sábado, 20 de enero de 2018

MIENTRAS RESBALA EL VINO

Mientras resbala el vino

Viernes, 9:30 de la noche. Llego agotado a mi casa, dejo por ahí mi portafolio y me dispongo a cenar. Ha sido una semana brutal. La jornada de este último día hábil inició a las 2:00 de la mañana. Por no ver bien el reloj o simplemente porque quise trabajar durante la madrugada me levanté a esa hora y ya no me volví a acostar, sino que me bañé y vestí, después comí fruta y bebí un reconfortante café mientras leía los diarios en línea. A las 6:30 me voy dar clase, salgo a las 11:00 y regreso a almorzar a casa. Contesto algunos correos y llamadas y quiero hacer una siesta, pero ya no hay tiempo. Estoy citado a las 13:00 horas a una reunión de academia en el bachillerato donde imparto clases por la tarde, así que debo irme rápido. La reunión es para informarnos de las modificaciones, casi todas agregados e incremento de nuevas responsabilidades con las que recibimos e iniciaremos este ciclo, pues la reforma educativa está en marcha. Unos minutos antes de las 15:00 horas concluye la reunión y debo ir a otro edificio, donde sigo un curso que también termina hoy. Allí la instructora nos atiborra de recomendaciones y lecturas, se cansa de repetirnos que las formas de evaluación deben atender no sólo la calificación sino la actitud, los procedimientos, los valores y logros de los estudiantes. Buenos propósitos si no fuera por lo que ha dicho el maestro Manuel Gil Antón: la educación es un asunto multifactorial y no depende solamente del profesor. Su metáfora de la carretera llena de baches, sin pavimentar, repleta de curvas y tener que avanzar por ella en un vehículo destartalado, con motor viejo, piezas descompuestas y otras a punto de romperse, y esperar que todo lo resuelva el conductor (el chófer) resulta acertadísima. Ese es el trayecto de la educación en México y esos son los recursos de que disponemos, y la gran mayoría de los esfuerzos (si no es que todos) los depositan en el profesor. No es lamento ni rechazo, pero hay que mover otros resortes si se quiere que la reforma educativa funcione y aporte resultados. Al final mis colegas y yo nos organizamos para ir por comida. Hay que celebrar que ha terminado el curso y se acuerda que comeremos pizzas con los infaltables refrescos. En medio del grupo reconozco la valía de muchos elementos. Allí está Erika, una joven discreta y seria que, por lo que escuché y observé, sé que es una magnífica profesora. En un receso le pregunto qué pensaba cuando decidió estudiar literatura española, y dice que nada, no se propuso ser escritora ni crítica literaria, simplemente le gusta la literatura y por eso estudió Letras Hispánicas. Eso la distingue. También está Adriana, una maestra guerrerense de dedos largos de pianista y cuerpo lánguido, que ya para despedirnos me regala un librito con sus escritos, que son relatos que son poemas que son sueños que son deseos de alguien que sabe mirar las cosas e interrogarse por qué aparecen, por qué están allí y para qué son y buscando las respuestas lee a todos los autores que se han hecho similares preguntas. Y la presencia siempre benéfica de la lluvia. ¡Ahh! Conocí también a David, un profesor también joven, aún con las secuelas de ese pensamiento relativista que supone que, si los contenidos de estudio abordaran lo que rodea y afecta al alumno, éste aprenderá mejor o desarrollará una mejor disposición hacia el estudio. David advierte, sin embargo, la necesidad de profesionalizarse y en algún momento se dará cuenta que solo el verdadero estudio nos lleva a aquello que nos interesa. Conocí a Ángela, una vieja maestra que ha conocido otras épocas, otros momentos, otros intentos, otros fracasos y logros, tal vez, pero que estuvo allí como si fuera la primera vez, aportando sus experiencias y conocimientos. Y así, acompañados de ese horrendo café soluble (mucho debe Nescafé a los profesores), galletas, tostadas secas que venden embolsadas, pizzas, ensaladas de atún que son como mazacote o engrudo y refrescos gaseosos, he convivido con mis colegas, mis compañeros, amigos y hago este repaso mientras devoro una pechuga asada acompañada de champiñones, nopales asados también y una copa de vino tinto que todo lo purifica. Fin de semana.     

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