¿Observatorio
Universitario de Transparencia?
NOÉ AGUDO
(18/XI/2013)
Es enorme, apasionante y ardua la tarea que profesores, estudiantes
y comunidad en general tenemos por delante si queremos rescatar a nuestro
Colegio de la mediocridad y la corrupción en que lo han hundido. Éstas han
invadido su organismo como un cáncer maligno y sus defensas no lucen fuertes ni
lozanas para rechazarlas: temor, apatía, ignorancia y aun cierta complicidad por
parte de algunos integrantes las bloquean y anulan. Pese a todo, un puñado de
profesores nos citamos el jueves pasado, sopesamos la dimensión del problema y
hallamos que son muchas las acciones factibles de realizar para revertir esta
situación.
En principio, es
conveniente aclarar que dicha asamblea fue propuesta para tratar problemas
específicos, como son la asignación de grupos a profesores de asignatura, el
obsequio discrecional y arbitrario de plazas definitivas y de carrera, y la
manipulación de los criterios para la permanencia y promoción de los programas
de desempeño con que se evalúa a los profesores de carrera. Escuchar la
exposición de los casos presentados y conocer los pormenores con que las
autoridades niegan y burlan los derechos de los universitarios, y aun tratan de
justificar sus acciones para beneficiar a un puñado de incondicionales
(normalmente familiares y amigos) y perjudicar a la mayoría, provoca indignación,
pero sobre todo muestra hasta qué punto el Colegio requiere de una reforma
profunda, pues si bien dichas medidas repercuten directamente en la situación
laboral y salarial de los profesores, es en la calidad de la enseñanza que
imparte esta institución donde se asienta el daño mayor.
Véase si no la siguiente
relación: el propósito de las autoridades es sólo aumentar el número de egresados,
sin atender la calidad de la enseñanza con que los alumnos egresan; ninguna
otra escuela de la UNAM posee tantos programas para facilitarlo como el CCH, y
ni así logran elevar el número de egresados; esto significa que están
intentando corregir el efecto, mas no la causa del rezago; el Colegio se ha
convertido en una escuelita de inglés y cómputo, perdiendo así sus principios
filosóficos, trastocando su modelo educativo y tergiversando su carácter
especial de bachillerato con que fue creado. Algunos ejemplos: los modernos y
novísimos laboratorios para la enseñanza de las ciencias experimentales no
sirven; la enorme mayoría de los profesores que atiende a los alumnos (el 85
por ciento) son de asignatura, es decir, con una condición laboral inestable; en
los hechos se les ha condenado a envejecer y retirarse en estas condiciones,
pues las convocatorias para competir por plazas de carrera −si aparecen y no
vienen destinadas a favorecer a los recomendados
de las autoridades− establecen como requisito indispensable tener menos de 35
años, lo cual, además de constituir una brutal discriminación, viola
flagrantemente la Constitución, la Ley Federal del Trabajo, el Estatuto del
Personal Académico de la UNAM y los Derechos Humanos Fundamentales de los
Trabajadores; por otra parte, la actual dirección ha abusado de la contratación
de cientos de profesores sin examen filtro, o provenientes de escuelas patito
como la universidad ICEL, o incluso sin titularse, ya que esta política les
permite controlarlos y disponer de un ejército que obligadamente apoye sus
decisiones, perjudicando así a quienes fueron formados en la UNAM y han logrado
ingresar gracias a sus conocimientos, experiencia y cumplimiento de los
procedimientos que establece la legislación universitaria; encima, la dirección
crea con esta política una mayor división entre los docentes e incluso un posible
enfrentamiento, pues los azuza para que informen, denuncien y revelen quiénes
están en contra de esta situación.
Por eso conviene informar
a quienes no pudieron asistir que en la asamblea estuvimos profesores de
asignatura, interinos y definitivos, y también maestros de carrera. Porque así
es como debemos actuar: unidos. Porque esto es lo primero que debemos
reconocer: las diversas categorías creadas entre el profesorado sólo sirve a las
autoridades para dividirnos. Ni los profesores de asignatura son menos
eficientes ni ser profesor de carrera es garantía de calidad. Sólo algunos han
obtenido los más altos niveles por su preparación y méritos; otros porque
estuvieron en el momento oportuno, otros por buena suerte y otros más porque las
autoridades obsequian dichas plazas a familiares y amigos. Por si fuera poco,
no han existido, no existen ni existirán suficientes convocatorias para todos
los profesores que desean promoverse a mejores categorías. Así pues, esto es
sólo parte de una política de división y quienes no lo reconocen saben que se
prestan a un juego perverso (los “abajo firmantes” los ha bautizado con ironía
un valiente profesor de carrera), donde intercambian su apoyo y firmas por prebendas
como la permanencia y promoción de las mejores primas de desempeño.
Pudimos enterarnos
así de múltiples hechos que reflejan este nivel de corrupción que hoy vive el
Colegio. Un caso: un profesor de asignatura se presenta a concursar por una
plaza de carrera, se prepara y cumple pacientemente con todos los requisitos,
tiene la antigüedad y ha logrado méritos suficientes, está convencido de
realizar un excelente papel en el concurso, etc. Pues bien, cuando aparecen los
resultados le informan simplemente que perdió. Pide una revisión: le contestan
que él no puede estar personalmente en ese proceso, sino que debe nombrar a alguien
que lo represente. Nombra a su representante, éste acude, pero sólo para
escuchar que su representado estuvo muy mal, que todo lo hizo deficientemente y
que en síntesis presentó un mal trabajo. Cuando solicita ver el del otro
concursante, el que supuestamente ganó, le dicen que no es posible, que no está
permitido; con esta triquiñuela le niegan el derecho a conocer los resultados.
¿Quién puede estar seguro así de haber perdido y de que se trató de un
procedimiento limpio? ¿Es esto transparencia?
Otro caso: un excelente
profesor de carrera, con grado de doctor, a quien el Consejo Técnico evalúa en
un periodo como satisfactorio y de buen desempeño, y lo propone incluso para un
nivel más alto, nivel “D” del PRIDE (Programa de Primas al Desempeño del
Personal Académico de Tiempo Completo), en el siguiente lo devalúa al nivel 0
(¡nivel cero!). Conocer las artimañas y trampas para realizar y pretender
justificar esta canallada es presenciar una historia rocambolesca, plagada de
mentiras, complicidades y perversiones dignas de dictadorzuelos de lugares y
tiempos que creíamos ya superados, pero que hoy vemos cómo subsisten en el CCH.
Por suerte, se han topado con un experto en Derecho y una paciencia a toda
prueba para recurrir a los intrincados procedimientos que marca la legislación
universitaria, y las leyes que están más allá de ésta. La CNDH, por ejemplo, ya
dio entrada a su queja y pronto se pronunciará al respecto.
¿Y qué decir de los
casos de profesores de asignatura a quienes les asignan los peores horarios,
les niegan grupos o les ocultan los definitivos para que puedan promoverse?
¿Qué decir de quienes llevan veinte, treinta o cuarenta años en esa categoría
porque las convocatorias nunca aparecen o los concursos son amañados? ¿Qué decir
de la discriminación, segregación y condena a que los han sometido, al negarles
el derecho a promoverse porque son mayores de 35 años? Si han dedicado su vida
a la enseñanza; si han preferido sacar adelante a los alumnos y no les han
pagado para titularse o estudiar una maestría como lo hacen los hijos, sobrinos
y demás familiares de los directores; si ellos cargan con la tarea fundamental
del Colegio, que es enseñar. Todos estos son signos ominosos de la enorme corrupción
en que han hundido al Colegio y que se esparce por sus órganos de conducción,
como son la dirección general, direcciones de planteles, consejo técnico,
comisiones dictaminadoras, consejos académicos, consejos internos y todos
aquellos que deberían servir para una convivencia ejemplar, sana y armónica de
su comunidad, pero que hoy sirve tan sólo para controlarla y sujetarla.
Por todas estas
razones los profesores decidimos crear un Observatorio Universitario de
Transparencia, encargado no sólo de conocer, reunir y difundir los diversos
casos, sino también de realizar acciones en defensa de los agraviados. ¿Quiénes
lo integrarán? Todos aquellos que sufren algún atropello, porque el
Observatorio inicia con la denuncia de los casos y continúa con la difusión y
ejercicio de acciones en pro de su resarcimiento. El próximo semestre se
renovará la dirección general y la dirección del plantel Vallejo. Los que
aspiran a la dirección general son la profesora Muñoz Corona, quien busca su
reelección y con ésta cuatro años más de mediocridad y corrupción; los
profesores Rito Terán Olguín, que vuelve por sus fueros; Ernesto García
Palacios y Jaime Flores Suaste, que se inauguran como aspirantes. Pues bien,
quien quede al cargo debe pronunciarse ante esta problemática que hemos
reseñado en parte; debemos saber si tienen intención de resolverla y qué
planean hacer para lograrlo. Respecto a la dirección del plantel Vallejo,
requerimos alguien que no continúe la perniciosa política de beneficiar a
familiares, amigos y compadres, que no sea el director de un grupito, sino de
toda la comunidad, y esto se debe manifestar en su preocupación y atención para resolver los problemas de todos los profesores. Así como
ellos han elaborado un “Decálogo del profesor que deseamos”, así la comunidad
debe elaborar un documento que perfile el tipo de autoridades que se requieren
para los nuevos tiempos. El Colegio es algo más que “una escuela sin humo”. (Continuará.)
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