¡Qué bonita
familia!
NOÉ AGUDO
Gustó la propuesta de que no pueda ser director general ni de
plantel del CCH un profesor que tiene metida a toda su familia en el Colegio.
Por allí inicia la corrupción. Siendo la familia una institución tan cara al corazoncito
de los mexicanos acomplejados, los cargos y comisiones son para ella, las plazas
que se otorgan por contrato, los mejores horarios y más grupos, etcétera. Incluso
se trae a los cuñados y a los pericos ya jubilados y se los pone al frente de
un departamento. Privilegiar a la familia en un ambiente académico es como
avivar un rescoldo, pues más del ochenta por ciento de los profesores se
esfuerza y hace una larga fila desde hace muchísimos años (veinte, treinta y
hasta cuarenta) para lograr estabilidad laboral y mejorar su categoría
académica. Así que si de la noche a la mañana aparece alguien (uno o una, aquí
no hay género) y les birla esa única esperanza, pues es una frustración e
indignación absolutas. Además, la mayor parte de los familiares son ineptos:
reprueban el examen filtro, no son competitivos en sus profesiones, fracasan
cuando intentan ejercer en la empresa privada, son malos profesores porque
recalan como tales al no quedarles otra cosa qué hacer, así que si brillan es únicamente
por su mediocridad. Representan una ofensa y una afrenta a una comunidad a la
que se le exige hacer méritos, actualizarse permanentemente, acumular puntos,
prepararse, etcétera. Vean las familias que pululan en el CCH y se darán cuenta
de la calidad de sus integrantes.
Por otra
parte, un director con este lastre se rodeará de incondicionales para no ser
criticado o al menos para aparentar que sabe conducir una institución
educativa. Con esto se compromete y enreda aún más en su red de complicidades.
Sólo así se explica la presencia de individuos protervos en sus equipos de
trabajo, pues los necesitan para espiar, vigilar y reprimir a quien los
critique. Oficinas jurídicas que parecen ministerios públicos para lidiar con
borrachos o delincuentes; asesoras dedicadas a entretejer relaciones con grupos
porriles, vendedores de drogas y pseudoactivistas, que son usados como peones
cuando se quieren deshacer o vengar de alguien incómodo; individuos abyectos y
serviles que conocen bien el valor del silencio, la simulación y la
complicidad. Al final, la única perjudicada es la educación y sus principales
actores, es decir, maestros y alumnos, pues estas personas son contrarias a una
comunidad académica y universitaria, pervierten la función de la escuela y
ponen un ejemplo indigno a los futuros ciudadanos.
No todas las
familias son iguales, por supuesto. Hay estirpes brillantes que han dado
científicos, artistas investigadores e intelectuales. Apenas enviaba mi
anterior entrega, cuando vi por TV una entrevista realizada al ex rector Juan
Ramón de la Fuente (alguien que desearía se lanzara como candidato
independiente para la presidencia de la República en 2018; él sería capaz de
unificar a lo mejor del PRI, PAN, PRD y vastos sectores de la sociedad que
anhelamos llevar nuestro país a una democracia plena, donde primen el
acatamiento a las leyes y el funcionamiento de las instituciones, sin dejar
resquicios para la corrupción y la impunidad). El padre del doctor de la
Fuente, Ramón de la Fuente, fue un brillante neuropsiquiatra; su madre, Beatriz
Ramírez de la Fuente, fue una acuciosa investigadora e historiadora de las
culturas prehispánicas. Familias así no viven de la UNAM sino al contrario, le
entregan lo mejor que tienen: su talento y trabajo. Y qué decir de los Caso, de
los Barros Sierra (cuyos ancestros se remontan hasta don Justo Sierra, fundador
de la Universidad Nacional) y los González Casanova, por citar algunos nombres.
Pero la
perversión en la que han hundido otras familias a ciertas escuelas de la UNAM,
como algunos planteles del CCH, se asemeja más bien a la presencia de un
cáncer: pobreza intelectual, simulación, primacía de antivalores como la
delación, la complicidad, el nepotismo, la protección y el solapamiento a
delincuentes, reducción de las exigencias académicas a niveles ínfimos, etc.
Digo, deshacerse de un buen empleado para poner en su lugar al cuñado jubilado
es el colmo, además de favorecer a los hijos, familiares de la esposa y
amigotes. Por eso, evitar que alguien con una prole tan extensa llegue a la
dirección de un plantel, o no se diga a la dirección general, debe ser un
requisito fundamental. Porque no solo pervierte la vida académica, sino que afrenta
a profesores y trabajadores que hacen bien su trabajo, además de propiciar la
corrupción, generar conflicto de intereses y hundir al Colegio en la
mediocridad.
De esto hay
suficientes ejemplos y a mi correo llegan otros más. Es sabido, por citar un
caso, que en el plantel Vallejo no decide el profesor Cupertino, dizque el
director, sino la mujer-policía que el doctor Salinas tiene allí para que las
cosas funcionen a su antojo, la “licenciada” Jesica Vargas Arellano. Es ella
quien instruye a los secretarios, les ordena lo que se debe hacer y les exige
informes de sus resultados. Ella informa a Cecilio Rojas Espejo, “líder”
sindical en el Politécnico y funcionario del CCH, y éste transmite a su vez al
director general. ¡Bonita familia!
¿Cómo se
propicia este ambiente de mediocridad y corrupción? Porque hay que contar con
incondicionales que le deban todo al director general, así los “traerá cortos”,
piensan. Pongamos un ejemplo: cuando el maestro José Ruiz Reynoso fue designado
secretario académico del CCH por el doctor Jesús Salinas, toda la comunidad
docente se sorprendió: ¿Qué méritos reúne? ¿Tiene capacidad académica e
intelectual para el cargo? Era lo menos que se decía. “Bueno, ya le pondrán
asesores que hagan el trabajo por él”, comentaban con sorna los profesores con
mayor experiencia. Y sí, allí sigue como secretario académico.
Lo
indignante es que desde 2003 el Consejo Técnico, nuestro “máximo órgano de
representación colegiada”, acordó que todas las plazas de carrera otorgadas a
contrato deberían someterse a concurso. Pues bien, el maestro José Ruiz Reynoso
cuenta con una plaza de este tipo desde 2010 y no la ha puesto a concurso. Eso
sí: solicita, exige, requiere, inquiere y presiona a los demás profesores que
gozan de estas plazas a que las suelten y pongan a concurso, menos a los
protegidos del director general. Pero, ¿qué podemos hacer? Ruiz Reynoso le
sirve a él, y ahora con mayor enjundia. Y así por el estilo.
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