jueves, 17 de agosto de 2017

RETRATO DE JAZMÍN

Retrato de Jazmín

Debí ajustarme los lentes cuando la divisé ayer por la acera de enfrente. Su atractiva silueta atrae la mirada desde varios metros de distancia. Vi la cabellera suelta, el hermoso talle juvenil, la grupa desafiante y unas botas que se movían acompasadas, sin prisa, como siguiendo el ritmo que marcaban sus palabras. Hablaba por teléfono, así que crucé la avenida y le di alcance. Sintió de inmediato mi presencia, pues volteó, dejó el teléfono y exclamó sonriente mi nombre. Nos saludamos y le dije que terminara su llamada, yo esperaría. Simplemente dijo: “Después te llamo”, colgó y fijó su atención en mí. Yo quería decirle cómo le había ido en su evaluación, preguntarle si había estado en la lectura e invitarla a leer mi blog.

            Cualquiera puede caer seducido por su figura, pero a mí me gusta su cara: redonda, unos sonrientes ojos rasgados que fijan la atención, nariz y boca pequeñas, dibujos perfectos sobre el lienzo inacabado de una juventud que invita a completarlo. Cuando hablamos me parece estar frente a una de esas caritas sonrientes de las culturas del Golfo y conjeturo sus orígenes: ¿orientales? Su color canela lo desmiente. ¿Negroides? Los finos rasgos los contradicen. ¿Indios? Su estatura y esbeltez son incongruentes. En todo caso es una amalgama armónica de los tres tipos.

            Otros detalles que la hacen atractiva son su inteligencia, su natural empatía con lo original y el discreto rechazo de lo torpe. Existen otros tipos de inteligencia, es cierto, pero en ella destaca su tolerante actitud hacia lo necio y guardar para sí misma la valoración justa de los demás. Esto último lo percibo en el pausado beso que pone en mi mejilla cuando nos despedimos. Ella es Jazmín.

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