domingo, 13 de octubre de 2013

EL MIEDO SÍ ANDA EN BURROS

El miedo sí anda en burros
NOÉ AGUDO (14/X/2013)

Hoy somos exactamente lo que apenas el pasado semestre combatíamos.
José Emilio Pal’chesco

Con perdón de los jumentos, modifico este decir popular para referirme a las acciones que funcionarios del plantel Vallejo realizaron la semana pasada para tratar de averiguar por qué algunos profesores del Área de Talleres solicitamos a nuestros coordinadores efectuar una asamblea. Las preguntas que formularon fueron: “¿Quién la está solicitando? ¿Por qué la están  promoviendo?” Y luego la admonición: “¡No me los alborotes!” Entre otros propósitos, solicitamos la asamblea para comentar y tratar de elaborar un escrito para manifestar nuestra inconformidad ante el otorgamiento de plazas de carrera a profesores cuyo único mérito es ser familiares o amigos de las principales autoridades del CCH.
    Nuestra petición causó preocupación y miedo, pues saben que tenemos razón y no es el primer caso. (Véase el artículo “No estamos solos” del pasado lunes.) Profesores con muchos años de trabajo en el plantel saben que ésta ha sido una práctica inveterada: ningún director general o de plantel puede ufanarse que no otorgó o consiguió plazas para familiares y amigos. Quien más, quien menos, todos lo han hecho, pero con las autoridades actuales esto se ha vuelto casi una norma, alcanzando extremos escandalosos. Nunca, como hoy, dice un viejo profesor, los niveles de corrupción se habían incrementado tanto. Y, al igual que el asesino de la novela Crimen y castigo de Dostoievski, su propia conciencia los delata y tratan de impedir que el asunto no sea ni siquiera comentado. Por suerte nuestros coordinadores se mantuvieron firmes, y haremos la asamblea.
    Y es que las plazas para ser definitivo o para promoverse en el CCH son como la carrera de Aquiles y la tortuga: nunca alcanzan ni son suficientes. Si hemos de creer lo que ponen en el tortuoso lenguaje de su Informe sobre la Gestión Directiva 2012-2013, en este periodo “se ofertaron 25 plazas para la obtención de definitividad” y se otorgaron 15. Según el mismo documento, 151 nuevos profesores lograron aprobar su examen de ingreso; éstos, sumados a los interinos que ya laboran bajo esta condición, dan una idea de la gran cantidad de docentes aún en espera de lograr su estabilidad. Quince plazas son una gotita junto al mar. Y lo mismo sucede con  quienes buscan promoverse a una mejor categoría: “Se continuó el proceso para la asignación de 50 plazas para profesor de carrera”, dice el Informe, mas no señala cuántas fueron otorgadas gracias al poder arbitrario y discrecional con que cuenta la directora general para asignarlas bajo la etiqueta de “profesores de carrera a contrato”. Bueno, pues de esto es de lo que queríamos hablar, y ya informaré al respecto.  
    Por lo que hace a sus amenazas, veladas o explícitas, es claro que no distinguen los nuevos tiempos de cuando actuaban y reprimían con total impunidad. En caso de que trataran de aplicar medidas punitivas, el problema se desbordaría: toda la comunidad se enteraría; los profesores informaríamos a nuestros alumnos, buscaríamos apoyo en las otras áreas donde tienen los mismos problemas, y también en los demás planteles. Acudiríamos a los medios de información, daríamos entrevistas para denunciar las medidas represivas y las condiciones laborales deplorables bajo las cuales trabajamos.
    En una entrevista que me realizaron durante la toma de la dirección general en la pasada primavera, me preguntaron por qué siempre se recurre a la toma y cierre de oficinas, y luego de calles. Mi respuesta fue y sigue siendo que en el CCH aún no se enseña a vivir en la democracia: se organizan elecciones para consejeros de distintos órganos, pero se manipula a alumnos y profesores para que voten por determinados candidatos; además, la actuación de estos órganos es puramente formal, sirve para avalar decisiones, no para tomarlas; se habla de institucionalidad, pero ésta consiste en proteger a la pandilla que administra los recursos de la institución, no en ser fiel a los principios y fines de la institución (Maurice Duverguer, Instituciones políticas y derecho constitucional); se apela a los valores universitarios, y las autoridades son las primeras en pervertirlos al meter a familiares y amigos y otorgarles las mejores categorías laborales. ¿Dónde quedan la honestidad, el reconocimiento del saber, del esfuerzo y de los méritos que deben prevalecer en toda universidad? Demagogia pura. Pues bien, amedrentar para que los profesores no realicen de manera autónoma sus reuniones, y puedan comentar y proponer acciones para manifestar su rechazo o apoyo a decisiones que los afectan, es cancelar la democracia, es abrir las puertas a medidas drásticas como la toma de direcciones. Pero son las autoridades las que llevan a ello. (Continuará.)

UNA PREGUNTA INTELIGENTE
“A veces me pregunto cómo es que se mantiene la UNAM a pesar del desastre en el que la han hundido”, me dice un profesor. Pienso que se mantiene gracias a la callada labor que realizan sus científicos, sus investigadores, sus profesores que día a día acuden a preparar a sus alumnos, no obstante las dificultades que les imponen; se mantiene gracias a la labor discreta y constante que realizan muchos de sus empleados, de los cuales quiero narrar un caso:

    Abro la Gaceta CCH y, entre la inanición informativa y la pobreza de lenguaje que la caracterizan, aparece un díptico en el que se informa a los profesores acerca de los servicios del Departamento de Impresiones del plantel Vallejo (“Un servicio con alma azul y espíritu oro”): describe con detalle el tamaño de las hojas que se pueden fotocopiar, el engrapado, corte de papel, engargolado, empastado, procedimiento para solicitar los trabajos y aun una recomendación importante. Se aprecia esmero, buena intención e incluso amabilidad en el mensaje. Como en el poema “Los Justos”, de Borges, estas acciones, que se ignoran, están salvando el mundo.

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