domingo, 6 de octubre de 2013

NO ESTAMOS SOLOS

No estamos solos

NOÉ AGUDO (7/X/2013)

Como si hicieran falta pruebas de lo que he venido publicando, los profesores del Área de Talleres del plantel Vallejo nos enteramos la semana pasada que la directora general acaba de asignar plaza de carrera a una profesora que no compitió para obtenerla, que tampoco reúne los requisitos, ni la experiencia ni los conocimientos para merecerla, pero que felizmente es cuñada del secretario general del CCH. Y, sabedores de que están en eso que la picaresca política denomina “año de Hidalgo” (el próximo sabremos si la actual directora general es capaz de reelegirse, y esperamos sinceramente que esto no suceda así por el bien del Colegio) pues le ha otorgado la plaza sin más, no importa el escándalo que representa. Beneficiemos a familiares y amigos antes de que esto se acabe, parecen decir. Y lo mismo debe ocurrir en todas las áreas y en los demás planteles.
    No tengo absolutamente nada contra la profesora beneficiada ni me interesa si se la asignan a ella o a cualquier otro; en todo caso qué bueno que lo hagan, esto es lo que desearíamos todos. Lo importante aquí es la concesión gratuita, la indiferencia atroz hacia el grueso de las profesores; el olvido impúdico de “los valores universitarios” que la directora tanto gustaba invocar en las reuniones con los alumnos paristas; el saqueo descarado de los recursos del Colegio, que reparten como si fueran suyos; la violación flagrante de reglas claramente establecidas para un proceso de este tipo; el desdén brutal por la calidad educativa, al privilegiar a familiares de funcionarios y amigos, no importa la solvencia profesional e intelectual de quienes disfrutan las plazas, y el desprecio obsceno por la inteligencia de los demás profesores, pues piensan que no nos enteramos ni somos capaces de hacer nada ante semejantes arbitrariedades y burlas.
    En esto, hay que reconocerlo, tienen cierta razón. Hace mucho que los integrantes del CCH perdieron el valor civil, su espíritu crítico y combativo que tantos reconocimientos les valió en sus orígenes. Pocos se atreven hoy a decir con claridad lo que piensan. La mayoría prefiere el silencio, la apatía, o enardecerse en el Facebook con las luchas de otros y contra los malos de allá afuera, como si aquí dentro se viviera en el mejor de los mundos. Otros se engañan ingenuamente y piensan que si continúan calladitos o, mejor aún, criticando e informando de lo que algunos profesores claridosos nos atrevemos a decir, en algún momento estarán mejor. Bueno, pues permanezcan sentados y calladitos, ya les viene su plaza de carrera. 
    Pese a todo, poco a poco comienza a emerger ese espíritu que casi fue anulado durante tantos años, y lo mejor es que reaparece entre los propios profesores de carrera, que son los que deberían permanecer callados pues son quienes gozan de una mejor situación que los de asignatura. Tres respetables y excelentes profesores de carrera han respondido con ideas muy precisas a mis artículos. Uno de ellos, fundador del CCH, me envía el siguiente correo que nos da una idea de por qué muchos apoyan el estado actual de cosas:
“Mientras un profesor de asignatura gana cerca de 100 pesos la clase, algunos privilegiados ganan diez mil pesos la clase. ¡Cómo!, dirán algunos. Fácil de comprobar. Vean con detenimiento la hoja de firmas y verán que algunos profesores de carrera, que han compactado su horario a martes y jueves y, desde hace más de un año, sometidos a ‘intensas’ y ‘sesudas’ discusiones sobre la actualización de los programas de estudio, cobran 80 mil pesos al mes. Los cuales, divididos entre ocho clases mensuales (dos por semana), da un  promedio de 10 mil pesos por clase...Es decir, están mejor que en Harvard, por eso dicen que el CCH es mejor que Harvard, ¡pero en cuanto al pago! Y es que la actualización, que es la carta fuerte para la reelección de la directora, ha traído innumerables beneficios a los ‘abajo firmantes’. Entre ellos, que los ha liberado de su carga académica para dedicarse de lleno a promover la reelección de la patroncita, a la que agasajan con barbacoas y otras muestras de apoyo político....Y el rector, ¿sabrá de estas anormalidades? Claro que lo sabe, pero en la UNAM se da una de cal por otra de arena...”
    Otro profesor de carrera, también fundador y conocedor como pocos de las entrañas del CCH, ha escrito para decirme que le gustó mi artículo (“Estampa de un día”). Él es de la opinión de que “todos los profesores de bachillerato debieran tener plaza”, y “los de asignatura sólo serían aquellos encargados de cubrir licencias o comisiones”.
    Uno más, también de carrera sólo que de las nuevas generaciones, plantea la necesidad de editar una revista para analizar, promover e identificar aquellos puntos en los cuales coincidimos la mayoría. La idea es organizarnos en torno a estos puntos para sacar a los profesores del marasmo y al Colegio de la condición desastrosa en la que se encuentra.
    El caso que refiere este artículo no es el único, es un hecho común en el Colegio y por eso he planteado la necesidad de suprimir las atribuciones discrecionales de los directores, pues son ellos los primeros encargados de corromper la institución. ¿Cómo pueden exigir, entonces, que algunos activistas no vendan sus dulces y chucherías? Por otra parte, basta ver a unos cuantos de los “profesores de carrera” a quienes les ha sido regalado el nombramiento con el eufemismo de “plazas de carrera a contrato”, para darnos cuenta del daño que causan a la educación y al Colegio.
    Por cierto, este jueves 10 de octubre habrá elecciones para consejeros académicos. Nuestro voto debe ser para quien se comprometa con propuestas para solucionar la inestabilidad laboral en la que se hallan los profesores de asignatura. (Continuará.)

    

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