domingo, 24 de agosto de 2014

EL JOVEN RIUS


El joven Rius
NOÉ AGUDO

En el gremio de moneros mexicanos cada uno tiene su rasgo especial: el humor negro de Helioflores, los limpios y demoledores trazos de Naranjo, el sarcasmo inmisericorde de Helguera, la concisión y precisión de Calderón, las incisivas historias de Patricio, el socarrón humor de Magú, las hilarantes situaciones que sólo Hernández sabe crear, la filosa visión de El Fisgón, y los jocosos pero irreverentes monos de Rocha. Sin embargo, nadie como Eduardo del Río, Rius, para abordar un tema que sus monos proponen, exponen e ilustran. Vale decir, nadie como él para la historieta didáctica.
    Cuando era niño me gustaba pasar horas en un puesto de revistas donde por veinte centavos alquilaba una historieta, así que con uno o dos pesos leía Fantomas, Chanoc, Kalimán y varias más. Pronto me volví lector de Los Supermachos, la historieta que Rius creó en los años 60, e incluso continué leyéndola cuando él dejó de hacerla (un niño no se da cuenta si el autor no es el mismo), aunque percibí que ya no era igual. Años después me enteré que la editorial le quitó la historieta e incluso los monos que él había creado por las incisivas críticas al monolítico régimen priista de aquellos años. Por eso me volqué a comprar Los agachados, su nueva historieta, cuando apareció.
    Me gustaba que Rius pusiera al final de cada número la bibliografía consultada y su dirección en Cuernavaca para que sus lectores le escribieran. Para entonces ya asistía a la secundaria, comenzaba a tener mis propias ideas, así que un día decidí escribirle. Le pedí que dedicara un número de Los agachados al Ché Guevara (en 1970, excepto El diario del Ché en Bolivia, poco se sabía de él). Nunca me contestó, pero dos meses después (la revista aparecía “un lunes sí y otro no”) me causó una enorme alegría ver en la portada de Los agachados el icónico retrato del doctor Guevara. Y a partir de entonces empecé a recibir cada diciembre una tarjeta navideña hecha por el propio Rius. Era un guiño amistoso para decirme: “Está usted servido, lector”.
    Eventualmente Rius colaboraba en algunas revistas como La Garrapata, “El azote de los bueyes” y lo seguía leyendo, así como en El Chamuco, años después. Cuando concluí mi carrera y llegué a ser director de una publicación, un día me encontraba en un cocktail en la embajada soviética. Conversaba con diplomáticos de países del Este (polacos, húngaros, checos) y por algún motivo Rius fue mencionado en la charla. Todos lo conocían. Lo habían leído, alababan su habilidad didáctica, su humor y la variedad de temas que abordaba; en Polonia, el marxismo se enseñaba con uno de sus libros, Marx para principiantes. Etc. Mi amiga húngara Edith Muharay propuso entrevistarlo. ¿Por qué no?, le respondí. Así que días después le llamamos, concertamos la cita, nos pidió que la entrevista se realizara en su casa, en Cuernavaca, y allá fue Edith. Como además ella es una excelente fotógrafa, le pedí que lo retratara sentado, en un espacio abierto, porque mi intención era rodearlo de todas sus creaturas para que pareciera estar contemplándolas, como el auténtico demiurgo que es. Edith le hizo una fotografía magnífica: Rius está sentado en un equipal en su jardín, su madre (¡aún vivía en el 92!) está detrás suyo y él mira escéptico la cámara.
    La entrevista apareció publicada en Vogue, una revista del conservador Grupo Novedades, y a muchos les pareció incongruente. ¿Rius en Vogue? ¿Por qué no? El Vogue británico o el alemán se dan el lujo de tener a los principales exponentes de la cultura de esos países en sus páginas, y Rius lo es de México. Tenía todo el mérito para estar allí al igual que Carlos Fuentes, Octavio Paz o Rufino Tamayo. Lo sorprendente era la tolerancia del grupo empresarial, que en otra época simplemente lo hubieran prohibido y a mí me hubieran echado. Pero eran nuevos tiempos.
    Un día Alicia Velázquez, mi amiga y responsable de la atención a la prensa en la Editorial Grijalbo, me invitó a la presentación de un libro en el Museo de la Caricatura en el Centro Histórico. “Va a estar Rius”, me dijo. No dudé en asistir y por fin pude estrechar la mano del genial maestro que empecé a leer desde niño y que en tantas lecturas y temas me había guiado. Nada le dije de la carta, de ese viejo número de Los Agachados que evolucionó a libro, el AbeChé, ni de la entrevista que le habíamos realizado recientemente. En realidad éramos dos viejos conocidos.
    Hoy, entre la barahúnda mediática desatada por el centenario del nacimiento de varios grandes (Paz, Revueltas, Efraín Huerta, Cortázar et al.), no debemos olvidar a Rius que cumple 80 años. Es de bien nacidos ser agradecidos, nos recuerda la profesora Guillermina Saavedra, y mucho debemos a Eduardo del Río (Zamora, Michoacán, 1934). De sus 130 libros publicados, en la biblioteca de nuestro plantel Vallejo existen 92 títulos, y los más leídos son La trukulenta historia del kapitalismo, Filosofía para principiantes, Marihuana y otras debilidades y La panza es primero. Hay que leerlos todos.
    Si de niño me desternillaban de risa situaciones como ver en una esquina de San Garabato de la Tunas Cuc., el pueblo de Los Supermachos, una escuela con el nombre de “El Niño Artillero”, y en la otra una cantina llamada “El Niño Perdido”, hoy me alegra ver en Rius al monero crítico y congruente que siempre ha sido. Ha sabido actualizar y rectificar sus ideas (de Cuba para principiantes a Lástima de Cuba, por ejemplo), ha sabido formar una cauda de nuevos caricaturistas que sin duda continuarán su obra, sigue enseñando en sus libros y en El Chamuco, y ha sabido mantenerse vigente y creíble. Por eso es el joven Rius.
    


No hay comentarios:

Publicar un comentario

  Jamás adoctrinar Adoctrinar: instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o cre...