sábado, 11 de junio de 2016

ELENA PONIATOWSKA, CUARENTA AÑOS DESPUÉS

Cuarenta años después
NOÉ AGUDO

Hace cuarenta años que Elena Poniatowska no volvía al plantel Vallejo. Cuando la llevamos por primera vez, allá por 1976, fue cuando murió el gran escritor José Revueltas. Elena era ya toda una celebridad: La noche de Tlatelolco y Hasta no verte Jesús mío eran sus libros más conocidos, y para los estudiantes que no habíamos participado directamente en el movimiento del 68, porque éramos más jóvenes, la lectura de esos libros era casi una obligación. Recuerdo que un grupo nos propusimos rendirle un homenaje a Revueltas (teníamos una revista llamada El Nieto del Ahuizote) y acudimos al Departamento de Difusión Cultural del CCH; al frente de éste estaba una mujer que a mí me pareció hermosa, y más por el trato que nos dio: nos escuchó atenta, le sorprendió que un grupo de jovenzuelos quisiera hacerle un homenaje a este escritor heterodoxo, expulsado del Partido Comunista donde militó y de casi todos los grupos que fundó. Nos preguntó por qué a Revueltas y qué se nos ocurría. Le respondimos que era un escritor al que admirábamos porque nunca se había plegado ciegamente a los dogmas, sino que siempre tuvo una visión crítica de  las creencias de la izquierda, y lo que se nos ocurría era al menos una serie de pláticas en torno a su obra porque debía ser conocida por más estudiantes. Está bien, dijo, la organizaremos entre ustedes y Difusión Cultural. Era Elva Macías, una poeta que después me dedicó su libro de poemas más reciente, cuando yo ya era periodista y ella la directora del Museo del Chopo.
            Y así fue como se elaboró un hermoso cartel de color azul profundo con el retrato de Revueltas y sus conocidas barbas de chivo que contrastaban con el fondo blanco donde destacaba la siguiente leyenda: “EL NIETO DEL AHUIZOTE Y EL DEPARTAMENTO DE DIFUSIÓN CULTURAL DEL CCH ORGANIZAN: HOMENAJE A JOSÉ REVUELTAS” y debajo venían los nombres, hora y día en los que los participantes se presentarían: Óscar Oliva, Eugenia Revueltas, Carlos Monsiváis, Jaime Labastida, Eraclio Zepeda y Elena Poniatowska; además de su conferencia, la escritora develaría una placa para bautizar una sala que llamábamos de “usos múltiples” (las actuales José Revueltas y Emiliano Zapata que entonces eran una sola). En una mudanza perdí este cartel que, al igual que el que elaboramos para Elena en esta semana, varias personas lo despegaron con mucho cuidado para conservarlo como un preciado regalo.
            El día en que Elena se presentaba nosotros nos citamos muy temprano para ir a vender El Nieto del Ahuizote en el Colegio de Bachilleres, que está sobre Cien Metros. Nos fue bien, vendimos casi todos los ejemplares que llevamos, así que al terminar compramos pan, jamón, chiles en vinagre, naranjada y vodka, y sobre el camellón de Fortuna (aún no estaba ese horrible puente vehicular que nos separó de la colonia) nos sentamos a almorzar. Ya degustábamos nuestro vodka y habíamos comido cuando un compañero, recuerdo que era “el Merlín”, llegó agitado hasta allí para decirme: “¡Noé, ya llegó, ya llegaron esas personas!”. Ve y échate un rollo mientras termino, le dije. Y allá fue el Merlín, a “echarse un rollo”. Elva Macías, esposa del gran escritor chiapaneco Eraclio Zepeda, quien falleció el año pasado, fue totalmente profesional. No sé cómo le hacía, pero siempre llegaba puntual con los invitados. La sala estaba repleta, no con los tumultos que causó la presencia de Elena hoy día, pero estaba llena sobre todo de estudiantes. Jorge González Teyssier, entonces secretario académico del plantel, me había dicho que en ese acto debía estar el director, el físico Rafael Velázquez Campos. Con mucha arrogancia y mala educación (de las cuales hoy me avergüenzo y pido una disculpa) le dije que no, que ese acto era de los estudiantes. Tolerante, Jorge se retiró y nos dejó hacer sin crearnos ningún problema. Ese año era el último que yo estaba en el plantel y cuando volví en 2006, treinta años después, vi que la placa seguía allí. Lo único que hicieron fue colocarla en un lugar más visible, a la entrada. La frase: “LA VERDAD ES REVOLUCIONARIA, PROVENGA DE DONDE PROVENGA”, yo mismo la elegí de alguna entrevista que Revueltas concedió, porque esas palabras lo exhiben entero: el revolucionario de mente abierta, dispuesto a aceptar la verdad, por contraria que fuera a su ideología, y que no la confundía con los dogmas que hoy persisten y a los que muchos se aferran considerando que ésas son la verdad.
            ¿De qué habló Elena ese día? Si hoy nos recordó que con el que sería su esposo, Guillermo Haro, Revueltas y él terminaban en las cantinas, ese día también nos platicó de las canciones que le gustaban: “Me trajeron a vender un santo/Y era el santo más chingón de la galera”, de cómo era su vida en Lecumberri (Revueltas pasó gran parte de su vida preso), de la escritura de El apando, que después se hizo película, de cómo escapó a la agresión de los presos comunes que fueron azuzados contra los presos políticos, de las tribulaciones para escribir “Hegel y yo”, un cuento del cual no recuerdo en qué libro quedó recopilado, de lo que conversaban cuando lo visitaba en Lecumberri y de tantos otros temas que ya no  recuerdo bien, porque no ponía la suficiente atención, preocupado como estaba por que no percibieran el olor a vodka que seguramente traía.
            ¡Cuarenta años es una barbaridad de tiempo! Sentado a su lado este viernes 15 de enero de 2016, y ante el tumulto que provocó su presencia, comprobé que Elena es un río que ha ido sumando afluentes de afectos y lectores; jovencitas de quince o dieciséis años, con la voz entrecortada y lágrimas desbordadas; profesoras sollozando y también muchos machos a quienes vi cómo se les humedecían los ojos; el plantel casi paralizado por su presencia, la Biblioteca insuficiente para recibir a todos, por más que Dámaso y su equipo trataron de abrir el mayor espacio posible y los técnicos colocaron bocinas en el exterior, y tantas manos que se quedaron sin poder estrechar las suyas, tantos libros que se quedaron sin la dedicatoria o al menos su firma, tantas palabras que se quedaron sin expresar, pero también tantos corazones rebosantes de felicidad por llevarse un libro con su dedicatoria, tantos ojos satisfechos por haberla visto, por tomarse una valiosísima fotografía con ella, por saber que no sólo es una leyenda sino una presencia viva, entrañable, amada, que entró por la puerta principal de la Biblioteca del plantel Vallejo mientras sonaban los acordes de la Oda a la Alegría de Beethoven y tuvo que retirarse por una puerta trasera pues el agotamiento, las gotas que reclamaban sus ojos y las emociones que también la conmovieron profundamente, la ponían al borde de un colapso que por suerte no sucedió… Todo esto, digo, procuraremos registrar en una Gaceta digital que el mismo grupo de profesores que hizo posible su visita está realizando y que presentaremos próximamente.
            Por ahora sólo me resta agradecer a mis compañeros de NUEVA SENDA ─Asociación de Profesores del CCH que hemos creado para recuperar los principios primordiales del Colegio y acotar a la burocracia inepta que sólo lo ve como botín o propiedad particular suya─ que contribuyeron para hacer posible la visita de Elena; a los alumnos que ayudaron en las diversas tareas, desde cuidar el orden, realizar las fotografías y videos hasta ir por las flores; a la diseñadora Lizbeth Morales López, quien hizo un cartel tan bonito que la misma Elena pidió llevarse uno; a los profesores que colaboraron en las distintas actividades: maratón de lectura, mesa redonda, participar con sus alumnos en la exhibición de los documentales sobre la vida y obra de la escritora; al profesor Héctor Manuel por traer y llevar a las dos importantes invitadas que tuvimos ─Guadalupe Loaeza y la propia Elena─ y a quienes aportaron económicamente para los muchos gastos que la organización de una semana de actividades así supone, también al director del plantel y su equipo, que no escatimaron su apoyo, y a todos los que asistieron a las diversas actividades. A quienes no pudieron acudir, les adjunto la carta-invitación donde se explican los propósitos generales de esta asociación para que los conozcan y se sumen a ella si así lo consideran.
            Si contamos con su paciencia y apoyo, la próxima semana nos leeremos ya en la gaceta digital. ¡Hasta entonces!
             







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