Cuarenta
años después
NOÉ AGUDO
Hace cuarenta años que Elena Poniatowska no volvía al plantel
Vallejo. Cuando la llevamos por primera vez, allá por 1976, fue cuando murió el
gran escritor José Revueltas. Elena era ya toda una celebridad: La noche de Tlatelolco y Hasta no verte Jesús mío eran sus libros
más conocidos, y para los estudiantes que no habíamos participado directamente
en el movimiento del 68, porque éramos más jóvenes, la lectura de esos libros era
casi una obligación. Recuerdo que un grupo nos propusimos rendirle un homenaje
a Revueltas (teníamos una revista llamada El
Nieto del Ahuizote) y acudimos al Departamento de Difusión Cultural del CCH;
al frente de éste estaba una mujer que a mí me pareció hermosa, y más por el
trato que nos dio: nos escuchó atenta, le sorprendió que un grupo de jovenzuelos
quisiera hacerle un homenaje a este escritor heterodoxo, expulsado del Partido
Comunista donde militó y de casi todos los grupos que fundó. Nos preguntó por
qué a Revueltas y qué se nos ocurría. Le respondimos que era un escritor al que
admirábamos porque nunca se había plegado ciegamente a los dogmas, sino que
siempre tuvo una visión crítica de las
creencias de la izquierda, y lo que se nos ocurría era al menos una serie de pláticas
en torno a su obra porque debía ser conocida por más estudiantes. Está bien,
dijo, la organizaremos entre ustedes y Difusión Cultural. Era Elva Macías, una
poeta que después me dedicó su libro de poemas más reciente, cuando yo ya era
periodista y ella la directora del Museo del Chopo.
Y así fue
como se elaboró un hermoso cartel de color azul profundo con el retrato de
Revueltas y sus conocidas barbas de chivo que contrastaban con el fondo blanco
donde destacaba la siguiente leyenda: “EL NIETO DEL AHUIZOTE Y EL DEPARTAMENTO
DE DIFUSIÓN CULTURAL DEL CCH ORGANIZAN: HOMENAJE A JOSÉ REVUELTAS” y debajo
venían los nombres, hora y día en los que los participantes se presentarían:
Óscar Oliva, Eugenia Revueltas, Carlos Monsiváis, Jaime Labastida, Eraclio Zepeda
y Elena Poniatowska; además de su conferencia, la escritora develaría una placa
para bautizar una sala que llamábamos de “usos múltiples” (las actuales José
Revueltas y Emiliano Zapata que entonces eran una sola). En una mudanza perdí
este cartel que, al igual que el que elaboramos para Elena en esta semana,
varias personas lo despegaron con mucho cuidado para conservarlo como un
preciado regalo.
El día en
que Elena se presentaba nosotros nos citamos muy temprano para ir a vender El Nieto del Ahuizote en el Colegio de
Bachilleres, que está sobre Cien Metros. Nos fue bien, vendimos casi todos los
ejemplares que llevamos, así que al terminar compramos pan, jamón, chiles en
vinagre, naranjada y vodka, y sobre el camellón de Fortuna (aún no estaba ese
horrible puente vehicular que nos separó de la colonia) nos sentamos a
almorzar. Ya degustábamos nuestro vodka y habíamos comido cuando un compañero,
recuerdo que era “el Merlín”, llegó agitado hasta allí para decirme: “¡Noé, ya
llegó, ya llegaron esas personas!”. Ve y échate un rollo mientras termino, le
dije. Y allá fue el Merlín, a “echarse un rollo”. Elva Macías, esposa del gran
escritor chiapaneco Eraclio Zepeda, quien falleció el año pasado, fue
totalmente profesional. No sé cómo le hacía, pero siempre llegaba puntual con
los invitados. La sala estaba repleta, no con los tumultos que causó la
presencia de Elena hoy día, pero estaba llena sobre todo de estudiantes. Jorge
González Teyssier, entonces secretario académico del plantel, me había dicho que
en ese acto debía estar el director, el físico Rafael Velázquez Campos. Con
mucha arrogancia y mala educación (de las cuales hoy me avergüenzo y pido una
disculpa) le dije que no, que ese acto era de los estudiantes. Tolerante, Jorge
se retiró y nos dejó hacer sin crearnos ningún problema. Ese año era el último
que yo estaba en el plantel y cuando volví en 2006, treinta años después, vi
que la placa seguía allí. Lo único que hicieron fue colocarla en un lugar más
visible, a la entrada. La frase: “LA VERDAD ES REVOLUCIONARIA, PROVENGA DE
DONDE PROVENGA”, yo mismo la elegí de alguna entrevista que Revueltas concedió,
porque esas palabras lo exhiben entero: el revolucionario de mente abierta,
dispuesto a aceptar la verdad, por contraria que fuera a su ideología, y que no
la confundía con los dogmas que hoy persisten y a los que muchos se aferran
considerando que ésas son la verdad.
¿De qué
habló Elena ese día? Si hoy nos recordó que con el que sería su esposo,
Guillermo Haro, Revueltas y él terminaban en las cantinas, ese día también nos
platicó de las canciones que le gustaban: “Me trajeron a vender un santo/Y era
el santo más chingón de la galera”, de cómo era su vida en Lecumberri
(Revueltas pasó gran parte de su vida preso), de la escritura de El apando, que después se hizo película,
de cómo escapó a la agresión de los presos comunes que fueron azuzados contra
los presos políticos, de las tribulaciones para escribir “Hegel y yo”, un
cuento del cual no recuerdo en qué libro quedó recopilado, de lo que conversaban
cuando lo visitaba en Lecumberri y de tantos otros temas que ya no recuerdo bien, porque no ponía la suficiente
atención, preocupado como estaba por que no percibieran el olor a vodka que
seguramente traía.
¡Cuarenta
años es una barbaridad de tiempo! Sentado a su lado este viernes 15 de enero de
2016, y ante el tumulto que provocó su presencia, comprobé que Elena es un río
que ha ido sumando afluentes de afectos y lectores; jovencitas de quince o
dieciséis años, con la voz entrecortada y lágrimas desbordadas; profesoras
sollozando y también muchos machos a quienes vi cómo se les humedecían los ojos;
el plantel casi paralizado por su presencia, la Biblioteca insuficiente para
recibir a todos, por más que Dámaso y su equipo trataron de abrir el mayor
espacio posible y los técnicos colocaron bocinas en el exterior, y tantas manos
que se quedaron sin poder estrechar las suyas, tantos libros que se quedaron
sin la dedicatoria o al menos su firma, tantas palabras que se quedaron sin expresar,
pero también tantos corazones rebosantes de felicidad por llevarse un libro con
su dedicatoria, tantos ojos satisfechos por haberla visto, por tomarse una
valiosísima fotografía con ella, por saber que no sólo es una leyenda sino una
presencia viva, entrañable, amada, que entró por la puerta principal de la
Biblioteca del plantel Vallejo mientras sonaban los acordes de la Oda a la Alegría de Beethoven y tuvo que
retirarse por una puerta trasera pues el agotamiento, las gotas que reclamaban
sus ojos y las emociones que también la conmovieron profundamente, la ponían al
borde de un colapso que por suerte no sucedió… Todo esto, digo, procuraremos
registrar en una Gaceta digital que el mismo grupo de profesores que hizo
posible su visita está realizando y que presentaremos próximamente.
Por ahora
sólo me resta agradecer a mis compañeros de NUEVA SENDA ─Asociación de
Profesores del CCH que hemos creado para recuperar los principios primordiales
del Colegio y acotar a la burocracia inepta que sólo lo ve como botín o
propiedad particular suya─ que contribuyeron para hacer posible la visita de
Elena; a los alumnos que ayudaron en las diversas tareas, desde cuidar el orden,
realizar las fotografías y videos hasta ir por las flores; a la diseñadora Lizbeth
Morales López, quien hizo un cartel tan bonito que la misma Elena pidió
llevarse uno; a los profesores que colaboraron en las distintas actividades: maratón
de lectura, mesa redonda, participar con sus alumnos en la exhibición de los documentales
sobre la vida y obra de la escritora; al profesor Héctor Manuel por traer y
llevar a las dos importantes invitadas que tuvimos ─Guadalupe Loaeza y la
propia Elena─ y a quienes aportaron económicamente para los muchos gastos que
la organización de una semana de actividades así supone, también al director
del plantel y su equipo, que no escatimaron su apoyo, y a todos los que
asistieron a las diversas actividades. A quienes no pudieron acudir, les
adjunto la carta-invitación donde se explican los propósitos generales de esta
asociación para que los conozcan y se sumen a ella si así lo consideran.
Si contamos
con su paciencia y apoyo, la próxima semana nos leeremos ya en la gaceta
digital. ¡Hasta entonces!
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