HORAS AHORCADAS
NOÉ AGUDO
(15/MAYO/2014)
Helos ahí
Helos ahí,
plantados en su oficio cual centenarios ahuehuetes en su persistente labor de
crear savia nutricia para reverdecer su follaje, fortalecer sus raíces y
extender sus ramas para recibir a diario a las numerosas aves que buscan
conocimiento y aprenden a volar entre su fronda.
Helos ahí, pacientes y tolerantes ante los
denuestos y epítetos que los medios de información −sobre todo los
pertenecientes a empresas que desearían ver privatizada la educación− arrojan
contra ellos, especialmente cuando levantan la voz para exigir respeto a su
trabajo, un sueldo justo y reclamar la dignidad para su oficio.
Helos ahí, pacientes y prudentes ante ese
acoso cuyo nombre mismo es carcelario, el rondín, una afrenta porque quienes
los ordenan saben bien quiénes son los que faltan, quiénes cobran y no trabajan
y sólo aparecen los días de quincena.
Helos ahí, rodeados de basura, muebles
destrozados, pizarrones manchados, muros acribillados por el grafiti,
impartiendo una educación a contracorriente de la televisión, la internet, las
omnipresentes pantallitas de los celulares y otras prótesis cuyo efecto común
es la pérdida de atención y concentración del estudiante, pero que ellos tienen
la obligación de restituir.
Helos ahí, adustos y estoicos ante las
borrascas generadas por pillos y bribones disfrazados de líderes sindicales,
los vivillos de siempre, y las burocracias doradas que los usan como botín
político o escala para trepar.
Helos ahí, divididos y confundidos, porque
no hay mejor forma de control que crear la división y de paso engañarlos con el
señuelo de las plazas de carrera, los mejores sueldos, los estímulos, y sembrar
la insidia de que hay unos más competentes que otros, o más preparados que
otros, o mejores que otros. Todo ello a sabiendas de que jamás habrá
suficientes plazas para todos, pues sólo se trata de una perversa forma de
control.
Helos ahí, con la tentación del retiro,
pero indeclinables en el esfuerzo de trabajar hasta el último aliento, pues
saben que pensión y retiro son sinónimos de indigencia, dados los sueldos
miserables que sólo servirán para pagar la casa, la hipoteca o las medicinas
para enfermedades y achaques, lo único seguro al final de una vida de entrega.
Helos ahí, envejecidos sus troncos y
angostadas sus raíces, pero firme la mirada en el horizonte, a la espera de ese
día luminoso en el que todos puedan contar con una plaza digna, estabilidad en
el empleo y una justa retribución a su trabajo. Helos ahí, mis colegas, mis
compañeros, mis hermanos. Yo mismo como la esperanza que extiende su mano hacia
el futuro.
Final de semestre
Desalentador el
panorama que se nos ofrece cada fin de cursos: un desplome brutal de la
educación, sólo alterado por dos o tres alumnos, los infaltables de siempre,
cuyo buen rendimiento es más bien para confirmar la regla, mas no constituye un
indicio con el cual nos podamos reconfortar un poco. ¿Qué pasaría si sólo
aprobáramos a los dos o tres sobresalientes de cada grupo? ¿Qué hemos hecho
para que el nivel de exigencia y rigor hayan caído tan bajo? ¿De verdad somos
los profesores los responsables de esta situación?
Son preguntas retóricas, por supuesto. A
diario converso con colegas que se actualizan, que preguntan por cursos para
adquirir nuevos aprendizajes y habilidades, que se han inscrito para realizar
una maestría o un doctorado, que se esfuerzan por ser mejores. ¡Y cómo no, si
en ello se juegan la posibilidad de que les asignen grupos, un mejor horario o
aspirar a una mejor plaza!
El déficit de conocimientos con que los
alumnos concluyen su bachillerato se debe a numerosos factores, de los cuales
los profesores somos solamente uno, y ni siquiera el principal. En primer lugar
está la falta de motivación de los estudiantes, provenientes de un contexto
social difícil, con hogares problemáticos, donde no se comprende aún el
bienhechor efecto de la educación, y sólo se envía a los jóvenes a la escuela
con el fin de entretenerlos un poco mientras terminan de crecer para poder
trabajar.
En segundo lugar están los modelos que
propone una sociedad con una profunda desigualdad: con una clase gobernante y
política corrupta e inepta; con empresarios voraces y acostumbrados a ganar
sólo mediante trampas y sobornos; con medios de información masiva
manipuladores y engañosos; con modelos de éxito reservado a los criminales,
ladrones y toda suerte de transgresores. En esta sociedad el trabajo, la
educación, la constancia y la honradez son valores que se ven más bien como
obstáculos y no como indispensables para lograr una vida digna.
Al hablar de medios debemos considerar otro
hecho que las escuelas han ignorado hasta hoy: en qué aspectos contribuyen
realmente esos medios a la educación y en cuáles sólo son un profundo
distractor, o agentes de perturbaciones todavía mayores. Cualquier profesor de
lectura sabe que ya casi nadie lee o es incapaz de emprender sesiones
prolongadas de lectura. Y lo mismo sucede con la escritura. ¿O acaso ya no son
necesarias? ¿Acaso la televisión, Internet, los videojuegos y los teléfonos
celulares son ajenos a esta situación?
La escuela tiene su responsabilidad en esta
caída del rigor y la calidad, por supuesto, y casi siempre debe actuar a
contracorriente cuando su deseo de luchar contra esta situación es sincero.
Pero más que escuela debemos hablar de sistema educativo. Hoy nos amanecimos
con la noticia de que casi mil quinientos profesores del estado de Hidalgo,
todos nacidos en 1912, cobran como mínimo 148 mil pesos mensuales. Me
conformaría con conocer a uno de esos profesores centenarios. También nos
enteramos que 70 profesores, casi todos de Veracruz, ganan 193 mil pesos
mensuales. ¡Más que el presidente de la República, y sin considerar otras
prestaciones como aguinaldo y vacaciones! El colmo es que en Oaxaca, uno de los
estados más pobres y con mayor atraso en la educación, vive un tal A. Ramírez
Z., quien cobró 603 mil pesos mensuales en el último trimestre. Según el
Instituto Mexicano para la Competitividad, se gastan 33 millones de pesos
diarios en nóminas fantasmas. Y de 24 mil 230 nóminas de escuelas fantasmas, 14
mil 650 están en Oaxaca. Bien, pues todo esto no sería posible sin un sistema
educativo uncido a las prácticas corporativistas y corruptas de un gobierno que
ha empleado a millones de profesores para ganar votos, imponer sus políticas y
mantener durante décadas el control del magisterio.
Por eso he dicho que en la UNAM la crítica
y la denuncia de la corrupción y la ineptitud no constituyen un derecho sino
una obligación. Si no lo hacemos en poco tiempo nos pareceremos a ese sistema
del que hoy se empieza a conocer el desastre en que hundió a la educación
básica del país. Afortunadamente, hoy estrenamos dirección general y dirección
del plantel Vallejo. En las pláticas que hemos sostenido con el director
general, y con el director del plantel, ambos se han comprometido a actuar con
transparencia, con apego estricto a la normatividad y sin preferencia por
ningún grupo o persona. El propósito es lograr esa educación de calidad de la
que tanto se habla pero pocos hacen algo por lograrla. Un ejemplo: el caso de
las plazas de carrera a contrato, las que fueron otorgadas van de regreso y se
someterán a concurso. Y la atribución que los directores tienen de otorgar
dichas plazas por el Artículo 51, el doctor Ceja Pizano renuncia a ella y, sólo
si fuera necesario, se hará mediante la aprobación de una comisión de
profesores que actúen con imparcialidad y probidad. La lista jerarquizada se
limpiará, se rehará en un marco de transparencia, para que la asignación de
grupos se haga conforme a derecho y no beneficiando a familiares o favoritos.
Si nuestros directivos son capaces de
corregir los vicios que tanto perjudicaron la vida del Colegio, los auténticos
profesores estaremos con ellos para apoyarlos en esa tarea. Es el momento de presentar
propuestas, estudios y proyectos que recuperen la vida académica, que superen
los obstáculos para lograr esa enseñanza de calidad que todos anhelamos. Un
ejemplo: debemos hacer que las maestrías, diplomados y cursos sean para mejorar
como docentes y no sólo para obtener constancias y ocupar un mejor lugar en el
escalafón. Debemos pugnar por un mayor egreso, es cierto, pero que los
estudiantes adquieran conocimientos útiles para continuar sus estudios.
Etcétera.
Un logro poco conocido y visto de la nueva
administración del plantel fue desalojar toneladas de basura que se amontonaban
en una zona de las instalaciones. ¡Que este logro sea una metáfora de las
transformaciones más profundas que se requieren y han de venir!
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