LA SEMANA EN VILO
Esta semana es la definitiva para decidir las elecciones en
el Estado de México. A menos que haya una declinación de última hora y se
produzca el consecuente apoyo para el candidato del PAN o del PRD, lo más
probable es que el PRI repita como partido gobernante. No me gustaría. A esa
entidad y al país en general le vendría bien un gobierno de alternancia. Los
intereses, complicidades y redes de corrupción están aquí tan fuertemente
entrelazados, que sólo un partido que no fuera el PRI podría iniciar su
desmantelamiento.
La otra posibilidad es que la maestra Delfina
guarde un as bajo la manga y se alce con el triunfo, hecho que tampoco me
gustaría. Ella repetiría acrecentadas las mismas mañas que aplicó cuando fue
presidenta municipal de Texcoco, y su equipo lo conformarían bribones de la
misma calaña. Además, dudo mucho que sea capaz de gobernar sin la tutela de
López Obrador, y éste representa el peor PRI que hemos conocido: el de Luis
Echeverría y López Portillo, el del nacionalismo trasnochado cuyas políticas
hundieron al país y retrasaron su modernización. Estatista, demagógico,
populista, irresponsable, nepotista, corrupto y corruptor, Morena daría al
traste con las tímidas reformas que apuntan a la creación de un Estado de
derecho, donde son las instituciones y la aplicación puntual de las leyes las
que dan seguridad a la sociedad, y no un solo hombre, por muy honesto que sea.
Por otra parte, la argucia de López
Obrador para presentarse como honesto es muy simple: es su gente cercana la que
se mancha al solicitar, descontar, chantajear y recibir dinero. Siempre tiene
un círculo cercano que hace el trabajo sucio y él aparece como impoluto, el que
no sabe nada. Él no lo hace, pues es el rostro de la “honestidad valiente” que
predica, y con esto engaña a la gente más humilde y desinformada (y alguna
informada también, como es el caso de Elenita Poniatowska, que todavía cree en
él). Sin embargo, allí está su libro (2018,
la salida. Decadencia y renacimiento de México) y las más recientes
declaraciones que ha hecho, para darse cuenta de su auténtica personalidad y del
retroceso que el país sufriría de llegar a la presidencia.
Nada garantiza que el triunfo de su
candidata en el Estado de México le otorgue la presidencia en 2018, pero sin
duda sería un aliciente fenomenal. Aunque ganaría perdiendo, es decir, sería un
triunfo pírrico. La cara impresentable de sus más recientes aliados (Elba
Esther Gordillo, el mafioso ex candidato del Partido del Trabajo y la
predecible cargada de Dante Delgado Ranauro, además de los descarados
oportunistas que se han sumado a Morena) lo revela como un obseso del poder a
quien no le importan los medios para lograr su fin. Nunca como en esta
circunstancia viene bien la relectura de Los
justos, de Albert Camus.
Un tipo mentiroso (“pregúntale al
régimen, al ejército, a Peña Nieto” por los desaparecidos y asesinados de
Ayotzinapa), insidioso (“el ejército y la marina armada de México masacraron a
la población y a menores de edad”), irresponsable (“cancelaré las obras del
nuevo aeropuerto”), mitómano (“la mafia del poder” es quien le puso “el cuatro”
a Eva Cadena), intolerante (si José Cárdenas lo bateó por no ser dócil, a una
fiel como Carmen Aristegui también la regañó), carente de visión de estado (“revertiré
las reformas de Peña Nieto”), encubridor de ladrones y delincuentes (“Javier
Duarte es un chivo expiatorio”, “el ejército debe dejar de reprimir a los
huachicoleros”), ingenuo (“la delincuencia se acabará mediante un gran acuerdo
nacional”), solapador (“basta ya de que Peña Nieto culpe a los gobernadores de
la inseguridad”), fantasioso (“la corrupción se terminará cuando los de arriba
no roben”), insolente (“Si el PRD no declina por Morena no irá con nosotros en
el 2018”), reaccionario (no apoya el derecho al aborto, los matrimonios
igualitarios, la legislación de la marihuana) no puede ser presidente de
México, y el triunfo de su candidata en el Estado de México le daría vuelo.
Esto es lo que se debe evitar. Los
mexiquenses deben reaccionar. No importa que gane el PAN o el PRD, son partidos
que en esa entidad comprenden la importancia de construir un Estado de derecho.
En Coahuila, Nayarit y Veracruz habrá alternancia y se repartirán el poder, y
eso está bien. Los que creen que México puede ser un país regido por las
instituciones y las leyes y no por el estado de ánimo y el humor de un
caudillo, compartan este texto. Los seguidores fanáticos de López Obrador
pueden crucificarme.
ANÉCDOTA:
Me
desempeñaba como director de información y relaciones públicas de una
institución educativa. En su momento mi jefe me pidió la renuncia y, para
atenuar el golpe, me dijo que, entre otras cosas, yo no saludaba al personal a
mi cargo cuando llegaba cada día. ¡Gran falta, enorme sacrilegio! Mi secretaria
era una señora tan amable (aun hoy me llama para felicitarme el día de mi
cumpleaños) que, de no saludarla, significaba que yo descendía del cielo o
atravesaba las paredes, porque su escritorio estaba justo a la entrada de mi
oficina. Más que indignarme por acusación tan baladí, me sorprendió que se
informara a mi jefe de tal hecho, suponiendo que fuera cierto. Pronto di con
quien infló y echó a volar la
información: era la cuñada de Martí Batres. ¡Dios nos libre que personas
así lleguen al poder algún día!, me encomendé. Bueno, pues están a punto de
lograrlo.
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