domingo, 3 de septiembre de 2017

DE LA ESCUELA AL APANDO

De la escuela al apando
o EL CCH COMO CÁRCEL
NOÉ AGUDO

Presos sus conocimientos tras sólidos barrotes de ignorancia, simulación y cinismo; atrapada su dignidad dentro de una mezquina red de beneficios e intereses; ahogada su conciencia en el turbio pantano de ambiciones y conveniencias; limitado su desempeño por sólidos muros de ignorancia e ineptitud; cercada su visión por una miopía que confunde la administración de una institución educativa con el camino más fácil para beneficiarse personalmente, a los funcionarios del CCH no les queda otra solución que las rejas.
            Porque presos son ellos, presa la educación, presa la comunidad, presos los espacios de libertad que los fundadores de esa institución educativa imaginaron… Preso el conocimiento. En la dirección general y en el CCH Vallejo su espejo las rejas han confinado todo: oficinas, aulas, laboratorios, pasillos, jardines…
            Nunca como hoy este bachillerato ha descendido a niveles tan vergonzosos, tanto en sus resultados educativos como en la incapacidad de los funcionarios para conducirlo. Y esto cualquiera lo puede constatar. En el plantel Vallejo nunca se encuentra al director del plantel, quienes dizque lo administran son individuos protervos, buenos tal vez como vigilantes de una cárcel, mas no de una escuela; los patios son como los de los reclusorios que los medios de información mostraron: paraísos para el consumo y venta de drogas, basureros y cloacas por donde corren las ratas, el abandono y la incuria. Para simular que existe atención y vigilancia, lo único que se les ha ocurrido es encerrarlos. Rejas entre rejas, el apando.
No comparto la idea de que un egresado proveniente de otra institución no deba conducirlo, pero ante el desastre que el actual director general lo ha sumido, queda la percepción de que individuos provenientes del IPN como es el caso resultan incapaces pues al menos éste, egresado de ese instituto, ha sido el más inepto en su conducción. Y esta ineptitud la pretende llevar al campus universitario en general. Como lo publicaron los medios de información durante la semana, para evitar el narcomenudeo a Jesús Salinas no se le ocurrió otra idea que instalar rejas, es decir, lo que ha ordenado hacer a su marioneta en el plantel Vallejo. Por suerte, integrantes del Consejo Universitario se opusieron a tan torpe cuanto inútil medida y la pudieron echar abajo (La Jornada, jueves 31 de agosto, pág. 5).
Es necesario reiterar que medidas como la sustitución de luminarias y mejora de las condiciones de movilidad deben ser acciones permanentes en todas las instalaciones universitarias. Instalar cámaras de vigilancia y colocar rejas son medidas que irritan a la comunidad y de poco sirven realmente a la seguridad, porque son más bien para diversión y mal uso del personal que las opera, pues no son profesionales y sí individuos proclives a espiar con morbosidad a sus congéneres. El plantel Vallejo está repleto de cámaras y el consumo y venta de drogas se hace a la vista de todo el mundo en ambos turnos. Así que las medidas propuestas por Jesús Salinas Herrera, flamante presidente de la Comisión Especial de Seguridad del Consejo Universitario, son más bien írritas y por eso más de una veintena de consejeros universitarios las echó abajo.
Cuando Salinas apela a las condiciones de inseguridad y violencia que se viven en el país, y quiere hacer ver los últimos sucesos en Ciudad Universitaria como una consecuencia de éstas, descubre el agua tibia y omite un hecho que él conoce bien y desea pasar por alto: en casi todos los reportajes desde el caso más reciente, la agresión al reportero Humberto Padgett, hasta los primeros que se divulgaron sobre la distribución y venta de drogas en el campus siempre han estado presentes vigilantes y patrullas de Seguridad UNAM y no han hecho nada, sino más bien han funcionado como cómplices de los narco menudistas. Han existido voces que los señalan como “halcones” de los narco traficantes, ¿y qué se hace al respecto?
Imparto clase en tres universidades particulares y en un colegio público y no observo venta o consumo de drogas, al menos en su interior. No sé afuera. Pero en el interior bastan puertas bien vigiladas y una verdadera preocupación por la educación para que no se generen los ambientes propicios al consumo y venta de drogas.
El mal está dentro, doctor Graue. Cuando las escuelas recuperen su verdadera misión y visión los delitos, si bien no desaparecerán, adquirirán su justa dimensión. Hoy es el propio personal corrupto, que ve la educación como un medio para beneficiarse, el que se confabula con los delincuentes y acrecienta delitos como el narcomenudeo y el mismo asesinato (recuérdese la muerte por asalto del profesor Jorge Sánchez Flores, en Prepa 2, apenas la semana pasada y la pelea campal de estudiantes del CCH Vallejo en la estación Pantitlán del Metro esta semana).
Preocupa que sean los directivos que han propiciado esta situación, como Jesús Salinas Herrera, quienes estén al cargo de comisiones como la Especial de Seguridad del Consejo Universitario. En el plantel Vallejo él infringió la normatividad universitaria, ha colocado personal inepto y corrupto en los puestos clave y tiene muchos pendientes que al menos debe aclarar.


NOTA: Debo a la hermosa novela corta El apando, de José Revueltas, la inspiración para escribir este artículo. Su tesis es que no solo están presos los delincuentes a quienes los guardias vigilan, sino también ellos, el personal, los funcionarios y directores del centro penitenciario. Monos, los llama Revueltas. A un espacio designado como un lugar donde los estudiantes podían celebrar sus fiestas y reuniones, con el fin de que no esparcieran basura por todas partes del plantel Vallejo, sugerí que se denominara El Jardín de Epicuro, y así se quedó. Hoy, ante la indolencia, incompetencia y desdén que las autoridades muestran por el espacio y el plantel en general, lo han llenado de rejas. No tienen mejores ideas. Monos, presos de su propia incompetencia.

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