viernes, 30 de mayo de 2014

PROFESORES: HELOS AHÍ

HORAS AHORCADAS
NOÉ AGUDO (15/MAYO/2014)
       
Helos ahí

Helos ahí, plantados en su oficio cual centenarios ahuehuetes en su persistente labor de crear savia nutricia para reverdecer su follaje, fortalecer sus raíces y extender sus ramas para recibir a diario a las numerosas aves que buscan conocimiento y aprenden a volar entre su fronda.
    Helos ahí, pacientes y tolerantes ante los denuestos y epítetos que los medios de información −sobre todo los pertenecientes a empresas que desearían ver privatizada la educación− arrojan contra ellos, especialmente cuando levantan la voz para exigir respeto a su trabajo, un sueldo justo y reclamar la dignidad para su oficio.
    Helos ahí, pacientes y prudentes ante ese acoso cuyo nombre mismo es carcelario, el rondín, una afrenta porque quienes los ordenan saben bien quiénes son los que faltan, quiénes cobran y no trabajan y sólo aparecen los días de quincena.
    Helos ahí, rodeados de basura, muebles destrozados, pizarrones manchados, muros acribillados por el grafiti, impartiendo una educación a contracorriente de la televisión, la internet, las omnipresentes pantallitas de los celulares y otras prótesis cuyo efecto común es la pérdida de atención y concentración del estudiante, pero que ellos tienen la obligación de restituir.
    Helos ahí, adustos y estoicos ante las borrascas generadas por pillos y bribones disfrazados de líderes sindicales, los vivillos de siempre, y las burocracias doradas que los usan como botín político o escala para trepar.
    Helos ahí, divididos y confundidos, porque no hay mejor forma de control que crear la división y de paso engañarlos con el señuelo de las plazas de carrera, los mejores sueldos, los estímulos, y sembrar la insidia de que hay unos más competentes que otros, o más preparados que otros, o mejores que otros. Todo ello a sabiendas de que jamás habrá suficientes plazas para todos, pues sólo se trata de una perversa forma de control.
    Helos ahí, con la tentación del retiro, pero indeclinables en el esfuerzo de trabajar hasta el último aliento, pues saben que pensión y retiro son sinónimos de indigencia, dados los sueldos miserables que sólo servirán para pagar la casa, la hipoteca o las medicinas para enfermedades y achaques, lo único seguro al final de una vida de entrega.
    Helos ahí, envejecidos sus troncos y angostadas sus raíces, pero firme la mirada en el horizonte, a la espera de ese día luminoso en el que todos puedan contar con una plaza digna, estabilidad en el empleo y una justa retribución a su trabajo. Helos ahí, mis colegas, mis compañeros, mis hermanos. Yo mismo como la esperanza que extiende su mano hacia el futuro.
Final de semestre
Desalentador el panorama que se nos ofrece cada fin de cursos: un desplome brutal de la educación, sólo alterado por dos o tres alumnos, los infaltables de siempre, cuyo buen rendimiento es más bien para confirmar la regla, mas no constituye un indicio con el cual nos podamos reconfortar un poco. ¿Qué pasaría si sólo aprobáramos a los dos o tres sobresalientes de cada grupo? ¿Qué hemos hecho para que el nivel de exigencia y rigor hayan caído tan bajo? ¿De verdad somos los profesores los responsables de esta situación?
    Son preguntas retóricas, por supuesto. A diario converso con colegas que se actualizan, que preguntan por cursos para adquirir nuevos aprendizajes y habilidades, que se han inscrito para realizar una maestría o un doctorado, que se esfuerzan por ser mejores. ¡Y cómo no, si en ello se juegan la posibilidad de que les asignen grupos, un mejor horario o aspirar a una mejor plaza!
    El déficit de conocimientos con que los alumnos concluyen su bachillerato se debe a numerosos factores, de los cuales los profesores somos solamente uno, y ni siquiera el principal. En primer lugar está la falta de motivación de los estudiantes, provenientes de un contexto social difícil, con hogares problemáticos, donde no se comprende aún el bienhechor efecto de la educación, y sólo se envía a los jóvenes a la escuela con el fin de entretenerlos un poco mientras terminan de crecer para poder trabajar.
    En segundo lugar están los modelos que propone una sociedad con una profunda desigualdad: con una clase gobernante y política corrupta e inepta; con empresarios voraces y acostumbrados a ganar sólo mediante trampas y sobornos; con medios de información masiva manipuladores y engañosos; con modelos de éxito reservado a los criminales, ladrones y toda suerte de transgresores. En esta sociedad el trabajo, la educación, la constancia y la honradez son valores que se ven más bien como obstáculos y no como indispensables para lograr una vida digna.
    Al hablar de medios debemos considerar otro hecho que las escuelas han ignorado hasta hoy: en qué aspectos contribuyen realmente esos medios a la educación y en cuáles sólo son un profundo distractor, o agentes de perturbaciones todavía mayores. Cualquier profesor de lectura sabe que ya casi nadie lee o es incapaz de emprender sesiones prolongadas de lectura. Y lo mismo sucede con la escritura. ¿O acaso ya no son necesarias? ¿Acaso la televisión, Internet, los videojuegos y los teléfonos celulares son ajenos a esta situación?
    La escuela tiene su responsabilidad en esta caída del rigor y la calidad, por supuesto, y casi siempre debe actuar a contracorriente cuando su deseo de luchar contra esta situación es sincero. Pero más que escuela debemos hablar de sistema educativo. Hoy nos amanecimos con la noticia de que casi mil quinientos profesores del estado de Hidalgo, todos nacidos en 1912, cobran como mínimo 148 mil pesos mensuales. Me conformaría con conocer a uno de esos profesores centenarios. También nos enteramos que 70 profesores, casi todos de Veracruz, ganan 193 mil pesos mensuales. ¡Más que el presidente de la República, y sin considerar otras prestaciones como aguinaldo y vacaciones! El colmo es que en Oaxaca, uno de los estados más pobres y con mayor atraso en la educación, vive un tal A. Ramírez Z., quien cobró 603 mil pesos mensuales en el último trimestre. Según el Instituto Mexicano para la Competitividad, se gastan 33 millones de pesos diarios en nóminas fantasmas. Y de 24 mil 230 nóminas de escuelas fantasmas, 14 mil 650 están en Oaxaca. Bien, pues todo esto no sería posible sin un sistema educativo uncido a las prácticas corporativistas y corruptas de un gobierno que ha empleado a millones de profesores para ganar votos, imponer sus políticas y mantener durante décadas el control del magisterio.
    Por eso he dicho que en la UNAM la crítica y la denuncia de la corrupción y la ineptitud no constituyen un derecho sino una obligación. Si no lo hacemos en poco tiempo nos pareceremos a ese sistema del que hoy se empieza a conocer el desastre en que hundió a la educación básica del país. Afortunadamente, hoy estrenamos dirección general y dirección del plantel Vallejo. En las pláticas que hemos sostenido con el director general, y con el director del plantel, ambos se han comprometido a actuar con transparencia, con apego estricto a la normatividad y sin preferencia por ningún grupo o persona. El propósito es lograr esa educación de calidad de la que tanto se habla pero pocos hacen algo por lograrla. Un ejemplo: el caso de las plazas de carrera a contrato, las que fueron otorgadas van de regreso y se someterán a concurso. Y la atribución que los directores tienen de otorgar dichas plazas por el Artículo 51, el doctor Ceja Pizano renuncia a ella y, sólo si fuera necesario, se hará mediante la aprobación de una comisión de profesores que actúen con imparcialidad y probidad. La lista jerarquizada se limpiará, se rehará en un marco de transparencia, para que la asignación de grupos se haga conforme a derecho y no beneficiando a familiares o favoritos.
    Si nuestros directivos son capaces de corregir los vicios que tanto perjudicaron la vida del Colegio, los auténticos profesores estaremos con ellos para apoyarlos en esa tarea. Es el momento de presentar propuestas, estudios y proyectos que recuperen la vida académica, que superen los obstáculos para lograr esa enseñanza de calidad que todos anhelamos. Un ejemplo: debemos hacer que las maestrías, diplomados y cursos sean para mejorar como docentes y no sólo para obtener constancias y ocupar un mejor lugar en el escalafón. Debemos pugnar por un mayor egreso, es cierto, pero que los estudiantes adquieran conocimientos útiles para continuar sus estudios. Etcétera.
    Un logro poco conocido y visto de la nueva administración del plantel fue desalojar toneladas de basura que se amontonaban en una zona de las instalaciones. ¡Que este logro sea una metáfora de las transformaciones más profundas que se requieren y han de venir!


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