domingo, 1 de septiembre de 2013

LA DANZA DE LAS SIMULACIONES

La danza de las simulaciones
NOÉ AGUDO (2/IX/2013)

Para el director del plantel, quien en un acto que denigra su cargo, sugirió insidiosamente a un grupo de profesores que yo había escrito un anónimo para perjudicar a otro maestro. Siempre firmo lo que escribo y digo, director.

La desastrosa asignación de grupos para el presente ciclo escolar en el plantel Vallejo plantea algunas reflexiones en torno a un hábito que campea por todo el CCH: el de la simulación, que no es más que el resultado de un proceder cuyo origen se halla en los más altos niveles de conducción de esta maltratada institución. Hay simulación en una dirección general que, escudada tras un Consejo Técnico, plantea una actualización curricular en la que centenas de profesores son involucrados en comisiones encargadas de revisar doce puntos que un Consejo Técnico simulador “propone” para que las comisiones revisoras lo analicen con la “participación de la comunidad”. Hay simulación en la toma de decisiones que afectan la vida del Colegio, las cuales se hacen pasar como propuestas de un Consejo Técnico que todos sabemos está controlado por la dirección general a la que obedece dócilmente, pues es la directora quien lo preside y su secretario general quien la sustituye, y es la dirección quien premia a sus integrantes con más puntos para su promoción, para el famoso PRIDE o simplemente para engrosar el currículum. Hay simulación en la elección de los integrantes de estos y otros consejos, pues sabemos cómo la dirección general y sus apéndices, las direcciones de los planteles, obligan a los profesores comisionados o con algún cargo a votar por sus favoritos, dejando fuera a profesores y alumnos propuestos libremente por la comunidad. Hay simulación en las direcciones de los planteles, que contratan desaforadamente nuevos docentes, sin advertirles ni mucho menos prever lo qué sucederá con los grupos que atienden, una vez que los profesores comisionados en esa farsa regresen, como sucedió al inicio de este ciclo. (Y será peor el próximo, pues los comisionados en la dirección general regresarán a sus grupos para tratar de lograr la reelección o porque simplemente se quedarán sin hueso.) Hay simulación en el otorgamiento de grupos, para lo cual deberían servir las listas jerarquizadas, pero las asignaciones se hacen a discreción, pues de lo que se trata es de colocar en primer término a los recomendados y favoritos de la dirección. Hay simulación en las listas jerarquizadas que, se supone, la deberían encabezar profesores con un mayor número de puntos logrados por su preparación, experiencia y realización de actividades en beneficio de la educación. Pero sabemos que esto no es cierto: la encabezan quienes se caracterizan por su sumisión y condescendencia hacia los dictados de la autoridad, no importa que sean auténticos analfabetas funcionales;  usurpan también los primeros sitios los que se sirven con la cuchara grande cuando han detentado cargos administrativos. Detengámonos en este punto.
    Una de las pocas formas pertinentes que tienen los profesores para obtener puntos es mediante su participación en cursos, seminarios, talleres y diplomados que de verdad los forme y actualice. Pues bien, esto es pervertido por esa simulación a la que nos hemos venido refiriendo y que consiste más o menos en lo siguiente: aprovechando sus relaciones burocráticas, el cargo que ocupa o simplemente por realizar la función que le corresponde, un arribista (o una, en esto no hay género) organiza un curso o diplomado; consigue a los instructores, seguramente conocidos o amigos; inscribe a sus cuates, que asisten algunas veces; él o ella también se asoma algunas ocasiones. Al final, todos reciben sus constancias (ahora con una calificación, como a cualquier párvulo), especialmente los cuates y el organizador, quien se otorga una constancia especial. ¿Y los verdaderos profesores que participaron? Pues, si alguien faltó a una sesión, no pudo entregar un trabajo o simplemente pasó desapercibido para el instructor, no se le entrega la constancia o se le reprueba. Sin valorar su asistencia, los trabajos que realizó y haber cumplido puntualmente con las ocurrencias del instructor.
    Algo similar ocurre con ciertos acadestrativos (académicos con un cargo administrativo), que se sirven con la cuchara grande cuando se trata de constancias y puntos. Las primeras veces que di pláticas o las organicé, edité revistas, participé como asesor o tutor, lo hice porque creí que así completaba mis tareas como profesor. Nunca pedí constancias; cuando me enteré de su valor para ser catafixeadas por “puntos”, lamenté cuántas veces las había desechado o ignorado. Los acadestrativos suelen otorgarse constancias por cualquier cosa: por asistir a una conferencia donde sólo dicen tonterías, improvisando sobre la marcha, es decir, puro rollo; por acompañar en la presentación de algún libro; por inaugurar una jornada o un ciclo, y hasta por realizar mal su trabajo. Cuando alguna vez vi la lista jerarquizada de mi área, me sorprendí de saber que quienes la encabezaban no eran precisamente los mejores profesores, los más preparados, o quienes sobresalen por su trabajo intelectual y académico, no, sino por quienes son parte de esos grupitos hábiles en trepar y conseguir puntos. Es decir, por los expertos en la simulación. ¿Dónde quedan los verdaderos profesores?

    Este hecho es síntoma de un problema más general. Gabriel Zaid ha desnudado con inteligencia y humor ese nuevo oficio surgido en la UNAM, el de la meritocracia (véase De los libros al poder, especialmente “Sobre los títulos profesionales como capital curricular”), del cual nuestras autoridades y sus acadestrativos son dignos exponentes: hábiles para trepar; especialistas en escribir prólogos y presentaciones; en publicar libros y revistas que no leen ni ellos; en gastar dinero en acciones de relumbrón como actualizaciones curriculares, foros y jornadas, que no sirven de nada pero otorgan puntos. Y así hasta llegar a los que hacen como que enseñan o investigan; los que llevan la voz cantante en esta danza de simulaciones. Pero esto, es otra historia…  (Continuará.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  Jamás adoctrinar Adoctrinar: instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o cre...