martes, 30 de mayo de 2017

LA SEMANA EN VILO

LA SEMANA EN VILO

Esta semana es la definitiva para decidir las elecciones en el Estado de México. A menos que haya una declinación de última hora y se produzca el consecuente apoyo para el candidato del PAN o del PRD, lo más probable es que el PRI repita como partido gobernante. No me gustaría. A esa entidad y al país en general le vendría bien un gobierno de alternancia. Los intereses, complicidades y redes de corrupción están aquí tan fuertemente entrelazados, que sólo un partido que no fuera el PRI podría iniciar su desmantelamiento.
 La otra posibilidad es que la maestra Delfina guarde un as bajo la manga y se alce con el triunfo, hecho que tampoco me gustaría. Ella repetiría acrecentadas las mismas mañas que aplicó cuando fue presidenta municipal de Texcoco, y su equipo lo conformarían bribones de la misma calaña. Además, dudo mucho que sea capaz de gobernar sin la tutela de López Obrador, y éste representa el peor PRI que hemos conocido: el de Luis Echeverría y López Portillo, el del nacionalismo trasnochado cuyas políticas hundieron al país y retrasaron su modernización. Estatista, demagógico, populista, irresponsable, nepotista, corrupto y corruptor, Morena daría al traste con las tímidas reformas que apuntan a la creación de un Estado de derecho, donde son las instituciones y la aplicación puntual de las leyes las que dan seguridad a la sociedad, y no un solo hombre, por muy honesto que sea.
Por otra parte, la argucia de López Obrador para presentarse como honesto es muy simple: es su gente cercana la que se mancha al solicitar, descontar, chantajear y recibir dinero. Siempre tiene un círculo cercano que hace el trabajo sucio y él aparece como impoluto, el que no sabe nada. Él no lo hace, pues es el rostro de la “honestidad valiente” que predica, y con esto engaña a la gente más humilde y desinformada (y alguna informada también, como es el caso de Elenita Poniatowska, que todavía cree en él). Sin embargo, allí está su libro (2018, la salida. Decadencia y renacimiento de México) y las más recientes declaraciones que ha hecho, para darse cuenta de su auténtica personalidad y del retroceso que el país sufriría de llegar a la presidencia.
Nada garantiza que el triunfo de su candidata en el Estado de México le otorgue la presidencia en 2018, pero sin duda sería un aliciente fenomenal. Aunque ganaría perdiendo, es decir, sería un triunfo pírrico. La cara impresentable de sus más recientes aliados (Elba Esther Gordillo, el mafioso ex candidato del Partido del Trabajo y la predecible cargada de Dante Delgado Ranauro, además de los descarados oportunistas que se han sumado a Morena) lo revela como un obseso del poder a quien no le importan los medios para lograr su fin. Nunca como en esta circunstancia viene bien la relectura de Los justos, de Albert Camus.
Un tipo mentiroso (“pregúntale al régimen, al ejército, a Peña Nieto” por los desaparecidos y asesinados de Ayotzinapa), insidioso (“el ejército y la marina armada de México masacraron a la población y a menores de edad”), irresponsable (“cancelaré las obras del nuevo aeropuerto”), mitómano (“la mafia del poder” es quien le puso “el cuatro” a Eva Cadena), intolerante (si José Cárdenas lo bateó por no ser dócil, a una fiel como Carmen Aristegui también la regañó), carente de visión de estado (“revertiré las reformas de Peña Nieto”), encubridor de ladrones y delincuentes (“Javier Duarte es un chivo expiatorio”, “el ejército debe dejar de reprimir a los huachicoleros”), ingenuo (“la delincuencia se acabará mediante un gran acuerdo nacional”), solapador (“basta ya de que Peña Nieto culpe a los gobernadores de la inseguridad”), fantasioso (“la corrupción se terminará cuando los de arriba no roben”), insolente (“Si el PRD no declina por Morena no irá con nosotros en el 2018”), reaccionario (no apoya el derecho al aborto, los matrimonios igualitarios, la legislación de la marihuana) no puede ser presidente de México, y el triunfo de su candidata en el Estado de México le daría vuelo.
Esto es lo que se debe evitar. Los mexiquenses deben reaccionar. No importa que gane el PAN o el PRD, son partidos que en esa entidad comprenden la importancia de construir un Estado de derecho. En Coahuila, Nayarit y Veracruz habrá alternancia y se repartirán el poder, y eso está bien. Los que creen que México puede ser un país regido por las instituciones y las leyes y no por el estado de ánimo y el humor de un caudillo, compartan este texto. Los seguidores fanáticos de López Obrador pueden crucificarme.

ANÉCDOTA:
Me desempeñaba como director de información y relaciones públicas de una institución educativa. En su momento mi jefe me pidió la renuncia y, para atenuar el golpe, me dijo que, entre otras cosas, yo no saludaba al personal a mi cargo cuando llegaba cada día. ¡Gran falta, enorme sacrilegio! Mi secretaria era una señora tan amable (aun hoy me llama para felicitarme el día de mi cumpleaños) que, de no saludarla, significaba que yo descendía del cielo o atravesaba las paredes, porque su escritorio estaba justo a la entrada de mi oficina. Más que indignarme por acusación tan baladí, me sorprendió que se informara a mi jefe de tal hecho, suponiendo que fuera cierto. Pronto di con quien infló y echó a volar la  información: era la cuñada de Martí Batres. ¡Dios nos libre que personas así lleguen al poder algún día!, me encomendé. Bueno, pues están a punto de lograrlo.



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