemas que México? De ninguna manera. Este país no tiene emigrantes que hoy vivan angustiados en los EE.UU; Canadá no depende de las remesas que sus connacionales dejen de enviar; su relación comercial con los Estados Unidos es mucho menos asimétrica que la de México; su gobierno goza de representatividad, respeto y reconocimiento; prácticamente no existe dependencia sino un verdadero intercambio y colaboración. Etc. Son nuestros dirigentes los que nos han colocado en este incómodo lugar, y hoy tenemos la posibilidad de cambiarlos a través del voto. El disgusto y el hartazgo de la población no deben olvidarse aunque por el momento debamos actuar más unidos que nunca.
            Por eso se deben tomar con suspicacia las propuestas y acciones que diversos exponentes de esa clase política han planteado recientemente, aunque algunas sean realmente solidarias con el país. Lo que nos deja claro es que sí se pueden acotar sus privilegios. En menos de un mes han propuesto o adoptado las siguientes medidas:
·        Ante la irritación de la población por el “gasolinazo” la presidencia de la República anunció el 5 de enero que a partir del primer trimestre de este año se reducirá en diez por ciento la partida de sueldos y salarios de servidores públicos de mando superior (de directores a secretarios, incluido el presidente) en todas las dependencias federales.
·        El 11 de enero los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) anunciaron cinco medidas de austeridad para contribuir con el mejor uso de los recursos públicos: devolver el dinero que ya se les había otorgado (mil setenta millones de pesos) para construir dos nuevos edificios en sus oficinas centrales; reducir sueldos de directores y consejeros en un diez por ciento; renunciar a la prestación de telefonía celular; revisar la asignación de vehículos oficiales, y hacer público el ejercicio de su presupuesto cada trimestre.
·        El 16 de enero diputados del PAN hicieron una propuesta para ahorrar 500 millones de pesos mediante la cancelación del pago del bono secreto, fin al pago de vuelos internacionales en clase premier, suspensión al pago de telefonía celular y cancelación de los vales de gasolina.
·        La propuesta más interesante provino también de senadores panistas, quienes el 28 de enero plantearon un decálogo para la administración pública que permitiría ahorrar la nada pequeña suma de 343 mil millones de pesos. ¿Cómo se lograría? Mediante la fusión de algunas secretarías (la de Economía, Turismo y Energía), la desaparición de otras (Sedatu) y de algunos organismos prácticamente inservibles (Caminos y Puentes Federales, Tribunales Agrarios, etc.) y la reducción a la mitad del presupuesto que actualmente se otorga a los partidos políticos.
·        En otro terreno, la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México aprobó el 27 de enero eliminar el fuero a los servidores públicos capitalinos, además de elevar a rango constitucional la obligación de presentar declaraciones sobre su situación patrimonial, obligaciones fiscales y conflictos de interés.


Habrá que dar seguimiento y exigir que se efectúen esas y otras propuestas, así como revisar los resultados de las acciones ya tomadas (los más de mil millones que el INE regresó serán para reforzar los consulados en los EE.UU para defender mejor a los migrantes, por ejemplo). Y no olvidar que son sólo algunas, hacen falta muchas más. Tampoco deben quedar como expresiones de buena voluntad en momentos de crisis o como medidas propagandísticas para las elecciones. Las normas de austeridad se deben establecer definitivamente, como condición sine qua non para la existencia de un verdadero Estado de derecho, para racionalizar y transparentar la vida política y modernizar realmente el país. Pero, de que se puede, claro que sí se puede. El partido o candidato que haga suyo este compromiso deberá ser a quien se le otorgue la presidencia en el 2018. 

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