domingo, 5 de octubre de 2014

EL SIGLO DE PERICLES. Un recorrido por los periodos más sobresalientes en la creación artística, la invención y los descubrimientos científicos.



Del Siglo de Pericles al Siglo Mediático
NOÉ AGUDO

Cuando se observan los periodos de auge de la ciencia y el desarrollo de las artes, de las técnicas y de la cultura en general, uno se pregunta qué resortes sociales se activaron para provocar tal florecimiento de la creatividad humana, cuyos efectos bienhechores se siguen percibiendo a lo largo de centurias e incluso milenios.
    Para la cultura occidental –de la cual somos parte−, tal vez el ejemplo paradigmático de un periodo así, por ser el inicial y porque a la distancia es posible observar los mecanismos que lo hicieron posible, es sin duda el llamado “siglo de Pericles” (500-400 a. C.). Como se sabe, Pericles (494-429 a. C.) es el estratega bajo cuyo gobierno la cultura griega vivió su edad dorada. Supo rodearse de los hombres más sobresalientes de su tiempo: políticos, filósofos, arquitectos, científicos, escultores, historiadores y escritores; incluso de las hetairas (su esposa fue una de ellas), que entonces eran mujeres libres e independientes, destacadas por su formación cultural y por su influencia en los círculos intelectuales y políticos. (Digo entonces porque posteriormente hetaira fue un término que sirvió para designar a las mujeres públicas.)
    Bajo Pericles la Grecia clásica alcanzó su cenit. Comediógrafos como Aristófanes y trágicos como Sófocles y Esquilo escribieron sus obras inmortales; filósofos como Anaxágoras (adelantó que la Luna tenía valles y montañas como la Tierra) y Demócrito, el de la teoría atómica del universo, elaboraron interpretaciones racionales de la naturaleza; el astrónomo Filolao planteó que la Tierra, el Sol, la Luna y los planetas giraban alrededor de un fuego central; de él abrevará Aristarco más adelante para elaborar la primera teoría heliocéntrica; Sócrates propuso el conocimiento como fin supremo en la vida del hombre; Herodoto, Tucídides y Jenofonte cultivaron la historia y desde entonces, dependiendo del estilo de abordarla, la situaron entre el arte y la ciencia; fue el siglo de los escultores Mirón, Policleto y Fidias, quien esculpió las más perfectas estatuas de la antigüedad y decoró el Partenón, pues Pericles ordenó la reconstrucción de la Acrópolis, al igual que la construcción del templo de Zeus en Olimpia y el de Apolo en Delfos; fue él quien dio esplendor a las grandes fiestas religiosas como las Panateneas y las Dionisiacas que, como su nombre lo dice, se hacían en honor de Atenea y Dionisio respectivamente, impulsando con ellas el género dramático; el ambiente de libertad propició el surgimiento de los sofistas como Protágoras, aunque también el de logócratas como Isócrates y Demóstenes, quienes al redactar sus discursos crearon una forma nueva del lenguaje caracterizada por su claridad y pureza; con ellos la elocuencia fue elevada a la categoría de arte; bajo el reinado de Pericles adquiere categoría la ciencia médica con Hipócrates, cuya teoría de los cuatro fluidos aún subsiste hasta nuestros días. ¿Qué motivó tal esplendor?
    Sin duda la cualidad visionaria de Pericles, un verdadero estadista que supo consolidar las instituciones democráticas y apoyar la cultura para el desarrollo. Recuperó la figura de los estrategas, por ejemplo, creada por su antecesor Efialtes. (Atenas era gobernada en su tiempo por diez estrategas, quienes representaban el mismo número de tribus de los ciudadanos.) Creó la mitosforia, un salario especial para los ciudadanos que asistían a la Asamblea, razón por la cual siempre estaba llena; fomentó la construcción de grandes obras públicas, activó la economía, mejoró la calidad de vida de los atenienses que, no obstante ser modesta y sin grandes lujos, vivían holgadamente gracias al comercio marítimo, la agricultura y la industria artesanal. Con Pericles adquiere forma por primera vez una ciudad-estado de clase media donde la soberanía popular, la libertad y la igualdad son valores cívicos que los ciudadanos disfrutan, el gobierno promueve y la sociedad requiere para su existencia. Por eso pudo gobernar durante más de 30 años. Por eso la ciencia, las artes y la cultura florecieron con tal esplendor. Por eso se habla del siglo de Pericles.
    Normalmente los periodos son generalizaciones que los estudiosos proponen para definir y comprender una serie de hechos y fenómenos en un determinado lapso de tiempo; ni tienen un punto inicial específico ni terminan el último año que se fija para tal periodo: todos los productos culturales que aparecen bajo el Siglo de Pericles tienen sus antecedentes, y, de igual forma, no se agotarán con su muerte: la teoría hipocrática sobre los fluidos pervivirá durante casi dos mil años; las ideas de Filolao las retomará y perfeccionará Aristarco de Samos casi dos siglos después, y Copérnico provocará un cambio de paradigma acerca del universo cuando proponga que la Tierra no es su centro, sino el Sol, casi mil 800 años después. (Me gustan las edades que G. Vico establece para estudiar el arte, por ejemplo: la Edad Teocrática, la Aristocrática, la Democrática y Harold Bloom agrega la Edad Caótica, la de nuestros días.)
    Por eso otros periodos, mientras más cercanos, menos fácil determinar los factores que los hicieron posibles. Tengo una atracción especial por el siglo XVI de nuestra era, el siglo de Copérnico, de Galileo y Kepler; el de la Reforma protestante, el de las crónicas de Indias, el de la exploración de los cuatro puntos de la Tierra; el que vio nacer a casi todos los poetas, dramaturgos y novelistas del Siglo de Oro de la literatura española; el de los Ensayos de Montaigne y Bacon; el del origen de México como Nueva España; el del Nican Mopohua; pero también el del Concilio de Trento, el del Index y el de la Inquisición; el siglo que ha de culminar entregando a Giordano Bruno a la hoguera. La literatura de este siglo no hubiera sido posible sin Dante, Petrarca y Bocacccio (del siglo XIV), ni el redescubrimiento de los clásicos griegos y latinos sin la invención de la imprenta en el siglo XV, ni la reforma luterana sin las ideas humanistas de Tomas Moro y Erasmo. Un entrelazamiento que es continuidad, consecuencia y causa del Siglo de las Luces en el XVIII. Algo que trataremos de discernir en la segunda parte de este trabajo.
    Por ahora, y para agregar otro dato que confirma cómo fue el ambiente “progresista” creado por Pericles el que generó el cenit inigualable de la cultura clásica griega, dejo a ustedes parte de “Un decálogo para el desarrollo”, artículo con el que Héctor Tajonar sintetiza admirablemente lo esencial de La cultura importa. De la forma como los valores conforman el progreso humano, libro editado por Lawrence E. Harrison y Samuel Huttington:

1. Las culturas ‘progresistas’ enfatizan el futuro; las ‘estáticas’ dan mayor importancia al presente o el pasado. La orientación hacia el futuro implica una visión progresiva del mundo, capacidad de influir sobre nuestro propio destino; se recompensa a la virtud en esta vida y, en consecuencia, ofrece resultados económicos positivos.

2. En las culturas ‘progresistas’, el trabajo es considerado fundamental para lograr el bienestar y constituye la estructura de la vida cotidiana; la diligencia, creatividad y logros se recompensan no sólo financieramente sino también son motivo de satisfacción y respeto personal. En contraste, las culturas ‘estáticas’ consideran el trabajo como una carga.

3. La sobriedad es la base de la inversión y de la seguridad financiera en las culturas ‘progresistas’; en tanto que en las ‘estáticas’ representan un reto frente al ‘statu quo igualitario’ basado en una visión suma-cero del mundo.

4. La educación es la llave del progreso en las culturas ‘progresistas’; en las ‘estáticas’ tiene una importancia marginal, salvo para las élites.

5. El mérito personal es el factor central para avanzar en las culturas ‘progresistas’, mientras que las relaciones y la familia son lo que más cuenta en las culturas ‘estáticas’.

6. En las culturas ‘progresistas’, la esfera de identificación y confianza se extiende a la sociedad en su conjunto. En cambio, las ‘estáticas’ circunscriben la comunidad al ámbito familiar, además de ser más proclives a la corrupción, la evasión fiscal y el nepotismo, al tiempo que menos proclives a la filantropía.

7. El código ético tiende a ser más riguroso en las culturas ‘progresistas’. Con algunas excepciones como Bélgica, Taiwán, Italia o Corea del Sur, las democracias avanzadas son menos corruptas que los países en vías de desarrollo.

8. La justicia y la equidad son principios universales e impersonales en las culturas ‘progresistas’. En las culturas ‘estáticas’ la justicia, al igual que el progreso personal, suele depender de a quién se conoce o de cuánto se puede pagar.

9. En las culturas ‘progresistas’ la autoridad tiende a la dispersión y la horizontalidad; al contrario de la tendencia a la concentración y la verticalidad prevaleciente en las culturas ‘estáticas’.

10. Las culturas ‘progresistas’ son seculares, la influencia de las instituciones religiosas es limitada; al contrario de las culturas ‘estáticas’ en las que las iglesias tienen gran influencia en la vida cívica. Mientras la heterodoxia y el disenso son estimulados en las culturas ‘progresistas’, la ortodoxia y el conformismo son la norma en las ‘estáticas’.

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