Plutarco, bestseller de la Antigüedad
NOÉ AGUDO
Para mis colegas profesores de grecolatinas
De los mil 210 autores que Michel de Montaigne cita a lo
largo de las mil 681 páginas de sus ensayos completos (Acantilado, 2007), sin
considerar los 61 pensamientos provenientes también de diversos autores inscritos
en la bóveda de su biblioteca y en su gabinete de estudio, el que más llama la
atención es Plutarco.
No es el más
citado, quien ocupa este honroso sitio es Platón, al cual hace referencia en
176 ocasiones; le siguen Sócrates, con 98; Aristóteles, con 81, y sólo en
cuarto lugar aparece Plutarco con 73 menciones; en quinto está Cicerón, con 59
referencias. Lo singular de Plutarco es la cantidad de obras suyas mencionadas
por Montaigne, más de 60, y cuyos títulos se antojaría leer en unas vacaciones.
Cualquier persona medianamente culta sabe que Plutarco es el autor de Vidas paralelas, la serie biográfica de
emperadores y generales griegos y romanos narrada en forma paralela, pues su
propósito fue hacer una comparación entre los dos pueblos, para destacar la
compatibilidad rectora de Roma con la educadora de Grecia.
Junto a Lucrecio,
Cicerón y Séneca, Plutarco es uno de los autores favoritos de Montaigne, y esto
se aprecia a lo largo de los ensayos. Pero, mientras La naturaleza de las cosas, las Tusculanas
y las Cartas a Lucilo son las obras
más citadas de los tres primeros autores, en el caso de Plutarco los títulos cambian
a cada página. Sin exagerar, se podría afirmar que cada una de las 60 obras citadas
acompañó la redacción de las más de mil 600 páginas de Los ensayos.
¿Quién fue Plutarco,
por qué fue tan prolífico como autor y por qué influyó tanto en la redacción de
la obra cumbre de Montaigne?
La vida de Plutarco
transcurre entre la segunda mitad del siglo I de nuestra era y la primera mitad
del II (50-125 d. C.). Nació en Queronea, Grecia, en el seno de una familia
acomodada. Su padre, Autóbolo, fue un hombre muy culto, y su abuelo Lamprias
solía reunir a personajes sobresalientes de la ciudad para conversar sobre
temas filosóficos, literarios, políticos, matemáticos y religiosos. Las
experiencias atendidas con absoluta curiosidad por el niño Plutarco se
reflejarán en sus libros Conversaciones
de sobremesa y Cómo se debe escuchar.
Aunque Roma era en
su época la ciudad donde se decidía el rumbo del mundo, había cuatro metrópolis
más que le disputaban su grandeza: Alejandría, Pérgamo, Antioquía y Atenas. A
esta última, convertida en la universidad natural de griegos y romanos, fue
Plutarco a estudiar cuando tenía 18 años. Un destacado maestro, Amonio, lo
pondrá en contacto con la filosofía platónica que lo marcará para siempre. Si
bien Plutarco realizó otros viajes ─fue a Egipto, Corinto y por supuesto a Roma‒
regresaba siempre a Queronea para conversar con los amigos, dedicarse al
estudio, reflexionar y escribir. Su ciudad natal fue el centro donde desarrolló
su labor intelectual y mística, pues además ofició como sacerdote del templo de
Delfos. Por eso se dice que fue un provinciano que volvió los ojos hacia la
universalidad.
Su vida coincidió
con un renacimiento del mundo griego, opacado por la Roma imperial. Dionisio de
Halicarnaso, uno de los grandes críticos de la época, analiza el estilo de los
principales oradores antiguos y Plutarco realizará la biografía de los diez
grandes. Otros autores se encargarán de crear una lengua que sirva
especialmente para la expresión literaria, el fenómeno del aticismo, y los
grandes espíritus del pasado se convierten así en modelos a seguir. Grecia se
da cuenta que Roma no siempre la ha superado, y ésta será una de las razones
para que él escriba sus Vidas paralelas,
23 parejas de biografías en las que exhibe cualidades y defectos de dirigentes
griegos y romanos.
Siguiendo el ejemplo
de su padre y abuelo, en su ambiente familiar organizó una verdadera universidad
a la que acudían familiares y amigos de profesiones tan diversas como médicos,
educadores, poetas, filósofos, políticos, matemáticos y sacerdotes. De estas
conversaciones surgieron temas para sus numerosos escritos de carácter moral,
filosófico, crítico, literario y aun religioso.
Así, aunque los
editores suelen dividir su obra en dos grandes bloques: las biográficas, reunidas
en y alrededor de las Vidas paralelas,
y las de carácter moral, clasificadas como las Moralia, lo cierto es que Plutarco escribió obras de carácter mucho
más variadas e interesantes. Algunos títulos sugestivos son Cómo distinguir al amigo del adulador, Cómo sacar utilidad de nuestros enemigos, Sobre la tranquilidad del alma, etc.; estos forman parte de los
tratados éticos. Máximas de reyes y
generales, Si los ancianos deben practicar la política, Sobre la gloria de los atenienses y
otras, forman parte de las obras históricas. Algunos trabajos de carácter
científico son Sobre la inteligencia de
los animales, La cara oculta de la luna y Cuestiones naturales. Como médico del alma escribió Consejos sobre la vida pública, Consejos sobre la salud, Consolación a Apolonio y Consejos sobre el matrimonio.
Su vocación como
educador se revela en Cómo hay que leer a
los poetas, Sobre la educación de los hijos, Sobre la malignidad de Heródoto y Comparación entre Menandro y Aristófanes.
Sus teorías místicas y religiosas se aprecian en títulos como Sobre Isis y Osiris, Los oráculos de la Pitia y Por qué callan los oráculos. Enemigo
declarado del epicureísmo y del estoicismo, escribió también sobre asuntos
filosóficos: No se puede vivir gratamente
de acuerdo con Epicuro y Si hay razón en aconsejar que se viva
ocultamente son dos títulos de esta serie.
El Catálogo de
Lamprias, formado alrededor del siglo III, comprende una lista de 227 obras de
Plutarco, muchas de las cuales han desaparecido. Entre ellas las biografías
paralelas de Píndaro-Hesíodo, Heracles-Arsistómenes, Aníbal-Mitrídates y
Epaminondas-Escipión, entre otras. Actualmente se dice bestseller a un libro o un autor que vende mucho, y sin duda
Plutarco fue un bestseller entre sus
contemporáneos por la cantidad de obras producidas. Con una diferencia radical:
fue muy leído en su época pero también en los siglos posteriores. Lectores
suyos han sido Marco Aurelio, el emperador Trajano, Petrarca, Erasmo, Fray
Antonio de Guevara, quien recomendaba su lectura a Carlos V; Shakespeare, a
quien inspiró muchos de sus héroes y, por supuesto, Michel de Montaigne.
Los siglos XVII y
XVIII fueron su cenit. Se decía que Plutarco fue para la tragedia francesa lo
que Homero para la griega, y hay quien lo señaló como uno de los responsables
de la Revolución francesa. Schiller, Goethe, Marx, Emerson y Carlyle fueron
también sus devotos lectores. Con el advenimiento del espíritu de grupo,
partido o clase, las obras que resaltan el papel de las individualidades se
opacó, y así la lectura de Plutarco se volvió tarea de eruditos y diletantes. Esta
es una invitación para volver a su lectura. La editorial española Gredos ha
publicado sus obras completas y existen varias ediciones en español de sus Vidas paralelas. Por ellas podemos
comenzar.
BIBLIOGRAFÍA:
Michel de Montaigne, Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie Gournay). Barcelona, 2007.
Editorial Acantilado. Prólogo de Antoine Compagnon. Edición y traducción de J.
Bayod Brau. 1728 pp.
Plutarco, Vidas paralelas. Barcelona, 1990. Edit.
Planeta. Clásicos Universales. Edición, introducción y notas de José Alsina.
Traducción de Antonio Ranz Romanillos. 738 pp.
Diógenes Laercio, Vida de los más ilustres filósofos.
México, 2004. Grupo Editorial Tomo. 410 pp.
Piergiorgio Odifreddi, Las mentiras de Ulises. La lógica y las
trampas del pensamiento. Barcelona, 2006. Ediciones Salamandra. Traducción
del italiano: Juan Carlos Gentile Vitale. 251 pp.
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