martes, 16 de mayo de 2017

LA FAMILIA, LA PROPIEDAD PÚBLICA Y LA EDUCACIÓN

La familia, la propiedad pública
y la educación
NOÉ AGUDO

Hoy quince de mayo se celebra, además del Día del Maestro en México, el Día Internacional de la Familia, una institución preciada y cara a los mexicanos. La ONU estableció este día en 1993 (y Fox, tal vez por ignorancia, decretó en 2005 que se celebraría el primer domingo de marzo) con el fin de fomentar la familia como la “unidad básica de la sociedad, así como para promover las medidas adecuadas para evitar su resquebrajamiento”. Este artículo analiza la relación que existe entre ambas celebraciones en nuestro país.
            Sin desear verme iconoclasta, pienso que la familia está más que fortalecida, e incluso sobrevaluada en nuestro país. Las largas décadas de gobierno autoritario y monolítico hicieron de esta institución algo más que la célula básica de la sociedad: la volvieron un gremio. Desafortunadamente, a diferencia de los zapateros, sastres o carpinteros, los gremios surgidos de la clase política son gremios de parásitos, es decir, de personas sólo aptas para usufructuar los recursos públicos. La visión corporativista que se tiene de la res pública fue el origen de esta distorsión: el Estado y sus recursos son míos, por lo tanto son de mi familia. De allí el origen de frases y acciones memorables como las de José López Portillo (“El orgullo de mi nepotismo”) que se dio el lujo de tener hijos, hermanos y amantes en la administración pública, y personajes de la izquierda como Andrés Manuel López Obrador en nuestros días, que controla la estructura de Morena valido de sus hermanos e hijos.
            Las familias sustituyeron a los antiguos cacicazgos o, mejor dicho, los cacicazgos tienen ahora como base las familias y acrecentaron esa debilidad tan mexicana conocida como nepotismo. Es decir, “el trato favorable hacia familiares o amigos, a los que se emplean en cargos o empleos públicos por el mero hecho de serlo, sin tener en cuenta otros méritos”. Igual que en los ámbitos de la política y la administración pública, en la educación pública son también familias las que conforman los grupos de poder y se benefician de éste. Ni en la iniciativa privada ni en el científico ni en el artístico o deportivo pueden constituirse cacicazgos, porque la selección natural los excluye: un mal deportista o pintor que desee aprovechar las influencias de sus padres simplemente es barrido si resulta inepto, como el reciente y lamentable espectáculo que dio Julio César Chávez Jr. Menos es posible imaginarlo en las esferas de la empresa privada o científica, si no saben y echan a perder los proyectos simplemente se van.
¿Por qué el nepotismo persiste entonces en las áreas política y educativa? Porque allí sobrevive un elemento sin el cual no sería posible: la simulación. López Portillo se creyó estadista, escritor, pintor, un Quetzalcóatl redivivo. Los lambiscones pretendían pelearse por los horrendos dibujos que hacía de figuras de caballos y hoy ni quién recuerde esos dibujos ni mucho menos sus libros, que ya no sirven ni para los calentadores porque evolucionaron tecnológicamente. A su hermana Margarita individuos más abyectos dieron en llamarla la “décima musa”. Factor sin el cual no existiría el nepotismo es el poder: en México hay genios y mentes brillantes cuyo fulgor dura exactamente seis años, o cuatro, dependiendo del tiempo que dure el padre o la madre en el poder.  
Con la reforma educativa esta práctica se halla acorralada en amplios espacios de la educación, de ahí que la CNTE y el SNTE piden a López Obrador que la reforma no se aplique en los estados donde Morena triunfe y el caudillo (nostálgico que es de los sexenios de Echeverría y López Portillo, el México al que desea volver) ha dicho que no la aplicará. No por nada ambas organizaciones se han sumado gustosas a la campaña para gobernadora de Delfina Gómez en el estado de México. Heredar plazas, llevar a la familia para que ocupe cargos y se beneficie de los contratos es una práctica inveterada en la política y la educación. Y más de alguno dirá: “Qué bueno que así sea, se ve que aman a su familia, hay que velar por la familia”. Solo que esto no es quererla sino denigrarla, impedir que se valga por sus propios méritos es inutilizarla. Además de ser un acto vergonzoso e ilícito que alienta la ineptitud y la mediocridad, lastima profundamente a quienes sólo cuentan con su talento. Y en un tiempo donde los medios de información son cada vez más difíciles de controlar, resulta al menos imprudente practicarlo porque todo mundo lo sabe.
En nuestra Escuela Nacional Colegio de Ciencias y Humanidades no estamos exentos de esta nefasta práctica. A diario vemos cómo docentes con 25, 30 y aun 40 años de servicio continúan siendo profesores de asignatura, en tanto que familiares de los directivos obtienen su plaza de carrera en uno o dos años. Peor aún (y esto es parte del expediente que daremos a conocer en su momento): un aspirante a profesor puede reprobar el llamado “examen filtro” de Física con una calificación de 3.6 (la mínima requerida es 8), pero gracias a la ayuda de “Papi” se le hará una revisión y no faltará el simoníaco que le otorgue la calificación aprobatoria. Esto indigna profundamente pues no es el único hecho. Varios miembros de la familia laboran en el CCH, a los hijitos “cabeza dura” se les otorgan cursos para ir a estudiar al extranjero y no es improbable que en un siguiente período se les otorgue una anhelada plaza de carrera.
¿Cómo deben ser nombrados los directores para acotar este abuso y otras prácticas peores? En primer término los aspirantes deben demostrar que no cuentan con familiares dentro de la institución, pues esto representa un potencial conflicto de interés; en segundo la Junta de Gobierno debe aplicarles un examen y sólo integrar la terna con quienes obtengan mejores resultados; en tercero se deberá atender más la opinión de los verdaderos profesores en la designación, y no hacer caso a los ejércitos de empleados y comisionados que se movilizan, pues estos son enviados por los directivos bajo amenaza o presión. Y no estaría de más un reglamento de su quehacer como directores. Los tiempos cambian.
            ¡Felicidades a todos mis colegas profesores en su día, y disfruten los cursos que seguramente han iniciado!


GRACIAS POR EL FUEGO
Agradezco infinitamente la información que numerosos profesores me han enviado, pero no puedo hacer de esta hoja un libelo. La trataré de comprobar hasta donde me sea posible y, la que resulte veraz, la integraremos al expediente del que ya he hablado. He escuchado diversos rumores acerca del profesor Alvarado, de un famoso portafolio de fotografías y de un departamento en Robles Domínguez. Lo ideal es contar con un órgano de difusión donde cada uno pudiera publicar sus notas y se hiciera responsable de su versión como yo lo hago con la mía. No se requiere más que un buen diseñador y el compromiso de alimentar esa gaceta con una que otra colaboración cada vez que puedan. Recuerden: el poder ya no es absoluto. En este tema recomiendo sobradamente la lectura de El fin del poder, del sociólogo venezolano Moisés Naím.  

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