El miedo sí
anda en burros
NOÉ AGUDO
(14/X/2013)
Hoy
somos exactamente lo que apenas el pasado semestre combatíamos.
José Emilio Pal’chesco
Con perdón de los jumentos, modifico este decir popular para
referirme a las acciones que funcionarios del plantel Vallejo realizaron la
semana pasada para tratar de averiguar por qué algunos profesores del Área de
Talleres solicitamos a nuestros coordinadores efectuar una asamblea. Las
preguntas que formularon fueron: “¿Quién la está solicitando? ¿Por qué la
están promoviendo?” Y luego la
admonición: “¡No me los alborotes!” Entre otros propósitos, solicitamos la
asamblea para comentar y tratar de elaborar un escrito para manifestar nuestra
inconformidad ante el otorgamiento de plazas de carrera a profesores cuyo único
mérito es ser familiares o amigos de las principales autoridades del CCH.
Nuestra petición
causó preocupación y miedo, pues saben que tenemos razón y no es el primer caso.
(Véase el artículo “No estamos solos” del pasado lunes.) Profesores con muchos años
de trabajo en el plantel saben que ésta ha sido una práctica inveterada: ningún
director general o de plantel puede ufanarse que no otorgó o consiguió plazas
para familiares y amigos. Quien más, quien menos, todos lo han hecho, pero con
las autoridades actuales esto se ha vuelto casi una norma, alcanzando extremos
escandalosos. Nunca, como hoy, dice un viejo profesor, los niveles de
corrupción se habían incrementado tanto. Y, al igual que el asesino de la
novela Crimen y castigo de Dostoievski,
su propia conciencia los delata y tratan de impedir que el asunto no sea ni
siquiera comentado. Por suerte nuestros coordinadores se mantuvieron firmes, y
haremos la asamblea.
Y es que las plazas
para ser definitivo o para promoverse en el CCH son como la carrera de Aquiles
y la tortuga: nunca alcanzan ni son suficientes. Si hemos de creer lo que ponen
en el tortuoso lenguaje de su Informe
sobre la Gestión Directiva 2012-2013, en este periodo “se ofertaron 25
plazas para la obtención de definitividad” y se otorgaron 15. Según el mismo
documento, 151 nuevos profesores lograron aprobar su examen de ingreso; éstos,
sumados a los interinos que ya laboran bajo esta condición, dan una idea de la
gran cantidad de docentes aún en espera de lograr su estabilidad. Quince plazas
son una gotita junto al mar. Y lo mismo sucede con quienes buscan promoverse a una mejor
categoría: “Se continuó el proceso para la asignación de 50 plazas para
profesor de carrera”, dice el Informe,
mas no señala cuántas fueron otorgadas gracias al poder arbitrario y
discrecional con que cuenta la directora general para asignarlas bajo la
etiqueta de “profesores de carrera a contrato”. Bueno, pues de esto es de lo
que queríamos hablar, y ya informaré al respecto.
Por lo que hace a
sus amenazas, veladas o explícitas, es claro que no distinguen los nuevos
tiempos de cuando actuaban y reprimían con total impunidad. En caso de que
trataran de aplicar medidas punitivas, el problema se desbordaría: toda la
comunidad se enteraría; los profesores informaríamos a nuestros alumnos, buscaríamos
apoyo en las otras áreas donde tienen los mismos problemas, y también en los
demás planteles. Acudiríamos a los medios de información, daríamos entrevistas
para denunciar las medidas represivas y las condiciones laborales deplorables
bajo las cuales trabajamos.
En una entrevista
que me realizaron durante la toma de la dirección general en la pasada
primavera, me preguntaron por qué siempre se recurre a la toma y cierre de
oficinas, y luego de calles. Mi respuesta fue y sigue siendo que en el CCH aún no
se enseña a vivir en la democracia: se organizan elecciones para consejeros de
distintos órganos, pero se manipula a alumnos y profesores para que voten por
determinados candidatos; además, la actuación de estos órganos es puramente
formal, sirve para avalar decisiones, no para tomarlas; se habla de institucionalidad,
pero ésta consiste en proteger a la pandilla que administra los recursos de la
institución, no en ser fiel a los principios y fines de la institución (Maurice
Duverguer, Instituciones políticas y
derecho constitucional); se apela a los valores universitarios, y las
autoridades son las primeras en pervertirlos al meter a familiares y amigos
y otorgarles las mejores categorías laborales. ¿Dónde quedan la honestidad, el
reconocimiento del saber, del esfuerzo y de los méritos que deben prevalecer en
toda universidad? Demagogia pura. Pues bien, amedrentar para que los profesores
no realicen de manera autónoma sus reuniones, y puedan comentar y proponer
acciones para manifestar su rechazo o apoyo a decisiones que los afectan, es
cancelar la democracia, es abrir las puertas a medidas drásticas como la toma
de direcciones. Pero son las autoridades las que llevan a ello. (Continuará.)
UNA PREGUNTA
INTELIGENTE
“A veces me pregunto cómo es
que se mantiene la UNAM a pesar del desastre en el que la han hundido”, me dice
un profesor. Pienso que se mantiene gracias a la callada labor que realizan sus
científicos, sus investigadores, sus profesores que día a día acuden a preparar
a sus alumnos, no obstante las dificultades que les imponen; se mantiene
gracias a la labor discreta y constante que realizan muchos de sus empleados,
de los cuales quiero narrar un caso:
Abro la Gaceta
CCH y, entre la inanición informativa y la pobreza de lenguaje que la
caracterizan, aparece un díptico en el que se informa a los profesores acerca
de los servicios del Departamento de Impresiones del plantel Vallejo (“Un
servicio con alma azul y espíritu oro”): describe con detalle el tamaño de las
hojas que se pueden fotocopiar, el engrapado, corte de papel, engargolado,
empastado, procedimiento para solicitar los trabajos y aun una recomendación
importante. Se aprecia esmero, buena intención e incluso amabilidad en el
mensaje. Como en el poema “Los Justos”, de Borges, estas acciones, que se
ignoran, están salvando el mundo.
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