domingo, 29 de septiembre de 2013

DEVOLVER EL COLEGIO A LA COMUNIDAD



Devolver el Colegio a la comunidad

NOÉ AGUDO

Presento algunos puntos para una verdadera reforma al CCH. Sé que quedan varios fuera o hay muchos más implícitos en los aquí asentados y que se podrían desglosar. La idea principal es devolver el Colegio a la comunidad, a los auténticos profesores y estudiantes, y rescatarlo de quienes lo emplean para su beneficio personal o de grupo. Y planteo esto sólo como un medio, no como un fin (jamás compartiré con nadie el vulgar objetivo de “Quítate tú para que me ponga yo”). Porque el propósito central es recuperar la esencia del Colegio, hacer realmente efectivos sus principios filosóficos y su modelo educativo, transformarlo en un auténtico bachillerato de vanguardia para demostrar su vigencia, comprobar su pertinencia, salvaguardar su identidad y garantizar su permanencia dentro de la UNAM. Y terminar con la simulación en la que hemos caído desde hace tiempo.
Cancelar atribuciones arbitrarias y discrecionales a directores: Lo que ha descompuesto la vida del Colegio y demeritado la calidad de su enseñanza es, principalmente, la contratación  y promoción arbitraria de profesores por parte de los directores. Aprovechando la insuficiencia de plazas (he dicho plazas, no trabajo ni grupos) y la indiferencia de la UNAM por regularizar la situación de casi toda su planta docente, los directores de escuelas y facultades hacen un uso discrecional de esta atribución. Contratan directamente a los profesores sin que pasen por los mecanismos de ingreso, eluden los criterios para otorgar las plazas de carrera, y manipulan los mecanismos de estímulos para estos profesores. Saben que no hay factor más efectivo de control que el dinero, los empleos y los ascensos y así, en lugar de regularizar la situación de maestros con cinco, diez, veinte o más años de antigüedad, meten a docentes noveles para disponer de ellos a su antojo y advertirles de paso a los de alguna antigüedad que pueden ser fácilmente remplazados o castigados si no se disciplinan. Una forma perversa de control.
Frenar la degradación de la enseñanza. Lo anterior ocasiona que profesores probados en la docencia −con más de cinco, ocho o diez años− vivan una situación laboral precaria: inestabilidad en el empleo, horarios irracionales (venir en la mañana, regresar al mediodía, volver por la tarde), sin tiempo para preparar las clases (completar los ingresos presupone buscar otro empleo), corregir trabajos, actualizarse, leer; devengar sueldos bajísimos, y encima de todo competir por la asignación de grupos al inicio de cada semestre. Por otra parte, una amplia nómina de profesores noveles plantea el problema de una planta magisterial improvisada. No digo que esté mal la contratación de docentes jóvenes. ¡Bienvenidos! Pero es necesario lograr la eficiencia de los que tienen varios años laborando, capacitarlos y ofrecerles estabilidad y mejores condiciones de trabajo, y así aprovechar su experiencia. Ellos podrían adiestrar a los profesores jóvenes y, si se les ofrecieran condiciones dignas de retiro, podrían jubilarse en tiempo  y así tener una planta joven y vigorosa. Pero con las pésimas condiciones en las que deben jubilarse hoy día, se produce el triste espectáculo de algunos que deben morir en la línea o deambular con sus envejecidos huesos por salones y pasillos. (No todos son afortunados como para jubilarse en excelentes condiciones y luego volver como “asesor” del director.)
Acabar con la simulación. Son muchas las simulaciones que se generan en un medio donde no se reconoce la preparación, el talento y el trabajo, sino la relación privilegiada con quienes deciden. Pero cuanto más mediocre y corrupta sea la persona que decide, peor y más devastadora es la simulación. Para la asignación de grupos, por ejemplo, uno de los criterios es la llamada “lista jerarquizada”. Pues bien, sabemos que ésta no dice nada pues quienes han tenido o tienen cargos administrativos o de “representación”, y son expertos en el arte de trepar, ocupan los primeros lugares en esa lista (con sus debidas excepciones, es obvio). Aparte de eso, a la lista jerarquizada se la hace a un lado cuando se trata de colocar en primer término a las amistades y recomendados de los directores. (Véase “Historia de una profesora de asignatura” y “De la vocación de servicio…”).
Sancionar el nombramiento de funcionarios. Sabemos que quien decide hoy el nombramiento del titular de una dirección general es el rector, auxiliado por una Junta de Gobierno que valora sólo el grado de control que el candidato pueda tener de la institución que va a dirigir. Sabemos también que quien nombra a los directores de los planteles es el director (o directora) general y que en ocasiones dejan a perfectos inútiles al frente, porque son los más leales. Nunca por su capacidad, conocimiento de los temas educativos o preocupación por la convivencia armónica de la comunidad. ¿Debemos aceptar que nos sigan imponiendo la pequeñez de estos Sancho Panza?
Recuperar los órganos de representación. Hace mucho que el Colegio dejó de ser ese espacio democrático que inculcaba valores democráticos y críticos en el aprendizaje de sus alumnos; que resolvía los problemas de la comunidad mediante la consulta a auténticos órganos de representación. Lo que existe actualmente es sólo una simulación de esa democracia: organismos de representación cooptados, integrados por elementos afines a las autoridades, sin auténtica representatividad y sin verdadera capacidad de decisión. Recuérdese cómo el rector decidió la cancelación de la “actualización curricular” y cómo un Consejo Técnico, que sólo sabe obedecer, decidió acatarlo sin más. (Véase “Una estruendosa carcajada”.) Debemos recuperar o forjar auténticos organismos de representación de la comunidad magisterial y estudiantil.
Poner fin a la segregación. El rector ha dicho que la UNAM y la educación deben contribuir a disminuir la desigualdad en el país. Sin embargo, dentro de la Universidad no sólo existe desigualdad, sino segregación y discriminación, que atentan contra postulados esenciales de la Constitución, contra los derechos conquistados por los trabajadores mexicanos, que se plasman en la Ley Federal del Trabajo, y atentan incluso contra los Derechos Humanos. Para este ciclo escolar se emitirá en el plantel Vallejo una convocatoria para otorgar seis plazas de carrera (la misma situación se presenta en los demás planteles). Pues bien, el primer requisito que establece es poseer grado de maestría y tener menos de 35 años de edad. ¿Qué harán los profesores con 36, 40 o 50 años? ¿Y los que han laborado por diez, veinte, treinta o más? Esta es una discriminación inaceptable en una institución educativa. Y reflejo de un problema todavía mayor: la UNAM no tiene ninguna propuesta para solucionar la desigualdad que artificialmente ha creado entre su planta docente. Todo esto a pesar de que existen numerosos estudios que demuestran la factibilidad de terminar esta injusticia para que todos los profesores puedan ser definitivos.
Abrir la participación a todos los docentes. ¿Por qué un profesor de asignatura no puede tener año sabático, si es el que entrega todo su tiempo laboral ante grupos? Este concepto, sabático, que proviene de la Biblia y consiste en que al séptimo año de labrar la tierra se la debe dejar descansar para que pueda recuperar sus nutrientes, lo necesita con mayor urgencia y justicia el profesor de asignatura, que es quien realmente atiende de tiempo completo a los estudiantes. Del mismo modo podríamos preguntar: ¿por qué este profesor no puede disponer de tiempo para escribir un libro donde vuelque su experiencia en la enseñanza? ¿Por qué no puede dictar cátedras especiales? ¿Por qué no puede aspirar a obtener mejores estímulos? ¿Por qué ni siquiera puede presentar proyectos para mejorar el aprendizaje? Simplemente por criterios burocráticos que deben desaparecer.
Necesidad de un órgano de fiscalización. Gasto desmesurado en acciones que no tienen ningún resultado concreto y efectivo en el mejoramiento de la vida del Colegio; discrecionalidad absoluta en el otorgamiento de plazas; manipulación de los criterios para el otorgamiento de estímulos; adquisición y compra de equipo para la enseñanza, de materiales para construcción y mantenimiento de las instalaciones, de muebles y enseres para equipar y limpiar salones, baños, oficinas, gimnasios, laboratorios, cafeterías y otras áreas de los planteles, etc., se realiza en la más absoluta discreción, sin rendir cuentas a nadie, y si acaso se las menciona en los “informes de gestión” son solo para el lucimiento personal. Estas son algunas de las muchas acciones que un órgano especial debe vigilar, porque, a diferencia de los gobiernos en el país, que debido a la vigilancia de las distintas fuerzas políticas, a la existencia de medios de información libres, y a la presión que ejerce la sociedad civil a través de diversas organizaciones, buscan mejorar y hacer más transparente su actuación. En el CCH esto simplemente no existe.
Revisión a fondo de enfoques y programas. Lo que se hizo y derrochó en la llamada “actualización curricular” fue solo una simulación. La actualización, no los gastos, estos fueron millonarios. Acudieron al subterfugio de “actualización” para justificar que no se trataba de una “revisión”, sino sólo de modificar aspectos superficiales de los programas de estudio. Es decir, mover aquí y allá sin cuestionar enfoques, aprendizajes, contenidos y aspectos medulares de la enseñanza, como son la revisión profunda de lo que está haciendo la Internet con las habilidades fundamentales para el estudio, como son la lectura, la comprensión, la racionalización y la abstracción; como son los nuevos aprendizajes que los alumnos deben lograr para el tipo de sociedad en la que estamos viviendo; como son la pérdida de atención y concentración que los medios audiovisuales han provocado en las nuevas generaciones, etc.
    Estos puntos y muchos otros son los que debemos aplicar al Colegio de Ciencias y Humanidades si queremos conservar su modelo, filosofía y principios, para hacer de él una institución vigente, sobresaliente y pertinente. Es decir, si de verdad nos preocupa mejorar el aprendizaje y las condiciones de enseñanza. Lo demás, es sólo demagogia.


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