Originario
de una región serrana donde la vida transcurre entre el olor de la piña y el
café, y conocedor también de que mucho del verdor de las montañas se debe a que
los campesinos protegen los árboles para que den sombra a las plantas,
agradezco en silencio esta benéfica conjugación de vida, al igual que lo deben
hacer los venados, tejones, ardillas y múltiples aves cuya única carencia es no
poder disfrutar, como nosotros, de un delicioso café de altura.
Negro como
la noche
NOÉ AGUDO
Honoré de Balzac presumía haber consumido 50 mil tazas en su
vida, y murió a los 51 años; Voltaire bebía entre 50 y 72 tazas diarias, y
vivió 84; Johann Sebastian Bach le compuso en 1734 una célebre cantata (la BWV
211); Beethoven sólo lo ingería bien cargado; Edgar Allan Poe decía despertar
plenamente después de consumir la segunda taza; Jean Jacques Rousseau reconocía
que sin la bebida no podría haber escrito sus Confesiones ni El contrato
social ni el Emilio; Matías
Romero predijo que cuando México lo exportara comenzaría su verdadero
desarrollo, y una pléyade más de escritores, pintores, músicos, hombres de
acción y pensadores como Kant, George Simenon, Goya, Hemingway y Bolívar
reconocen su deuda y adicción con y por la aromática infusión.
Obviamente, hablo
del café, ese maravilloso fruto descubierto por un pastor abisinio cuando notó
cómo sus cabras saltaban eufóricas después de comerlo. La leyenda cuenta que
Kaldi, así se llamaba, recogió un puñado y lo llevó a un monasterio, donde los
derviches lo observaron y analizaron hasta que a uno de ellos se le ocurrió
tostarlo, macerarlo y mezclarlo con agua, creando así la hoy popular bebida. Su
referencia más remota es un libro escrito por Abu Bek a inicios del siglo XV, El éxito del café, que fue traducido al
francés por Antoine Galland, el mismo que tradujo y recopiló los cuentos de Las mil y una noches. Por cierto la
palabra café viene del árabe qahwa,
que significa vigorizante, y no del color de la bebida como muchos creen.
Paradojas del
destino, hoy sus mayores consumidores son las sociedades desarrolladas y no el
pobre país que lo donó al mundo, la actual Etiopía. El café fue introducido a
Europa durante el siglo XVII: primero a Italia en 1645, después a Inglaterra en
1650 y luego a Francia en 1660; posteriormente conquistó toda Europa y en 1689
fue traído al nuevo mundo. Actualmente los mayores bebedores de café son los
noruegos, que consumen un promedio de 12 kilogramos por persona al año; le
siguen Islandia, con nueve kilos; Suecia, con 8.4; Holanda, con 8.2; Alemania,
con 6.4, e Italia, con 5.9. Brasil, el mayor productor mundial, es el único que
figura en la lista de los grandes consumidores, pues sus habitantes alcanzan un
promedio de 5.6 kilos anuales. México, en cambio, y a pesar de ser el mayor
productor de café orgánico, consume apenas un promedio de 1.2 kilogramos por
persona, es decir, carece de una cultura del café. Es irónico saber que de esos
1.2 kilogramos por persona más del 60% sea café soluble.
Los numerosos mitos
surgidos en torno a la bebida (cuando recientemente fue introducida a Italia se
la consideró diabólica, por ejemplo) la han hecho sufrir altibajos tanto en su
producción como en su consumo y precio. Afortunadamente la ciencia ha situado
hoy día en su justa dimensión muchas de esas creencias, y ha descubierto que
son mayores sus beneficios que sus perjuicios. Desde luego, aplicando la regla
áurea de todo con moderación.
Especialistas
médicos y expertos en nutrición coinciden en señalar que no hay motivos para
eliminar el café como parte de una dieta equilibrada, siempre y cuando su
consumo sea moderado, es decir, de tres a cuatro tazas diarias. El café no es
sólo cafeína, contiene también vitaminas, minerales y antioxidantes, por lo que
podría resultar incluso un alimento funcional. Investigaciones centradas en su
capacidad antioxidante, han descubierto los efectos benéficos que sus
polifenoles tienen en el organismo; principalmente su potencial para disminuir
el riesgo de enfermedades cardiovasculares y cáncer.
Por otra parte, estudios
científicos han descubierto menor presencia de enfermedades
neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer entre los
bebedores habituales. "Los efectos beneficiosos del café en la prevención
de la neurodegeneración parecen claros", señala Rafael Franco Fernández,
catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Navarra.
Pilar Riobó Serván, especialista en endocrinología y nutrición, y autora del
libro La dieta inteligente, sostiene
que su consumo reduce el riesgo de desarrollar diabetes mellitus y mejora el
control metabólico de la glucosa, incluso en pacientes diabéticos. Afirma
además que el café genera efectos beneficiosos sobre el aparato digestivo,
especialmente para prevenir algunas enfermedades frecuentes del hígado y de la
vesícula biliar.
De manera
sintética, podemos citar los siguientes aspectos benéficos del café ya sea en
el organismo, en lo social y aun en lo ecológico:
Disminuye el dolor de cabeza. La cafeína produce un efecto
vasoconstrictor (reducción del diámetro de los vasos sanguíneos dilatados). En
muchos casos el efecto contrario de la vasoconstricción, la vasodilatación,
puede generar dolor de cabeza.
Estimula el sistema nervioso central. Esto inhibe la somnolencia, retarda la sensación
de fatiga, aumenta la sensación de bienestar y euforia, y facilita el trabajo
mental.
Mejora el rendimiento atlético. En deportistas de alto rendimiento podría ser recomendable en dosis adecuadas, ya que la cafeína aumenta la contractibilidad muscular.
Mejora el rendimiento atlético. En deportistas de alto rendimiento podría ser recomendable en dosis adecuadas, ya que la cafeína aumenta la contractibilidad muscular.
¿En realidad quita el sueño? La mayoría se queja de que el café no
le permite dormir. Si reanima y se conoce su efecto para mantener alerta la
atención, esto puede provocar que tardemos más en dormirnos, pero los estudios
efectuados demuestran que la fase de ensoñación del sueño no se ve afectada.
Desarrolla el espíritu
crítico y de convivencia. No olvidar que fue en las cafeterías de Inglaterra y Francia donde
nacieron las ideas liberales. Actualmente, cuando alguien invita un café, lo
que en realidad está proponiendo es reunirse para conversar y, si se trata de
una pareja, para conocerse y así iniciar una relación.
Genera biodiversidad. Las plantaciones de sombra, que por
lo regular son siempre las mejores porque se cultivan en las montañas, es decir
en las alturas, inducen a una mayor biodiversidad del entorno.
Los riesgos. También existen riesgos si el
consumo es excesivo y en esto nada mejor que conocer el propio organismo: Como
todo estimulante, genera adicción, y cuando uno desea abandonarlo
repentinamente pueden presentarse dolores de cabeza, ansiedad, fatiga, falta de
sueño y dificultad para concentrarse. El café es diurético, estimula la
producción de orina, lo cual provoca que evacuemos con mayor frecuencia, y con
ello el riesgo de deshidratación debido al agua y sodio que se eliminan.
Consecuentemente, tampoco es recomendable durante una resaca. Por su acidez
tampoco es recomendable para quienes padecen gastritis, colitis u otras
enfermedades similares.
Pese a todo, no hay
nada más grato y tonificante que el café y su aroma. Cuando los profesores
acudimos a firmar nuestra asistencia, llenamos nuestro vaso, platicamos
brevemente dando pequeños sorbos a la bebida, y así nos preparamos para el
trabajo mental en el salón. En algún tiempo viví en Copilco, sobre avenida Universidad,
así que muchas tardes acudía a la cafetería de la librería Gandhi para
escribir, leer o conversar. Me gusta y me sigue gustando su café. Recuerdo una
ingeniosa manteleta donde Mauricio Achar, su fundador, había puesto: “El café
ha de ser negro como la noche, caliente como el infierno, y suave como la
caricia de un ángel”.
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