miércoles, 15 de febrero de 2017

México 1847-México 2017

MÉXICO 1847-MÉXICO 2017
NOÉ AGUDO (10/II/2017)

Hace exactamente 170 años Antonio López de Santa Anna se preparaba para enfrentar al invasor norteamericano Zachary Taylor en la Batalla de la Angostura, la cual ocurriría durante los días 22 y 23 de febrero de 1847. Fiel a su estilo y a su ineptitud como militar y estratega, Santa Anna abandona el campo de batalla no obstante tenerla ya casi ganada. Mientras, en la ciudad de México Valentín Gómez Farías enfrenta la rebelión de los Polkos que, azuzados por el clero, se oponen a un decreto que autoriza al gobierno federal apropiarse de los bienes de la Iglesia para repeler la invasión. (Los Polkos, debe recordarse, son batallones comandados por oficiales provenientes de las clases acomodadas y se les llama así por su gusto en bailar polkas, aunque también porque fueron partidarios de James K. Polk, el undécimo presidente norteamericano bajo cuyo mandato ocurrió la invasión a México.)
            Conocedor de la división entre los mexicanos y de los escasos recursos con que cuentan, Polk abre un segundo frente bajo el mando de Winfield Scott, quien en marzo de 1847 invade Veracruz. El ministro de Defensa de México, Valentín Canalizo, tiene diferencias con Santa Anna y esto impide rechazar con éxito al invasor. Winfield Scott toma el puerto de Veracruz y avanza hacia la ciudad de México apoyado por la Mexican Spy Company (Compañía de Espías Mexicanos), que le sirve de guía y lo ayuda para ganar la batalla de Cerro Gordo. En junio de este mismo año Matthew C. Perry invade y se apropia de Tabasco, poniendo al general Vant Brunt como gobernador. Scott avanza incontenible y se encuentra ya en las goteras de la ciudad. En agosto cae el Convento de Churubusco, donde el general mexicano Pedro María Anaya contesta al invasor general Twiggs, cuando pregunta dónde está el parque, aquella famosa frase de: “Si hubiera parque no estaría usted aquí”. En septiembre caen Molino del Rey y Chapultepec. Los norteamericanos toman la ciudad de México y Santa Anna renuncia.
            Nunca un pueblo fue tan pobre, débil e inerme, e incluso dispuesto en parte a entregarse al invasor. Sin duda la más grande de nuestras vergüenzas nacionales. Reflejo de las mezquindades y egoísmos personales, como en los días de hoy, existió una enorme división, desorganización, improvisación, carencia de recursos y ausencia de un mando unificado que el enemigo aprovechó. James Polk recomendaba a sus jefes militares alentar sublevaciones militares e indígenas (a los Polkos entregaron cincuenta mil dólares y lograron que la población indígena de Xichú se rebelara), promover el alejamiento de la población de su gobierno e incitar a la gente a mantener una actitud neutral ante la invasión. Sólo siete de los diecinueve estados de la República mexicana contribuyeron con hombres, armas y dinero para la defensa nacional.
            No es extraño así que en plena invasión el cónsul norteamericano Black John escribiera a su gobierno: “¿Qué pueden pensar las naciones extranjeras de esta gente, que bajo ninguna circunstancia deja de entregarse a luchas civiles para aniquilarse recíprocamente, no obstante que más de la mitad de su país se encuentra ocupado por fuerzas extranjeras y la otra en peligro de correr la misma suerte? Su conducta los exhibe como incapaces, tanto para gobernarse por sí mismos, como para ser gobernados por los demás, aunque su proceder los arrastra a este último destino, hasta el grado de que, si persisten un poco, no dejarán otra alternativa a nuestro país que someterlos a su protección paternal”.
            Como se ve, a 170 años de aquellos tristes sucesos seguimos siendo los mismos. Aunque los convocantes de “Vibra México” son personalidades, instituciones y asociaciones diversas, a una buena señora se le ocurrió convocar el mismo día y a la misma hora otra marcha. ¿Con qué fin? Con el obvio propósito de dividir, de causar confusión y de acaparar los reflectores, como siempre. Fue tan ridícula su propuesta que al fin aceptaron confluir simultáneamente las dos marchas en el Ángel de la Independencia a las dos de la tarde.
            Pero aún resta convencer a los otros, que envueltos en una pretendida pureza ideológica, se revuelven afanosos en las redes sociales y miran con desprecio ambas marchas porque son “para apoyar la unidad a la que llamó Peña Nieto”. Y la unidad, “¿para qué es?, ¿en torno a qué?”, se preguntan cogitabundos. Y difunden que la marcha está patrocinada por Televisa, por los ricos, etc. Estos marcharían felices pero al lado de la CNTE, de los vividores del crimen de Ayotzinapa, de los integrantes del pretendido “sindicalismo independiente” y de vaya a saber qué líderes que sus fantasías oníricas y onanistas engendran.
            “¡Raza maldita, amante de los sacrificios, adoradora de Huichilobos” escribió José Vasconcelos con amargura en El desastre.

NOTA

Redacto este texto luego de asomarme a las llamadas redes sociales y leer tal cantidad de sandeces, que van desde afirmar que una marcha del domingo 12 es para apoyar a Peña Nieto y la otra para increparle, o que una la organiza Televisa y la otra los que “no son televisos”. No puedo creer que dichas expresiones provengan de periodistas supuestamente informados, de académicos, de estudiantes y de gente que se la pasa en las redes y se espera que con alguna información cuenten. Yo simpaticé de inmediato con la primera propuesta (“Vibra México”) y ver allí nombres como los de la doctora María Amparo Casar, Sergio López Ayllón, e instituciones como la UNAM, el CIDE, El Colegio de México, la Universidad Iberoamericana y organizaciones civiles como Mexicanos Primero, Causa en Común y hasta publicaciones como Letras Libres y Nexos, me convencieron que es un llamado de una amplia porción de la diversa sociedad civil, y por eso allí estaré. Aunque este mensaje no guste a esos mexicanos que, como hace 170 años, contribuyeron con su cobardía y estupidez disfrazada de “diferencias” al naufragio del país. Domingo 12 a las 12:00, en el Auditorio Nacional.

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