La familia,
la propiedad pública
y la
educación
NOÉ AGUDO
Hoy quince de mayo se celebra, además del Día del Maestro en
México, el Día Internacional de la Familia, una institución preciada y cara a
los mexicanos. La ONU estableció este día en 1993 (y Fox, tal vez por
ignorancia, decretó en 2005 que se celebraría el primer domingo de marzo) con
el fin de fomentar la familia como la “unidad básica de la sociedad, así como
para promover las medidas adecuadas para evitar su resquebrajamiento”. Este
artículo analiza la relación que existe entre ambas celebraciones en nuestro
país.
Sin desear
verme iconoclasta, pienso que la familia está más que fortalecida, e incluso
sobrevaluada en nuestro país. Las largas décadas de gobierno autoritario y
monolítico hicieron de esta institución algo más que la célula básica de la
sociedad: la volvieron un gremio. Desafortunadamente, a diferencia de los
zapateros, sastres o carpinteros, los gremios surgidos de la clase política son
gremios de parásitos, es decir, de personas sólo aptas para usufructuar los
recursos públicos. La visión corporativista que se tiene de la res pública fue el origen de esta
distorsión: el Estado y sus recursos son míos, por lo tanto son de mi familia.
De allí el origen de frases y acciones memorables como las de José López
Portillo (“El orgullo de mi nepotismo”) que se dio el lujo de tener hijos,
hermanos y amantes en la administración pública, y personajes de la izquierda
como Andrés Manuel López Obrador en nuestros días, que controla la estructura de
Morena valido de sus hermanos e hijos.
Las familias
sustituyeron a los antiguos cacicazgos o, mejor dicho, los cacicazgos tienen
ahora como base las familias y acrecentaron esa debilidad tan mexicana conocida
como nepotismo. Es decir, “el trato
favorable hacia familiares o amigos, a los que se emplean en cargos o empleos
públicos por el mero hecho de serlo, sin tener en cuenta otros méritos”. Igual
que en los ámbitos de la política y la administración pública, en la educación
pública son también familias las que conforman los grupos de poder y se
benefician de éste. Ni en la iniciativa privada ni en el científico ni en el
artístico o deportivo pueden constituirse cacicazgos, porque la selección
natural los excluye: un mal deportista o pintor que desee aprovechar las
influencias de sus padres simplemente es barrido si resulta inepto, como el
reciente y lamentable espectáculo que dio Julio César Chávez Jr. Menos es
posible imaginarlo en las esferas de la empresa privada o científica, si no
saben y echan a perder los proyectos simplemente se van.
¿Por qué el nepotismo persiste
entonces en las áreas política y educativa? Porque allí sobrevive un elemento
sin el cual no sería posible: la simulación. López Portillo se creyó estadista,
escritor, pintor, un Quetzalcóatl redivivo. Los lambiscones pretendían pelearse
por los horrendos dibujos que hacía de figuras de caballos y hoy ni quién
recuerde esos dibujos ni mucho menos sus libros, que ya no sirven ni para los
calentadores porque evolucionaron tecnológicamente. A su hermana Margarita
individuos más abyectos dieron en llamarla la “décima musa”. Factor sin el cual
no existiría el nepotismo es el poder: en México hay genios y mentes brillantes
cuyo fulgor dura exactamente seis años, o cuatro, dependiendo del tiempo que
dure el padre o la madre en el poder.
Con la reforma educativa esta
práctica se halla acorralada en amplios espacios de la educación, de ahí que la
CNTE y el SNTE piden a López Obrador que la reforma no se aplique en los
estados donde Morena triunfe y el caudillo (nostálgico que es de los sexenios
de Echeverría y López Portillo, el México al que desea volver) ha dicho que no
la aplicará. No por nada ambas organizaciones se han sumado gustosas a la
campaña para gobernadora de Delfina Gómez en el estado de México. Heredar
plazas, llevar a la familia para que ocupe cargos y se beneficie de los
contratos es una práctica inveterada en la política y la educación. Y más de
alguno dirá: “Qué bueno que así sea, se ve que aman a su familia, hay que velar
por la familia”. Solo que esto no es quererla sino denigrarla, impedir que se
valga por sus propios méritos es inutilizarla. Además de ser un acto vergonzoso e
ilícito que alienta la ineptitud y la mediocridad, lastima profundamente a
quienes sólo cuentan con su talento. Y en un tiempo donde los medios de
información son cada vez más difíciles de controlar, resulta al menos
imprudente practicarlo porque todo mundo lo sabe.
En nuestra Escuela Nacional Colegio
de Ciencias y Humanidades no estamos exentos de esta nefasta práctica. A diario
vemos cómo docentes con 25, 30 y aun 40 años de servicio continúan siendo profesores
de asignatura, en tanto que familiares de los directivos obtienen su plaza de
carrera en uno o dos años. Peor aún (y esto es parte del expediente que daremos
a conocer en su momento): un aspirante a profesor puede reprobar el llamado
“examen filtro” de Física con una calificación de 3.6 (la mínima requerida es
8), pero gracias a la ayuda de “Papi” se le hará una revisión y no faltará el
simoníaco que le otorgue la calificación aprobatoria. Esto indigna
profundamente pues no es el único hecho. Varios miembros de la familia laboran
en el CCH, a los hijitos “cabeza dura” se les otorgan cursos para ir a estudiar
al extranjero y no es improbable que en un siguiente período se les otorgue una
anhelada plaza de carrera.
¿Cómo deben ser nombrados los
directores para acotar este abuso y otras prácticas peores? En primer término
los aspirantes deben demostrar que no cuentan con familiares dentro de la
institución, pues esto representa un potencial conflicto de interés; en segundo la Junta
de Gobierno debe aplicarles un examen y sólo integrar la terna con quienes
obtengan mejores resultados; en tercero se deberá atender más la opinión de los
verdaderos profesores en la designación, y no hacer caso a los ejércitos de
empleados y comisionados que se movilizan, pues estos son enviados por los
directivos bajo amenaza o presión. Y no estaría de más un reglamento de su
quehacer como directores. Los tiempos cambian.
¡Felicidades a todos mis colegas
profesores en su día, y disfruten los cursos que seguramente han iniciado!
GRACIAS POR EL FUEGO
Agradezco
infinitamente la información que numerosos profesores me han enviado, pero no
puedo hacer de esta hoja un libelo. La trataré de comprobar hasta donde me sea
posible y, la que resulte veraz, la integraremos al expediente del que ya he
hablado. He escuchado diversos rumores acerca del profesor Alvarado, de un
famoso portafolio de fotografías y de un departamento en Robles Domínguez. Lo
ideal es contar con un órgano de difusión donde cada uno pudiera publicar sus
notas y se hiciera responsable de su versión como yo lo hago con la mía. No se
requiere más que un buen diseñador y el compromiso de alimentar esa gaceta con una
que otra colaboración cada vez que puedan. Recuerden: el poder ya no es
absoluto. En este tema recomiendo sobradamente la lectura de El fin del poder, del sociólogo
venezolano Moisés Naím.
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