Los
mamaductos del CCH
Circula en la página de Facebook del colectivo La Revuelta
(grupo de pseudoactivistas del plantel Vallejo del CCH) un documento que
debería causar vergüenza a todo buen universitario, pues exhibe a las más altas
autoridades del Colegio, iniciando por su director general, como las primeras
en usar la legislación universitaria a modo y conveniencia.
Sucede que La Revuelta expulsó a
golpes a otro grupo de pseudoactivistas, el CEU, de un espacio que ocupaban en
otra área del plantel. La diferencia, si alguna existe entre ambos, es que el
CEU es consentido y manipulado por Jésica Vargas Arellano, una pseudo
“licenciada” que se encarga de espiar y crear chismes contra los profesores non gratos al director general y al del
plantel. Escribo pseudolicenciada, pues no tiene título de nada, pero ella se
dice “licenciada en comunicación” y su única habilidad consiste en intrigar, circular
anónimos, traicionar y fabricar “evidencias” contra los que sus jefes
consideran sus enemigos.
Fieles a su manera de proceder, los
de La Revuelta desalojaron violentamente a los del CEU del cubículo que
ocupaban en el edificio “F”, y por este hecho fueron expulsados del plantel dos
de sus integrantes. Cual huachicoleros (chupaductos o mamaductos de
combustible) que se creen dueños del territorio donde cometen sus fechorías, y
ante la ausencia de autoridad, La Revuelta tomó por unas horas las oficinas de
la dirección general el 25 de abril, exigiendo la reincorporación de sus
compañeros, la desaparición y anulación de las actas levantadas y limpiar su
historial académico para que no quedara huella de que hubieran cometido algún
acto “anti universitario”.
Ni tardo ni perezoso, sino totalmente
obsequioso, el director general se comprometió mediante un documento a cumplir
dócilmente las exigencias del colectivo e hizo que lo firmaran su secretaria
general, profesora Delia Aguilar Gámez, y su secretario académico, profesor
José Luis Reynoso. Él no lo firmó, ¡cómo iba a ser!, su dignidad debía quedar a
salvo, “impoluta”, y tan tán. Final feliz de la historia.
¿Por qué lo hizo? Porque primero es
el hueso, está en el cuarto año (es decir el último de su período) y no puede
aparecer ante rectoría como un director general que no puede resolver los
problemas. ¿Y la normatividad, el respeto a la legislación que deben practicar todos
los integrantes de la comunidad universitaria? Eso es puro rollo, que quede para
después. Lo importante es conservar el hueso, buscar reelegirse, demostrar que
es un “académico” en toda la línea, que se sabe conducir “mediante el diálogo
respetuoso”; la legislación se usa con todo rigor contra los profesores
críticos, los que aún creen en que es posible establecer en México un verdadero
Estado de derecho y que las instituciones de enseñanza deben ser las primeras
en practicarlo porque en las aulas se forma la ciudadanía. Para esos ingenuos
hay que usar la legislación, incluso con una ayudita de individuos siniestros
como la “licenciada Jesica Vargas Arellano”, que inventa, azuza y crea
evidencias.
Así que, además de usar
selectivamente la normatividad, de abusar de su poder y de ser vengativo, el
“doctor” Jesús Salinas Herrera es un miedoso. Pero, como los huachicoleros en
el estado de Puebla, los de La Revuelta y otros grupos similares ya le tomaron
la medida. La obsecuencia con que cumplió todas sus peticiones les ha mostrado
que el CCH es su territorio, así que van por más. Por mi parte, estoy a punto
de cumplir un año cesado por su marioneta llamada Cupertino Rubio Rubio,
“director” del plantel Vallejo. Estoy atrapado en ese “hoyo negro” llamado,
¡vaya ironía!, Comisión Mixta de Conciliación y Resolución del personal
académico de la UNAM, a la espera de que emita su dictamen. Desde luego, no lo
harán, no lo hacen, dizque “porque tienen mucho trabajo”. Ni con todos los
profesores de la UNAM bajo investigación resultaría creíble tan peregrino
pretexto. No lo hacen porque el señor director general ha solicitado que allí
permanezca atorado mi caso. Yo no pido que me exoneren, sino que emitan ya el
dictamen, el cual conozco desde diciembre del año pasado, pues había la
intención de emitirlo en enero, después en febrero, luego en marzo, y ahora ya
ni siquiera los abogados de la Aapaunam saben para cuándo.
Soy periodista y gracias a mi oficio he
investigado jugosos expedientes del vengativo doctor. De no ser por el pudor y
respeto que debo a mis compañeros profesores, daría a conocer por este medio
las trapacerías y desvergüenzas que cometió siendo director del plantel
Vallejo; las denuncias que tiene en algunos medios impresos de la época; los
actos obscenos que realizaba en la propia oficina de la dirección y, por
supuesto, afuera. He conversado con varios de los integrantes de su mal llamado
“cuerpo directivo”. La información es espeluznante, pero no la puedo revelar
por respeto al pundonor de los profesores, aunque sí la puedo entregar a los
integrantes de la Junta de Gobierno y al rector. El nauseabundo olor que
despide tal vez los haga reaccionar y preguntarse: ¿Cómo le permitimos llegar
hasta allí, a la dirección general del CCH? Para una probadita, piensen y
traten de responder la siguiente pregunta: ¿Por qué hace a un lado a un empleado
probo y eficiente, que llevaba casi 18 años como jefe del Almacén de Vallejo,
para poner en su lugar a su cuñado, ya jubilado? No solamente jubilado, sino
prepotente y corrupto, cuyos humos debieron bajarle los trabajadores del
STUNAM. Además, esta designación corresponde al director del plantel y no al
director general. Es pregunta.
Mientras, los indicadores dan cuenta
de los peores resultados académicos que tiene el CCH en su existencia; la vida
cultural ꟷexcepto contadas excepciones, que por eso mismo se notan másꟷ es un erial, un páramo. Seguramente de esas
contadas excepciones saldrá el próximo director general. A pesar de los
malabarismos que Salinas y su pandilla realicen.
Siguiente colaboración: ¿cómo deberían ser
designados los directores del CCH?
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