sábado, 6 de mayo de 2017

LOS MAMADUCTOS DEL CCH

Los mamaductos del CCH

Circula en la página de Facebook del colectivo La Revuelta (grupo de pseudoactivistas del plantel Vallejo del CCH) un documento que debería causar vergüenza a todo buen universitario, pues exhibe a las más altas autoridades del Colegio, iniciando por su director general, como las primeras en usar la legislación universitaria a modo y conveniencia.
Sucede que La Revuelta expulsó a golpes a otro grupo de pseudoactivistas, el CEU, de un espacio que ocupaban en otra área del plantel. La diferencia, si alguna existe entre ambos, es que el CEU es consentido y manipulado por Jésica Vargas Arellano, una pseudo “licenciada” que se encarga de espiar y crear chismes contra los profesores non gratos al director general y al del plantel. Escribo pseudolicenciada, pues no tiene título de nada, pero ella se dice “licenciada en comunicación” y su única habilidad consiste en intrigar, circular anónimos, traicionar y fabricar “evidencias” contra los que sus jefes consideran sus enemigos.
Fieles a su manera de proceder, los de La Revuelta desalojaron violentamente a los del CEU del cubículo que ocupaban en el edificio “F”, y por este hecho fueron expulsados del plantel dos de sus integrantes. Cual huachicoleros (chupaductos o mamaductos de combustible) que se creen dueños del territorio donde cometen sus fechorías, y ante la ausencia de autoridad, La Revuelta tomó por unas horas las oficinas de la dirección general el 25 de abril, exigiendo la reincorporación de sus compañeros, la desaparición y anulación de las actas levantadas y limpiar su historial académico para que no quedara huella de que hubieran cometido algún acto “anti universitario”.
Ni tardo ni perezoso, sino totalmente obsequioso, el director general se comprometió mediante un documento a cumplir dócilmente las exigencias del colectivo e hizo que lo firmaran su secretaria general, profesora Delia Aguilar Gámez, y su secretario académico, profesor José Luis Reynoso. Él no lo firmó, ¡cómo iba a ser!, su dignidad debía quedar a salvo, “impoluta”, y tan tán. Final feliz de la historia.
¿Por qué lo hizo? Porque primero es el hueso, está en el cuarto año (es decir el último de su período) y no puede aparecer ante rectoría como un director general que no puede resolver los problemas. ¿Y la normatividad, el respeto a la legislación que deben practicar todos los integrantes de la comunidad universitaria? Eso es puro rollo, que quede para después. Lo importante es conservar el hueso, buscar reelegirse, demostrar que es un “académico” en toda la línea, que se sabe conducir “mediante el diálogo respetuoso”; la legislación se usa con todo rigor contra los profesores críticos, los que aún creen en que es posible establecer en México un verdadero Estado de derecho y que las instituciones de enseñanza deben ser las primeras en practicarlo porque en las aulas se forma la ciudadanía. Para esos ingenuos hay que usar la legislación, incluso con una ayudita de individuos siniestros como la “licenciada Jesica Vargas Arellano”, que inventa, azuza y crea evidencias.
Así que, además de usar selectivamente la normatividad, de abusar de su poder y de ser vengativo, el “doctor” Jesús Salinas Herrera es un miedoso. Pero, como los huachicoleros en el estado de Puebla, los de La Revuelta y otros grupos similares ya le tomaron la medida. La obsecuencia con que cumplió todas sus peticiones les ha mostrado que el CCH es su territorio, así que van por más. Por mi parte, estoy a punto de cumplir un año cesado por su marioneta llamada Cupertino Rubio Rubio, “director” del plantel Vallejo. Estoy atrapado en ese “hoyo negro” llamado, ¡vaya ironía!, Comisión Mixta de Conciliación y Resolución del personal académico de la UNAM, a la espera de que emita su dictamen. Desde luego, no lo harán, no lo hacen, dizque “porque tienen mucho trabajo”. Ni con todos los profesores de la UNAM bajo investigación resultaría creíble tan peregrino pretexto. No lo hacen porque el señor director general ha solicitado que allí permanezca atorado mi caso. Yo no pido que me exoneren, sino que emitan ya el dictamen, el cual conozco desde diciembre del año pasado, pues había la intención de emitirlo en enero, después en febrero, luego en marzo, y ahora ya ni siquiera los abogados de la Aapaunam saben para cuándo.
Soy periodista y gracias a mi oficio he investigado jugosos expedientes del vengativo doctor. De no ser por el pudor y respeto que debo a mis compañeros profesores, daría a conocer por este medio las trapacerías y desvergüenzas que cometió siendo director del plantel Vallejo; las denuncias que tiene en algunos medios impresos de la época; los actos obscenos que realizaba en la propia oficina de la dirección y, por supuesto, afuera. He conversado con varios de los integrantes de su mal llamado “cuerpo directivo”. La información es espeluznante, pero no la puedo revelar por respeto al pundonor de los profesores, aunque sí la puedo entregar a los integrantes de la Junta de Gobierno y al rector. El nauseabundo olor que despide tal vez los haga reaccionar y preguntarse: ¿Cómo le permitimos llegar hasta allí, a la dirección general del CCH? Para una probadita, piensen y traten de responder la siguiente pregunta: ¿Por qué hace a un lado a un empleado probo y eficiente, que llevaba casi 18 años como jefe del Almacén de Vallejo, para poner en su lugar a su cuñado, ya jubilado? No solamente jubilado, sino prepotente y corrupto, cuyos humos debieron bajarle los trabajadores del STUNAM. Además, esta designación corresponde al director del plantel y no al director general. Es pregunta.  
Mientras, los indicadores dan cuenta de los peores resultados académicos que tiene el CCH en su existencia; la vida cultural excepto contadas excepciones, que por eso mismo se notan másꟷ es un erial, un páramo. Seguramente de esas contadas excepciones saldrá el próximo director general. A pesar de los malabarismos que Salinas y su pandilla realicen.
Siguiente colaboración: ¿cómo deberían ser designados los directores del CCH?



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